¡Ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!
Su foto está en todos los periódicos. Ver a un cura joven en paños menores da morbo a esta sociedad tan hipersexualizada. Y saber que además de meter la mano en cuerpos ajenos, la ha metido en el cepillo de sus parroquias y de las hermandades, le da al asunto un toque mayor de corrupción.
Es obvio que Samuel Martín no debe de estar en sus cabales. Como mínimo cabe decir que es un adicto al sexo. De lo contrario, no habría robado para conseguirlo de forma compulsiva. Y lo de anunciarse cual chapero de baja estofa es ya síntoma de que había descendido todos los peldaños de la indecencia y la inmoralidad.
Es más, creo que caben albergar pocas dudas de que ese sacerdote sabía que le iban a pillar. En los pueblos pequeños todo se sabe. Y la red es un muy mal sitio para exhibirse y a la vez mantener el anonimato. Posiblemente, si no hubiera cogido un dinero que no es suyo, se habría librado durante cierto tiempo de ser descubierto, pero visto lo visto, es evidente que antes o después se hubiera sabido todo.
Parece ser que la familia, en especial los padres, está destrozada. Yo me pongo en el pellejo de ellos y no sé si sería capaz de superarlo en mucho tiempo. Ver a tu hijo, sacerdote, de esa guisa, debe ser un golpe de esos que nunca se olvida.Y aunque sea a otro nivel de intensidad, algo parecido debe de ocurrirles a sus compañeros de presbiterio y a su arzobispo.









