Evangelizar desde el amor.
¿Cómo evangelizar a un pueblo que va descristianizándose poco a poco? ¿cómo hacer volver a los que se han alejado de Dios y de la práctica religiosa? ¿cómo realizar, sin caer en el proselitismo sectario, una pastoral agresiva, que no busca simplemente salvar los muebles e impedir que se vayan los que todavía permanecen fieles?
Muchos de los que viven ajenos al evangelio y a la Iglesia tienden a pensar que lo único que busca la misma es perpetuar su estatus en la sociedad, manteniendo supuestos o reales privilegios pasados. La realidad es que el único privilegio que tiene la Iglesia es ser la elegida para predicar el evangelio a toda criatura. A pesar de todos los pecados y errores de sus miembros, ella sigue siendo la prometida enamorada de Aquel que tanto amó a los hombres que se hizo uno de ellos para salvarles a todos. Y cuanto más ama la Iglesia a su Señor, mejor realiza la tarea de contar al mundo todo acerca de su bondad, de su belleza, de su gracia, de su amor.



