22.10.17

(216) Personalismo, IV: apertura a la Modernidad, psicologismo y naturalismo religioso

Afirma el gran Nicolás Gómez Dávila en uno de sus Escolios que «la humanidad cree remediar sus errores reiterándolos».

Y yo me pregunto si los católicos de hoy, en especial aquellos que de una forma u otra están implicados en la formación del clero y del laicado, también creen remediar sus errores reiterándolos.

Alejarse del sistema intelectual tradicional —es decir, del realismo metafísico— ha traído muchos problemas a la Iglesia. Es hora, pues, de rectificar.

No nos cabe duda que la Modernidad —y su metástasis super-nominalista, o posmodernidad— es el gran error de Occidente; y que el personalismo no es más que una reiteración bienintencionada de sus errores, bajo un débil sistema conceptual de apariencia ortodoxa.

Su prevalencia durante el posconcilio fue un hecho. Conviviendo con mil y una heterodoxias, cobró prestigio y autoridad, llegando a conformar, hasta el día de hoy, una reacción de ortodoxia débil, o de apariencia de ortodoxia, poco eficaz contra el enemigo modernista.

 

Y es que un sistema en el que existen algunos elementos positivos, combinados con errores de origen existencialista, gnóstico e idealista, no tiene la suficiente entidad como para combatir el modernismo; antes bien sucumbe a él y es parte y artificio suyo; el modernismo no se puede refutar con humanismo devoto; la fenomenología de la persona no posee la suficiente potencia filosófica y teológica como para hacer frente al conjunto de todos los errores y herejías. No posee Tradición ni tradiciones, que es el arma más eficaz contra la máquina modernista, cuerpo y alma del mundo moderno.

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15.10.17

(215) Los grandes tópicos del personalismo, III: fe contra religión

1.- La obra de Dietrich Bonhoeffer (1906- 1945), pastor protestante asesinado por los nazis, ha nutrido con algunos tópicos teológicos la mente personalista de hoy. Lugares comunes que perduran hasta este momento, incuestionados, popularizados, mutados de una forma u otra, y que tienen un papel importante en algunas tendencias de la nueva evangelización.

Y es que tiene cierto atractivo para la mentalidad occidental, secularizada y antimetafísica, que se separe netamente la fe de la religión. Por eso presentar el mensaje cristiano como un mensaje espiritual pero no religioso tiene cierto éxito aparente.

Nicolás Abbagnano, existencialista, historiador de la filosofía, lo capta perfectamente: «Por primera vez, en la obra de Bonhoeffer, se intenta una interpretación no religiosa de la fe: es más, se contrapone la fe a la religión» (Historia de la Filosofía, vol. 3, cap. XVI, 864, pág. 793).  No era la primera vez,  como cree Abbagnano.  Porque la relectura no religiosa de la fe fue el objetivo del humanismo renacentista,  que idolatraba Maritain. 

 

2.- Bonhoeffer niega que la religión sea condición mediadora de la fe.- Por ello es absurdo el proselitismo. Porque “captar” para la propia religión, cuando lo importante no es la religión sino la fe, es, bajo este punto de vista, un sinsentido.

Una fe adulta, bajo esta perspectiva, no consiste esencialmente en sacramentos, creencias o ritos, propios de una inmadura mentalidad meramente religiosa. Sino en tener una fe personal, que sirva al hombre en su búsqueda natural de sentido; una fe entendida como experiencia natural (naturalmente espiritual) de realización personal, que supere los limites conceptuales, sacramentales y cultuales de la religión heredada.

Presentar la necesidad de fe como la necesidad natural de algo (Alguien) que dé sentido inmanente a la vida, es otro de los temas recurrentes del personalismo. Que gusta de recurrir, para ello, a la obra de otro de sus autores de culto, Victor Frankl (1905- 1997), del que hablaremos en próximos artículos.

Para ser auténtica, por tanto, se dice que la fe debe transcender la rígida religiosidad de culto y dogma, propia de inconversos, y los límites formalistas de su creencia inmadura. Es la tesis a la que inevitablemente nos conduce Bonhoeffer, lo quiera o no, con su Resistencia y rendición. Como explica Abbagnano:

«El intento, muchas veces repetido por la apologética religiosa, de llevarlo a depender de creencias de las cuales se ha liberado, se asemeja al intento de volver a la juventud a un individuo que ya es un hombre maduro» (Ib., p.246)

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12.10.17

(214) Cabeza de Leviatán

CABEZA DE LEVIATÁN

Diarios de Alonso Gracián

 

26 de septiembre de 2017

Confiesa el salmista al Señor: Tu congregisti capita Leviathan, Tú aplastaste la Cabeza del Leviatán (Sal Vulg 73,14).

La Cabeza del Leviatán, que piensa el modernismo. Afirmar la verdad al mundo de hoy tiene un tremendo poder contra ella, porque la verdad aplasta la mente del monstruo, que es la voluntad de error.

 
Pío XII combatió con gran potencia los fundamentos de la Nueva Teología, que luego se hicieron los topicos estructurales del personalismo. Le debemos mucho a la Humani generis.

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5.10.17

(213) Tópicos del personalismo, II: semipelagianismo, prejuicios contra la razón, pusilanimidad

1.- El católico actual, por regla general, vive en el paradigma personalista.-  Posee una idiosincrasia propia, a la que adhiere una ideo-sincrasia particular, un conjunto de prejuicios antropológico-teológicos cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar, y suministra el modelo para la resolución de problemas pastorales.

 

2.- Despertar del paradigma va a ser doloroso.- Hemos sido educados en él, hemos crecido con él, hemos sido católicos a través suya, vivimos y creemos inmersos en su atmósfera antimetafísica, antropocéntricamente devota. Recuperar la virtud de la racionalidad va a ser difícil, si antes no se descartan los prejuicios antiescolásticos que la mente católica ha heredado de la fenomenología de la persona.

 

3.- Quisiera el personalista nato que Dios reconociera al hombre como causa primera, y no causa segunda. ¿No parece a menudo, en su ideo-sincrasia, que quisiera a Dios como causa coordinada, que sólo se sumara, cual mera observadora, a la humana voluntad, causa primera también? Toda sobrevaloración de las posibilidades reales del hombre adámico, de origen voluntarista, tiende naturalmente al semipelagianismo, y es subjetivista en esencia.

 

4.- Cuánto rechina en los oídos personalistas que el ser humano sea tan sólo una causa segunda, dependiente de Dios para todo y no protagonista, necesitada de redención y auxilio constante, y no señora de sí misma ni autorredentora “con la ayuda de Dios"; cuánto rechina a su naturalismo “teocéntrico" —no por teocéntrico menos naturalista ni menos antropocéntrico— que salvarse no depende principalmente de él, sino de la gracia.

 

5.- Y en cuanto a la conversión, no cree el personalismo tanto en la teologalidad, como en el diálogo; no tanto en el recibir, como en el intercambiar. De ahí su preferencia por expresar la conversión en términos de interacción, y no de recepción, elección y predestinación. 

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24.09.17

(212) Contra la tiranía de los tópicos.- Crisis actual y personalismo

Estamos inmersos en una crisis eclesial de fondo. Creo que es indudable. Una crisis de gran calado que puede conducirnos a lo que hemos denominado puerta de ratonera. Ha sido fácil entrar, costará salir.

Para liberarnos de la trampa y emerger hacia la luz, que es siempre bíblico-tradicional, será necesario superar una amplia cantidad de tópicos y lugares comunes que debilitan el pensamiento cristiano,  y lo vuelven propicio a novedades y vulnerable ante el error.

Porque merman su identidad católica. Porque ciegan su entendimiento y dificultan todo perfeccionamiento doctrinal. Porque oscurecen la voluntad de Dios, que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tim 2, 13)

Estoy convencido de esta tesis: la mente católica necesita desembarazarse del paradigma personalista para poder combatir eficazmente el modernismo. No todo es negativo ni falso en el personalismo. Lo que tiene de bueno, ha sido aprovechado. Pero cuanto tiene de errores, prejuicios y fallos de sistema, debe ser rechazado. Y es que a menudo cuesta sustraerse a la impresión de que la mente católica actual vive de eslóganes morales de procedencia humanista.

En esta serie de artículos analizaremos los clichés que la ideo-sincrasia fenomenológica y la Nueva Teología han insuflado en el pensamiento católico actual. Y digo ideo-sincrasia, forzando el lenguaje, para significar el conjunto de conceptos e ideas propios de la idiosincrasia personalista. Titulo la serie Contra la tiranía de los tópicos, aunque podía haberla intitulado también Contra los personalistasa la manera clásica, y no sin ánimo belicoso. 

No está de sobra recordar que «nuestra guerra no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas» (Efesios 6, 12)

 
1.- Pregunta: ¿el personalismo es la “filosofía” oficial de la Iglesia? Respuesta: no. Es una construcción conceptual que coloca a la persona en el centro de su reflexión. Pero no es propio del pensamiento católico tradicional colocar a la persona en el centro de su reflexión, porque en el centro está la Santísima Trinidad y su gloria. Luego el personalismo, en contra de lo que se cree comúnmente en los ambientes académicos católicos, no es la filosofía propia del catolicismo —ni es la “superación” de Santo Tomás, como se enseña hoy día. De hecho, no es propiamente hablando filosofía. Si se dice filosofía personalista, es sólo impropiamente.
 
Tópico personalista es que el tomismo es racionalista y no respeta el misterio. Tópico personalista es que Santo Tomás tiene como defecto fundamental no ser personalista. Tópico personalista es que el personalismo es un renacimiento. Más bien, nos retrotrae al humanismo renacentista, condescendiente con lo pagano, respetuoso de idolatrías, esencialmente semipelagiano y subjetivista. Es el huevo donde se incubó el modernismo.

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