3.02.22

Sobre Kant, la minoría de edad, la confusión y las herejías

En 1784 el periódico alemán Berlinische Monatschrift publicó diversas respuestas a la pregunta del clérigo Johann Friedrich Zöllner: ¿Qué es la ilustración?

Kant sería uno de los autores que contestaría a esa pregunta. En su ensayo en respuesta a la pregunta de Zöllner, explica Immanuel Kant que “la ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad.”

La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propio entendimiento, sin la guía de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no reside en la carencia de entendimiento, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí mismo de él sin la guía de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí el lema de la ilustración.

Hasta el siglo XVIII, al parecer, el hombre no se había atrevido a pensar por sí mismo. Toda la historia del pensamiento, desde la Grecia de los presocráticos, no valía nada. Santo Tomás de Aquino o San Agustín no se atrevían a pensar sin la guía de otro.

Pero aquí subyace el concepto kantiano de dignidad del ser humano. El hombre, según él, es digno si es autónomo; es decir, si es libre (entendida como licencia y espontaneidad; o sea, como libertinaje, como posibilidad de hacer o no hacer lo que le dé la gana) y responsable de sus actos. Sólo así se puede considerar “persona” a un ser humano. Para Kant, hay seres humanos que no son personas ni tienen dignidad: los discapacitados, los dependientes, los trastornados, los dementes, los niños sin uso de razón, no serían personas porque no son autónomos ni responsables de sus actos. 

Sí que tengo que darle la razón a Kant en una cuestión importante: la mayoría de los hombres son perezosos y cobardes. Y por eso, es más fácil dejarse llevar por otros que ejercen como guías. “¡Qué piensen otros! Yo vivo muy contento sin pensar. Ya pensarán otros por mí.”

No es que la mayoría de los hombres sean tontos, incapaces de pensar ni de entender. El problema es que son vagos y cobardes. Porque si pienso por mí mismo y lo cuestiono todo, puede ser que me salga de lo “políticamente correcto” y entonces  es posible que me la juegue. Es más fácil vivir alienado, adocenado, tranquilo, gozando de los placeres del mundo hedonista que se le ofrecen y no complicarse la existencia. “Pan y circo”. Pasarlo bien, divertirse, no meterse en líos, seguir la corriente, adular a los que mandan para hacer carrera, ir con el rebaño… Y repetir frases hechas huecas y vacías. Repetir lo que dice todo el mundo, opinar lo que opina todo el mundo… Sin apartarse del rebaño, sin disidencias, sin dar la nota, sin resultar molesto…

Hoy en día, hay un grupito de ilustrados iluminados (luciferinos) que le dicen a todos lo que tienen que pensar, lo que deben opinar, lo que deben saber, la música que debemos escuchar, los libros que tenemos que leer… A través de los medios de comunicación y de los productos culturales de masas; a través de las redes sociales, a todas horas y por todas partes, te encuentras la propaganda sistémica lavándole el cerebro a las masas. Y quien se sale del sendero trillado es condenado por la nueva inquisición progresista a la hoguera de la homofobia, del negacionismo (ya sea sobre las vacunas Covid, sobre el cambio climático o sobre lo que sea  que el nuevo Komintern o su politburó haya decidido que hay que creer a pies juntillas y sin rechistar) o de delito de odio. Llevar una cruz visible o citar textualmente textos bíblicos o del catecismo puede complicarte la vida o llevarte ante jueces y fiscales, denunciado por odio a determinados colectivos que se ven discriminados o señalados por esos textos.

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29.01.22

La Modernidad, el Anticristo y la Libertad Luciferina

[1]Autonomía, autodeterminación, autolegislación, autodominio, autoposesión, autorregulación…Todos estos términos apuntan a una misma cosa: la libertad como poder predicado de los individuos o de los grupos humanos; la libertad como la potencia que constituye a los individuos como hacedores de sí mismos y a los Estados como autoconstruidos.

La autodeterminación es el poder de determinar las cosas por uno mismo, de decidirlas y resolverlas por uno mismo. Es lo que uno hace por sí mismo, sin el auxilio de nadie, independiente de los otros y de Dios. Se nos invita a ser autónomos, a ejercer la autolegislación, a tener dominio y propiedad sobre nuestro propio ser, a decidir por nuestra cuenta, a tomar voluntariamente la dirección de nuestras vidas.

Lo característico y diferenciador de la Modernidad es la autodeterminación. Los tiempos premodernos fueron los de la vigencia de una autoridad exterior al hombre: la de Dios. Pero ahora, la Modernidad no concibe otra autoridad que la ley de los sujetos autónomos. El derecho y la moralidad se fundan para los modernos en la voluntad del hombre: no en la ley de Dios.

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25.01.22

Clerigalla Luciferina

“La homofobia de mi Iglesia me enfada y me avergüenza", dice el cura alemán amigo de bendecir parejas homosexuales. 

A mí me enfada y me avergüenza la clerigalla modernista, hereje y apóstata, que pretende bendecir el pecado, enmendándole la plana a las Sagradas Escrituras y a la Tradición de la Iglesia. Estos sinvergüenzas quieren simplemente cambiar la doctrina bimilenaria de los católicos, escribir un nuevo catecismo que esté bien empapado de ideología de género y de liberatad luciferina: hay que forzar a la Iglesia a adaptarse a los tiempos. Quieren crear una nueva iglesia pero no se conforman con irse. Quieren construir su nueva iglesia sobre los escombros de la verdadera Iglesia de Cristo, a la que pretenden derruir. Y no se lo vamos a consentir de ninguna manera. 

Considerar a Dios homófobo resulta blasfemo. Avergonzarse de la Iglesia significa avergonzarse de Cristo y pretender enmendarle la plana: ¿se creen estos tipos más santos que el propio Cristo? ¿Más que los apóstoles?

El curilla ese subraya que la iglesia es suya. Pero no lo es. La Iglesia es de Cristo. Ni suya ni mía ni del Papa. La Iglesia Católica es la Iglesia de Cristo. Y nosotros no somos dueños de la doctrina para cambiarla a nuestro gusto. La doctrina no debe adaptarse a los tiempos. Son los tiempos los que deben adaptarse a Cristo. 

Hoy es la fiesta de la conversión de san Pablo. Pidamos a Dios que estos herejes se arrepientan de sus pecados, dejen de predicar y expandir sus errores y se conviertan.

Que el Señor se digne conservar en su santa religión al Sumo Pontífice y a todos los órdenes de la jerarquía eclesiástica y llame a conversión a todos los infieles y a cuantos viven en el error.

“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”

21.01.22

Doctrina: ¿Martirio o Apostasía?

 

¿Qué hacemos: apostatamos o aceptamos el martirio, si llegara a resultar inevitable?
Imaginemos una sociedad dominada por una oligarquía tiránica, por una plutocracia globalista; imaginen un pequeño grupo de iluminados – pequeño pero muy poderoso – que pretenda cambiar el mundo, acabar con la civilización cristiana e imponer su inmoralidad, su ideología y su filosofía a todo el mundo. Imagínense que para ese cambio cuentan con todos los medios de comunicación de masas, incluidas las redes sociales.

El pasado 19 de enero, el ABC, antiguamente un diario monárquico, conservador y católico y hoy en manos del Pensamiento Único Pagano y Apóstata, titulaba así:

El obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, vincula la homosexualidad con el pecado mortal

En unas declaraciones muy polémicas al programa ‘Buenas Tardes Canarias’ de Televisión Canaria, el obispo ha expresado que la homosexualidad podría ser pecado mortal.

El presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, ha calificado este miércoles de «inaceptables» las declaraciones del obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez.

En este sentido, el presidente de Canarias ha aconsejado al obispo a «salir y saber en qué mundo vive», ya que ha apuntado que la homosexualidad y la heterosexualidad «son semejantes en respeto, ninguna está por encima ni por debajo de la otra».

Se ha «caminado mucho» y «ha costado mucho conseguir derechos de igualdad para que se diga ahora que es una enfermedad o un pecado mortal», por lo que ha considerado que el obispo debería rectificar, ya que entiende que «le hace poco favor a la Iglesia esas declaraciones».

La Asociación LGBTI* Diversas ha coincidido con el presidente canario y ha tildado de «casposas y mezquinas» las declaraciones de Bernardo Álvarez, que son «vergonzosas».

“¡Silencio!”, nos ordenan los inquisidores del Nuevo Orden Mundial. 

Pues yo no me me callo ni me avergüenzo de mi fe ni, mucho menos, de nuestro Señor Jesucristo… El Nuevo Orden Mundial está imponiendo a la fuerza una “nueva moral” (una contramoral) que pretende sustituir y destruir la moral católica que durante más de dos mis años cimentó la civilización occidental. Se trata de extender una moral no religiosa, laica, congruente con la democracia mundialista preconizada por la ONU, el Foro de Davos y todos sus acólitos; una moral sin Dios que los apóstatas de las ideologías modernas están convirtiendo en un dogma inapelable e incuestionable. Y quien se aparta de esa nueva moral y de esa ley está condenado al ostracismo: a la inhabilitación para cualquier responsabilidad política o social; o al linchamiento; a la segregación social e incluso a la condena penal por delitos como la “homofobia” o el “delito de odio”.

En cualquier caso, la ignorancia sobre la religión católica del ABC y de la redactora de EP que firma el artículo es de traca. No saben ni de lo que están escribiendo.

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20.01.22

Contra la Degeneración, la Tradición

He leído ayer en Adelante la Fe una entrevista a un escritor alemán, un tal Martin Mosebach, a quien no tenía el gusto de conocer y de quien no había oído hablar en mi vida, seguramente por mi gran ignorancia. En la entradilla de la entrevista, lo definen como un icono del movimiento tradicionalista católico en Alemania. 

El caso es que ante la pregunta por el descenso del número de católicos en Alemania, el señor Mosebach da una respuesta que, al menos para mí, no tiene desperdicio:

Estoy convencido de que la pérdida de la religión desestabiliza un país. Cuando desaparece la creencia de que el hombre no es la máxima y última autoridad, el mundo se vuelve oscuro. Lo que puede provocar la idolatría de la autonomía humana quedó demostrado en el siglo XX en los grandes sistemas totalitarios. Además, se pierde la historia, la conciencia de experimentarse como un eslabón de una larga cadena, como una herencia. Si hoy somos cristianos, es porque nuestros tatarabuelos lo fueron. La cadena de esta tradición se remonta a Tierra Santa. Sin este espacio reverberante del pasado, sólo puedo imaginar al hombre como una existencia sombría.

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