InfoCatólica / Cor ad cor loquitur / Categoría: Evangelio

24.12.13

¡Feliz Navidad!

Por la opresión de los pobres, por los gemidos de los menesterosos, ahora mismo voy a levantarme, dice Yavé, y les daré la salvación por la que suspiran. (Salmo 12,6)

En verdad os digo que esta pobre viuda ha echado más que todos los otros. (Luc 21,3)

Os ha nacido hoy un Salvador, que es Cristo el Señor, en la ciudad de David (Luc 2,11)

Feliz Navidad a todos. Y no nos olvidemos de los pobres que no tendrían donde cobijarse esta noche salvo por la caridad cristiana.

Luis Fernando

19.12.13

Volvió a Dios... y Dios se lo llevó

Tan simple como esto. Tan maravilloso como esto. Tan don del cielo como esto:

«Quiero volver a Dios», me soltó a bocajarro. En su azarosa y complicada vida de artista, hubo de todo, pero había llegado el momento de recuperar lo esencial. Quería casarse por la Iglesia con Marta Ugena, bautizar a sus hijos y recibir formación cristiana.

Juan Tarodo había tenido prácticamente todo lo que este mundo le podía dar. Compositor, letrista, batería y cofundador del grupo Olé-olé, uno de los grandes grupos españoles en la década de los 80 y principios de los 90. Casado, padre de dos hijos y con proyectos por delante. Pero hace tres años la leucemia hizo presencia en su vida. Y entonces volvió sus ojos a Dios. El P. Juan Pedro Ortuño cuenta el proceso de su conversión y posterior fallecimiento en un artículo publicado en Alfa y Omega y que reproducimos en InfoCatólica.

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16.12.13

Pastoral en la verdad y la caridad

En el post del pasado jueves cité un magnífico texto de Benedicto XVI de su etapa como cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Aunque el mismo trataba sobre la cuestión de los divorciados vueltos a casar, hay no pocos párrafos que se podrían aplicar a la actividad pastoral de la Iglesia en cualquier ámbito. La parte final del documento es, en mi opinión, magistral:

Una serie de objeciones críticas contra la doctrina y la praxis de la Iglesia concierne a problemas de carácter pastoral. Se dice, por ejemplo, que el lenguaje de los documentos eclesiales sería demasiado legalista, que la dureza de la ley prevalecería sobre la comprensión hacia situaciones humanas dramáticas. El hombre de hoy no podría comprender ese lenguaje. Mientras Jesús habría atendido a las necesidades de todos los hombres, sobre todo de los marginados de la sociedad, la Iglesia, por el contrario, se mostraría más bien como juez, que excluye de los Sacramentos y de ciertas funciones públicas a personas heridas.

Si eso se escribió en 1988, ¿qué no se podría decir hoy? Existe la idea de que la Iglesia es una especie de madrastra que se limita a dar una serie de normas para que sean cumplidas por los fieles como si éstos vivieran bajo un régimen de disciplina militar, de forma que el que se salte alguna es arrestado y enviado al calabozo. Y eso chocaría con la imagen falsamente idealizada de Jesucristo, al que se le presenta como una especie de bonachón que iba por la vida restando importancia a la necesidad de obedecer la ley de Dios y diciendo a los pecadores: “no os preocupéis por vuestros pecados, Dios acoge a todos y da su perdón a los pecadores sin exigirles condición alguna".

Lo cierto es que esa idea adultera la misión de Cristo y su mensaje. Ciertamente Él vino a salvarnos del pecado. Pero esa salvación tiene dos caras sin la cual no hay moneda que nos pueda dar acceso al cielo. Nos salva del pecado mediante su obediencia y sacrificio vicario en la Cruz, por el que paga el castigo que nos correspondía a nosotros:

Y vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados, en los que en otro tiempo habéis vivido, siguiendo el espíritu de este mundo, bajo el príncipe de las potestades aéreas, el espíritu que actúa en los hijos rebeldes; entre los cuales todos nosotros fuimos también contados en otro tiempo y seguimos los deseos de nuestra carne, cumpliendo la voluntad de ella y sus depravados deseos, siendo por naturaleza hijos de ira, como los demás; pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida con Cristo —por gracia habéis sido salvados— (Efe 2,1-5)

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12.12.13

Ratzinger: "La Iglesia no puede aprobar prácticas pastorales que contradigan el claro mandamiento del Señor"

Para el próximo Sínodo de Obispos ha elegido el Papa Francisco un tema de máxima importancia, el matrimonio y la familia. Un “documento preparatorio", que incluía un Cuestionario cuidadosamente formulado, fue enviado a los Obispos para que, en cuanto les fuera posible, aportaran las observaciones que estimaran pertinentes. Como es sabido, algunos periodistas, teólogos e incluso importantes Pastores de la Iglesia, han suscitado con esta ocasión a través de escritos o entrevistas unas “expectativas de cambios radicales” que en modo alguno vienen sugeridas ni en el Documento ni el Cuestionario que incluye. Esta circunstancia ha creado alarmas en no pocos católicos, como si fuera posible que la Iglesia se contradijera a sí misma, quebrando su fidelidad a la Escritura, a la Tradición y a la disciplina católica actual y secularmente mantenida. Creo por eso conveniente recordar en esta gravísima cuestión algunos documentos e intervenciones importantes de la Iglesia.

Mucho tiempo ha pasado desde que San Ignacio de Antioquía, camino del martirio a Roma, escribió una carta a San Policarpo de Esmirna en la que afirmó lo siguiente: “Es apropiado que todos los hombres y mujeres, también, cuando se casan, se unan con el consentimiento del obispo, para que el matrimonio sea según el Señor y no según concupiscencia. Que todas las cosas se hagan en honor de Dios“.

Es evidente que hoy no hace falta que los fieles pidan permiso a su obispo para contraer matrimonio, aunque se mantiene la necesidad de la aprobación episcopal en matrimonios donde hay disparidad de cultos entre los cónyuges.

Es también claro que en la época patrística la disciplina eclesiástica hacia los que caían en el pecado del adulterio no difiere gran cosa de la que se aplica hoy. Si acaso, era bastante más estricta. Así vemos que en el concilio de Elvira, principios del siglo I, al reincidente en materia de pecados contra la moral sexual se le prohibía volver a comulgar incluso en peligro de muerte. Y a quienes se volvían a casar tras haberse divorciado, solo se les admitía a la comunión -se sobrentiende que habiéndose arrepentido- en caso de enfermedad grave.

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7.11.13

Una parroquia como Dios manda

Cuenta con dos sacerdotes que celebran dignamente la Misa, predican homilías conformes a la fe de la Iglesia, sin separarse del Magisterio. Además tienen la sana costumbre de sentarse en el confesionario para administrar el sacramento de la confesión.

Al párroco se le ocurrió la feliz idea de abrir una capilla de adoración perpetua. No es moco de pavo hacer eso, porque previamente hay que contar con los fieles, que son los que tienen que comprometerse a que haya siempre al menos una persona ante el Santísimo.

La última idea ha sido abrir un economato social para atender a los más necesitados. No es que antes no lo hicieran, pues contaban con un grupo de fieles que se encargaban de la Cáritas parroquial, pero lo del economato es un paso más. Al fin y al cabo, ya lo dice la Escritura:

¿Qué le aprovecha, hermanos míos, a uno decir: Yo tengo fe, si no tiene obras? ¿Podrá salvarle la fe? Si el hermano o la hermana están desnudos y carecen de alimento cotidiano, y alguno de vosotros les dijere: Id en paz, que podáis calentaros y hartaros, pero no les diereis con qué satisfacer la necesidad de su cuerpo, ¿qué provecho les vendría? Así también la fe, si no tiene obras, es de suyo muerta. (Stg 2,14-17)

Estamos pues, ante una parroquia que cumple con lo indicado por Cristo:

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