Las cuatro analogías del «Reino de Dios» y su significado propio (P. Edouard-Marie Gallez)

El tema o la expresión «Reino de Dios» se presta a numerosas interpretaciones, e incluso a malentendidos si no se comprende la naturaleza analógica de las palabras en labios de Jesús, así como en el espíritu de quienes lo escuchaban. El uso de analogías no suponía ningún problema para los hebreos de aquella época, pero sí lo supone para nosotros, que limitamos [a menudo] nuestro pensamiento a las realidades materiales o bien a sus imágenes (en sentido figurado o simbólico). La analogía es más sutil: establece una relación entre dos realidades que tienen algo en común, de modo que al menos una remite a la otra (o viceversa).

«Reino de Dios» tiene un sentido prioritario

Éste es precisamente el caso aquí: la expresión «Reino de Dios» (o «de los Cielos», como escribe san Mateo por respeto al nombre de Dios) aparece con cinco significados, como veremos, pero sólo uno de ellos es estrictamente apropiado: los otros cuatro remiten a él, siendo análogos (ya sea como prefiguración o como realización celestial). En efecto, si las palabras tienen un significado (y lo tienen en labios de Jesús), la palabra «reino» debe referirse, en primer lugar, a la realidad sociopolítica (y cultural): en sí misma, la expresión «Reino de Dios» designa pues nuestro mundo humano, que debe ser santificado… ¡lo que pedimos cada vez que rezamos el Padrenuestro! Esto tiene perfecto sentido: puesto que la santificación de la persona humana por el bautismo y por sus consecuencias en la vida cristiana es una realidad, parece seguro que también el mundo humano será santificado algún día; pero ¿cómo?

No existe un sacramento para «bautizar» a la sociedad, aunque se ha intentado atribuir este rol a la consagración de los reyes con el óleo de David…, imitando el ritual utilizado por los reyes visigodos, que eran arrianos (reinaron en España desde el siglo V hasta principios del siglo VIII). Este ritual tendía a borrar la Realeza de Nuestro Señor, que ha de venir en la gloria, en favor del rey humano, que se ve así sacralizado para realizar, al menos parcialmente, el «Reino de Dios» en la tierra. El arrianismo era una forma de mesianismo bastante frecuente entre los godos, en la que Jesús ya no es el Rey divino, sino una especie de superhombre, cuyas prerrogativas reales eran entonces transferidas al soberano godo (arriano).

Redescubrir las consecuencias del Juicio

En pocas palabras, el «Reino de Dios» en la tierra sólo tiene sentido y posibilidad después de la Venida gloriosa y el juicio que la acompaña, y que provocará la desaparición de aquellos que se han entregado al Mal. Sin esta perspectiva, perfectamente fundamentada en las Escrituras (y explicitada por San Ireneo), surge la confusión entre los diversos significados de la expresión «Reino de Dios».

A fin de cuentas, es fácil distinguir entre estos cinco significados, que son los siguientes, si se comprende que el punto común de su analogía reside en que se trata en cada caso de irrupciones de lo divino en la historia, y que sólo uno de los cinco, el cuarto, es «propio» (es decir, no analógico):

1. La analogía de la prefiguración personal: en el bautizado, Dios hace irrupción. «El Reino de Dios está dentro de vosotros» (Lucas 17:21 –griego entos, arameo ləgaw menḵon, dentro de). La traducción «está en medio de (o entre) vosotros» podría hacer pensar en el Espíritu Santo, suponiendo que Él venga por el simple hecho de estar juntos y que un término tan concreto como «reino» pueda ser espiritualizado hasta el punto de designar una especie de presencia intangible; más bien, es la presencia de lo divino en la realidad de la persona bautizada lo que hace de ella un Reino de Dios en miniatura, y esta presencia prefigura algo grandioso que está por venir.

2. La analogía de la Iglesia terrenal: la Iglesia prefigura y anuncia una realidad futura, pero esta realidad no será su propio desarrollo, como si la Iglesia fuera a abarcar y guiar al mundo hacia una gran fraternidad universal; de hecho, ella sólo culminará en una irrupción de Dios en la historia –precisamente la «segunda venida» de Cristo, una venida gloriosa.

3. La analogía de las parejas y las familias cristianas: la santidad del matrimonio cristiano es una irrupción de Dios en la historia; efímera (dura lo que dura la vida terrenal), prefigura otra irrupción de Dios, mucho mayor (Mateo 19:11-12).

4. La realidad propiamente dicha: después de la venida gloriosa y el juicio subsiguiente, podrán cumplirse las promesas de Dios para esta tierra; éste será el tiempo del «Reino de los Justos», en palabras de San Ireneo. Entonces todas las fuerzas humanas colaborarán con la Iglesia bajo la mirada de Cristo manifestado ‒y no faltará el trabajo, pues será la gloria de la humanidad trabajar para y con Dios.

5. Finalmente, la analogía celestial: por así decirlo, Dios «reina» sobre los ángeles y los santos del Cielo. Este sentido, que pretende mostrar el cumplimiento, es impropio (Dios no necesita «reinar» políticamente en el Cielo), salvo que, en una última etapa, la humanidad fiel y el mundo creado serán efectivamente llamados a unirse a la gloria del Cielo. Si se pierde de vista esta finalidad (que se oculta a veces incluso por una traducción errónea de la Primera Carta a los Corintios), se cae en la trampa de espiritualizar todo, de modo que el «Reino de Dios» se identifique con el «Cielo», cuando aquí el «Cielo» es simplemente una analogía del cumplimiento en la Eternidad.

«Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños» (Lucas 10:21 || Mateo 11:25).

P. Edouard-Marie Gallez

Fuente: https://www.eecho.fr/le-royaume-de-dieu-ses-quatre-analogies/

Traducción de Daniel Iglesias Grèzes


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