Sor Teresa Forcades se ratifica en la tesis abortista "nosotras parimos, nosotras decidimos"

Como bien saben los que han leído InfoCatólica este semana, el cardenal y arzobispo de Lima, S.E.R Juan Luis Cipriani, tuvo a bien desautorizar la presencia en su archidiócesis de Sor Teresa Forcades, religiosa benedictina española, debido a que ella lleva años manifestándose abiertamente contra el magisterio de la Iglesia. Al parecer, un grupo de religiosos peruanos quisieron “homenajearla” en desagravio por la decisión del primado de la Iglesia en el Perú. Y ella, para no variar, volvió a demostrar que tenemos razón los que pedimos que la Iglesia ponga fin a su condición de monja.

Para empezar, demostró lo poco que le importa que todo un cardenal de la Iglesia Católica la vete:

“La actitud del arzobispo Cipriani no me ha afectado, debo confesar que ya estoy acostumbrada a ese grupo reducido que está en contra de mis ideas y mi manera de ver las cosas”

Ya lo ven ustedes. Para esta mujer el cardenal, de quien desprecia su autoridad apostólica, forma parte de “ese grupo reducido” que osamos no estar de acuerdo con sus posturas. Se ve que ella piensa que en la Iglesia Católica lo normal es estar a favor del matrimonio homosexual, de la despenalización del aborto y del uso de la píldora abortiva. Y no hablo de su entrada en la vida política activa porque es un tema menor si lo comparamos con lo demás.

Pero no se quedó en eso. Confesó que le indignaron los apelativos que le colocaron algunas redes sociales, donde la llamaron pro-abortista.

“No lo soy, y ahora lo aclaro. Pero sí estoy de acuerdo con la despenalización de un mal menor. Hay dos principios importantes, el de la vida y el de la autodeterminación: quiere decir que la madre tiene derecho a elegir si su vida está en peligro, ya el de arriba juzgará".

O sea, dice que no es pro-abortista pero está a favor de la despenalización del aborto -al que llama un mal menor- y con la tesis de “nosotras parimos, nosotras decidimos”. Pone al mismo nivel el derecho a la vida con el de la autodeterminación de la madre, de tal manera que si la madre “autodetermina” que puede matar a su hijo no nacido, pues “ya el de arriba juzgará".

En otras palabras, esta monja heterodoxa no solo se aleja de la enseñanza de la Iglesia sino que además pretende tomarnos el pelo. Su tesis coincide exactamente con lo que el cardenal Arinze denunció en unas palabras llenas de sentido común:

Decir “estoy en contra del aborto pero debemos respetar la libertad de elección de los demás” es como decir “estoy en contra de que se asesinen congresistas pero si alguien quiere hacerlo tenemos que respetar su decisión”

Cualquier fiel a las enseñanzas de la Iglesia y con sensibilidad hacia la causa de la defensa de la vida y de la familia entiende que Sor Teresa Forcades no puede seguir siendo ni un minuto más religiosa benedictina. Es hora ya de que nos movilicemos para pedir a la Santa Sede que ponga fin a este escándalo constante. Incluso podemos pedir la ayuda de los movimientos cívicos provida que hay en nuestro país. Si se hacen campañas para pedir la retirada de publicidad de programas infames, con mayor razón se puede promover una para que la Iglesia se libre de una monja que repite las tesis de los defensores del aborto. Hace menos daño un anuncio de Coca-Cola en “Campamento de verano” que una entrevista en televisión a Forcades defendiendo el “derecho a decidir” de las mujeres que abortan y/o el matrimonio homosexual.

No puede ser de ninguna de las maneras que una monja benedictina sea la cara amable del “Nosotras parimos, nosotras decidimos". No puede ser que una monja reciba el aplauso de colectivos de mujeres proabortistas (ver este vídeo) ¡Basta ya de impunidad dentro de la Iglesia! No es suficiente con que un cardenal le prohíba dar una charla. Ella se burla del cardenal y de cualquier otro pastor que quiera impedir que suelte su veneno entre los fieles. La única solución es secularizarla. Como ciudadana, Teresa Forcades puede decir lo que le venga en gana. Como monja católica, no. Y si no lo entiende, habrá que hacérselo entender con el código de derecho canónico en la mano.

Luis Fernando Pérez Bustamante