27.06.20

(603) El Espíritu Santo- 8. El don de fortaleza

–¿No puede haber algo de pelagianismo en buscar la fortaleza?

–Si se busca la fortaleza como virtud y don del Espíritu Santo, no hay peligro. Hay humildad.

2. El don de fortaleza

 

–Sagrada Escritura

En el Antiguo Testamento, los fieles captan espiritualmente a Dios como una fuerza inmensa e invencible, como una Roca, y al mismo tiempo como Aquél que es capaz de confortar a sus fieles comunicándoles una fortaleza inexpugnable.

«Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza, Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador; Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte» (Sal 17,2-3). «El Señor es mi fuerza y escudo; en Él confía mi corazón. El Señor es fuerza para su pueblo, apoyo y salvación para su Ungido» (27,7-8).

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24.06.20

(602) El Espíritu Santo- 7. El don de temor

–Cómo andamos los católicos, seamos laicos, o incluso sacerdotes y religiosos…

–Viendo cómo viven algunos, no puede uno menos de pensar que muchos de unos y de otros han perdido el temor de Dios. Y en alguno casos lo han perdido tanto, que se han adentrado ya en la apostasía

–Los siete dones

La tradición espiritual y teológica entiende que son siete los dones del Espíritu Santo, y halla la raíz de su convencimiento en la Sagrada Escritura, especialmente en algunos lugares principales.

En Isaías 11, 2-3, concretamente, se asegura que en el Mesías esperado habrá una plenitud total de los dones del Espíritu divino. No le serán dados estos dones con medida, como a Salomón se le da la sabiduría o a Sansón la fortaleza, sino que sobre él reposará el Espíritu de Yahavé con absoluta plenitud.

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19.06.20

(601) El Espíritu Santo- 6. Gracia, virtudes y dones

Santa Teresa de Jesús - José María Salaverría (+1940)–El Espíritu Santo, «el gran desconocido»…

–En parte por falta de predicación, y en parte por falta de interés en los cristianos (pelagianos o semipelagianos en su mayoría).

Hace unos años, un profesor de teología moral escribió que es «necesario romper los cuadros del tratado De virtutibus, para abrir el tema a un horizonte más adecuado». Mejor que en el planteamiento ontológico-formalista del sistema de virtudes, habría de expresarse la moral «en términos más personalistas y relacionales», es decir, empleando «la riqueza que nos ofrecen las categorías personalistas de opciones, actitudes, etc.».

Sin embargo, la Iglesia docente, aun conociendo las diversas construcciones mentales producidas por quienes piensan de este modo, que no son pocos, estima mejor en su Magisterio apostólico, que la verdadera antropología cristiana es la tradicional. Y así, concretamente, en su Catecismo de la Iglesia Católica (1992), explica la vida nueva en el Espíritu según la gracia (1987-2029), las virtudes y los dones del Espíritu Santo (1803-1831). Y éste es el esquema que aquí sigo.

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6.06.20

(599) El Espíritu Santo- 4. en la Iglesia

San Miguel de Allende, México

–Qué cosa. Todo lo purifica y eleva Jesucristo…

–Es su misión. “Todo fue hecho por Él y para Él, y todo subsiste en Él” (Col 1,16-17). 

 

–El Espíritu Santo edifica la Iglesia

De nada nos hubiera servido a los hombres la encarnación del Hijo de Dios, la predicación de su luminoso Evangelio, su muerte sacrificial en la Cruz y su resurrección y ascensión a los cielos, si toda esa obra grandiosa de reconciliación entre Dios y los hombres si no se hubiera visto consumada en Pentecostés, por la comunicación del Espíritu Santo prometido. Sin Él, ni siquiera alcanzaríamos a tener la fe. El Hijo, enviado por el Padre y ahora vuelto él, ha cumplido su misión. Y el Espíritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo, realiza su misión en la Iglesia a lo largo de los siglos, hasta la plenitud escatológica.

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3.06.20

(598) El Espíritu Santo- 3. en Jesucristo

 P. della Francesca, Bautismo de Jesús

–¿Y a quiénes representan esas tres acompañantes?

–A tres ángeles, vestidos con tres colores distintos; cosa singular. 

El Espíritu Santo y María

La fecundidad del Padre se expresa en la generación del Hijo. La fecundidad del Padre y del Hijo en la procesión amorosa del Espíritu Santo. Y la fecundidad del Espíritu Santo se manifiesta a través de la Virgen María, en el gran misterio de la encarnación del Hijo. Es  precisamente en la Virgen, donde el Espíritu Santo se revela plenamente como «Señor y dador de vida». Y esta manifestación la realiza no solamente en Jesús, sino, como veremos, en todo su Cuerpo místico.

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