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6.12.21

Philip Trower, La Iglesia docta y la rebelión de los eruditos, 2B

(Véanse en este blog las secciones anteriores: 1A, 1B, 1C, 1D y 2A).

EL MAZO DE LA CRÍTICA

En su forma más extrema, la aplicación del método crítico fue como la aplicación de un mazo sobre un pavimento de mármol. El texto bíblico fue partido en pedazos. Estos fragmentos de diferentes orígenes, se sostuvo entonces, habían sido ensamblados para diferentes propósitos (a menudo deshonestos), no en los tiempos previamente supuestos sino mucho más tarde, dándoles títulos y autores espurios e incorporándolos en escritos propios, por grupos anónimos de editores o individuos que fueron los autores reales de los libros tal como los tenemos ahora. Los fragmentos mismos habían sido escritos quién sabe cuándo, por quién sabe quién, pero mucho después de los eventos que se suponía que debían registrar. Para empezar, se admitió que los fragmentos podrían haberse basado en documentos anteriores ahora perdidos. Pero pronto prevaleció la opinión mucho más común de que las tradiciones preservadas en ellos habían sido transmitidas oralmente durante siglos, y que estos recuerdos transmitidos oralmente habían sido constantemente agregados y alterados a lo largo del camino para adaptarlos a las circunstancias y creencias del momento.

Inevitablemente, no sólo los críticos llegaron pronto a la conclusión de que la Biblia debía de ser en gran parte una obra de ficción, sino también muchas otras personas. Entre otras cosas, la mente humana acepta fácilmente (con o sin razón) la idea de que cuanto más tiempo transcurre entre un evento y el momento en que es puesto por escrito, es menos probable que se registre con precisión.

(Tal como fue practicado por la mayoría de los críticos, este modo de tratar a la Sagrada Escritura tenía, y todavía tiene, aspectos de un frívolo juego de salón académico. Las teorías y opiniones se recogieron y dejaron caer como pelotas de tenis y cambiaron de década en década. El método también se aplicaba a la literatura secular. Homero fue desarmado en esta época y la autoría de sus epopeyas se dispersó entre una multitud de poetas anónimos que cubrían varios siglos. Hoy las piezas están siendo re-ensambladas, y autoridades como el profesor Lesky de Viena se inclinan por un solo Homero. Las obras de Shakespeare y La Divina Comedia indudablemente habrían sido desmembradas de la misma manera, si se hubiera sabido menos de sus autores).

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5.12.21

Philip Trower, La Iglesia docta y la rebelión de los eruditos -2A

Capítulo II - Las raíces de la incredulidad modernista

¿Qué creían exactamente los modernistas, o qué llegaron gradualmente a creer, así como a dejar de creer? (Porque dependiendo de cuál de sus dos caras se mire, el modernismo puede aparecer como un sistema de negaciones o como un sistema de afirmaciones nuevas que reemplazan esas negaciones). ¿Qué decían realmente y cómo llegaron a estas nuevas creencias?

Creo que si observamos el orden en el que sus ideas se desarrollaron y las fuentes de las que se extrajeron —incluso si esto significa cubrir algo de terreno familiar— tal vez obtengamos una mejor imagen general de lo que sucedió entonces y está sucediendo ahora, y cómo funciona la transformación intelectual del católico y cristiano en el hombre cuasi cristiano de la Ilustración (o, como deberíamos llamarlo ahora, el humanista secular o el creyente en la religión del progreso). Aunque hubo desacuerdos entre modernistas individuales sobre algunas de estas ideas, y aunque ellos fueron influenciados por ellas en diferentes grados, todos coincidieron en principios básicos.

El darwinismo y la crítica bíblica combinados obviamente causaron la mayor parte del daño. Ambos tienen el poder de enamorar súbitamente a los hombres porque se ocupan de un tema vasto y se abren camino en la mente más por sugestión que por demostraciones o pruebas claras. Cuáles, si existen, trazas de oro contienen en sus montañas de escoria es algo que la Iglesia finalmente nos dirá —al menos en la medida en que se relacionan con la Revelación. Aquí me ocupo sólo de la escoria y eso se aplica [también] a todas las otras ramas de estudio a las que me referiré.

Aunque la crítica bíblica había estado en uso mucho más tiempo que el darwinismo, creo que deberíamos poner al darwinismo primero, porque su impacto fue mucho más repentino y violento. La publicación de El origen de las especies (1859) marcó una gran división de una manera que la publicación de, digamos, la Leben Jesu [Vida de Jesús] de Strauss (1835) o la Vie de Jesus [Vida de Jesús] de Renan (1863) no lo hizo.

LAS TRES HIPÓTESIS DE LA CRÍTICA BÍBLICA

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2.12.21

Philip Trower, La Iglesia docta y la rebelión de los eruditos -1D

(Las primeras tres partes de este capítulo fueron publicadas como 1A, 1B y 1C).

EL CENTRO DE LA RUEDA MODERNISTA

El modernismo en su primera fase funcionó aproximadamente desde 1875 hasta 1910, cuando, como se recordará, fue detenido, o se pensó que lo había sido, por San Pío X. Luego pasó a la clandestinidad durante 50 años y resurgió con la muerte de Pío XII. En este primer período el movimiento se limitó a los académicos: la masa de los fieles fue poco afectada.

Lo que sucedió fue una de esas hermandades intelectuales de hombres de ideas afines que parecen surgir espontáneamente; hombres que leen los mismos libros, y por consiguiente tienen los mismos pensamientos, y que se conocen personalmente o bien por correspondencia.

Entre 1888 y 1900, una parte de ellos se reunió en una serie de “congresos científicos internacionales” de católicos (principalmente reuniones de historiadores, biblistas y filósofos) organizados por Mons. d’Hulst, rector del Institut Catholique de París, un instituto de estudios superiores católicos fundado recientemente para proporcionar académicos que pudieran responder a los ataques hechos en nombre de la cultura y de la ciencia contra las razones para la fe.

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29.11.21

Philip Trower, La Iglesia docta y la rebelión de los eruditos -1C

(Las primeras dos partes de este capítulo fueron publicadas como 1A y 1B).

SE NECESITA LA FE

Primero, para comprender hay que creer. Los historiadores no creyentes que estudian la Iglesia saben mucho más sobre su teología y su vida que la mayoría de los católicos, pero en un sentido profundo no comprenden lo que saben. Lo mismo comienza a ser cierto para los académicos católicos cuando surgen las dudas.

Sin embargo, la fe por sí sola no es suficiente: con la fe y el conocimiento debe haber bondad. Un erudito católico que se deja secar, ambicioso, cínico o egoísta, algo que les sucede muy fácilmente a los eruditos, sólo tendrá una comprensión superficial de su tema. Cuando los teólogos y académicos católicos van un paso más allá y piensan que el dominio de su tema depende de su habilidad intelectual más que de la gracia, comenzarán a volverse ciegos. Una opinión excesivamente elevada de sí mismo como erudito parece haber sido lo que sacó a Dollinger de la Iglesia y convirtió a Lord Acton en un miembro muy intranquilo dentro de ella. Históricamente, los cultos e inteligentes generalmente han sido los primeros en ser engañados por los nuevos errores. A principios de este siglo [XX], cuando un sacerdote muy conocido, que luego dejó la Iglesia, comenzó a predicar la herejía en una iglesia famosa de Londres, la primera persona que se dio cuenta fue un hermano lego, uno de los que hacían las tareas del hogar. Los sacerdotes eruditos que pasaban todo el día leyendo libros fueron más lentos para entender.

Estas observaciones sobre las tentaciones y las dificultades naturales que acosan a los académicos católicos se hacen para situar en el contexto adecuado lo que voy a decir sobre un grupo particular de ellos. Sin duda la mayoría de los comentarios son bastante obvios, pero sin ellos en mente será mucho menos fácil entender por qué este siglo [XX] ha visto una gran rebelión de eruditos y teólogos. En estos desastres, las causas son siempre morales y espirituales antes que intelectuales.

EL GERMEN DEL MODERNISMO

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28.11.21

Philip Trower, La Iglesia docta y la rebelión de los eruditos -1B

 (La primera parte de este capítulo fue publicada como 1A).

LA HUMILDAD DE LA SUMISIÓN

Para los académicos católicos, su protección infalible, como sabemos, es la obediencia a la autoridad docente de la Iglesia y la disposición a someter sus conclusiones a su juicio. Siempre que estén dispuestos a hacer esto y que reconozcan que, a pesar de su inteligencia y cultura, ellos no son las autoridades finales en materia de fe, o para decidir hasta dónde y de qué manera una rama particular de investigación que entra en contacto con la fe y la moral debe ser llevada a cabo, ellos están seguros.

Una parte del misterio de la Iglesia es que Dios, al diseñarla y al arreglar cómo Su verdad debe ser transmitida, hizo que los filósofos griegos, o cualquiera que se les pareciera, se subordinaran a pescadores galileos. Los tres Sabios [los Reyes Magos] inclinándose ante la Divina Sabiduría que se hizo visible como un bebé proporcionaron un prototipo. Un Papa o un obispo pueden ser eruditos personalmente, pero su conocimiento no añade nada a su autoridad. Su autoridad para juzgar las ideas de incluso el pensador más brillante proviene únicamente del hecho de que él es un sucesor de uno de los apóstoles de clase trabajadora y poco instruidos de Nuestro Señor. (San Pablo, el “graduado universitario", fue traído más tarde, pero sólo después de una gran dosis de humillación).

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