Una parroquia como Dios manda
Cuenta con dos sacerdotes que celebran dignamente la Misa, predican homilías conformes a la fe de la Iglesia, sin separarse del Magisterio. Además tienen la sana costumbre de sentarse en el confesionario para administrar el sacramento de la confesión.
Al párroco se le ocurrió la feliz idea de abrir una capilla de adoración perpetua. No es moco de pavo hacer eso, porque previamente hay que contar con los fieles, que son los que tienen que comprometerse a que haya siempre al menos una persona ante el Santísimo.
La última idea ha sido abrir un economato social para atender a los más necesitados. No es que antes no lo hicieran, pues contaban con un grupo de fieles que se encargaban de la Cáritas parroquial, pero lo del economato es un paso más. Al fin y al cabo, ya lo dice la Escritura:
¿Qué le aprovecha, hermanos míos, a uno decir: Yo tengo fe, si no tiene obras? ¿Podrá salvarle la fe? Si el hermano o la hermana están desnudos y carecen de alimento cotidiano, y alguno de vosotros les dijere: Id en paz, que podáis calentaros y hartaros, pero no les diereis con qué satisfacer la necesidad de su cuerpo, ¿qué provecho les vendría? Así también la fe, si no tiene obras, es de suyo muerta. (Stg 2,14-17)
Estamos pues, ante una parroquia que cumple con lo indicado por Cristo:

Puede que en un par de años las cosas en España empiecen a ir mejor. Aunque la recuperación del empleo será lenta, más que nada porque no se van a construir casas sin ton ni son y ese sector no tirará del resto, es probable que los que sí tengan trabajo se sientan con ganas de caer en los mismos errores que cometimos casi todos en los años de bonanza económica. A saber:
Como todo el mundo “sabe", el papa Francisco tiene intención de poner patas arriba la doctrina católica, sobre todo en materias de moral. La idea es que de ahora en adelante se permitan las relaciones sexuales fuera del matrimonio -antes o después, da lo mismo-, se permita el adulterio -divorciarse y volverse a casar-, se admita la legitimidad de las uniones homosexuales -matrimonio incluido-, se deje comulgar a todos los que estén en pecado mortal -si es que existe algún pecado así-, se mire con otros ojos al aborto -en el que las principales víctimas son siempre las que matan a sus hijos antes de nacer-, etc.
En cuanto entre en vigor la nueva Ley de Jurisdicción Voluntaria, en España podrás “casarte” y divorciarte ante notario por la módica cantidad de 95 euros. Lo de poner comillas para lo del casamiento no es casual. Es que me niego a llamar matrimonio a ese engendro legal que tiene menos protección jurídica que el contrato del gas o con la compañía telefónica.


