(245) Libertad negativa, esencia de la modernidad

Acierta el hidalgo de Cristo al querer ser hombre de letras católicas, no mundanas, sino de recta doctrina, según el pensamiento de la Iglesia. Propio del buen cristiano es venerar el logos recibido, los saberes que ha heredado de sus antepasados, y no alterarlo con novelerías. No gusta el buen cristiano carcomerse la sesera con subjetivismos, existencialidades, fenomenologismos y nuevas voces, que mucho prestigian y dan no poca honra a los expertos, pero poco aprovechan al justo. Sabe y practica, como glosa Eugenio D´Ors, que todo lo que no es tradición es plagio.

La hidalguía le viene al cristiano de servir a su Rey, no de plagiar la modernidad, por complejo o con buena intención, pero plagiarla al fin y al cabo. Por gentilhombre, quiere servir a su Señor en todo, colaborando para que Retorne, que es grande gracia y merced. Sabe que no ha sido criado para hacer su voluntad, sino la voluntad de su Señor, y en esta tarea tan grande encuentra su misión y el único sentido de su vida. Sabe, por la razón y por la fe, —y porque sus antepasados, con hechos y palabras, así se lo han transmitido— que «no debe tomarse nada para sí, que no le fuere dado de lo Alto (Jn 3, 27)». Sabe, por tanto, como buen caballero de la fe, con el Doctor Angélico, que «Dios obra en lo más íntimo de todas las cosas» (S Th I, q105, a5).

 

No es la realeza de su Rey una realeza privada, o meramente doméstica, sino total e indivisa. Quiere el cristiano que en todo se cumpla la voluntad de su Señor, en todos los órdenes y espacios de su Reinado. Quiere el cristiano que el logos de la ley, que como un pliego de preceptos lleva inscrito en su alma, sea siempre guardado en todo; en su propia vida, en su casa, en las instituciones, en el estado, en las leyes, en toda empresa y labor que se haga, para mayor gloria de Dios.

Es en base a este sentido de la totalidad, en el servicio pleno a su Rey, que el buen hidalgo de Cristo concibe su libertad como elección teleológica del bien. Esto es, como una opción coherente con su fin último, que es su Señor. No pasa por su cabeza autodeterminarse, ni autodefinirse, ni autoengrandecerse haciendo su voluntad al margen de la de su Señor. La libertad del cristiano no es fin en sí misma, sino destello y fulgor de la realeza de su Rey, reconocimiento de su soberanía, y plenitud, anticipada, del fin último. 

Cabe preguntarse si el modelo de libertad que propone el pensamiento moderno está en consonancia con este principio de subordinación, por el cual el cristano, coherentemente, comprende que es causa segunda y no primera. Cabe preguntarse si el modelo de cristianismo que propone la modernidad al católico, está en consonancia con él. Si congenia con su sentido de la totalidad, si suena consonante con el concepto natural y sobrenatural de libertad.

Cabe preguntarse si habrá o no un catolicismo de identidad reducida, que quiere constreñir su mente para “modernizarse” y no confrontar la posmodernidad, “aprovechando” del subjetivismo elementos aislados. Cabe preguntarse si este nuevo paradigma de catolicismo actual, al ayunar de clasicidad, confiesa, como los hijos del Leviatán«no queremos que Él reine sobre nosotros» (Lc 19,14).

Por mucho que reflexionemos sobre el tema, constataremos, de acuerdo con Danilo Castellano, que no es divisible la modernidad. Que, como concluye con lucidez el profesor de Udine, no hay parte esencial en ella que pueda completar el principio católico. Y tengamos en cuenta que decir que la modernidad no completa el cristianismo significa, concretamente, que nuestra fe católica no precisa asumir la esencia de la modernidad. Porque su esencia, inasumible, no es otra que el orden de la subjetividad:

«2. ¿Qué debe entenderse por modernidad? La modernidad, entendida axiológicamente, es sinónimo de subjetivismo: de palabra exalta al sujeto, aunque en realidad lo destruye. Decir que modernidad y subjetivismo son la misma cosa significa considerar que a) teoréticamente se pretende hacer del pensamiento el fundamento del ser» (Danilo CASTELLANO, ¿Es divisible la modernidad?, Verbo, núm. 515-516 (2013), 445-472, p. 446)

 

Hacer del pensamiento propio el fundamento del ser es lo mismo que pretender autodeterminarse. ¿Sabe el catolicismo común de hoy día que este concepto negativo de libertad es el constitutivo esencial del pensamiento moderno?

Parece que en el desarrollo del pensamiento católico de esta época, y concretamente de los últimos cincuenta años, el mundo de los valores ha eclipsado el mundo de lo real. Y que este eclipse se ha producido de la mano del principio de autodeterminación.

No debe sucumbir a la tentación de creer divisible la modernidad. No debe sucumbir a la tentación de querer aprovechar para sí este concepto de libertad negativa, este paradigma situacionista de la autodefinición; este absolutismo de la propia axiología, este querer tomarse para sí las cosas que no provienen de lo alto, sino del propio movimiento autocéntrico, contra el orden creado y la realeza de su Señor.

Sabe el hidalgo de Cristo que no debe pretender “autosustanciarse", porque los pueblos se deterioran si se rebelan contra el orden instaurado por su Señor; un orden natural y sobrenatural, orden de esencias y de gracia. Saben que, como dice con potente voz el P. José María Iraburu, que

«Cuando un pueblo no da a Dios lo que le debe, es obligado a darlo todo al César, sea éste un rey o un emperador absoluto, un partido único comunista, nazi o fascista, una dictadura, o una democracia socialista o liberal, que todo lo invade, domina y regula. En el fondo, viene a ser lo mismo. Cuando un pueblo rechaza la soberanía del Señor y sacude su yugo, cuando el nombre mismo de Dios queda eliminado de la vida política y social, ciertamente cae bajo el dominio de la Bestia estatal apocalíptica. Y entonces, aquellos cristianos que acepten el sello de la Bestia en la frente y en la mano serán respetados y apreciados, vendrán a ser mundanos, es decir, apóstatas. Y aquellos otros que, con Cristo Rey, se empeñen en combatirla con la oración, la cruz y los medios que tengan a su alcance, serán perseguidos a muerte.» ((36) Cardenal Pie, obispo de Poitiers –IV el relativismo liberal vigente)

 

No debe, por tanto, empeñarse el católico actual en renunciar a su hidalguía bautismal, a su noble condición de gentilhombre de un sólo Señor y Rey, llamado a «la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Rom 8, 21), que saben que es por su Rey que son verdaderamente libres (Jn 8, 36).

 

La libertad negativa, como dice el P. Iraburu en el mismo sitio, es esencia del liberalismo, en cuanto que

«es la afirmación absoluta de la libertad del hombre por sí misma; es la afirmación soberana de su voluntad al margen de la voluntad de Dios o incluso contra ella. Es, pues, un rechazo de la soberanía de Dios, que viene a ser sustituida por la de los hombres».

No ha de extrañar, pues, que la esencia del liberalismo, tal y como lo condena la Iglesia, congenie con la esencia del pensamiento contemporáneo, postclásico y postmetafísico, porque su alma es la misma: la libertad negativa, o sea el principio de autodeterminación.

 

Hay autores cristianos, con cierta empatía hacia el catolicismo, que pretendiendo no caer a la modernidad asumiendo este principio, sucumben a él por falta de fe católica y buena doctrina, y ello no es un bien, sino una carencia, un mal. Es el caso dramático de Sôren Kierkegaard.

La reformulación mitigada, en clave católica, del principio de autodeterminación, viene de la mano del pensamiento personalista, que lo recoge reducido, ciertamente, pero lo hereda, creyéndolo propio de un existencialismo positivo, que asume como precursor, retocándolo.

Nos lo va a re-presentar, por ejemplo, el psiquiatra personalista Viktor Frankl, que en el apéndice conceptual de El hombre en busca de sentido, afirma que «el hombre, en última instancia, es su propio determinante. Lo que alcance a ser […] lo ha de construir por sí mismo» (Herder, Madrid 2004, p.153).

 
Este principio, desde el principio, valga la redundancia, fue religado al concepto nominalista de dignidad humana, tal y como lo expuso en 1486 el humanista italiano Pico de la Mirandola (1463 -1494), en un famoso pasaje que hará historia:

«Tomó por consiguiente al hombre así construido, obra de naturaleza indefinida, y habiéndolo puesto en el centro del mundo, le habló de esta manera: Oh Adán, no te he dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa peculiar con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que conscientemente elijas y que de acuerdo con tu intención obtengas y conserves. La naturaleza definida de los otros seres está constreñida por las precisas leyes por mí prescritas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna te la determinarás según el arbitrio a cuyo poder te he consignado»  (Discurso sobre la dignidad del hombre, 1486)

 

Es oportuno recordar que, mientras la libertad negativa calaba en la mente moderna, era combatida sin éxito por algunos, sin conseguir vencer su principio. Fue el caso de Sôren Kierkegaard (1813 -1855). El pensador danés lo vivió como paradoja de su fe. Lo combate en Hegel, pero lo asume a su manera, se comprende que por falta de acceso al pensamiento católico tradicional. Le faltaba la virtud de la clasicidad, que es el antídoto.

Kierkegaard lo pretende, a la manera luterana, para cumplir la voluntad de Dios, como si Dios pudiera ordenarle, como potencia absoluta, una acción contraria a la ley natural. Es en esta encrucijada vital que Kierkegaard parece proponer una suspensión (dejar en suspenso provisionalmente, poner entre parántesis) teleológica (con un propósito concreto, con fin específico) de lo general (lo moral, lo universal, lo esencial), de forma que el individuo pueda determinarse a lo absoluto por una via específica, particular, concreta, existencial, que es suya y sólo suya. Es por esta via, exceptuando el orden de la esencias de forma temporal, que el individuo puede afirmar su relación particular con lo absoluto y autoderminarse.

Toda la obra del autor danés parece un intento dramático por librarse del concepto de libertad de Hegel. Pero como vemos no lo consigue. Por eso resuena aún, con demasiada potencia, la tesis hegeliana, cuando en Temor y temblor exclama:

«La paradoja de la fe consiste por consiguiente en que el Individuo es superior a lo general, de manera que, para recordar una diferencia dogmática hoy raramente usada, el Individuo determina su relación con lo general por su referencia a lo absoluto, y no su referencia a lo absoluto por su relación con lo general.» (Losada, Buenos Aires 1958, p. 60)

 

Este principio de autodeterminación, incluso en su versión mitigada, es cosa muy distinta a la libertad tal y como la entiende el pensamiento clásico. Se identifica más bien con lo que Nietzsche llama voluntad de poder. Referido al propio proyecto personal, al propio sentido de la vida, «difiere de un hombre a otro, de un día a otro y de una hora a otra» (El hombre en busca de sentido, p. 131); una vez descubierto, permite al hombre ser «su propio determinante» (p.153). Pero la definición exacta, entendida globalmente, la proporciona Hegel: «libertad determinada en sí y por sí, porque no es otra cosa que el autodeterminarse»

En su interesantísimo artículo sobre la crítica al liberalismo de Danilo Castellano, Estanislao Cantero escribe con notable acierto:

«La libertad negativa ocupa en la obra de Castellano un lugar central en la caracterización y en la crítica del liberalismo, del constitucionalismo, del racionalismo y de la filosofía de la modernidad. Supuesto que el liberalismo es “praxis y filosofía de la libertad", Castellano destaca que la característica esencial de la libertad que defiende el liberalismo es la libertad negativa. Es en ella “sobre la que se apoya la doctrina liberal y de la que ha hecho su esencia". Por no señalar antecedentes más remotos, se encuentra ya en Locke, que rompe con la tradición política anterior a él. 

Se trata de una libertad que consiste en “la libertad absoluta de autodeterminación“, y cuya mejor definición opina que se encuentra en Hegel: “Libertad del querer determinada en sí y por sí, porque no es otra cosa que el autodeterminarse. Libertad negativa “que sostiene que ella misma es su regla y su fin". La libertad negativa es, pues, “la libertad ejercitada con la única regla de la libertad, esto es, sin ninguna regla".

No tiene que ver con el libre arbitrio sino que es contraria a él: “La libertad como libre arbitrio, esto es, la posibilidad/ capacidad de elección que no se identifica con el poder de autodeterminación"» (Estanislao CANTERO, La crítica de Danilo Castellano al liberalismo, Verbo, núm. 537-538 (2015), 727-749, p. 734-735)

 

No es exclusivo del existencialismo reivindicar la libertad negativa como pretensión humanista del individualismo. Es propio de la modernidad, y en consecuencia, también de su metástasis posmoderna. Pero no debe ser propio del pensamiento católico; pero lo será, si pretende hacer divisible la modernidad, y rescatar de ella aspectos esenciales.

No es posible una versión católica mitigada del principio de autodeterminación. A este respecto, Juan Manuel Burgos, en su manual sobre El personalismo, tras considerar a Kierkegaard y su existencialismo mitigado un precursor del personalismo, dice que 

«es posible un existencialismo más acorde con la realidad que, sin rechazar la existencia de una naturaleza humana, pone de relieve que la experiencia ética interior de cada hombre es algo único e irrepetible. Un existencialismo, en suma, que acepta que el hombre tiene esencia, pero que subraya que está entregado a su libertad, que es capaz de autodeterminarse y es por eso un proyecto abierto y dramático que depende de cada persona» (Juan Manuel BURGOS, El personalismo, Palabra, Madrid 2000, p. 35)

Kierkegaard, que no consiguió liberarse de la modernidad que combatía, abrió la puerta a una versión espiritualista del principio de autodeterminación. Nosotros no aceptamos que se pueda aceptar el orden de las esencias y al mismo tiempo suspenderlo teleológicamente, ni siquiera en base a un proyecto inacabable de autodeterminación, o libertad negativa. Kierkegaard, que consideraba esta dialéctica una auténtica paradoja de la fe, no está a salvo de Hegel, no está a salvo de la modernidad. Aunque quiere estarlo.

Ánomos y Anfíbolos, ídolos fundadores del mundo moderno, quieren un trono en las conciencias de este siglo. No hay manera más fácil de preparar su tiranía, que mediante el principio de autodeterminación. 

El concepto de libertad negativa, aun en su versión mitigada, tiene efectos ontofóbicos; sumergido en el Maelstrom del confusionismo actual, puede contribuir poderosamente al naufragio de la mente católica, si no es rechazado en su totalidad; por su propia potencialidad, tiende a establecer un movillismo constructivista, en que priman los procesos, los itinerarios, la provisionalidad, la desustanciación de la persona. Favorece, por tanto, el ocaso de la ley natural. 

Se va consolidando así un ambiente postclásico, postradicional y anómico, en que la vida cristiana parece querer autodeterminarse al margen de la dimensión óntica, más allá de los saberes heredados. Como si el católico postmetafísico pretendiera pasar de gentilhombre a señor, invirtiendo los papeles. 

No creemos que este principio sea aprovechable. Antes bien, consideramos que es uno de esos defectos fundacionales de los cuales debe liberarse el pensamiento católico actual, si no quiere hacer divisible la modernidad, y por tanto dejarse intoxicar por ella.

 

David Glez. Alonso Gracián

 

12 comentarios

  
Curro Estévez
/EDIT/
Ahora en serio, Dios te bendiga Alonso.
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A.G.:
Me hizo gracia la broma, jeje. Pero como imaginas debo editarla.
04/02/18 10:07 PM
  
Manoletina
Donde más analiza kierkegaard la libertad es en "el concepto de angustia". Entre algunas cosas decir, que la considera fruto del pecado original. Tanto la libertad como el conocimiento y la sexualidad, para él son consecuencia del pecado, no que el pecado las desvirtue. Y la angustia (que luego secularizara Sartre) es "el vértigo de la libertad". Es decir, la libertad no solo sería negativa, sino que va más allá, es casi condena que tenemos los seres humanos por haber pecado....En esa obra el propio pecado es definido, creo recordar, como "posicionamiento", no como privacion: el pecado no nos quita nada bueno, solo añade, y lo que nos hace es estar en un tipo de posicion con respecto al absoluto. Ese posicionamiento con respecto al absoluto marca el ser esencial de ser persona, que aqui no recuerdo si definia, pero en "la enfermedad mortal", definia como "relacion que se relaciona consigo mismo". El "espiritu", que tambien toma de Hegel, es la síntesis que va en ciclo rompiendo-reconstruyendo a la union alma y cuerpo, y el espiritu es la "esencia" de la libertad. Es decir, la libertad solo crece destruyendo a la persona. Muchas cosas de Kierki me gustan, pero creo que los catolicos que lo alaban mucho no se han parado bien con el.

Con lo de Kierki de acuerdo. Con lo del personalismo no, pero ya lo dejo.
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A.G.:
Kierkegaard tiene muchas cosas buenas. Otras no tanto. Le faltó la fe católica, y le sobró luteranismo. Tiene celo apostólico y grandes ideas, mucho pathos y un sincero cristianismo. Pero con grandes deficiencias.

04/02/18 11:53 PM
  
Óscar de Caracas
No conozco mucho la fe, la conozco un poco pero sé que soy libre porque el Señor es la Verdad y ¿como no voy a ser libre si el Señoŕ es la luz de mi vida?
Le agradezco sus publicaciones, sobretodo por la luz que le ofrece a este ignorante.
Gracias.

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A.G.:
Gracias Óscar. Verdaderamente, el Señor nos libera.
05/02/18 1:06 AM
  
Marisa
Si a la autodeterminación o libertad negativa, se le suma el menosprecio de la gracia, el desastre está servido.
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A.G.:
Así es, de hecho, Marisa, suele ir asociado. Por algo la libertad negativa es un voluntarismo.
05/02/18 3:49 PM
  
Marisa
Es casi directamente proporcional: a mayor "enaltecimiento" (falso) del hombre, mayor abajamiento de Dios y su poder.
Parece que el hombre no se siente verdaderamente "libre" sino hasta que acaba con Él.
Qué autoengaño atroz.
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A.G.:
Eso parece, Marisa, que es directamente proporcional. Además, ese acabar con el poder de Dios, para supuestamente ser libre, está relacionado con el rechazo de la dimensión metafísica del hombre.
05/02/18 4:01 PM
  
Ricardo de Argentina
Una duda David, ¿el concepto de "libertad negativa" es invento tuyo?

Yo creo que viene de maravillas para desambiguar esa palabra tan super-ambigua que es "libertad".
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A.G.:
No es mío Ricardo, yo lo he aprendido de la crítica al liberalismo, y a la modernidad en general, de filósofos del derecho, como Danilo Castellano o Juan Fernando Segovia. De ellos lo he tomado. Es un concepto muy valioso, porque aclara muchas cosas.
05/02/18 5:33 PM
  
Martinna
Leyendo sobre lo que decían de la oracion santos antiguos,
he visto esta frase de San Nilo

Si eres teólogo rezas de verdad, y si rezas de verdad eres teólogo.

Y pensé como Alonso Gracián
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A.G.:
Así pienso yo, verdad. La oración es fundamental, nos permite implorar los dones del Espíritu Santo, para recibir sus luces.

Gracias Martinna
05/02/18 11:21 PM
  
Oscar Ignacio
El auténtico personalismo y humanismo cristiano, capaz del diálogo con el mundo moderno y contemporáneo. Una fe e iglesia misionera, creíble, testimonial y coherente como nos enseña el magisterio actual con los Papas:

"Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia" (Concilio Vaticano II, GS 1).

"En realidad, ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva. Se llama también cristianismo. Este estupor justifica la misión de la Iglesia en el mundo, incluso, y quizá aún más, «en el mundo contemporáneo». Este estupor y al mismo tiempo persuasión y certeza que en su raíz profunda es la certeza de la fe, pero que de modo escondido y misterioso vivifica todo aspecto del humanismo auténtico, está estrechamente vinculado con Cristo" (San Juan Pablo II, RH 10)

" Cristo Señor ha indicado estos caminos sobre todo cuando —como enseña el Concilio— «mediante la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre» (GS 22). La Iglesia divisa por tanto su cometido fundamental en lograr que tal unión pueda actuarse y renovarse continuamente... La Iglesia, en consideración de Cristo y en razón del misterio, que constituye la vida de la Iglesia misma, no puede permanecer insensible a todo lo que sirve al verdadero bien del hombre, como tampoco puede permanecer indiferente a lo que lo amenaza. El Concilio Vaticano II, en diversos pasajes de sus documentos, ha expresado esta solicitud fundamental de la Iglesia, a fin de que «la vida en el mundo (sea) más conforme a la eminente dignidad del hombre» en todos sus aspectos, para hacerla «cada vez más humana....Aquí se trata por tanto del hombre en toda su verdad, en su plena dimensión. No se trata del hombre «abstracto» sino real, del hombre «concreto», «histórico». Se trata de «cada» hombre, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno se ha unido Cristo, para siempre, por medio de este ministerio.».....A este hombre precisamente en toda la verdad de su vida, en su conciencia, en su continua inclinación al pecado y a la vez en su continua aspiración a la verdad, al bien, a la belleza, a la justicia, al amor, a este hombre tenía ante sus ojos el Concilio Vaticano II cuando, al delinear su situación en el mundo contemporáneo..Este hombre es el camino de la Iglesia, camino que conduce en cierto modo al origen de todos aquellos caminos por los que debe caminar la Iglesia, porque el hombre —todo hombre sin excepción alguna— ha sido redimido por Cristo, porque con el hombre —cada hombre sin excepción alguna— se ha unido Cristo de algún modo, incluso cuando ese hombre no es consciente de ello, «Cristo, muerto y resucitado por todos, da siempre al hombre» —a todo hombre y a todos los hombres— «... su luz y su fuerza para que pueda responder a su máxima vocación».96" (San Juan Pablo, RH 13-14).

"Por eso el hombre «es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión: él es la primera vía fundamental de la Iglesia, vía trazada por el mismo Cristo, vía que inalterablemente pasa a través de la Encarnación y de la Redención»...Redescubrir y hacer redescubrir la dignidad inviolable de cada persona humana constituye una tarea esencial; es más, en cierto sentido es la tarea central y unificante del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, están llamados a prestar a la familia humana" (San Juan Pablo II, CL 36-37).

"Para realizar la justicia social en las diversas partes del mundo, en los distintos Países, y en las relaciones entre ellos, son siempre necesarios nuevos movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo y de solidaridad con los hombres del trabajo. Esta solidaridad debe estar siempre presente allí donde lo requiere la degradación social del sujeto del trabajo, la explotación de los trabajadores, y las crecientes zonas de miseria e incluso de hambre. La Iglesia está vivamente comprometida en esta causa, porque la considera como su misión, su servicio, como verificación de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente la «Iglesia de los pobres». Y los «pobres» se encuentran bajo diversas formas; aparecen en diversos lugares y en diversos momentos; aparecen en muchos casos come resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano: bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo —es decir por la plaga del desempleo—, bien porque se deprecian el trabajo y los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia" (San Juan Pablo II, LE 8).

"Hoy más que nunca, la Iglesia es consciente de que su mensaje social se hará creíble por el testimonio..., antes que por su coherencia y lógica interna. De esta conciencia deriva también su opción preferencial por los pobres...el amor de la Iglesia por los pobres, que es determinante y pertenece a su constante tradición, la impulsa a dirigirse al mundo.. El amor por el hombre y, en primer lugar, por el pobre, en el que la Iglesia ve a Cristo, se concreta en la promoción de la justicia" (San Juan Pablo II, CA 57)

“Como reafirmé a los obispos latinoamericanos reunidos en el santuario de Aparecida, «la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8, 9)». Por eso, resulta natural que quien quiera ser de verdad compañero de Jesús comparta realmente su amor a los pobres. Nuestra opción por los pobres no es ideológica, sino que nace del Evangelio. Son innumerables y dramáticas las situaciones de injusticia y pobreza en el mundo actual, y si es necesario esforzarse por comprender y combatir sus causas estructurales, también es preciso bajar al corazón mismo del hombre para luchar en él contra las raíces profundas del mal” (Benedicto XVI, Discurso a la 36 GC SJ, 21-04-2008).
06/02/18 12:03 AM
  
Ricardo de Argentina
MArisa, buena síntesis.
Esa libertad negativa, en el fondo pura soberbia, es el "Non serviam" que disparó la santa ira del San Miguel Arcángel, o el "Seréis como dioses" que hizo caer a nuestros primeros padres y desató la santa ira de Dios.

Después de Santo Tomás y su obra, muro cuasi infranqueable donde se estrellan la soberbia y sus expresiones: el subjetivismo y el voluntarismo, sus diabólicos mentores se han visto obligados a ir desarrollando un edificio sofístico que les permitiera sortear tan magnífico obstáculo.
Nominalismo, humanismo renacentista, cartesianismo, idealismo y existencialismo han sido jalones de ese proceso que ha llevado a la sociedad occidental a olvidarse del sano realismo moderado del aquinate, y a la Iglesia -en la medida en que se ha dejado infiltrar por ese veneno- a volverse desconocida ante sí misma.

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A.G.:
Buena síntesis, ciertamente, la de Marisa, que anda muy inspirada, jeje

En verdad, todos estos ismos que oportunamente mencionas, Ricardo, ciertamente se estrellan contra la sintesis tomasiana, por eso tan odiada y combatida. Es el bastión contra el espíritu de la época, contra las artimañas de Ánomos y Ánfilos, sus mentores.
06/02/18 9:38 AM
  
Santiago
Consulta don Alonso:
Estoy leyendo amor y responsabilidad de san Juan Pablo 2, para preparar un curso de novios que voy a dar.
En el mismo, el santo papa toma expresamente una posición "personalista". Es esto problemático, a la luz de sus últimos artículos?
Si fuera el caso, que otro libro o bibliografía se puede consultar sobre estos temas de moral sexual, matrimonio, etc?
Gracias

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A.G.:
Santiago, en mi opinión un curso de novios, al ser importante catequesis y presentación de la doctrina de la Iglesia, debe siempre prepararse a partir del magisterio de la Iglesia. Me parece una opción mejor, la verdad. El libro que cita es complejo, algunas cosas están bien, otras no tanto, en mi opinión, claro.

Yo creo que, si Ud. quiere hablar de la teología del cuerpo y la redención del matrimonio, podría preparar esos cursos con las catequesis sobre teología del cuerpo de S. Juan Pablo II. Las tiene numerosas y variadas, algunas de gran belleza, otras más complejas y difíciles. Pero en la página de la Santa Sede podrá encontrarlas. También es excelente exponer la Humanae vitae de Pablo VI, Familiaris consortio de S. Juan Pablo II, y la Casti connubii de Pío XI.
06/02/18 4:45 PM
  
Marisa
Eso sí, que Santiago no espere que los cursillistas quieran una selfie con él.
jeje
11/02/18 4:24 PM
  
Longinos
"Libertad negativa" que buena forma de nombrarla. La verdad es que así como el hechizo tiene un poder nigromántico para cambiar la apariencia de la realidad, la palabra de verdad tiene su propio poder para desenmascarar la falacia. Es como la palabra "desnudo" del niño que señalaba al rey, esa palabra que nadie había pronunciado.

Gracias
18/02/18 1:28 PM

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