1.03.19

(337) Restaurar el concepto de castigo y pena expiatoria según el pensamiento tradicional

El pensamiento católico contemporáneo, tras la tormenta posconciliar y en la presente situación de estado crítico conceptual, es figura de una Neobabel orgullosa que amenaza ruina, porque es ruinosa.

No podemos ocultar que también la función docente de la Iglesia quedó afectada, y está necesitada de reforma. 

Por eso, para sanar esta situación que tanto mal causa a los fieles, es de gran importancia recuperar el pensamiento católico, clásico y tradicional. Porque está afianzado en la romanitas aristotélico-tomista, con sus nociones precisas y fecundas; ha sido fortalecido por el magisterio más claro y potente, que es el antimodernista. Y posee el perenne vigor del derecho natural y cristiano. 

Uno de los conceptos clave que hemos de restaurar y sanar es el de castigo, pena expiatoria, sacrificio.

 

El concepto de sacrificio expiatorio ha sufrido un oscurecimiento notable en la teología católica contemporánea, debido a las interferencias de la Nueva Teología y del personalismo católico. A través de un proceso de deterioro conceptual, que ha implicado diversos planos doctrinales, la idea de un castigo que sirve en sí mismo de reparación de un daño, se ha vuelto ajena al pensamiento de los católicos. Estos, en general, aceptan la noción administrativa de sanción, pero no la noción propiamente católica de pena.

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25.02.19

(336) Restaurar el derecho y la justicia, también en teología moral

1ª.- El derecho es lo que es justo, id quod iustum est, como recalca Vallet de Goytisolo, la cosa justa, res iusta.

Contra la moda convencionalista actual en teología moral, el derecho no son las normas generales,  como da a entender, confusa y desdeñosamente, Amoris laetitia. No es ni se funda en la normatividad kantiana, ni en el acto personal de autodeterminación (Wojtyla) ni en la autoposesión y la automoción (Guardini) individual del sujeto reclamante y contrarreclamante (diría Turgot). Porque el derecho no es un poder subjetivo ni un querer personal, sino lo que es justo.
 

2ª.- El orden del derecho, en sentido clásico, sólo es propiamente jurídico en cuanto es orden justo. Porque, contra el personalismo, el derecho se determina respecto a lo justo, no respecto a la norma. Y no hablamos de lo justo como ideal, en la línea de Amoris laetitia. Sino de lo justo determinado y concreto, de carne y hueso, por así decir; hablamos de la naturaleza de las cosas y de la cosa considerada en sí misma.

 
Bajo este punto de vista, la misericordia se mal entiende si se considera mera dispensación de la ley (entendida, para ello, como mera norma convencional). También se deforma su sentido si es presentada como alternativa evangélica a la justicia, (pero no a la justicia objeto del derecho, sino a la justicia que es un constructo, la “justicia elaborada” de las reglas de un juego. Por eso, al no tener un concepto objetivo de lo justo, la misericordia desjuridizada se presenta como excepción a una norma, concedida por quien tiene autoridad, en una perspectiva hobbesiana del bien moral y de la ley.
 

3ª.- Para comprender la relación de lo justo con la cosa considerada, hay que entender que la realidad no es algo indefinido, que las cosas son lo que son, que no está en manos del hombre autodefinirse, como pretende Pico de la Mirandola, ni alterar el ser de las cosas, sino contemplarlo; no transmutarlo, como pretende la moderna goecia (magia negra positivista) del demoliberalismo.

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21.02.19

(335) Reinstaurar la romanidad del catolicismo

Reinstaurar la romanidad de la Iglesia es recuperar el sentido del derecho, y por tanto de lo justo; reinstaurar la Lengua Común, y por tanto la doctrina. Reinstaurar la autoridad y la potestad, y por tanto la pax romana en la Iglesia, columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15)

Sin ambigüedades, sin concesiones al espíritu de la época.

En Cristo, robur et decus, fuerza y honor.

 

1ª.- Romanitas católica contra personalismo post-luterano; contra la Babel moderna; contra la tiranía del subjetivismo. Lo universal contra lo global. El ethos clásico frente al ethos moderno. La ley moral frente a la mera norma general, convencional y administrativa.

Es urgente y necesario reinstaurar las virtudes romanas del catolicismo tradicional, emanadas de las virtudes morales y perfeccionadas y elevadas por las teologales:

Gravitas, firmitas, comitas, disciplina, virtus, severitas, frugalitas; robur et decus; industria, clementia; gravedad, firmeza, desenvoltura sobrenatural y sentido del humor, ascética, virtud, severidad con uno mismo; frugalidad; fortaleza y honor; abnegación, clemencia. 

Recuperar no sólo las virtudes, sino también el espíritu del clasicismo católico. Para hacer frente al manierismo del (pos)modernismo, que tanto daño está haciendo al alma cristiana. Desde una sana doctrina de la gracia y de la acción de las causas segundas, no lo olvidemos.

 

2ª.- La escuela francoalemana, kantiana y fenomenológica, no congenia con la romanidad del catolicismo; axiológica y burocrática, manierista y cartesiana, reposa en el método de inmanencia modernista, incluso cuando pretende ortodoxia. Por ello se opone frontalmente a la romanitas clásica y tradicional, cuyo método consiste en contemplarlo todo sub specie aeternitatis.

 

3ª.- Necesitamos en la Iglesia una batalla de Actium conceptual, filosófica y teológica, para que advenga un orden nuevo, clásico y augusto. Que es el orden de siempre, el orden tradicional.

 

4ª.- Axiólogos y fenomenólogos difundieron su ataque al derecho romano, natural y cristiano, queriendo ofender la clasicidad del catolicismo. La tradición jurídica y doctrinal les parecía triunfalismo constantiniano, como dirían Rahner y compañía.

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17.02.19

(334) Doctrina católica tradicional sobre libertad religiosa y artículo 18 de la Declaración de la ONU

1ª.- La escuela personalista-constitucionalista ha influido notablemente en el concepto de libertad religiosa que profesa la mayoría de los católicos de hoy.  El personalismo político entiende la libertad religiosa no en sentido tradicional, sino como derecho subjetivo del hombre en proceso espontáneo de autodeterminación. 

Por eso interpreta la libertad de coacción en clave de libertad negativa, es decir, como libertad para autodeterminarse, al amparo del Estado, en materia religiosa.

Confunde no sufrir coacción en el acto de fe con no sufrir coerción en el proyecto propio de autodefinición y autoposesión. 

 

2ª.- La perspectiva constitucionalista ha introducido la idea de que la libertad religiosa de culto y de conciencia, tal y como la entiende el artículo 18 de la Declaración de derechos de 1948 de la ONU, en clave indiferentista, es una doctrina que profesa la Iglesia.

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12.02.19

(333) El Estado Nominalista, o la insoportable levedad del derecho

Introducción.— Le es urgente al católico recuperar un sentido tradicional de la política. Pero no podrá hasta no desencantarse del Estado Moderno, y empezar a pensar de otra manera, la tradicional, siendo voz crítica del Gran Teatro del Mundo, y nunca su palmero.

Es urgente que en todas las áreas de su apostolado adopte el lenguaje de la tradición, rinda su mente al pensamiento clásico, de valor perenne; y viva una auténtica metanoia antiliberal, una vuelta a los primeros principios de la política, la católica, cuya máxima prioridad, en este tiempo, es vacunarse contra el personalismo constitucionalista de tercer grado.

El Estado Nominalista, surgido de la Modernidad post-luterana, es como una gran máquina de vacío; ha extraído los universales de la vida social y política, dejando el bien común como una cáscara de subjetivismo personalista. En su lugar, para calmar su horror vacui, ha inventado un sistema de derechos subjetivos montados sobre la sola voluntad de poder.

Y lo ha hecho mediante un sistema de compensaciones jurídicas positivistas, con que apaciguar la tormenta de reclamaciones y contrarreclamaciones (Turgot) que alteran permanentemente su (des)orden político artificial.

 

1ª.- Sin Dios no hay ley natural. Si no hay ley natural no hay deberes. Si no hay deberes no hay derechos.
—Luego los derechos que se declaran sin declarar primero a Dios no tienen sustento ninguno, salvo la sola voluntad del gobernante. Sin Dios no hay justicia, sino una insoportable levedad del derecho.

 

2ª.- El orden natural de la política es el orden de la ley natural.

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