Sobre la situación en la diócesis de Huesca
Llevo doce años viviendo en tierras oscenses. Seis en Sariñena, capital de Los Monegros, y seis en Huesca capital. Cuando llegué con mi familia a esta tierra, todavía vivía Mons. Javier Osés, aunque el cáncer que provocó su muerte ya estaba avanzado.
Durante este tiempo he sido testigo, que no protagonista, de buena parte de las tensiones habidas tras la llegada de nuestro anterior obispo, Mons. Jesús Sanz Montes, que sin duda representaba una sensibilidad eclesial muy diferente a la de don Javier. Parecía claro que desde la Santa Sede se buscaba dar un giro a la realidad diocesana tanto en Huesca como en Jaca. E igual de claro estaba que buena parte del clero de esta diócesis -de la de Jaca prefiero no hablar-, no estaba especialmente feliz ante esa tesitura. Cuando don Jesús cambió a los responsables de la delegación de familia, tuvo una fuerte contestación. Cuando decidió que el seminario debía de volver a Huesca, de forma que nuestros seminaristas se formaran acá y no en Zaragoza y en base al plan de estudios de San Dámaso y no el del Creta, la oposición de muchos sacerdotes fue frontal. La absoluta falta de vocaciones “nativas” hizo que Mons. Sanz Montes abogara por la idea de traer seminaristas de fuera. Llegaron de Hispanoamérica y de África. Ese hecho no gustó tampoco a esa parte del clero que no vivía feliz con el nuevo pastor.
En Huesca había una especie de omnipresencia de Acción Católica (AC). Yo mismo asistí a muchas reuniones del Movimiento Rural Cristiano -una de las ramas de AC- en Robres. Lo que allí me encontré fue buenos católicos con ideas tan interesantes como la del proyecto en Ocotal, un pueblo nicaraguense cuyos niños tienen hoy una expectativa de futuro mejor gracias a esa iniciativa.

En el nombre de la Sacrosanta, Suprema y Muy Digna de Adoración Libertad de Expresión, en Occidente estamos asistiendo a un ejercicio de irresponsabilidad criminal por parte de una panda de provocadores cuyas acciones son ocasión directa y previsible de muertes absurdas.
Tal y como aparece en la
D. Juan Carlos I, Rey de España, ha escrito una carta que ha sido
El papa Benedicto XVI ha terminado con un rotundo éxito su viaje al Líbano. Con el país vecino de Siria en pleno conflicto civil y con el mundo musulmán radical en pie de guerra contra las embajadas de países occidentales por la difusión de un estúpido y repugnante vídeo ofensivo contra la religión islámica, la presencia del Papa en el país del mediterráneo oriental ha servido como lluvia refrescante de paz en medio del desierto constante del conflicto.


