InfoCatólica / Cor ad cor loquitur / Categoría: Obispos españoles

16.04.18

¿De dónde van a salir las vocaciones si apenas hay jóvenes católicos?

El cardenal Blázquez acaba de reconocer en su discurso ante la Asamblea Plenaria de la CEE que los obispos españoles están muy preocupados. La Iglesia en este país lleva sufriendo una crisis de vocaciones al sacerdocio desde hace décadas. Y según se van haciendo mayores y muriendo los curas de antes, no hay reemplazo. 

Me llama mucho la atención una parte de su discurso:

Por otra parte, debemos afirmar al mismo tiempo que el trabajo pastoral por las vocaciones sacerdotales es en general más intenso que en otros tiempos en que había un ambiente propicio constituido por las familias, las parroquias y las escuelas en que las vocaciones surgían fácilmente.

Muy bien. ¿Y entonces? A ver si va a resultar que el problema está precisamente en que las parroquias, las escuelas y las familias han dejado de ser instrumentos vocacionales. Pero ya me dirán entonces de dónde van a salir las vocaciones, por muchos esfuerzos que se hagan.

Seamos serios. Si además del desplome de la natalidad, que afecta a toda la sociedad, apenas el 10% de la juventud española es católica practicante, y en algunas regiones no llegan ni al 5%, ¿cómo vamos a tener los seminarios llenos? De hecho, creo que el número de seminaristas es muy elevado dado el nivel de práctica religosa de ese sector de la población católica.

Es decir, en vez de llorar por los pocos seminaristas que tenemos, deberíamos estar dando gracias a Dios de que, a pesar de que somos corresponsables de la apostasía generalizada que se ha instalado en este país, el Señor todavía llama a un número importante de jóvenes al sacerdocio.

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8.02.17

El cardenal Sistach interpreta Amoris Laetitia contra la doctrina de la Iglesia

El 14 de septiembre de 1994, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida entonces por el cardenal Ratzinger, publicó una carta a los obispos de todo el mundo sobre el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar. La carta acababa de esta manera:

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, durante la audiencia concedida al Cardenal Prefecto ha aprobado la presente Carta, acordada en la reunión ordinaria de esta Congregación, y ha ordenado que se publique.

Estamos por tanto, ante un texto magisterial pontifico. En el mismo se aborda la relación entre la conciencia del cristiano divorciado vuelto a casar (adúltero le llama Cristo) y la posibilidad de comulgar, La cuestión se plantea así:

Conscientes sin embargo de que la auténtica comprensión y la genuina misericordia no se encuentran separadas de la verdad, los pastores tienen el deber de recordar a estos fieles la doctrina de la Iglesia acerca de la celebración de los sacramentos y especialmente de la recepción de la Eucaristía. Sobre este punto, durante los últimos años, en varias regiones se han propuesto diversas soluciones pastorales según las cuales ciertamente no sería posible una admisión general de los divorciados vueltos a casar a la Comunión eucarística, pero podrían acceder a ella en determinados casos, cuando según su conciencia se consideraran autorizados a hacerlo. Así, por ejemplo, cuando hubieran sido abandonados del todo injustamente, a pesar de haberse esforzado sinceramente por salvar el anterior matrimonio, o bien cuando estuvieran convencidos de la nulidad del anterior matrimonio, sin poder demostrarla en el foro externo, o cuando ya hubieran recorrido un largo camino de reflexión y de penitencia, o incluso cuando por motivos moralmente válidos no pudieran satisfacer la obligación de separarse.

En algunas partes se ha propuesto también que, para examinar objetivamente su situación efectiva, los divorciados vueltos a casar deberíanentrevistarse con un sacerdote prudente y experto. Su eventual decisión de conciencia de acceder a la Eucaristía, sin embargo, debería ser respetada por ese sacerdote, sin que ello implicase una autorización oficial.

¿Cómo responde la Congregación para la Doctrina de la Fe a esas propuestas?

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8.08.16

Toca estar con los obispos de Getafe y Alcalá de Henares

Era de esperar que la jauría del lobby gay reaccionara con saña ante la impecable carta de los obispos de Getafe y Alcalá de Henares sobre la infame ley contra la LGTBIfobia aprobada por unanimidad por los partidos con respresentación parlamentaria de la Comunidad de Madrid.

La carta de los obispos es cien por cien fiel al Magisterio de la Iglesia. Es cien por cien fiel a su ministerio episcopal, del que forma parte el deber de defender a los fieles, especialmente a los más indefensos (niños), del totalitarismo agresivo que hoy tiene su cara más perversa precisamente en ese lobby gay.

En Madrid hay tres obispos que dan la cara, aunque saben que se la van a partir mediática, política y socialmente. Seguramente hay un cuarto que querría darla, pero por razones obvias, no puede. Y hay otro obispo del que no hace falta decir nada, porque su silencio lo dice todo

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22.03.16

Una carta necesaria a la que le falta una firma

Los obispos de Alcalá de Henares y Getafe han firmado una carta sobre la “Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación de la Comunidad Autónoma de Madrid” aprobada recientemente en el parlamento autónomo madrileño. 

El texto episcopal está firmemente fundado sobre el magisterio de la Iglesia, con alusiones a la reciente encíclica Laudato Si del papa Francisco. Los obispos recuerdan el deber de todo católico de alzar la voz contra leyes inicuas:

Como en otras ocasiones, los católicos, además de nuestro testimonio, hemos de emerger y hacernos presentes en todos los ámbitos de la vida social. Para ello os animamos a profundizar en la formación humana y cristiana y, de manera especial, os urgimos al conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia.

Es por ello que resulta muy chocante, por no utilizar un término más contundente, la no adhesión de Mons. Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, a este texto. Damos por hecho que esa ausencia es voluntaria. No cabe pensar que los dos obispos sufragáneos de la archidiócesis de la capital de España no han ofrecido a su arzobispo sumarse a la redacción y la firma texto. Dado que el mismo es impecable desde el punto de vista de la fe católica, ¿qué ha movido a Mons. Osoro a mirar para otro lado? 

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26.12.15

Caifás se rasga sus vestiduras laicistas

Mucho me temo, aunque más bien me alegro, que el obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández, ha puesto en pie de guerra a quienes trabajan intensamente en el proceso de descristianizar la sociedad española. Proceso, dicho sea de paso, en el que han logrado grandes éxitos… y los que quedan por venir.

El obispo ha tenido la feliz idea de aprovechar la Navidad para hablar del papel del marido y la esposa en la familia. Papeles complementarios. Papeles iguales en dignidad pero necesariamente distintos. Es más, esa distinción viene de Dios, aunque la humanidad se haya empeñado en oscurecerla, distorsionarla y convertirla en instrumento de iniquidad. Incluso desde dentro del propio cristianismo, aunque no hay ninguna otra gran religión que, ni de lejos, haya dado a la mujer el papel que le corresponde, muchos de sus miembros no han sido, ni son, fieles al plan de Dios en esta materia.

¿Qué ha dicho el obispo? Esto:

La familia se constituye por la unión de los esposos que normalmente se convierten en padres. Varón y mujer, creados en igualdad de dignidad fundamental, son distintos para ser complementarios. Cuanto más varón sea el varón, mejor para todos en la casa. El aporta particularmente la cobertura, la protección y la seguridad. El varón es signo de fortaleza, representa la autoridad que ayuda a crecer. La mujer tiene una aportación específica, da calor al hogar, acogida, ternura. El genio femenino enriquece grandemente la familia. Cuanto más mujer y más femenina sea la mujer, mejor para todos en la casa. 

¿Y qué ha pasado cuando el obispo ha dicho eso? Que ha salido un Caifás socialista y laicista a rasgarse las vestiduras diciendo:

«Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
(Mat 26,25)

Efectivamente, la fe católica es blasfemia para la nueva religión, a la que llaman democracia. Dice el diputado socialista Hurtado:

«Afortunadamente, la democracia ha puesto por encima de la moral católica, dominante en otros tiempos, a los derechos humanos y a la libertad».

Es altamente significativo que ese señor oponga la democracia a la moral católica. Sin la menor duda aparecerán muchos católicos, mayormente liberales, a decir que tal cosa es una barbaridad. Que la democracia es perfectamente compatible con su fe. Sin duda hay países donde tal cosa es posible. Pero hagamos la prueba del nueve y preguntemos: ¿en cuántos países democráticos del mundo se respetan los principios no negociables marcados por Benedicto XVI?

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