Bienvenido al show
Hace cosa de quince años mantuve una conversación la mar de interesante con un protestante evangélico “tradicional” -calvinista, para más señas- sobre el fenómeno de los evangélicos pentecostales. Dado que yo era miembro de una comunidad eclesial pentecostal “moderada", de vez en cuando nos llegaban del otro lado del charco noticias sobre la evolución del pentecostalismo iberoamericano y yankee. Benny Hinn, Annacondia y personajes similares estaban de moda. A Dios gracias, nuestro pastor -hoy no lo es-, aun creyendo en la vigencia del don de lenguas y el resto de peculiaridades del pentecostalismo, era más bien reacio a los shows típicos de ese sector del protestantismo evangélico. Se pueden contar con los dedos de las manos las veces en 7 años que asistimos a “caídas en el suelo", “risas santas", etc.
El caso es que ese amigo calvinista me dijo algo que me dejó bastante pensativo: “Los pentecostales cada vez están más desquiciados. Es cuestión de tiempo que el pentecostalismo se separe del protestantismo evangélico“.

Es cosa buena y recomendable analizar todas las intervenciones que se dieron en el último Sínodo de obispos celebrado en Roma, que buscaba reafirmar a la Iglesia en la tarea de la Nueva Evangelización. A mí lo de “nueva” no me acaba de convencer porque se supone que Iglesia y evangelización deben ir siempre de la mano y no deberíamos llamar novedad a lo que es el cumplimiento de la tarea más importante del Cuerpo de Cristo.
La oficina de prensa del Palacio de La Moncloa, residencia oficial del presidente de gobierno de España, Mariano Rajoy ha anunciado esta misma mañana el nombramiento de Mons. Luciano Tamayo Magdalena como nuevo arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española.
Este jueves se puede leer en La Vanguardia un
El 28 de noviembre de 1978, uno de los pocos obispos católicos que ejercía de buen pastor en España, tuvo a bien escribir








