2.10.18

(300) Karl Rahner y el miedo al triunfalismo doctrinal

1.- Karl Rahner, en su escrito Limitaciones de la Iglesia (1964) —incluido posteriormente en Peligros en el catolicismo— hace un balance negativo de las virtualidades que tiene la recta doctrina para transformar la realidad. 

Rahner habla de esos católicos triunfalistas que

«creen en una Iglesia que conoce el Derecho natural y que aspira a someter a la ley del Evangelio no sólo los sentimientos de nuestro corazón, sino también la realidad concreta de la vida y de la historia» (Karl RAHNER, Peligros en el catolicismo, Cristiandad, Madrid 1964, p. 121)

 

2.- La crítica rahneriana a este supuesto triunfalismo tradicional se difundió notablemente durante el posconcilio.Tomó la forma de un escepticismo jurídico-teológico que se puede resumir, justamente, en esta afirmación rahneriana:

«Ni la Iglesia docente ni los fieles “oyentes” deben sobrevalorar la posibilidad de esa toma de posición de la Iglesia con respecto a las necesidades y problemas concretos de la situación terrena (Ibíd., p.122)»

Esta toma de posición triunfalista, a la que se refiere el teólogo, coincide con la pastoral clásica. Y se la refiere, además de al derecho, a

«los terrenos de la historia, de la cultura, de la economía, de la política y de la convivencia de los pueblos en nuestros días (Ïb., p.122)»

Es decir, sobre todo a los terrenos que, en la perspectiva clásica, se interpretaban según la doctrina de la realeza de Cristo.

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27.09.18

(299) Que es este el momento, y no hay otro (Manual hispánico de Avisos para navegantes del Maelstrom, III)

7.- Puncto et in puncto, en punto y en un punto.— La emblemática hispánica representa este lema con una cruz levantada sobre un punto de la Tierra, como reinando sobre ella. Así figura no sólo el señorío de Nuestro Rey, sino lo efímero de nuestras penas. 

«Es que el mundo en que se vive no es mayor que un punto, y la vida, que en él se vive, aun no es tan grande como otro punto»,

explica Juan de Borja, concluyendo: 

«Siendo esto así, no acertará quien pusiese su confianza, ni en una cosa tan pequeña como es este mundo, ni en otra cosa tan corta como la vida» (Empresas morales, emblema 26, Amberes 1680).

 

—Nuestro cristianismo está a punto cuando mira hacia la eternidad

Nuestra tradición católica hispánica, esplendorosa en su Siglo de Oro, nos exhorta a interpretar el momento presente sub specie aeternitatis, bajo la perspectiva de lo eterno. Teniendo siempre, por cabecera, la cruz que debe señorear el mundo.

—Sólo así comprendemos cuán necesario es que el cristiano, en estos momentos críticos y abrumadores, viva en punto su fe, socorrido por la gracia y con varonil aliento. Y decimos por eso en punto, que es decir sin adelantos (pelagianos) ni retrasos derrotistas (luteranizantes).

Es este el momento preciso de la historia de la Iglesia en que el católico debe poner toda la carne en el asador, y no moverse ni un milímetro de la fe de sus padres; plantearse seriamente la perfección, plantearse seriamente la eternidad.

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23.09.18

(298) Resistir contracorriente (Manual para navegantes del Maelstrom, II)

La tradición católica hispánica es rica en enseñanzas para salir de esta crisis. Nosotros, de nuevo, acudimos a ella. 

Como navegantes del Maelstrom, nos guiamos, en estas olas, con nuestros propios timoneles. Acudimos a lo nuestro para recuperar nuestra identidad, y por ella accedemos a lo universal.

No naufraguemos por utilizar los intrumentos de navegación de otros. Ni Kant, ni Scheler, ni Heidegger, ni Husserl, ni Maritain, ni Rahner, ni tantos otros, participan de la mentalidad que nos llevó a quemar las naves, y adentrarnos en continentes nuevos.

No más personalismos extranjeros, no más fenomenologismos francoalemanes, no más modas seculares de la Europa post-luterana.

* * *

La ilustración del emblema procede de las Empresas Morales de Juan de Borja, hijo de San Francisco de Borja, en la edición de Bruselas, 1680.

 

6.- Nitor in adversum, resisto contracorriente.— Me enfrento a lo que se me opone. Juan de Borja lo traduce muy expresivamente: forcejo contra lo que me contrasta. Forcejar, según la RAE, significa «resistir, hacer oposición, contradecir tenazmente».

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20.09.18

(297) Atreverse con vehemencia.- Manual hispánico de avisos para navegantes del Maelstrom

Este es un artículo a modo de Manual de Avisos, quiera Dios que de Aciertos, para navegar cabalmente el Maelstrom, para sobrevivir a contracorriente, en esta crisis de fe colosal.

No recurrimos, para hallar sabiduría, a filósofos ni teólogos extranjeros; no acudimos a personalistas franceses, ni a fenomenólogos alemanes, ni a los axiólogos europeos; acudimos a la tradición hispánica, que es la nuestra.

Las ilustraciones pertenecen a las Empresas Morales de Don Juan de Borja, 1680.

 

1.- Audere vehementer, atreverse con vehemencia.— Acostumbrarse, a viva fuerza, al puente caído, al paso quebrado, a la marea violenta; a vivir sin asidero, salvo en Dios.

 

2.- State, estad en pie.— Por gracia es posible, y si se cae, que sea a imagen de Cristo, cargando la cruz. Porque paratum cor meum, Deus, mi corazón está presto, Señor. (Sal 108, 2). Tenga el cristiano el paso muy enérgico aun estando cansado, que es gracia de combate caminar presto, apercibido de potencia espiritual.

Porque «con Dios alcanzaremos la victoria, y Él aplastará a nuestros enemigos» (Sal 108, 14). No hay rodillas más fuertes que las de la gracia: quien sabe que es nada, de nada tiene pavor, salvo de perder el favor de la Causa Primera.

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15.09.18

(296) El modernismo y sus mutaciones después de la Pascendi, hasta hoy

Durante mucho tiempo, en la mente católica, la supuesta desaparición del modernismo ha constituido un tópico.

Tan potente, que ha dado lugar a una desactivación parcial del sistema inmunológico de la Iglesia, que casi ha dejado de condenarlo explícitamente, o al menos no lo ha combatido suficientemente, en sí mismo y en sus mutaciones.

Es lo que Romano Amerio denomina desistencia de la autoridad, y que nosotros denominamos, más bien, desistencia de la potestad.

Pero lo que es peor, parece que la mente católica ha casi dejado de reconocerlo allá donde se encuentre, o al menos de diagnosticarlo con claridad en sus metamorfosis (como por ejemplo el experiencialismo fenomenólogico, la filosofía de la acción blondeliana, o el voluntarismo personalista, de raigambre liberal.)

 

Se ha venido creyendo que, tras la aparición fulminante de la carta encíclica Pascendi de San Pío X, en 1907, el modernismo había pasado a la historia.

Como bien explicaba Eugenio Vegas Latapie:

«es opinión casi universalmente admitida en los ambientes y autores católicos que la herejía modernista se extinguió o reabsorbió en virtud de la publicación de la Pascendi. Casi todos los historiadores contemporáneos o silencian la importancia del modernismo o lo dan por muerto simultáneamente a su condenación.» (Eugenio VEGAS- LATAPIE, El modernismo después de la Pascendi, Verbo n.65-66, 1968, p.358)

Los que permanecían, obstinadamente, en esta falsa creencia, se dieron un baño de realidad cuando Pío XII, en 1950, publicaba otra carta encíclica, la Humani generissobre las falsas opiniones contra los fundamentos de la doctrina católica. 

Una lectura consistente y honesta del impresionante texto de Pío XII, confirma que, más que condenar nuevos errores, condena los mismos que condenaba cuarenta y tres años antes San Pío X, pero eso sí, con nuevas matizaciones.

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