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6.07.26

Los días posteriores a la Pascua: ensayo de síntesis (EEChO)

Resumen de las siete semanas anteriores a Pentecostés:

la Pascua, las apariciones y las experiencias de los Apóstoles

Muchos cristianos desean saber con mayor precisión qué ocurrió entre la Pascua y Pentecostés, durante esos cincuenta días en que se cristalizó toda la fe de la Iglesia.

Este tema ya ha sido abordado en este sitio mediante un estudio exegético minucioso. Partiendo del relato de los peregrinos de Emaús, pero sin llegar hasta el de la Ascensión, [allí] se analizan pasajes clave que a menudo son malinterpretados y suscitan falsas dificultades; éstas desaparecen en cuanto uno se basa más en el texto arameo tradicional del Nuevo Testamento —y en los datos proporcionados por las tradiciones orientales— que en un «texto» reconstruido en griego sólo en el siglo XX, y que, en el mejor de los casos, no es más que una traducción del texto arameo (del cual se deriva fielmente la Peshitta, que hoy está ampliamente disponible).

Baste aquí remitirnos a este estudio, que está llamado a ser enriquecido, tras haber indicado, en el cuadro siguiente, las conclusiones a las que llega necesariamente. A posteriori, el orden de los acontecimientos que esclarece parece corresponderse con el que ofrece el Diatessaron de Taciano; si se buscara, sin duda se encontraría la confirmación de esto también en otros lugares. No hay casualidades.

Los acontecimientos de los cuarenta días posteriores a la Pascua 

• Siete días de espera en Jerusalén, marcados, en lo referente a los Apóstoles, por dos apariciones: una en la noche del día de Pascua (aunque Pedro tuvo una breve visión en la mañana), y la otra al final [de los siete días]. Tomás no estuvo presente en la primera aparición, pero tras pasar una semana reflexionando (y estudiando mientras se quejaba), estuvo presente en la aparición que tuvo lugar el domingo siguiente; al darse cuenta del misterio y tocarlo, le dijo a Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!». La afirmación es completa (más tarde, los Apóstoles tendrán que encontrar maneras adecuadas de expresarla a todos).

• Dos semanas de viaje de ida de rememoración (tan importante en el mundo oral), durante las cuales los Apóstoles y los discípulos caminaron hacia Galilea «recordando» (es decir, recordándose unos a otros) las palabras y los hechos de Jesús ocurridos durante los tres años [de su vida pública].

• La aparición en el monte Hermón, en la frontera norte de Galilea —es decir, con vista a las naciones—, en presencia de los 72 discípulos y de sus propios discípulos (los que ya lo eran o los que lo serán, es decir los 500, de los cuales muchos son de Galilea) —Jesús los había citado a todos allí (Mateo 28:16)—.

• Una semana de viaje de regreso de rememoración, durante la cual Jesús se aparece de nuevo a los Apóstoles, por ejemplo a la orilla del Lago, y durante la cual los Apóstoles vuelven a hablar sobre todo de lo que Jesús ha dicho acerca del futuro.

• Once días en Jerusalén durante los cuales Jesús se apareció principalmente a cada apóstol por separado, a fin de aclarar a cada uno cuál será el eje de su futura «misión» en el mundo. Dos de ellos no recibieron una misión propiamente dicha: Santiago el Justo, a quien Jesús le pide que permanezca en Jerusalén pase lo que pase; y Juan, a quien Jesús quiso mantener apartado, no tanto por ser demasiado joven para una vida «misionera», sino porque le reserva una misión especial junto a María, en vistas a un conocimiento más profundo de los misterios y al servicio de la formación de los «ancianos» [presbíteros].

• La Ascensión desde el Monte de los Olivos, que deja a los Apóstoles con sentimientos encontrados de entusiasmo, miedo, esperanza, incertidumbre, expectación, nostalgia (por las apariciones), certeza y perplejidad.

A estos cuarenta días, se debe añadir los diez días siguientes, que les dan su pleno significado: 

•• los días del Cenáculo en Jerusalén, durante los cuales los Apóstoles se organizan bajo la mirada de María, en torno a quien se congregan espontáneamente —incluso eligen a Matías (quien más tarde irá a Etiopía) para reemplazar a Judas—;

•• Pentecostés, que tiene lugar en medio de una Iglesia que ya se había constituido (a la manera judía), pero a la que aún le faltaba el Espíritu [Santo].

Fuente: https://www.eecho.fr/les-evenements-des-jours-apres-paques-essai-de-synthese/

Traducción de Daniel Iglesias Grèzes

25.07.23

El documento de la Pontificia Comisión Bíblica sobre el Evangelio de Juan (1907)

San Juan Evangelista

PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA

AUTOR Y VERDAD HISTÓRICA DEL CUARTO EVANGELIO

A las siguientes dudas presentadas, la Pontificia Comisión Bíblica ha respondido de la siguiente manera:

Duda I. De la tradición constante, universal y solemne de la Iglesia, vigente ya desde el siglo II, que se extrae sobre todo: a) de los testimonios y las alusiones de los Santos Padres, de los escritores eclesiásticos e incluso de los mismos herejes, que, debiéndose derivar de los discípulos o de los primeros sucesores de los apóstoles, establecen un vínculo necesario con el origen mismo del libro [el cuarto Evangelio]; b) del nombre del autor del cuarto Evangelio recibido universalmente y siempre en el canon y en las listas de los libros sagrados; c) de los antiquísimos manuscritos, códices y versiones en varios idiomas de los propios libros sagrados; d) del uso litúrgico público mantenido desde los comienzos de la Iglesia en todo el mundo; prescindiendo del argumento teológico, ¿se demuestra con un argumento histórico suficientemente sólido que el apóstol Juan y nadie más ha de ser reconocido como el autor del cuarto Evangelio, de modo que las razones dadas en contrario por los críticos no debiliten en absoluto tal tradición?

Respuesta: Sí.

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21.07.23

El documento de la PCB sobre los Evangelios de Marcos y de Lucas (1912)

San Marcos

PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA

AUTOR, TIEMPO DE COMPOSICIÓN Y VERDAD HISTÓRICA DE LOS EVANGELIOS SEGÚN MARCOS Y SEGÚN LUCAS

A las siguientes dudas presentadas, la Pontificia Comisión Bíblica ha decidido responder de la siguiente manera:

I. El testimonio conspicuo de la tradición, maravillosamente concordante desde los comienzos de la Iglesia y confirmado por muchos argumentos, a saber, por los testimonios explícitos de los Santos Padres y de los escritores eclesiásticos, por las citas y las alusiones que se encuentran en sus escritos, por el uso de los herejes antiguos, por las versiones de los libros del Nuevo Testamento, por casi todos los códigos manuscritos más antiguos, y también por las razones internas deducidas del texto de los libros sagrados, ¿obliga a afirmar con certeza que Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, y Lucas, médico, ayudante y compañero de Pablo, son verdaderamente autores de los Evangelios que se les atribuyen respectivamente?

Respuesta: Sí.

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20.07.23

El documento de la Pontificia Comisión Bíblica sobre el Evangelio de Mateo (1911)

PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA

AUTOR, TIEMPO DE COMPOSICIÓN Y VERDAD HISTÓRICA

DEL EVANGELIO SEGÚN MATEO

A las siguientes dudas presentadas, la Pontificia Comisión Bíblica ha decidido responder de la siguiente manera:

I. Visto el consenso universal y constante desde los primeros siglos en la Iglesia, como lo demuestran claramente los testimonios explícitos de los Padres, los títulos de los manuscritos de los Evangelios, las versiones más antiguas de los Libros sagrados, los catálogos que nos dejaron los Santos Padres, los escritores eclesiásticos, los Sumos Pontífices y los Concilios, y finalmente el uso litúrgico de la Iglesia de Oriente y Occidente, ¿se puede y se debe afirmar con certeza que Mateo, apóstol de Cristo, es verdaderamente el autor del Evangelio divulgado con su nombre?

Respuesta: Sí.

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22.04.20

Consideraciones sobre el Evangelio de hoy. Juan 3,16-21

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.” (Juan 3,16-21). 

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