Los que fueron y ya no son, pero siguen siendo

En su carta a los gálatas, San Pablo explica cómo fue aceptado por aquellos que tenían la responsabilidad máxima en la Iglesia. Y es justo entonces cuando menciona un asunto que yo creo que no es muy tenido en cuenta hoy en día.

Gal 2,6
“De los que eran algo — lo que hayan sido en otro tiempo no interesa, que Dios no hace acepción de personas —, éstos que eran algo, digo, nada me añadieron".

Efectivamente, hay gente de Iglesia, pastores incluidos, que en su día “eran algo". Entiéndase como personas que eran importantes, que desempeñaban una tarea loable. Pero san Pablo señala también a los que en su día eran algo y ya no lo son. A esos les pone en su sitio y dice que Dios no hace acepción de personas. Es decir, que por ser quienes son y tener el nombre que tienen, no hay bula para ellos.

En nuestra Iglesia resulta muy complicado que personalidades que han tenido buena fama y han desarrollado una buena labor se les ponga en el sitio que merecen cuando, por las razones que sea, pasan a ser más un problema que otra cosa. La patada para arriba o el mantenimiento en puestos donde pueden hacer daño es la norma general. No parece que haya nadie con el coraje suficiente como para quitarles eclesiásticamente de en medio. Por ejemplo, cuando a una diócesis llega un obispo que empieza a pifiarla, van aviados los diocesanos. Se van a tener que quedar con ese obispo hasta que se jubile. Dentro de las diócesis pasa parecido a nivel parroquial. Como te toque un párroco liberalón y heterodoxo, hazte a la idea de buscarte otra parroquia si no quieres vivir angustiado. Como mucho el obispo le trasladará a otro lugar, lo cual solo sirve para ir arrastrando el problema de lugar en lugar.

No conozco la curia ni el colegio cardenalicio lo suficiente como para poder decir que allí ocurre lo mismo, pero mucho me temo que así sea. La diplomacia y la caridad mal entendida pueden ser un formidable enemigo cuando se trata de buscar lo mejor para la Iglesia. A veces conviene tomar el toro por los cuernos y no prolongar situaciones indeseables. Cierto que eso cuesta y puede resultar doloroso. Pero mejor dolerse ahora por unas semanas o meses, que lamentarse luego durante años y décadas.

Luis Fernando Pèrez