27.03.19

Reivindicación de la Santa Doctrina de la Iglesia

Este texto fue publicado originalmente en Marchando Religión con el título Personalismo y tomismo. Ahora lo traigo a mi blog con cierto temor, porque no es un simple post: es más bien un ensayo. Y por su extensión, no es este el medio más adecuado para su publicación.


Este ensayo parte de la lectura de la obra del profesor Juan Manuel Burgos, Antropología: una guía para la existencia. Y lo que pretendo es hacer una lectura crítica de la antropología personalista expuesta por este autor, sobre todo en lo que se refiere a tres aspectos importantes: la dignidad de la persona; la libertad y el concepto de autodeterminación; y las preguntas últimas sobre el sentido de la existencia.

Al mismo tiempo, mi intención es reivindicar la vigencia y el valor de la filosofía tomista y la necesidad de recuperar su protagonismo y su primacía en la vida de la Iglesia para terminar con la actual situación de confusión que amenaza con echar abajo la doctrina y la moral de la Iglesia Católica. Volver a la doctrina tradicional de los Padres y los Doctores de la Iglesia y combatir la filosofía moderna y la Nueva Teología me parecen tareas ineludibles e inaplazables en el actual estado de cosas.

1.- El peligro de las filosofías modernas

Hace unos meses, tras una conferencia impartida por uno de los filósofos más renombrados del personalismo en España, se me ocurrió preguntarle qué valor añadía el personalismo respecto al tomismo. La contestación fue bochornosa: el tomismo es del siglo XIII y el personalismo es una filosofía moderna, actual… El argumento no puede ser más peregrino y falaz, puesto que según eso, la teología de Hans Küng sería superior a la de San Agustín y la filosofía de Marx debería ser superior a la de Aristóteles o a la de Platón. Eso implica que la verdad, al parecer, evoluciona con la historia y lo que hoy es verdad mañana puede no serlo. Una barbaridad.

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20.03.19

Colegio Juan Pablo II: Colegio con Corazón

En Andalucía, el mes de marzo es el mes de las solicitudes de matriculación de alumnos para el curso siguiente. Y todos los años se repite lo mismo: ya es un clásico. Desde determinados sectores ideológicos comienzan sus campañas por la Escuela Pública y a veces, también contra la Escuela Concertada, especialmente si esa escuela es católica.

Al grito de “¡Educación Pública y la religión fuera de la escuela!", se lanzan a lanzar descalificaciones, mentiras o medias verdades (que son todavía peores que las mentiras) con el objetivo de incitar a los padres a llevar a sus hijos a los centros de titularidad estatal y que no los matriculen en los centros católicos. 

Aparte del odio a la fe católica, sus argumentos son tan contradictorios como peregrinos: si tenemos alumnos con dificultades de aprendizaje o que, simplemente, no les gusta estudiar, nos critican por el bajo nivel académico de nuestro colegio. Pero si nuestros alumnos salen del colegio muy bien preparados, entonces es que somos clasistas y elitistas y “echamos” del colegio a los niños con problemas. 

Se nos acusa de una cosa y de la contraria al mismo tiempo… Se dice que somos intolerantes con quienes no piensan como nosotros: supongo que se referiran a los no católicos… Y cuando les demuestras que en nuestro colegio tenemos un montón de niños sin bautizar o de otras religiones, entonces callan, pero siguen con la matraca de que hay que sacar la religión de las escuelas. El caso es descalificar al otro, al que no piensa como yo. Nos tachan de integristas y dogmáticos y son ellos los que propagan un discurso sectario e ideológico intolerante y con tufo totalitario: como si ellos estuvieran en posesión de la verdad absoluta y los católicos fueramos despreciables por atrevernos a pensar distinto o a creer en Dios.

Nosotros defendemos públicamente el derecho inalienable de los padres a educar a sus hijos conforme a sus propios principios. Defendemos que los padres puedan llevar a sus hijos al colegio que más les guste o que más se parezca al tipo de educación que quieren dar a sus hijos. Porque son los padres quienes tienen el derecho y la obligación de educar a sus hijos: no es el Estado, no es el partido político en el poder. Son los padres. 

Y no todos los colegios son iguales. No es verdad que dé lo mismo llevar a los niños a un colegio u otro. Por eso los padres deberían pensar bien dónde llevan a sus hijos y en manos de quién los dejan. Matemáticas, Lengua o Historia se dan en todas partes. El inglés es importante y nosotros tenemos un excelente programa de bilingüismo, con auxiliares nativos de conversación; pero eso se puede encontrar en otras partes. La excelencia académica es fundamental. Pero no es suficiente. 

El Colegio Juan Pablo II de Puerto Real - y como él todos los colegios de la Fundación Educatio Servanda - ofrece un tipo de educación muy especial: nuestro objetivo es ofrecer a los niños una enseñanza de calidad, con un alto nivel académico que les permita superar los retos académicos y profesionales que tendrán que afrontar en el futuro nuestros niños. Pero para nosotros, lo más importante es educar con el Corazón: desde el amor. Porque sin amor no es posible educar a un niño.

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10.03.19

Fe, Gracia y Experiencia Mística

Este artículo sigue lo expuesto en tres libros: Teología de la perfección cristiana La fe de la Iglesia, ambos de Antonio Royo Marín, O. P., y Síntesis de espiritualidad católica de José Rivera y José María Iraburu. Poco tiene de mío, salvo el trabajo de compilación y selección de los textos. Como saben ustedes, no soy sacerdote ni teólogo ni filósofo: solo un fiel de a pie. Lo único que trato de hacer es exponer la Doctrina de manera que alguien sin formación, como yo, pueda entender las verdades de la fe. Como esto no es de un trabajo académico ni una tesis doctoral para la Camilo José Cela o la Juan Carlos I, les ahorraré varios cientos de notas a pie de página: las fuentes ya saben cuáles son.


Los errores del modernismo

Advierte Alonso Gracián en su artículo (339) Las tres ambiciones de la fenomenología, y su impacto en el catolicismo contra la concepción fenomenológica de la fe, “que ya no consiste en creer, sino en encontrar, experimentar, confiar, sentir, etc. El deseo de fenómenos puros de experiencias espirituales sin conceptos suscitó una insana atracción por las técnicas deconstructivas orientales, y el zen y el yoga se volvieron virales”.

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7.03.19

Con motivo del 8 de marzo: que donde haya odio, pongamos amor

El liberalismo de primer grado niega “la obediencia debida a la divina y eterna razón y, declarándose a sí misma independiente, se convierte en sumo principio, fuente exclusiva y juez único de la verdad”. Así lo expone León XIII en la Encíclica Libertas Praestantissimum en 1888.

En 1882, Friedrich Nietzsche había escrito:

Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?

Nietzsche, La gaya ciencia, sección 125

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3.03.19

¿Qué debemos hacer?

La gran cuestión es: ¿qué debemos hacer ante la crisis espantosa que está asolando la Iglesia? Nos ha tocado vivir una profunda crisis doctrinal, litúrgica y moral. Y nos ha tocado a nosotros en este momento de la Historia de la Salvación. Cuando Dios lo ha querido así, por algo será. Demos gracias a Nuestro Señor, que desde toda la eternidad nos ha querido dar la vida aquí y ahora.


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