4.06.15

¿Quién comprende el misterio que encierra una comunión sacramental?

En este día del Corpus Christi, ofrecemos para la meditación de nuestros lectores un texto seleccionado de las obras del beato Dom Columba Marmion (1858-1923), quien fue monje, sacerdote y tercer abad de la Abadía de Maredsous. Gran maestro espiritual y autor de obras de notable influencia como fueron “Jesucristo, vida del alma”, “Jesucristo ideal del sacerdote”, “Jesucristo ideal del monje” y “Jesucristo en sus misterios”, de la cual tomamos el texto de este post (la traducción directa del original francés es nuestra, así como las negritas y cursivas). Dom Columba fue beatificado el año 2000 por el Papa Juan Pablo II.

A modo de brevísima introducción, vale la pena considerar este aspecto a menudo olvidado que señala dom Columba: el hecho de que recibiendo la comunión sacramental, nosotros aceptamos, por decirlo de este modo, que Cristo imprima y reproduzca en nosotros sus misterios, misterios que como sabemos son de gozo, de cruz y de gloria. La humillación de su anonadamiento, su ocultamiento, su martirio por la verdad, su obediencia al Padre, su caridad inmolada hacia los hombres, su muerte ignominiosa tras un juicio humano falso e injusto, su resurrección de entre los muertos, su eterna gloria… todo aquello deviene la impronta bendita de su vida en nosotros. 

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29.05.15

La construcción de un mundo al margen de la Santa Trinidad

Homilía en la Solemnidad de la Santísima Trinidad

Gloria y honor a Dios Padre, al Hijo y al Espíritu Paráclito, por todos los siglos

Misterio central de nuestra fe. Celebramos hoy, con ale­gría, el misterio de la Santísima Trinidad, que el Catecismo de la Iglesia Católica llama: «misterio central de la fe y de la vida cristiana». El mismo Catecismo nos enseña que el misterio trinitario «es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina» (n.234).

Formación del dogma trinitario. La Iglesia de los primeros siglos centró su atención teológica en los misterios centra­les de nuestra fe. La predicación de los Padres de la Iglesia trata continuamente del formidable misterio trinitario, de la divinidad de Jesucristo y del Espíritu Santo. En los siete pri­meros Concilios se contiene el patrimonio dogmático fun­damental de la Iglesia Católica Romana. Frente a los errores heréticos que iban apareciendo —que eran muy graves—, la Iglesia procuró expresar con absoluta fidelidad la fe en la cual creía desde los primeros tiempos, en fórmulas breves, concisas y exactas. El Concilio de Nicea, celebrado el año 325, definió contra los arrianos, que negaban la divinidad del Verbo, que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es «Dios verdadero, y consubstancial al Padre» (Cf Dz 54), es decir, de la misma naturaleza que el Padre. En otras pa­labras, la Persona de Jesús de Nazaret es el Verbo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, eternamente engendrada por el Padre, y de su misma naturaleza. Medio siglo después, en el Concilio Primero de Constantinopla, del año 381, se definió la divinidad del Espíritu Santo contra los macedonianos que no la aceptaban. De este Concilio, que asume la doctrina del anterior, proviene el Credo niceno-constantinopolitano que rezamos cada domingo, en el cual tenemos ya claramente estructurado el misterio trinitario. Así, la Iglesia muy joven aun en su historia, pudo expresar de manera infalible su fe en la Trinidad para salvaguardar la vida espiritual y la salvación de sus hijos.

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22.05.15

¿Por qué nos distraemos durante la oración? Consejos espirituales

Madre Cecilia Bruyére


Madre Cecilia Bruyére, (1845-1909) primera abadesa de la Abadía Santa Cecilia de Solesmes (Fracia), fue una figura influyente en la historia de la espiritualidad francesa de fines del Siglo XIX y comienzos del XX. Fiel discipula de el Abad Dom Próspero Guéranger, restaurador de la Orden benedictina en Francia después de la Revolución francesa, escribió la obra La vie spirituelle et l’oraison, d’après la Sainte Écriture et la tradition monastique, de la cual tomamos el fragmento que copiamos abajo para la meditación de nuestros lectores. 

Las negritas y cursivas son nuestras

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Casiano resume de este modo la doctrina de los antiguos: “Es necesario construir este edificio de todas las virtudes y preservar el espíritu de toda suerte de distracciones, a fin de que pueda acostumbrarse poco a poco a la contemplación de Dios y a la visión de las cosas celestiales. Todo lo que ocupa nuestra alma antes de la hora de la oración se presenta necesariamente a nuestro pensamiento cuando rezamos. Por eso es necesario ponernos de antemano en las disposiciones en que deseamos estar durante la oración. Encontraremos, en medio de nuestras obras de piedad, la impresión de los actos y palabras que las habrán precedido. Su recuerdo se burlará de nosotros y nos volverá enojados o tristes, si así estuvimos antes. Volveremos a encontrar los deseos y pensamientos que nos ocupaban y que nos harán recaer, para nuestra vergüenza, en la distracción, o bien reír tontamente de una palabra o acción graciosa” (Casiano, Conferencias 9, 2).

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16.05.15

Psicología de cierta tentación diabólica

Clive Staples Lewis (1898-1963), mejor conocido como C. S. Lewis fue un notable autor británico que trabajó como crítico literario, como profesor y hasta como locutor de radio, pero especialmente se lo recuerda por algunas novelas que escribió, como las Cartas del diablo a su sobrinoLas crónicas de Narnia y la Trilogía cósmica, y también por sus ensayos apologéticos (mayormente en forma de libro) como Mero CristianismoMilagros y El problema del dolor.

 En el presente post, queremos compartir con nuestros lectores un interesante fragmento de la obra Cartas del diablo a su sobrino (1942)la cual trata de un demonio que instruye a su joven sobrino Orugario en el arte de la tentación al género humano. La penetrante psicología de Lewis es, como se ve este texto, asombrosa a la hora de captar las artimañas del diablo en su deseo de apartarnos del camino de la gracia. Esperamos que sea de provecho.


Las negritas y cursivas del texto son nuestras. 


 Mi querido Orugario:

 Por supuesto, había observado que los humanos estaban atravesando un respiro en su guerra europea — ¡lo que ingenuamente llaman “La Guerra"!—, y no me sorprende que haya una tregua correlativa en las inquietudes del paciente. ¿Nos conviene estimular esto, o mantenerle preocupado?

 Tanto el temor torturado como la estúpida confianza son estados de ánimo deseables. Nuestra elección entre ellos suscita cuestiones importantes. Los humanos viven en el tiempo, pero nuestro Enemigo les destina a la Eternidad. 

Él quiere, por tanto, creo yo, que atiendan principalmente a dos cosas: a la eternidad misma y a ese punto del tiempo que llaman el presente. Porque el presente es el punto en el que el tiempo coincide con la eternidad.

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3.05.15

Sobre la lucha de la carne y del diablo contra el hombre espiritual y sobre la utilidad de la oración

San Bernardo (1090-1153), De los sermones de Cuaresma, sobre los tres modos de oración,

El amor que os tengo, hermanos, me obliga a hablar. Apremiado por él, os hablaría con más frecuencia, sino me lo impidiesen mis múltiples ocupaciones. No es nada extraño que me preocupe de vosotros, pues también encuentro en mí mismo muchos motivos y ocasiones de preocuparme. Cuando advierto mi propia miseria y mis muchos peligros, me asalta la tristeza. Mi desvelo por vosotros no puede ser menor si os amo como a mí mismo. El que sondea los corazones sabe muy bien cuántas veces mi diligencia por vosotros prevalece en mi corazón a mi propio cuidado.

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