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11.06.10

El Papa y la vara para combatir la inmoralidad y la herejía

Sin duda la homilía que Benedicto XVI ha predicado hoy, ante miles de sacerdotes, en la Misa de clausura del Año Sacerdotal, ha sido uno de los momentos cumbres de este pontificado. Cuando hace un año y pico un profesional de la información me dijo que este evento -el Año Sacerdotal- no tendría demasiada importancia y no merecía prestarle atención, pensé en seguida que dicha persona andaba más bien desorientada. El tiempo me ha dado la razón.

Este ha sido un año decisivo para el sacerdocio en todo el mundo. Y no es casual, como bien se ha encargado el Papa de recordar hoy, que haya sido precisamente en estos meses cuando más se han dado a conocer los pecados de aquellos que demostraron ser indignos del sacerdocio y del episcopado. El Acusador de los hermanos ha pretendido echar la basura del pecado de unos cuantos sacerdotes sobre la totalidad de ellos. Pero a su vez, lo ocurrido nos ha dado la oportunidad de poner solución a un mal al que, conviene reconocerlo, no se enfrentó adecuadamente.

Benedicto XVI ha vuelto a pedir perdón a las víctimas y ha asegurado que la Iglesia pondrá más atención en el discernimiento de las vocaciones al sacerdocio. No es imposible que en el futuro surjan nuevos curas indignos, pero será más difícil. Y todavía será más raro que haya obispos que quieran tapar sus pecados con traslados y encubrimientos necios. El Señor sabrá perdonar a aquella que en cada Misa reza “no tengas en cuentas nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia“. Veremos si el mundo, tan rápido en acusar a la Iglesia de males que en él son el pan nuestro de cada día, es capaz de plantar cara de forma tan eficaz al mal. Va a ser que no. Ni quiere ni puede.

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7.05.10

No podía ser otro el lema de la visita del Papa a Gran Bretaña

Para qué voy a negarlo, :). Me gusta mucho el lema elegido para la visita del Papa Benedicto XVI a Gran Bretaña. Es el que escogí para este blog hace ya unos años. Habiendo jugado John Henry Newman un papel fundamental en mi regreso a la Iglesia Católica, era normal que usara esa frase de su escudo cardenalicio.

Cor ad cor loquitur. El corazón habla al corazón“. Quien lee Apologia pro vita sua de Newman ve precisamente eso. Un corazón que habla al corazón de sus lectores, que se desnuda para dar las razones de su fe, de su conversión a la fe católica. Una conversión que le provocó la separación prácticamente total del mundo en el que había vivido como presbítero anglicano. En la Inglaterra del siglo XIX la conversión al catolicismo era considerada como una especie de traición, como una locura que, en la práctica, llevaba al converso a perder su estatus social. No había gloria mundana en las conversiones de entonces. Sólo había la búsqueda de la plena comunión con Cristo y su Iglesia -que no pueden ir nunca separadas-, donde se haya la gracia de la salvación.

Hubo muchos conversos antes y después de Newman. Pero él fue el elegido para que la sociedad inglesa dejara de mirarles como una especie de apestados. Incluso los más críticos con los argumentos expresados en su testimonio de conversión supieron reconocer la honestidad y la fuerza de sus palabras. Y de hecho, tras la publicación de la Apologia, Newman consiguió recuperar amistades que habían quedado aparcadas durante años.

Su próxima beatificación, y espero que pronta canonización, puede traer grandes frutos a la Iglesia. Muchos le han llamado el “padre” del Concilio Vaticano II, supongo que en el sentido patrístico del término. Precisamente fue el estudio de los Padres de la Iglesia lo que llevó a este cristiano inglés a pedir su entrada en la Iglesia Católica. Vio muy claro que no existen vías medias. Que el anglicanismo no era una tercera rama de un árbol en el que las otras dos ramas eran Roma y Bizancio. El hecho de que no se le permitiera dar una interpretación católica a los 39 artículos de la fe anglicana fue determinante para él. Y conste que el anglicanismo de entonces tenía poco que ver con el desastre que contemplan hoy nuestros ojos. En el siglo XIX no había ningún anglicano tan loco como para proponer la ordenación de obispos homosexuales amancebados, por ejemplo.

Sin embargo, yo he sentido más de una vez una especie de escalofrío al leer a este siervo de Dios. Sobre todo cuando definía algunos de los males que enfrentaba el anglicanismo y parece que está definiendo el mismo tipo de mal que hoy afecta a la Iglesia Católica. Él detestaba el liberalismo teológico. El mismo que, en buena medida, ha infectado a parte la teología católica del último siglo, en especial a la postconciliar. Puede que, efectivamente, Newman sea el “padre” del Vaticano II, pero en un sentido absolutamente contrario al de los que pretenden hacer uso del mismo para inventarse un catolicismo rupturista con la tradición. De Newman y su trabajo sobre el desarrollo del dogma cristiano se pueden encontrar claves, tanto para entender los textos del concilio como para discernir en qué no consisten dichos textos.

Siendo todavía joven, compuso un himno, Lead Kinly Light, mientras se encontraba de viaje en Italia:

Lead, Kindly Light, amidst th’encircling gloom,
Lead Thou me on!
The night is dark, and I am far from home,
Lead Thou me on!
Keep Thou my feet; I do not ask to see
The distant scene; one step enough for me.

Ese himno refleja la esencia del alma de Newman. La de un hombre que implora y se deja guiar por la luz. Y por eso mismo, él mismo se convirtió en luz para otros. Es por ello que a mí me encantaría que, una vez santo, fuera declarado el patrón de los conversos al catolicismo. Dios lo quiera.

Estos son días muy especiales para mí. Cumplimos un año en InfoCatólica, este fin de semana me voy con mi esposa al Santuario de Lourdes, donde el Señor me dio el regalo de su Madre hace unos años y ahora se hace público que “Cor ad cor loquitur” es el lema de este viaje papal. Demasiados regalos de Dios para quien no los merece. Pero con corazón agradecido los recibo.

Luis Fernando Pérez

6.05.10

Primer año de InfoCatólica

“El 6 de mayo de 2009 levantábamos el telón…". Así empieza el texto de la nota que reproducimos hoy en nuestra portada con motivo del primer aniversario de InfoCatólica en la red. Os ruego que la leáis porque transmite a la perfección lo que os queremos decir aquellos que nos metimos en esta deliciosa aventura hace doce meses.

Sé que puede resultar un poco ridículo caer en los típicos tópicos de “cómo pasa el tiempo” o “parece que fue ayer". Pero sinceramente, eso es lo que siento. Han sido doce meses intensos, llenos de idas y venidas, charlas, reuniones, alegrías, penas, problemas, soluciones, temores, esperanzas y, sobre todo, de un inmenso agradecimiento y una inmensa confianza a Dios y en Dios, sin cuyos cuidados paternales nos habríamos pegado un castañazo a las primeras de cambio.

El lector ve lo que sale en pantalla pero, como es lógico, no sabe lo que ocurre detrás del telón. Y os aseguro que hay mucha vida detrás del nuestro. Yo diría que casi da como para escribir el guión de una película, que tendría un poco de casi todos los géneros del séptimo arte. El inicio fue trepidante, casi de ciencia-ficción. Una auténtica pasada. De la nada al todo en seis días. Pero al séptimo no descansamos, sino que nos pusimos a trabajar aún más. Luego se han producido escenas de pura comedia, de drama, de guerra -fuimos derribados por ataque hacker-, de espionaje -lo contaré en mis memorias-, de etc.

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30.04.10

Gracias, por Lidia

Escribo estas líneas, para agradeceros a todos vuestras oraciones por mi salud, no sólo la del cuerpo, que es importante, sino también por la del alma, ya que aunque a veces nos parezca inverosímil las oraciones de la Iglesia, como Cuerpo de
Cristo unido en Él y con Él, se sienten con fuerza en los miembros que lo forman.

Gracias a vuestras peticiones, mi fe no se ha visto quebrantada ante esta dura prueba a la que se ha visto sometida, porque aunque ahora pueda decir con fuerza y valentía que, como a la mujer con flujo de sangre, el Señor me ha dicho: Hija, ten confianza; tu fe te ha sanado (Mat 9: 22), bien es cierto que en los últimos momentos la sentí desfallecer.

Cuando nos dijeron que buscaban descartar un “posible cáncer”, me quede totalmente en blanco; era como sí, de repente, no pudiera pensar ni para bien ni para mal. Mi mayor miedo era pensar que sí salía positivo, todo mi ser se rebelara contra Dios, y le diera la espalda, y eso me dolía mucho más que el pensar en que tuviera la enfermedad. Así que solo pude cerrar mis ojos y volverme hacía Él, para decirle: Señor, me pongo en tus manos, sí desfallezco, ahora que todavía puedo pensar con claridad te pido que me perdones. Sólo sé que de una manera o de otra, te debo dar Gracias; si no tengo nada, Gracias por ello, y si por el contrario, da positivo, Gracias por haber permitido pillarlo a tiempo.

De nuevo os doy las gracias a todos, no sólo a aquellos que habéis escrito dándonos ánimos, sino también a aquellos que en la intimidad de su oración han dedicado un poco de su tiempo para con nosotros.

Lidia

29.04.10

Se cumplió la voluntad de Dios

Y la voluntad ha sido que mi esposa, Lidia, no tenga cáncer. Podría haber sido lo contrario y lo habríamos aceptado igualmente, pero por el momento ha pasado de nosotros ese cáliz.

Lo que no va a pasar jamás es el agradecimiento que os tenemos a todos los que habéis rezado por nosotros, especialmente por ella. Sin esas oraciones nos habríamos venido abajo en algún momento de esta semana, que ha sido la más dura de nuestras vidas. La incertidumbre, el no saber si los nódulos que aparecían en una ecografía poco clara eran tumores o no, es una compañera muy poco recomendable. La fe y la gracia nos sostienen pero no nos impiden sufrir, clamar y hasta llorar.

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