InfoCatólica / Razones para nuestra esperanza / Categoría: Sin categorías

17.01.13

Tres pensamientos

Quienes dicen que Jesús se equivocó al profetizar que el Reino de Dios llegaría durante su generación están en un serio error. Tanto llegó el Reino de Dios, que el mismo Jesús en persona es el Reino de Dios en plenitud. Un estudio sereno de los Evangelios muestra que Jesús relacionó siempre el Reino de Dios con su persona y que era consciente de su especial relación con Dios Padre y de estar implantando el Reino de Dios en el mundo. ¿Quién es si no el sembrador de la parábola, que esparce generosamente la semilla del Reino por doquier? (Y hay muchos otros textos evangélicos que van en la misma línea). Por eso Jesús llegó a decir: “El Reino de Dios está en medio de vosotros“. Y no se equivocaba.

En cuanto a la teoría de que Jesús era sólo un predicador común y corriente, no da cuenta de la inmensa desproporción entre la causa (el supuesto predicador común y corriente) y el efecto (la Iglesia cristiana). Los prejuicios impiden a muchos reconocer la grandeza de Jesús.


Hay quienes identifican virtud y salud. De esta identidad se deduce fácilmente la identidad entre falta de virtud y falta de salud, o sea entre pecado y enfermedad. Sin negar que en ese planteo hay un fragmento de verdad, sostengo que en rigor esa identidad es inválida. De entre los muchos argumentos de distinto tipo que podrían aducirse para refutar esa falsa identidad, me limitaré en esta ocasión a presentar un argumento de orden teológico-escriturístico. En efecto, la Palabra de Dios dice a este respecto lo siguiente: “Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: ‘Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?’ Respondió Jesús: ‘Ni él pecó ni sus padres, es para que se manifiesten en él las obras de Dios’” (Juan 9,1-3).


Quienes sostienen la existencia de muchas morales confunden las múltiples teorías o sistemas morales con la ley moral, que es necesariamente única, pues única es la naturaleza humana y única es la vocación universal a la santidad.

El hecho de que en distintos tiempos y lugares el conocimiento humano de la ley moral alcance grados variables y esté a menudo obscurecido por el error no es obstáculo para el reconocimiento de la unicidad de la ley moral.

Si no fuera así, la existencia de distintas teorías científicas a lo largo de la historia o en un momento dado nos llevaría a concluir que los seres humanos no viven en un único universo material regido por un único conjunto de leyes matemáticas, físicas, químicas, biológicas, etc.

Daniel Iglesias Grèzes


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13.01.13

La Iglesia y el Reino de Dios

Hace años alguien me escribió que, en una homilía, un sacerdote dijo lo siguiente: “Jesús no vino a instaurar su Iglesia, sino a empezar a construir el Reino, y en ese barco entramos todos.” Intentaré mostrar que esa afirmación contradice la doctrina católica.

1. ¿Qué quiso lograr Jesús?

Consideremos la primera parte de la frase en cuestión: “Jesús no vino a instaurar su Iglesia, sino a empezar a construir el Reino”. Esta proposición se parece mucho a una famosa frase –pretendidamente irónica– de Alfred Loisy, teólogo católico disidente (modernista) de principios del siglo XX: “Jesús anunció el Reino de Dios, y lo que vino fue la Iglesia". Loisy fue excomulgado por sus doctrinas heréticas.

Es verdad que Jesús vino para traer el Reino de Dios, es decir para salvarnos, para darnos la comunión con Dios. “Reino de Dios” y “salvación” pueden ser considerados como sinónimos. Donde Dios reina hay salvación y recíprocamente.

Por otra parte, al menos desde Orígenes (siglo III) la exégesis católica ha tenido claro que en definitiva Jesucristo mismo, en persona, es el Reino de Dios. En Él el Reino de Dios no sólo ha venido ya, sino que ha alcanzado su plenitud. Él mismo es nuestro Salvador y nuestra salvación.

Contrariamente a lo que insinúa la frase analizada, la Iglesia no es un producto accidental o secundario de la misión de salvación de Jesucristo, sino que es parte esencial de ella. La Iglesia es nada menos que el Cuerpo de Cristo, un Cuerpo cuya Cabeza es Cristo, nuestra salvación. La Iglesia hace presente socialmente a Cristo en el mundo de hoy y continúa su misión de salvación, animada por el mismo Espíritu de Cristo. Jesús se identifica plenamente con su Iglesia: “Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado.” (Mateo 10,40); “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (Mateo 28,20).

El Concilio Vaticano II identifica el Reino de Dios y el Reino de Cristo (cf. constitución dogmática Lumen Gentium, n. 5), identificación muy obvia para la doctrina católica. Pues bien, el mismo Concilio dice que la Iglesia es en cierto modo el Reino de Cristo (o sea, el Reino de Dios): “La Iglesia o Reino de Cristo, presente actualmente en misterio, por el poder de Dios crece visiblemente en el mundo.” (Lumen Gentium, n. 3). La expresión “en misterio” significa que la presencia del Reino de Dios en la Iglesia es sacramental (la palabra griega “mysterion” fue traducida al latín como “sacramentum”). La Iglesia terrestre es el Reino de Dios en germen; la Iglesia celestial es el Reino de Dios en plenitud.

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6.01.13

La neuroteología

Una nueva disciplina científica denominada “neuroteología” ha descubierto que ciertas zonas cerebrales “se activan” durante ciertas experiencias místico-religiosas. En bien de la brevedad, supongamos que esto fuese una descripción aproximadamente correcta de un hecho real.

Hechos son hechos e interpretaciones son interpretaciones. El problema de la “neuroteología” es su tendencia a la interpretación materialista de esta clase de hechos.

Lo realmente importante aquí es la cuestión de la causalidad: ¿El fenómeno neurológico causa el fenómeno religioso o el fenómeno religioso causa el fenómeno neurológico? El propio nombre de la “nueva ciencia” hace pensar en una tendencia (científicamente injustificable) hacia la primera de ambas alternativas.

El hombre es una unidad de cuerpo y alma. Sus emociones, por ejemplo, afectan a estas dos dimensiones de su ser. Cuando siente vergüenza, su cara enrojece; cuando siente miedo, el latido de su corazón se acelera. Pero no siente vergüenza porque su cara enrojece ni siente miedo porque el latido de su corazón se acelera, sino al contrario. ¿Por qué habría de ser diferente en el caso de las “emociones religiosas"?

Ni siquiera es seguro que dos hechos concomitantes estén relacionados causalmente entre sí. Al menos en eso David Hume tenía razón.

Lamentablemente con demasiada frecuencia las estadísticas se usan para establecer relaciones disparatadas entre fenómenos concomitantes pero no relacionados causalmente entre sí (al menos en forma directa). Por ejemplo, se podría demostrar matemáticamente que existe una fuerte correlación positiva entre el porcentaje de cristianos en la población de un país y los puntos ganados por su selección en los campeonatos mundiales de fútbol. Pero de allí no se puede inferir que ser cristiano favorezca el talento futbolístico ni menos aún que la buena performance futbolística de una selección favorezca el crecimiento del cristianismo en su país.

Por otra parte tenemos el hecho de que la mística (al menos la cristiana) no puede de ninguna manera reducirse a determinadas emociones. La mística cristiana en sustancia no depende de ningún fenómeno extraordinario ni de emociones particulares. Por desgracia con mucha frecuencia la mística cristiana es casi totalmente desconocida en ambientes no creyentes. Los cristianos no sentimos a Dios a través de algún oculto sexto sentido. Lo conocemos por la razón y por la fe.

La religiosidad humana, en su esencia más propia, no tiene absolutamente ninguna relación con ninguna “sensación de infinito” ni de “pérdida de linealidad del tiempo", como sostienen los partidarios de la “neuroteología". Ésta no es la actual interpretación de los momentos místico-religiosos, sino tan sólo la interpretación de la corriente de pensamiento materialista. La fe cristiana provee una interpretación alternativa.

La ciencia no es ni puede ser materialista. El materialismo es la doctrina (filosófica, no científica) que postula que todo es materia. La ciencia experimental prescinde metodológicamente del espíritu, pero no lo niega ni puede hacerlo. Es decir, no trata del espíritu simplemente porque no es su tema. Cuando algunos científicos apoyan el materialismo no hacen ciencia, sino filosofía. Y no tienen derecho a utilizar el prestigio de la ciencia a favor de su falsa filosofía.

Daniel Iglesias Grèzes


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17.11.12

Nuevas amenazas a la vida humana según la encíclica Evangelium Vitae

En el contexto del Año de la Fe, el Centro Cultural Católico “Fe y Razón”, con el apoyo de la Facultad de Teología del Uruguay “Monseñor Mariano Soler”, organizó un Ciclo de Charlas sobre el Pensamiento de Juan Pablo II. Esta tarde (de 17:00 a 19:00), en la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San Alfonso (Tapes 956 casi San Juan, Montevideo), tendrá lugar la cuarta y última charla, en la que actuaremos como expositores el Lic. Néstor Martínez y yo.

Mi presentación es un simple resumen del Capítulo I de la formidable encíclica Evangelium Vitae del Papa Juan Pablo II. La he subido a Slideshare. La pueden encontrar en esta dirección:

http://www.slideshare.net/feyrazon/nuevas-amenazas-a-la-vida-humana-segn-la-encclica-evangelium-vitae

Los invito a leerla y a reflexionar sobre ella.

Daniel Iglesias Grèzes


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7.09.12

Diez claves para el renacimiento o la renovación de la cultura católica

1. La cultura católica brota de la fe católica profesada, celebrada, vivida y rezada en clave de plena fidelidad a Dios, a Jesucristo y a la Iglesia Católica, tanto en el nivel individual como en el nivel colectivo.

2. La verdad objetiva existe y el ser humano puede conocerla y comunicarla a otros. El católico debe practicar la filosofía en clave realista, no idealista.

3. De entre las muchas filosofías realistas posibles, el Magisterio de la Iglesia Católica reconoce un valor muy especial a la filosofía tomista. El tomismo debe ser considerado como un elemento fundamental, ejemplar e insustituible para la enseñanza y el ejercicio de la filosofía y la teología en la Iglesia.

4. El catolicismo es la religión verdadera. La fundamentación de la fe católica debe practicarse en clave apologética, no racionalista ni fideísta. Contra el relativismo imperante, se debe renovar la apologética, en sus tres etapas clásicas (“demostración religiosa”, “demostración cristiana” y “demostración católica”).

5. La misión evangelizadora de la Iglesia Católica es universal. Ningún grupo de personas debe ser excluido de la meta pretendida por dicha misión. Por parte de la Iglesia, todo diálogo debe practicarse en clave de evangelización.

6. El ateísmo (teórico o práctico) y el secularismo son hoy los principales enemigos de la fe católica. La cultura católica debe incluir como uno de sus elementos principales el combate contra el ateísmo y el secularismo.

7. El bien objetivo existe y el ser humano puede conocerlo y realizarlo. La filosofía moral y la teología moral deben reafirmar la existencia y el valor de la ley moral natural.

8. El derecho humano a la vida y los derechos del matrimonio y la familia, hoy sometidos a una gravísima agresión por parte de la cultura predominante en Occidente, son valores morales, políticos y jurídicos fundamentales e irrenunciables. La cultura católica debe fundamentar y reafirmar firmemente dichos valores.

9. En la vida cristiana, todo (también la cultura) debe tener como objetivo la gloria de Dios y el bien de los hombres. Superando la tendencia a un academicismo estéril, la cultura católica debe tener siempre muy presentes las interrogantes, las dudas, las carencias, las objeciones, las necesidades y los intereses de las mayorías, tendiendo muchos puentes entre la vida intelectual y las actividades prácticas (pastorales, caritativas, políticas, etc.) de los católicos.

10. Teniendo en cuenta la escasez de recursos de sus representantes y el alto valor de Internet como factor de democratización de la información, la cultura católica debe hacer un uso amplio, generoso y prudente de la red de redes como un medio de expresión privilegiado.

Daniel Iglesias Grèzes


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