(146) Entre el voluntarismo y Lutero
La herencia de la Modernidad es un sobresaliente antropocentrismo capaz de todo, es decir, de nada bueno. Frustrado de tanto tienes que ser capaz, tienes que ser capaz, durante mucho tiempo pensó el católico que la vida cristiana consistía en hacer lo que Dios nos pide, y que ser santo, hacerse sacerdote, dedicarse a la vida contemplativa o irse de Misión, es simplemente cuestión de generosidad.
Pastorales de este estilo, cansinas y herrumbrosas como viejas llaves oxidadas, mantuvieron cerradas las puertas de gracia, resistiéndose a la alabanza y sobrevalorando la parte humana como el sumando clave en la ecuación.
Y es que el semipelagianismo ha sido durante demasiado tiempo la mala figura del catolicismo. Ya enarboló su bandera el presuntuoso Erasmo, que todo lo sabía, para mal luchar contra Lutero. E hizo creer a muchos que ser católico es ser voluntarista y creer que con la sola y libre voluntad se puede vencer al diablo y al pecado, si uno en verdad se lo propone.
Pero los tiempos de esta impostura han pasado, y en medio de una crisis mastodóntica que nos desafía, o se es apóstol de la gracia, o la identidad católica está perdida, y con ella también la santidad.
16.08.16
(145) Guerra al movilismo
1.- Debemos empeñarnos en una santa reforma de la Iglesia, en que la santidad sea el valor primordial y la sana doctrina su agente de perfeccionamiento. Ecclesia semper reformanda. Porque es urgente y necesario, y con la gracia de Dios posible, detener todo itinerario equivocado, todo paso arbitrario e innecesario que acerque al abismo; todo movimiento descontrolado, querencioso de novedades. ¡Debemos reencontrar la perla que ya poseemos, y es fuente de belleza, paz y quietud en el Señor, porque la recibimos! La santa doctrina de Cristo.
2.- No se puede caminar por caminos embarrados. Porque mancharse del barro del camino, si el barro es error y pecado, es malo para la Iglesia, es malo para el cristiano, es malo para toda pastoral que en verdad pretenda el bien de las almas. Y porque el barro esconde arenas movedizas.
5.08.16
(144) Sobre el furor de la conciencia, o que no se puede ignorar la ley moral sin grave daño
Hay cosas que no podemos dejar de conocer, cosas que no podemos ignorar. Cosas que Dios quiere que sepamos. Cosas que no podemos dejar de conocer sin grave daño, y que por eso la santa doctrina de la Iglesia nos recuerda con ardor. Cosas que una sana y católica pastoral debe ayudar a conocer y cumplir, y no a obviar y soslayar.
Es todo aquello que pertenece a la llamada Ley Natural, para cuyo cumplimiento se nos da la gracia, y por cuyo incumplimiento se nos da el sacramento de la confesión.
— ¿Qué es el pecado, sino un aplastamiento de la verdad que no podemos dejar de conocer: no matarás, no adulterarás…. ? Porque para pecar hay que ahogar la verdad que preceptúa la ley. Pero, ¿con qué? Con más pecados, y sobre todo, con el olvido heteropráctico, con la demagogia bienintencionada del encubrimiento, con la ignorancia voluntaria de todo aquello que no podemos ignorar, porque nos va la salvación o la condenación en ello, y que se llama LEY MORAL.
Alonso Gracián
Alonso Gracián Casado y padre de tres hijas. Diplomado en Magisterio y Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación. Le apasiona la pintura y la polifonía, y todo lo que es bello y eleva.
Tiene la curiosa costumbre de releer a Tolkien y a Bloy cada cierto tiempo. Sabe que sin Cristo todo es triste, feo y aburrido hasta la muerte, y que nosotros sin Él no podemos hacer nada (Jn 15, 5), salvo meter la pata. Por eso cree no perder el tiempo escribiendo diariamente algunas líneas en la red, con esta sola perspectiva: contemplar a Cristo como centro del universo y de la historia.
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