3.05.19

25.04.19

19.04.19

¿Estáis dispuestos a sufrir por Cristo?

En 1712, San Luis María Grignion de Montfort escribe su Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, obra fundamental en los tiempos que corren y que todos los fieles católicos deberían conocer y leer. En ese Tratado podemos leer cosas como estas:

María y los últimos tiempos

La salvación del mundo comenzó por medio de María y por medio de Ella debe alcanzar su plenitud.

Ella es el medio seguro y el camino directo e inmaculado para ir a Jesucristo y hallarle perfectamente. Por Ella deben, pues, hallar a Jesucristo las personas santas que deben resplandecer en santidad. Quien halla a María, halla la vida (ver Prov 8,35), es decir, a Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6).

María debe resplandecer, más que nunca, en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia: en misericordia, para recoger y acoger amorosamente a los pobres pecadores y a los extraviados que se convertirán y volverán a la Iglesia católica; en poder contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos endurecidos, que se rebelarán terriblemente para seducir y hacer caer, con promesas y amenazas, a cuantos se les opongan; en gracia, finalmente, para animar y sostener a los valientes soldados y fieles servidores de Jesucristo, que combatirán por los intereses del Señor.

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14.04.19

¡Basta ya, Señor!

“¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, pues yo no soy mejor que mis padres!”

¡Cuantas veces me siento igual que Elías! No puedo más. Estoy cansado. Muy cansado. Me echaré a esperar que el Señor me quite la vida. Tengo el corazón roto, destrozado. No quiero vivir más.

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4.04.19

Dad al César lo que es del César

 

Es un clásico que cada vez que alguien toca el tema de la relación entre fe y política alguien sale con la consabida frase del Evangelio: “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22, 21). Y lo normal es que los apóstatas y todos los “modernos” manipulen esa frase de Nuestro Señor usándola como coartada para justificar lo injustificable: que uno pueda conciliar el hecho de ser católico con el de votar o incluso militar en partidos políticos cuyas ideologías y programas contravienen abiertamente la doctrina y la moral de la Iglesia. Para todos estos, la fe sería un asunto privado y particular, que se debe limitar al culto dentro del templo o en la intimidad de tu propia casa o de tu propia conciencia. Pero la vida pública sería otro ámbito independiente donde la fe no tendría nada que decir. Así, se puede, según estos farsantes, ir a misa los domingos o a diario, confesarse y, al mismo tiempo, militar o votar a formaciones políticas que propugnan el aborto, la eutanasia, la gestación subrogada (eufemismo abyecto para referirse al alquiler de vientres de mujeres para gestar hijos de otros), la ideología de género o el control estatal, con pretensiones totalitarias, de la educación. Y no se ponen ni “coloraos” ante tanta indignidad.

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