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1.10.07

Monseñor Sánchez pone el dedo en la llaga

El obispo de Sigüenza-Guadalajara, Monseñor José Sánchez González, ha escrito una carta a sus diocesanos (y no sólo a sus sacerdotes como recoge incorrectamente alguna información) llena de sentido común y de planteamientos y preguntas que de ser respondidas adecuadamente, ayudarían mucho a calmar el ambiente político social de este país.

Dice Monseñor Sánchez:

Hay asuntos tan importantes (la educación lo es, como la defensa y las relaciones exteriores, entre otros) que deben ser acordados y no imponerse por la simple mecánica de la mayoría parlamentaria. Cuando es así, las leyes duran lo que duran las mayorías de los Parlamentos.

Tres décadas de democracia deberían servir para que al menos esa lección la hubiéramos aprendido. Un país que cambia radicalmente de rumbo cada vez que cambia de gobierno acabará desquiciado. La responsabilidad principal, al menos en el caso de España, reside en los partidos mayoritarios. Cuando uno de ellos, como es el caso, quiere imponer un modelo de sociedad concreto, que se sabe que no puede ser aceptado sin más por buena parte de la sociedad, el choque es inevitable. No se construye una nación desde un resultado electoral de 3 ó 4 puntos más que el principal partido opositor. De hecho, ni siquiera tendría sentido que un 60% quisiera obligar al 40% restante a aceptar unas leyes que atenten contra la esencia de los valores de la minoría. Y no digamos nada si el tema en cuestión es la educación de los niños y jóvenes que serán adultos a la vuelta de la esquina.

Por otra parte, la sociedad española debe de ser consciente de que no se puede dejar todo en manos de los políticos. Triste sistema político es ese que consiste solamente en depositar el voto en una urna cada cuatro años.

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Preciosa homilía de Monseñor Francisco Pérez

La podéis leer entera en "Palabra de Obispo". A mí me ha encantado. Se ve un hombre que ama a Dios, que ama al pueblo de Dios y que está dispuesto a que ese amor sea la guía de su ministerio. Habla a todos, no se olvida de nadie. Se dirige a los niños y a los jóvenes, animándoles a amar y seguir a Jesús. Quiere que la adoración a Cristo sea el motor de una espiritualidad genuinamente cristiana, que a su vez sea instrumento de transformación de una sociedad necesitada, hoy más que nunca, de la luz de los hijos de Dios. Dice don Francisco:

Invito a esta profunda adoración tan necesaria hoy; como decía Madre Teresa de Calcuta: "Si supiéramos adorar más a Dios, las realidades humanas irían mejor". Si hubiera, en la Diócesis, un Templo, abierto día y noche para adorar simplemente a Cristo, ¡cuánto bien haría! Con San Pablo, lo hemos escuchado en la segunda lectura, también yo quiero gritar: "A Él honor e imperio eterno".

Amén y amén. Es absurdo que añada o comente algo más a las palabras del nuevo arzobispo de Pamplona. Nada bueno añadiría a lo dicho por él. Si acaso, señalaré que hacía tiempo que no encontraba una explicación tan lúcida y clara de lo que es la sucesión apostólica como la que Monseñor Pérez nos regala en esta homilía:

Estos días atrás se despedía D. Fernando de vosotros. Hoy me presento yo dispuesto a tomar el relevo. Una cosa quiero deciros desde el primer momento: aunque lo dicho sea verdad, más verdad es que ni D. Fernando cesa ni yo comienzo. Es Cristo quien, antes en él y a partir de ahora en mí, quiere seguir viviendo entre vosotros para llevar a cabo la obra maravillosa de la extensión de su Reino

Hale, ahí queda eso. Lo único que puedo hacer desde este blog es encomendarle al Señor para que le guíe, le aliente, le dé fuerzas, sabiduría y gracia para que pueda desempeñar fielmente el alto ministerio al que ha sido llamado.

Pax, bonum et veritas

Luis Fernando