Don Mariano, ¿qué le hemos hecho para que nos desprecie?
Estimadísimo Mariano Rajoy, ya sé que está usted ocupadísimo con el jaleo interno que tiene en su partido. Su agenda debe de estar llena de los actos de campaña para renovar al frente de la presidencia del Partido Popular. No deja de ser curioso que necesite tanto acto a favor suyo cuando no tiene de momento a nadie que le quiera plantar cara en el congreso de Valencia, pero no es mi propósito hacer un análisis político profundo de lo que les ocurre a ustedes. Baste con que le asegure que estoy entre los que me arrepiento de haberles votado en marzo. Lo que ustedes han hecho con María San Gil no tiene nombre. Bueno, sí lo tiene, pero es irreproducible ante menores de edad. Y es posible que alguno lea estas líneas.
Lo que sí le rogaría es que tuviera el detalle de responder a las cartas que le han enviado tanto desde la CONCAPA como desde la UDE. Es que, ¿sabe usted?, en su partido no hay una postura común acerca de la objeción de conciencia de los padres ante la EpC. Y oiga, no es nada serio que un partido que se dice nacional no tenga una postura igualmente nacional ante un asunto tan importante, que afecta al derecho constitucional de los padres para que nuestros hijos sean educados conforme a nuestros valores. Ya sabemos que usted estaba en contra de la asignatura. No nos basta. Queremos que en TODAS las comunidades donde gobierna el Partido Popular se facilite la objeción de conciencia de los padres contra esa asignatura adoctrinadora. Si no ocurre tal cosa, puede usted ponerse una pluma más en el penacho arapahoe que ya luce sobre su cabeza. Toro Sentado va camino de convertirse en una ursulina a su lado, si sigue empeñado en cortar las cabelleras de gran parte de la base social de su partido.
Además, don Mariano, es de muy mala educación no responder a las cartas de dos entidades tan representativas como la CONCAPA y la UDE. Ya sabe usted aquello de “no hay mejor desprecio que no hacer aprecio”. No sé si nos desprecia a los padres católicos, pero desde luego no da la más mínima muestra de apreciarnos y respetarnos. Quien siembra vientos, recoge tempestades, así que no quiera usted saber el Katrina electoral que se le puede venir encima a su partido si sigue por el camino que ha emprendido desde las últimas elecciones.
Luis Fernando Pérez Bustamante

Si hace veinte años nos dicen que al cabo de un par de décadas un policía musulmán prohibiría predicar el evangelio en plena calle de una ciudad británica, lo más probable es que no nos lo habríamos creído. La realidad, una vez más, supera la ficción y la peor de las pesadillas. Dos predicadores protestantes evangélicos fueron abordados por un policía de la comunidad islámica que les requirió que dejaran de repartir material de evangelización. No contento con eso, les amenazó muy claramente sugiriéndoles que la próxima vez podrían recibir una paliza. Y lo peor de todo es que no estamos ante un caso aislado. El fundamentalismo islámico se ha aprovechado de nuestras leyes permisivas para instalarse en nuestras ciudades y está imponiendo, lenta pero firmemente, su ley.








