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8.01.22

1.01.22

El lenguaje del rito romano: lo breve, si bueno,...

El misal

Bello y elegante, sumamente claro y conciso, es el lenguaje de la liturgia romana. Está claro que muestra su origen del latín: sobrio y denso, rico al mismo tiempo. No desperdicia palabras, ni se llena de florituras ni adornos, no necesita reiteraciones ni proliferan oraciones de relativo. En ese estilo, en ese corte clásico, radica su belleza.

Una oración colecta de la Misa romana es una obra de orfebrería, con suma precisión, diciendo mucho con pocas palabras, expresando grandes verdades de fe con brevedad. Pensemos en la colecta de la Misa del día de la Natividad del Señor, con su estructura romana (a) Invocación, b) Memorial –con una oración de relativo- y c) petición, más d) la conclusión trinitaria):

  1. Oh, Dios,
  2. que estableciste admirablemente la dignidad del hombre y la restauraste de modo aún más admirable,
  3. concédenos compartir la divinidad de aquel que se dignó participar de la condición humana.
  4. Por nuestro Señor Jesucristo.

Es increíble tanta belleza en tan pocas expresiones, cuyo origen está en el gran genio literario de san León Magno. Se invoca a Dios sin adjetivos alguno, ni “todopoderoso”, ni “eterno”, etc. Luego una oración de relativo hace memoria del Misterio: “que estableciste…”, sin que aparezcan adjetivos, sino solo el juego sonoro de dos adverbios de modo: “admirablemente” - “aún más admirable”. Después la petición: “concédenos compartir la divinidad…”, y de la misma forma literaria, no aparecen adjetivos ni siquiera algún adverbio que dé colorido. Y, no obstante, ¡qué hermosura al cantar el Misterio del Nacimiento del Señor! Al Dios creador y redentor se le suplica que lleve a término en nosotros el admirabile commercium, “compartir la divinidad” de su Hijo que se ha hecho hombre.

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3.09.21

Salmo y participación litúrgica (un poco de todo)

Salmista

Desde que leí esta afirmación de san Juan Crisóstomo no la he podido olvidar por lo gráfica e impactante que es refiriéndose al estribillo del salmo responsorial:

“Yo os exhorto a no salir de aquí con las manos vacías, sino a recoger las respuestas como perlas, para que las guardéis siempre, las meditéis y las cantéis a vuestros hijos” (Com. Sal 41).

Esta frase nos daría para varios puntos de catequesis y formación:

1. Los salmos deben ser alimento constante para la oración personal, repetirlos, cantarlos, asimilarlos, memorizarlos, porque esa es la Tradición de la Iglesia.

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22.12.20

Lectio divina con la liturgia (Notas sobre espiritualidad litúrgica - XIV)

    lectio De la liturgia nace el deseo de conocer mejor la Palabra de Dios en las sagradas Escrituras mediante la lectio divina, y la lectio divina favorece luego vivir la liturgia escuchando la Escritura, cantando los salmos, etc., con mayor conocimiento y fervor.

     Toda la liturgia está impregnada de la Palabra de Dios; en cada oficio litúrgico se lee la sagrada Escritura, en mayor o menor extensión, y con una distribución propia. Y es que la liturgia ofrece diversos ciclos de lecturas en su liturgia para instruir y alimentar las almas:

a)      El ciclo dominical en tres años (A, B y C)

b)      El ciclo anual en ferias de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua

c)      El ciclo bianual para la 1ª lectura y anual para el Evangelio en las ferias del tiempo ordinario

d)     A lo que hay que sumar la distribución de lectura para fiestas del Señor, de la Stma. Virgen, Apóstoles y santos, etc…

e)      El ciclo anual, por ahora, del Oficio de lecturas en la edición española.

f)       Y aunque no son lecturas, habría que añadir los salmos de la Liturgia de las Horas distribuidos en cuatro semanas, especialmente los salmos de las Laudes, Vísperas y Oficio de lecturas.

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1.12.20

¿La Liturgia de las Horas es para los seglares? ¿O eso es clericalizar? Y además una app nueva

   Coraron suma claridad, expuso el Concilio Vaticano II lo siguiente: “Procuren los pastores de almas que las Horas principales, especialmente las Vísperas, se celebren comunitariamente en la Iglesia los domingos y fiestas más solemnes. Se recomienda, asimismo, que los laicos recen el Oficio divino o con los sacerdotes o reunidos entre sí e inclusive en particular” (SC 100).

   Obsérvese: se insta que los laicos recen el Oficio divino, con los sacerdotes, o reunidos entre sí o en particular, cada cual en su hogar. ¡Eso sí es doctrina del Vaticano II y no otras cosas que se le atribuyen basados en un supuesto “espíritu del Concilio”, tan subjetivista!

    La Liturgia de las Horas, llamada también Oficio divino, es oración de toda la Iglesia, de todo el Cuerpo místico, uniéndose a Cristo: “la voz de la Iglesia o sea, de todo el Cuerpo místico, que alaba públicamente a Dios” (SC 99). Si se dice que es de toda la Iglesia, eso incluye a cada uno de sus miembros, sea clérigo o seglar, consagrado por votos o unido en santo matrimonio. Siendo la oración de la Iglesia, pertenece a cada uno de sus hijos, sea cual sea su estado de vida cristiano. Cada bautizado, con esta oración litúrgica, realiza la “oración pública de la Iglesia” (SC 98), se constituye en Iglesia orante, incluso si está solo en su hogar orando o de rodillas ante el Sagrario. “Expresa la voz de la amada Esposa de Cristo, los deseos y votos de todo el pueblo cristiano, las súplicas y peticiones por las necesidades de todos los hombres” (Pablo VI, Const. Laudis canticum, n. 8).

    Unos tienen encomendado el oficio y obligación de rezar la Liturgia de las Horas, los contemplativos, monjes y monjas en el coro, y los obispos y sacerdotes, garantizando así que cada día, en comunidad o en particular, se eleve la oración de alabanza y súplica de la Iglesia. Es un encargo, un oficio: asegurar ininterrumpidamente la Liturgia de las Horas. Y deben dedicarle tiempo y amorosa entrega, también los sacerdotes, orando por sus fieles y en nombre de sus fieles, frenando la actividad frenética. ¡Preocupante señal si un sacerdote apenas reza o nunca reza la Liturgia de las Horas, arrinconando el Breviario!

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