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21.07.20

Partes de la Plegaria eucarística (y II)

benedicto

6.      2ª Epíclesis

        Suele haber una segunda epíclesis, es decir, una petición humilde para que el fruto de la Eucaristía sea la unión de la Iglesia, la comunión formando un solo Cuerpo vivificado por el Espíritu Santo: “para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la Comunión sirva para la salvación de quienes van a participar en ella” (IGMR 79). Es el Espíritu Santo quien edifica la Iglesia, Cuerpo de Cristo:

Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición (Canon romano).

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo (Plegaria eucarística II).

Para que, fortalecidos con el Cuerpo y Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. Que él nos transforme en ofrenda permanente (Plegaria eucarística III).

Concede a cuantos compartimos este pan y este cáliz, que, congregados en un solo cuerpo por el Espíritu Santo, seamos en Cristo víctima viva para alabanza de tu gloria (Plegaria eucarística IV).

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14.07.20

Partes de la Plegaria eucarística (I)

plegaria Para unirse al “corazón” de la Misa (Cf CAT 1352), la gran Plegaria o anáfora, es bueno conocerla en su estructura, en las partes fundamentales que tiene, la trabazón interna que posee, para no despistarse o aburrirse ante su extensión al ser proclamada.

    Será bueno que leamos la descripción que ofrece el Catecismo:

1352La Anáfora: Con la plegaria eucarística, oración de acción de gracias y de consagración llegamos al corazón y a la cumbre de la celebración:

En el prefacio, la Iglesia da gracias al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo, por todas sus obras, por la creación, la redención y la santificación. Toda la asamblea se une entonces a la alabanza incesante que la Iglesia celestial, los ángeles y todos los santos, cantan al Dios tres veces santo.

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7.07.20

Modo de pronunciar la Plegaria euc. los sacerdotes, y de los fieles asistir

 sta teresa     Desgraciadamente vemos, padecemos, sufrimos, que la plegaria eucarística, casi siempre es la II, por ser la más breve tras una larga y enojosa y vacía homilía. Se recita la plegaria a la carrera, con un mínimo parón ritual para la consagración, pero corriendo en los demás textos como si no tuvieran importancia, ni valor, ni sentido para los fieles. “Es que se aburren”, decía uno que iba de pastoralista por la vida. Tal vez se aburrirían menos si se les hubiera explicado la Plegaria en catequesis y se celebrase ritualmente bien.

      La Plegaria eucarística entera, no sólo el momento santísimo de la consagración, merece todo honor y solemnidad en su recitación, canto, inclinaciones, etc.

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23.06.20

La Plegaria eucarística requiere mucha catequesis

 anafora   De las muchas cosas que se deberían haber hecho, y no se hicieron, tal vez por precipitación, fue una catequesis o enseñanza sobre la Plegaria eucarística, su naturaleza, sus partes, sus gestos rituales, etc… No bastaba, ni mucho menos, con insertar estos textos en el Misal romano: sin una previa catequesis no se sabrían valorar, ni saborear teológicamente, ni meditar con piedad.

    El Misal romano y sus textos eucológicos requieren meditación personal (y entraríamos en el campo de la espiritualidad litúrgica) y predicación, enseñanza. Hubo mucha precipitación en todo, y poca raíz, poca solera; mucha prisa por los cambios pero poca hondura; mucho afán por textos nuevos litúrgicos pero poco paladar. Falló claramente la formación del clero en materia litúrgica y, por ende, la catequización y enseñanza a los fieles para valorar las riquezas del Misal, orar más y orar mejor la liturgia.

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16.06.20

«Por Cristo, con Él y en Él» (Plegaria euc.- XVII)

       La plegdoxología 2aria eucarística, en el rito romano, termina con un rito muy elocuente, significativo, incluso impactante cuando se realiza bien. Elevando el sacerdote la patena que contiene el Cuerpo del Señor, y el diácono elevando el cáliz, se canta solemnemente: “Por Cristo, con él y en él…", y todos a una cantan el “Amén".

  Y lo mismo que tantas veces afirmamos aquí que lo normal es cantar el Prefacio con el Sanctus en la Misa dominical, igualmente es lo normal, y no lo excepcional, cantar esta doxología en la Misa dominical para que todos respondan el solemne “Amén” cantándolo.

      Es un broche y sello de oro a toda la plegaria eucarística por el que se recapitula todo lo orado y rezado, presentando al Padre el Cuerpo y la Sangre de su Hijo en el sacramento, fuente de vida y salvación, y los fieles todos se unen y ratifican la plegaria con su “Amén” solemne, el más importante, cantado.

     Su texto, tan conciso, tan elegante, da materia para mucha reflexión y meditación: es la doxología, la recta alabanza a Dios.

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