Orar litúrgicamente (Notas de espiritualidad litúrgica - X)
Orar “litúrgicamente” si así podemos decirlo y llamarlo: una meta, un método. La liturgia es oración y nos enseña a orar.
La espiritualidad litúrgica consiste en esto: lo primero es orar, orar de verdad y así vivir toda la liturgia con espíritu interior y orando; es más que asistir o que mirar una ceremonia sagrada bien ejecutada –y debe estar bien realizada, sin duda-: es orar, orar la liturgia, orar con la liturgia, sin buscar distracciones ni sustitutivos piadosos. Y orar es aplicarse a la inteligencia del Misterio de Cristo que se hace presente, se da y nos santifica en la liturgia:
“La primera y esencial condición para orar litúrgicamente es simplemente la de orar. Cuando se ora así, asimilando el alimento espiritual que la Iglesia ofrece en sus textos litúrgicos, el espíritu queda completamente satisfecho y ya no tiene necesidad de refugiarse en otras prácticas de piedad. No porque las desprecie o las tenga en menos, sino simplemente porque ya está saciado” (Brasó, G., Liturgia y espiritualidad, Barcelona 1956, 253).
Y esto, además, aplicado de un modo particular y exigente a un tiempo a los mismos sacerdotes, que tratan los santos misterios con sus palabras y sus manos:
“Esto se debe decir especialmente respecto a los ministros de la plegaria litúrgica, ya que ellos por deber de estado están dedicados a ser los hombres de la oración de la Iglesia. El oficio divino, la misa, la administración de sacramentos y sacramentales llena buena parte de su día: con sólo penetrar y asimilar lo que pronuncian en nombre de la Iglesia tienen alimento sobreabundante para nutrir la más intensa vida interior. No es otra la norma de vida sacerdotal que les trazó la Iglesia en el día de su ordenación. Agnoscite quod agitis. Imitamini quod tractatis” (Brasó, pp. 253-254).

Tiene algo distinto, posee algo único. Es grande, es inmensa, y no es fría ni distante. Habitualmente se incluye en el recorrido turístico de la ciudad, pero no es un museo, ni un edificio muerto habitado por sombras del pasado y memorias de lo que fue tal vez alguna vez.
La liturgia da más fruto en nosotros si tenemos una disposición interior, si nos preparamos a ella. Parte de ese trabajo personal es asimilar los textos litúrgicos conociéndolos por la oración y meditación personal. Eso nos facilitará luego su escucha orante en la liturgia.