28.10.10

Lutero y la unidad de las Iglesias (Card. Joseph Ratzinger)

Totalmente diferente es la cuestión de si las doctrinas expuestas por Lutero pueden seguir dividiendo hoy a la Iglesia, excluyendo así la comunión eclesial. De ello se ocupa el diálogo ecuménico. La comisión mixta instituida con ocasión de la visita del Papa a Alemania se propone precisamente estudiar el problema de las exclusiones del siglo XVI, así como de su objetiva validez futura o superación. Y es que hay que tener en cuenta no sólo que existen anatemas por parte católica contra la doctrina de Lutero, sino que existen también descalificaciones muy explícitas contra el catolicismo por parte del reformador y sus compañeros; reprobaciones que culminan en la frase de Lutero de que hemos quedado divididos para la eternidad. Es éste el momento de referirnos a esas palabras llenas de rabia pronunciadas por Lutero respecto al Concilio de Trento, en las que quedó finalmente claro su rechazo de la Iglesia católica: “Habría que hacer prisionero al Papa, a los cardenales y a toda esa canalla que lo idolatra y santifica; arrastrarlos por blasfemos y luego arrancarles la lengua de cuajo y colgarlos a todos en fila en la horca… Entonces se les podría permitir que celebraran el concilio o lo que quisieran desde la horca, o en el infierno con los diablos”.

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23.10.10

El matrimonio en el derecho canónico

El matrimonio natural es una alianza o consorcio de toda la vida entre un hombre y una mujer, ordenada a los siguientes fines objetivos: el bien de los cónyuges y la generación y educación de los hijos. Ambos fines son elementos esenciales del matrimonio y tienen la misma jerarquía.

Esta misma alianza matrimonial natural, cuando es celebrada entre dos bautizados, ha sido elevada por Nuestro Señor Jesucristo a la dignidad de sacramento, incorporándola así al orden sobrenatural de la gracia. En el matrimonio entre bautizados se da una inseparabilidad entre la realidad natural (el contrato) y la realidad sobrenatural (el sacramento). Por lo tanto, todo contrato matrimonial válido entre bautizados es sacramento del matrimonio; y, recíprocamente, todo sacramento del matrimonio supone un contrato sui generis, que establece un consorcio total en las vidas de un hombre y una mujer. La consecuencia práctica principal de esta inseparabilidad entre contrato y sacramento es la obligatoriedad del matrimonio canónico para todos los bautizados, independientemente de su situación personal en cuanto a la fe (cf. Código de Derecho Canónico (=CDC), c. 1055).

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22.10.10

El matrimonio en el Magisterio de la Iglesia (3)

8. El matrimonio y la vida sacramental (cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, n. 11)

La vida cristiana de los fieles, cualquiera sea su condición y estado, es fortalecida y perfeccionada por medio de la recepción de los sacramentos y el ejercicio de las virtudes. Existe una relación del sacramento del matrimonio con los demás sacramentos.

El matrimonio es un sacramento sólo cuando se celebra entre dos bautizados, porque los fieles son incorporados a Cristo y a la Iglesia por el bautismo y porque el matrimonio es un sacramento de la unión entre Cristo y la Iglesia. Por el bautismo, regenerados como hijos de Dios, los fieles quedan destinados al culto de la religión cristiana y tienen el deber de dar testimonio delante de los hombres de la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia. El sacramento del matrimonio corresponde a una vocación particular dentro de la vocación universal a la santidad de todos los bautizados.

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21.10.10

El matrimonio en el Magisterio de la Iglesia (2)

3. Fines y bienes del matrimonio

La doctrina católica afirma la existencia de dos fines esenciales del matrimonio:
• el bien (material y espiritual) de los esposos, procurado mediante el amor y la ayuda mutuos y la santificación personal;
• la transmisión de la vida humana y la educación de los hijos.

“En el deber de transmitir la vida humana y de educarla, lo cual hay que considerar como su propia misión, los cónyuges saben que son cooperadores del amor de Dios y como sus intérpretes. […] Así, los esposos cristianos, confiados en la divina Providencia y cultivando el espíritu de sacrificio, glorifican al Creador y tienden a la perfección en Cristo cuando con generosa, humana y cristiana responsabilidad cumplen su misión procreadora. […]

Pero el matrimonio no ha sido instituido solamente para la procreación, sino que la propia naturaleza del vínculo indisoluble entre las personas y el bien de la prole requieren que también el amor mutuo de los esposos mismos se manifieste, progrese y vaya madurando ordenadamente.”
(Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual, n. 50).

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20.10.10

El matrimonio en el Magisterio de la Iglesia (1)

La dignidad del matrimonio y de la familia se halla oscurecida hoy día por el concubinato, el divorcio y otras deformaciones; además, con frecuencia el amor conyugal es profanado por el egoísmo y el hedonismo, cosa que se manifiesta por ejemplo en la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Por lo tanto la Iglesia, a la par que denuncia en forma profética todo lo que se opone al plan de Dios en esta materia, anuncia sin cesar la Buena Noticia del matrimonio y la familia según la doctrina cristiana, para iluminar y fortalecer a los cristianos y a todos los hombres que se esfuerzan por defender y promover el valor del matrimonio y de la familia (cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual, n. 47).

En este capítulo presentaremos sintéticamente la doctrina católica sobre el matrimonio.

1. Datos fundamentales de la antropología cristiana

Dios ha creado al varón y a la mujer con igual dignidad personal y ha inscrito en ellos la vocación al amor y a la comunión.

«Desde el principio [el hombre y la mujer] aparecen como “unidad de los dos”, y esto significa la superación de la soledad original, en la que el hombre no encontraba “una ayuda que fuese semejante a él” (Gn 2,20). […] Ciertamente se trata de la compañera de la vida con la que el hombre se puede unir, como esposa, llegando a ser con ella “una sola carne”’ y abandonando por esto a “su padre y a su madre” (cf. Gn 2,24).» (Juan Pablo II, carta apostólica Mulieris dignitatem sobre la dignidad y la vocación de la mujer, n. 6).

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19.10.10

El matrimonio y la familia en la Sagrada Escritura

La Sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26-27) y se cierra con la visión de las “bodas del Cordero” (Ap 19,7.9). De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su “misterio", de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación “en el Señor” (1 Co 7,39), todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia (cf. Ef 5,31-32).” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1602).

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17.10.10

Los desafíos de la técnica según la Encíclica “Caritas in Veritate” (3)

Mi sexta tesis es que, si extrapolamos simplemente la actual tendencia a un desarrollo técnico mayormente desvinculado de la ley moral natural, nos enfrentamos a la oscura perspectiva de una sociedad cada vez más deshumanizada.

El Papa Benedicto XVI se detiene a analizar un ámbito (el de la bioética) donde esa tendencia se muestra hoy con máxima claridad. Dice lo siguiente:

En la actualidad, la bioética es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral, y en el que está en juego la posibilidad de un desarrollo humano e integral. Éste es un ámbito muy delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dramática la cuestión fundamental: si el hombre es un producto de sí mismo o si depende de Dios. Los descubrimientos científicos en este campo y las posibilidades de una intervención técnica han crecido tanto que parecen imponer la elección entre estos dos tipos de razón: una razón abierta a la trascendencia o una razón encerrada en la inmanencia. Estamos ante un aut-aut decisivo. Pero la racionalidad del quehacer técnico centrada sólo en sí misma se revela como irracional, porque comporta un rechazo firme del sentido y del valor. Por ello, la cerrazón a la trascendencia tropieza con la dificultad de pensar cómo es posible que de la nada haya surgido el ser y de la casualidad la inteligencia. Ante estos problemas tan dramáticos, razón y fe se ayudan mutuamente. Sólo juntas salvarán al hombre. Atraída por el puro quehacer técnico, la razón sin la fe se ve abocada a perderse en la ilusión de su propia omnipotencia. La fe sin la razón corre el riesgo de alejarse de la vida concreta de las personas.” (CV, 74).

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16.10.10

Los desafíos de la técnica según la Encíclica “Caritas in Veritate” (2)

Mi tercera tesis es que, si no respeta la naturaleza humana, la técnica se convierte en una grave amenaza contra el mismo ser humano, en sus dimensiones individual y social.

Si las nociones de “naturaleza humana” y de “fin último trascendente del hombre” faltan o se oscurecen, como ocurre en las corrientes de pensamiento dominantes de la cultura contemporánea, el significado de la moral cristiana se vuelve incomprensible. Si Dios no existe y el hombre es sólo un producto del azar, su existencia no tiene ninguna finalidad objetiva, por lo cual tampoco puede existir ningún orden moral objetivo, ninguna ley moral natural. Por lo tanto, en última instancia todo está permitido. Al que no va a ningún lugar, cualquier camino le sirve. En la perspectiva atea, la moral se reduce a un conjunto de convenciones sociales con un valor puramente relativo y utilitario, más o menos como las normas de etiqueta o las leyes del tránsito. De allí se llega fácilmente a la noción liberal de una autonomía moral absoluta del individuo. La libertad de elección, que en la visión cristiana es sólo un medio para el desarrollo humano integral, pasa a ser considerada en el liberalismo como el valor supremo. Cuando predominan estas ideologías relativistas y liberales, se pierde el sistema de referencia adecuado para medir la moralidad de las distintas aplicaciones de la técnica y surge el peligro de una ciencia sin conciencia y de una cultura tecnocrática, que muy a menudo confunde lo técnicamente posible con lo moralmente lícito.

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15.10.10

Los desafíos de la técnica según la Encíclica “Caritas in Veritate” (1)

El propósito de esta ponencia es presentar una reflexión sobre los actuales desafíos éticos y sociales de la técnica, a la luz de las enseñanzas del Sumo Pontífice Benedicto XVI en su “Carta Encíclica “Caritas in Veritate” sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad”, y sobre todo en su Capítulo 6º, titulado “El desarrollo de los pueblos y la técnica”.

Mi ponencia constará de una premisa y ocho tesis.

La premisa básica de esta ponencia es el hecho evidente de que nuestra cultura contemporánea está caracterizada en gran medida por un desarrollo científico y tecnológico cada vez más veloz.

La Revolución Científica iniciada en el siglo XVII trajo como consecuencia la Revolución Industrial, que comenzó en el siglo XVIII y alcanzó grandes progresos en los siglos siguientes. Por ejemplo: a mediados del siglo XX la humanidad logró dominar las fuerzas encerradas en el átomo; y hacia fines del mismo siglo produjo la “revolución electrónica o digital”, que está generando lo que comúnmente llamamos la “sociedad de la información y el conocimiento”. Más aún, en los años más recientes ha comenzado a delinearse una “revolución biotecnológica”, que podría llegar a tener impactos sociales mayores incluso que los de la “revolución electrónica”. Por eso el Papa Benedicto XVI dice que “El problema del desarrollo en la actualidad está estrechamente unido al progreso tecnológico y a sus aplicaciones deslumbrantes en el campo biológico.” (Caritas in Veritate = CV, 69).

Mi primera tesis es que la técnica, aunque a priori es moralmente ambivalente, es en términos generales algo muy bueno, porque responde a la vocación humana al trabajo y el desarrollo.

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13.10.10

“Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio”

Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.” (Marcos 16,15-16).

Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (Mateo 28,18-20).

Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” (Hechos de los Apóstoles 1,8).


Recuerdo que una noche, hacia 1980, discutí largamente sobre temas religiosos y políticos en la vereda de mi casa con uno de mis compañeros de la Coordinadora Juvenil de la Zona 8 de la Arquidiócesis de Montevideo. Comenzaba la etapa final de la dictadura militar y los jóvenes uruguayos estábamos muy interesados en la política. Este compañero, uno de los líderes de la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis, seguía una línea muy izquierdista. Sostenía que la misión de la Iglesia consistía en luchar por la justicia social y que su objetivo último era la eliminación de la pobreza. En determinado momento le planteé una objeción decisiva: “Si fuera así, entonces, cuando todo el mundo sea como ahora es Suecia, donde prácticamente no existe la pobreza, la Iglesia perdería su razón de ser.” Para mi gran sorpresa, este compañero, en lugar de reconocer su error, contestó que eso era efectivamente correcto. A pesar de su alto cargo pastoral, él había perdido de vista completamente la verdadera naturaleza de la Iglesia, la índole trascendente de su misión de salvación, y se había sumergido en una visión inmanentista.

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10.10.10

Revista virtual gratuita de teología católica "Fe y Razón" - Nº 52 (Septiembre-Octubre de 2010)

Para acceder a la revista, presiona este enlace.

En este número publicamos, entre otras cosas, la agenda de la Segunda Jornada Académica de “Fe y Razón", que tendrá lugar el próximo jueves (14/10/2010) a las 19:00 hs. en el Aula Magna de la Facultad de Teología del Uruguay. El lema de la Jornada será “La caridad en la verdad y su dimensión social“.

Contaremos con dos ponencias:
1) El Lic. Néstor Martínez expondrá sobre “El derecho a la vida según la Encíclica Caritas in Veritate“.
2) El Ing. Daniel Iglesias expondrá sobre “Los desafíos de la técnica según la Encíclica Caritas in Veritate“.

Invitamos a participar de esta Jornada a nuestros lectores residentes en Montevideo o alrededores.

8.10.10

Pruebas de la existencia de Dios (5)

12. Los argumentos fundados en el orden moral

Kant llama “pruebas ético-teológicas” a las pruebas de la existencia de Dios fundadas en el orden moral. Después del giro antropocéntrico que representó la obra de Kant en la historia de la filosofía, muchos filósofos han pasado a conceder más importancia a esta clase de argumentos que a las pruebas cosmológicas. Por ejemplo, para John Henry Newman (1801-1890) la prueba más importante de la existencia de Dios es la que parte del hecho de la conciencia. Sin embargo, para el propio Kant la existencia de Dios era un postulado de la razón práctica, es decir una suposición sin fundamento racional que le resultaba conveniente para fundamentar su filosofía moral. Un postulado de esta clase no es en el fondo más que una opción arbitraria, tan justificada como la opción contraria.

Plantearé brevemente dos argumentos fundados en el orden moral, uno basado en la obligación moral y otro basado en la sanción moral.

El hombre se siente obligado de una manera absoluta a hacer el bien y evitar el mal. Una obligación absoluta implica la tendencia de la voluntad a un bien absoluto. Esta tendencia no proviene de la libre elección del hombre sino de una necesidad natural. Ahora bien, dicha necesidad natural proviene del Creador de nuestra naturaleza. Dios mismo es el bien absoluto y, si crea seres espirituales, necesariamente los obliga a tender hacia Sí mismo. Él es el fundamento de la obligación moral.

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5.10.10

Pruebas de la existencia de Dios (4)

9. La cuarta vía

La cuarta vía es llamada también prueba por los grados de perfección o por los grados de ser. Tiene antecedentes en Platón, Plotino, San Agustín y San Anselmo; posteriormente fue desarrollada por Leibnitz, Maréchal y Blondel.

El punto de partida de esta vía es el hecho de los grados de perfección: existen cosas con diferentes grados de perfección. Se trata aquí de cualquiera de las perfecciones simples, es decir aquellas que no están necesariamente mezcladas con imperfecciones. Las perfecciones simples son de dos tipos: trascendentales y personales.

Las perfecciones trascendentales son la unidad, la verdad, la bondad y la belleza. Resultan directamente de la noción de ser y por ello convienen a todo ser. Las perfecciones personales son la inteligencia, la voluntad, la justicia, la misericordia, etc. No implican por sí mismas ninguna limitación.

Para poder aplicar el razonamiento expuesto en el numeral 5 es necesario probar que todo ente de perfección limitada es contingente. Esto es así porque una perfección que existe por sí misma es ilimitada, pues no podría ser el principio de su propia limitación. Por lo tanto el ser de perfección limitada es dependiente, ha debido recibir su perfección de otro (su causa).

Se podría aplicar aquí un razonamiento parecido al expuesto en el numeral 5: La causa del ser de perfección limitada es un ser de perfección ilimitada o limitada. Si es de perfección ilimitada, hemos hallado la causa primera del ser de perfección limitada. Si es de perfección limitada, entonces es causado por otro ser que puede ser a su vez de perfección ilimitada o limitada. Pero es imposible remontarse al infinito en la sucesión de causas de perfección limitada, porque en una sucesión infinita todas las causas recibirían y transmitirían esa perfección, pero ninguna de ellas (ni el conjunto formado por todas ellas) podría explicarla. Por consiguiente debe existir un ser de perfección ilimitada, que es llamado “Dios".

Las cosas de nuestro mundo son entes ontológicamente finitos, en desarrollo, perfectibles. Son contingentes porque no poseen toda la perfección. Por ello el Ser absoluto que los hace posibles es infinito, absolutamente perfecto, no necesitado de adquirir perfección. La perfección infinita de la causa primera es finita en sus efectos, pues queda limitada por la capacidad de las esencias que la reciben. Hay una simple participación de las criaturas en la perfección divina.

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1.10.10

Pruebas de la existencia de Dios (3)

6. La primera vía

La primera vía es llamada también prueba por el movimiento o por las causas eficientes del devenir. Tiene antecedentes en Aristóteles.

El punto de partida de esta vía es el hecho del movimiento: existen cosas que se mueven. El movimiento considerado aquí no se identifica con el movimiento físico, sino que es el movimiento metafísico (el paso de la potencia al acto), que incluye todo tipo de cambios, sustanciales o accidentales.

Para poder aplicar el razonamiento expuesto en el numeral 5 es necesario probar que todo ente que se mueve es contingente. Esto es así porque el ser móvil está en potencia con respecto a la realidad hacia la cual tiende; debe recibirla de un ser que esté en acto con respecto a esa misma realidad. Por lo tanto el ser móvil es contingente. Por el principio de causalidad, el movimiento del ser móvil requiere una causa eficaz (un motor): “todo ente que se mueve es movido por otro”. Santo Tomás demuestra esta afirmación de la siguiente manera: moverse es pasar de potencia a acto. La potencia no puede darse el acto a sí misma, porque el acto es más que la potencia. De potencia a acto, luego, nada pasa, si no es por obra de un ser en acto. Por tanto, el ente que se mueve, en cuanto tal, está en potencia, y el motor, en cuanto tal, está en acto. Nada puede estar en acto y en potencia al mismo tiempo respecto de lo mismo. Luego, no se puede ser a la vez motor y movido bajo el mismo respecto. Por tanto, todo lo que se mueve, se mueve por otro.

El razonamiento seguido por Santo Tomás en la primera vía es similar al expuesto en el numeral 5. El motor que mueve al ser móvil puede ser inmóvil o móvil. Si es inmóvil, hemos hallado la causa primera (incausada) del movimiento del ser móvil. Si es móvil, entonces es movido por otro motor que puede ser a su vez inmóvil o móvil. Pero es imposible remontarse al infinito en la sucesión de motores móviles actualmente subordinados, porque en una sucesión infinita todos los motores recibirían y transmitirían el movimiento, pero ninguno de ellos (ni el conjunto formado por todos ellos) podría explicarlo. Por consiguiente debe existir un primer motor inmóvil. Este ser, que es acto puro, sin mezcla de potencia, es llamado “Dios". Esta prueba no depende de una cosmología caducada, porque no se sitúa en el plano científico, sino en el plano metafísico.

Las cosas de nuestro mundo son entes mutables, temporales. Son contingentes porque su ser actual no es metafísicamente necesario. Por ello el Ser absoluto que los hace posibles es inmutable y eterno. Porque Dios es eterno, su acción se ejerce en el instante presente en el cambio que en él se produce. La acción del primer motor trasciende la acción de los motores segundos. Dios no cambia por su acción; es independiente del mundo que cambia. Por consiguiente, el estudio de la acción de Dios no pertenece a la ciencia, sino a la metafísica.

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28.09.10

Pruebas de la existencia de Dios (2)

5. Las cinco vías. Su estructura general

Las pruebas clásicas de la existencia de Dios son las “cinco vías” expuestas por Santo Tomás de Aquino (1226-1274) en Suma Teológica 1, 2, 3. Son demostraciones a posteriori, puesto que parten de datos experimentales (la existencia de entes con propiedades que denotan contingencia). Kant las llamó “pruebas cosmológicas", aunque son en realidad pruebas metafísicas, basadas en el principio metafísico de causalidad: “Todo ente contingente tiene una causa". Un ser es contingente si es y puede no ser; en cambio, un ser es necesario si es y no puede no ser.

El principio de causalidad depende del principio de razón de ser: “Todo lo que existe tiene su razón de ser". Todo ente que no tiene en sí mismo su razón de ser la tiene en otro ente (su causa).

Aunque Tomás sigue distintos razonamientos en su exposición de cada una de las cinco vías, éstas pueden ser reducidas a la siguiente estructura general:

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25.09.10

Pruebas de la existencia de Dios (1)

Este capítulo está basado principalmente en Michel Grison, Teología Natural o Teodicea, pp. 27-134; también he utilizado a Otto Muck, Doctrina filosófica de Dios, pp. 122-178, 197-227 y Béla Weissmahr, Teología natural, pp. 19-118 (véase en el numeral 16 la bibliografía consultada).

1. La teología natural

La filosofía es el conocimiento de todas las cosas por sus causas últimas, adquirido mediante la razón. Todos los aspectos de la realidad pueden ser objeto de estudio filosófico, ya que de todos ellos pueden buscarse las explicaciones más profundas y radicales, aplicando el razonamiento a los datos proporcionados por la experiencia. En cambio cada una de las ciencias particulares estudia un aspecto concreto de la realidad, dejando fuera de su consideración los demás, y se limita a la búsqueda de explicaciones dentro de ámbitos restringidos.

La metafísica es la filosofía entendida en su sentido más estricto, ya que estudia la realidad buscando sus causas últimas de modo absoluto; se pregunta por lo más íntimo de toda la realidad, o sea, por su ser, estudiando cuáles son las causas que explican en último término el ser y los diversos modos de ser de los entes.

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21.09.10

“Fe y Razón” publicó un libro del Dr. Guzmán Carriquiry

El Centro Cultural Católico “Fe y Razón” acaba de publicar el cuarto título de su Colección de Libros. Se trata de una obra del Dr. Guzmán Carriquiry Lecour: Realidad y perspectivas del laicado católico en nuestro tiempo.

El libro, de 198 páginas, contiene una introducción y ocho capítulos, a saber: 1) El camino del laicado católico. 2) Nueva época asociativa de los fieles laicos y el don de los movimientos eclesiales. 3) La transmisión de la fe a las nuevas generaciones. 4) Matrimonio y familia: morada de humanidad. 5) Recapitulación de cuestiones referidas a las relaciones entre clero y laicado. 6) ¿Qué esperan los laicos de la vida religiosa? 7) Sobre la formación de los fieles laicos en el compromiso político. 8) ¿Cuáles laicos para el tercer milenio?


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20.09.10

Selección de textos del Beato John Henry Newman (2)

“Pensad en ello, hermanos míos: todo ser humano que vive, bien sea de condición noble o modesta, instruido o ignorante, joven o viejo, hombre o mujer, tiene una misión, una obra que cumplir. Hemos sido enviados al mundo para algo; no hemos nacido por azar, no estamos aquí para acostarnos por la noche y levantarnos por la mañana, trabajar para ganar el pan, comer y beber, reír y bromear, pecar cuando nos place y enmendarnos cuando estamos cansados de pecar, fundar un hogar, después morir.

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19.09.10

Selección de textos del Beato John Henry Newman (1)

Me uno a la celebración de la beatificación del Cardenal Newman ofreciendo a los lectores una selección de textos de ese gran teólogo. Los textos están tomados de las contratapas de varios números de Newmaniana, revista publicada por “Amigos de Newman en la Argentina”.


“Que sea vuestra mente tan celestial como pueda, lo más amante, lo más santa, lo más celosa, lo más enérgica, lo más pacífica, pues si apartamos nuestra mirada de Él por un momento, y la dirigimos a nosotros mismos, al instante estas excelentes disposiciones caerán en algún extremo o error. La caridad se conviente en super-facilidad, la santidad es infectada de orgullo espiritual, el celo degenera en ferocidad, la actividad devora el espíritu de oración, la esperanza llega al colmo de la presunción.

(Parochial and Plain Sermons, vol. II, p. 23).

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18.09.10

“No pensarás”

Como vimos en un post reciente, los diferentes pasos del proceso racional que concluye en la necesidad de penalizar el aborto son muy claros y transparentes. Por eso, un elemento básico de la estrategia pro-abortista consiste en tratar de evitar que la gente vea la realidad del aborto y piense a fondo sobre ella, lo cual se podría ser expresar en este falso mandamiento: “No pensarás”.

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17.09.10

Objeciones contra la ilegalidad del aborto (2)

3. La objeción basada en la aceptación generalizada

Presentación: No se debe considerar ilegal ninguna práctica generalizada y aceptada por la sociedad. El aborto es una práctica generalizada y aceptada por la sociedad. Por lo tanto, se debe legalizar el aborto.

Refutación: Las dos premisas de este silogismo son falsas, por lo cual el razonamiento es inválido.

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15.09.10

Objeciones contra la ilegalidad del aborto (1)

En este post y el siguiente presentaré y refutaré cuatro de los argumentos favoritos de los partidarios de la legalización del aborto (en adelante, “pro-abortistas").

1. La objeción basada en la libertad de elección

Presentación: Todo ser humano tiene derecho a disponer con absoluta libertad de su propio cuerpo. El embrión o feto es parte del cuerpo de la mujer embarazada. Por lo tanto, la mujer embarazada tiene derecho a disponer con absoluta libertad del embrión o feto.

Refutación: Las dos premisas de este silogismo son falsas, por lo cual el razonamiento es inválido.

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13.09.10

¿Por qué el aborto debe ser penalizado?

El proceso racional que lleva a concluir que el aborto debe ser penalizado por el Estado consta esencialmente de cuatro pasos, que desarrollaré a continuación.

El primer paso de nuestra reflexión se sitúa en el ámbito de la ciencia, concretamente de la biología.

Los enormes avances de la embriología y la genética durante el siglo XX ya no dejan lugar a ninguna duda: desde el punto de vista científico es una verdad perfectamente demostrada que el embrión humano es un ser humano desde su concepción. Carece de todo valor científico la tesis pro-abortista de que el embrión (y luego el feto) es parte del cuerpo de la mujer embarazada. En la concepción surge un nuevo individuo de la especie humana, un ser humano distinto del padre y de la madre, único e irrepetible, dotado de la capacidad de desarrollarse de un modo gradual, continuo y autónomo. El embrión humano no es un ser humano en potencia, sino un ser humano en acto: embrionario en acto y adulto en potencia.

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9.09.10

El “vegetarianismo ético” (4)

5. La vía teológica

Por último, consideremos la vía teológica, que es pertinente para dialogar con vegetarianos cristianos. El cristiano acepta que la Biblia es Palabra de Dios, un libro inspirado por Dios que transmite por escrito y sin error las verdades de orden religioso y moral que Dios quiso revelar a nosotros los hombres para nuestra salvación.

Es indudable que la Biblia (tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo Testamento) es incompatible con un vegetarianismo motivado moralmente (1):

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8.09.10

El “vegetarianismo ético” (3)

4. La vía filosófica en el sistema realista

Consideremos ahora la filosofía realista. El realismo filosófico acepta la existencia de una realidad objetiva, independiente del observador humano. El ser humano puede conocer la verdad de lo real (aunque no exhaustivamente), a través de su inteligencia, ya que el ser mismo es inteligible. El realismo conduce al monoteísmo (1). Todos los seres finitos y contingentes han sido creados por Dios, el Ser infinito y necesario.

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7.09.10

El “vegetarianismo ético” (2)

3. La vía filosófica en el sistema idealista

Consideremos ahora el sistema filosófico idealista. El idealismo es otra forma de monismo, la que niega la existencia de la materia y sostiene que sólo existe el espíritu. Normalmente el idealismo conduce al panteísmo, o sea a la simple identificación entre Dios y el mundo. Según el idealista, en definitiva sólo existe Dios. El mundo, emanación de Dios, con toda su enorme multiplicidad de seres individuales, no es más que una apariencia o ilusión, una especie de pesadilla o alucinación de un Dios alienado, que debe ser superada mediante un regreso a la perfecta unidad (o, mejor dicho, conciencia de unidad), en la cual toda individualidad se disuelve en el Uno.

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6.09.10

El “vegetarianismo ético” (1)

1. Introducción

La Iglesia Católica reconoce la legítima autonomía de la ciencia y reclama para sí misma un ámbito de competencia referido a los asuntos relacionados con la fe y la moral. Al escribir sobre teología católica, se debe aplicar ese mismo criterio básico. En este artículo lo aplicaré al tema del vegetarianismo.

Las personas que practican una dieta vegetariana procuran justificar esa práctica con base en distintos tipos de argumentos: de orden médico, económico, ascético, moral, etc. Aquí analizaré solamente los argumentos de orden moral, sin pronunciarme sobre las demás clases de argumentos. Es decir, no trataré –por ejemplo– la cuestión de si una dieta vegetariana es o no más saludable o más económica que una dieta que incluye carne animal (cuestión que debe dilucidar la ciencia, médica o económica), sino solamente la cuestión de si comer carne animal es o no es moralmente ilícito por violar un supuesto derecho a la vida de los animales (tesis principal del vegetarianismo motivado moralmente).

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1.09.10

Jesucristo es Dios Salvador

“Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que soy yo?’ Ellos le dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.’ Y él les preguntaba: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’ Pedro le contesta: ‘Tú eres el Cristo’.” (Marcos 8,27-29).

También a cada uno de nosotros Jesús nos plantea hoy la misma pregunta que hizo a sus discípulos: “¿Quién dices tú que soy yo?". Y también hoy Jesús recibe diversas respuestas: eres sólo un gran hombre (tal vez el mayor de todos); eres un mensajero de Dios semejante a otros (Moisés, Buda, Mahoma, etc.); eres el Hijo de Dios hecho hombre…

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31.08.10

Cinco preámbulos de la fe

Algunos comentarios sobre el libro: P. A. Hillaire, La Religión demostrada o los fundamentos de la fe católica ante la razón y la ciencia, Librería Católica Internacional, Barcelona 1920, 3ª edición; versión castellana de la 16ª edición francesa por Monseñor Agustín Piaggio.

El prefacio de “La Religión demostrada…” del P. Hillaire está fechado el 8 de diciembre de 1900. Este notable libro tuvo una gran difusión en todo el orbe católico durante la primera mitad del siglo XX, pero luego cayó rápidamente en el olvido, en parte debido a la crisis general de la apologética católica.

La primera parte del libro (pp. 3-524) –la principal– está estructurada en cinco capítulos que se corresponden con las siguientes cinco “verdades”:

“1ª. Hay un Dios criador de todos los seres.
2ª. El hombre, criatura de Dios, posee un alma espiritual, libre e inmortal.
3ª. El hombre necesita de una religión: sólo una religión es buena, y sólo una es verdadera.
4ª. La única religión verdadera es la religión cristiana.
5ª. La religión cristiana no se halla más que en la Iglesia católica.”
(pp. 1-2).

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30.08.10

¿Buda? (Juan Pablo II)

PREGUNTA [del periodista Vittorio Messori]

Antes de pasar al monoteísmo, a las otras dos religiones (judaísmo e islamismo), que adoran a un Dios único, quisiera pedirle que se detuviera aún un poco en el budismo. Pues, como Usted bien sabe, es ésta una «doctrina salvífica» que parece fascinar cada vez más a muchos occidentales, sea como «alternativa» al cristianismo, sea como una especie de «complemento», al menos para ciertas técnicas ascéticas y místicas.

RESPUESTA [del Papa Juan Pablo II]

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