19.11.19

Protesta contra los Actos Sacrílegos

Mi amigo y hermano Roberto de Mattei me hizo llegar hizo llegar el 11 de noviembre pasado el documento que reproduzco aquí debajo (no lo he visto publicado en InfoCatólica) por si yo lo quería firmar. De hecho ese documento de protesta se publicó al día siguiente (el 12 de noviembre) con la firma de cien personalidades e intelectuales católicos, a los que se han ido sumando cada día más firmantes: entre ellos, el arzobispo Viganò y el obispo holandés Robert Mutsaerts

No he firmado ese documento porque yo no soy nadie para condenar al Papa. Y no es falsa modestia o humildad impostada. Es la constatación de una realidad: yo solo soy un pobre pecador y bastante tengo con humillarme ante el Señor para que Dios se apiade de mí, como para ir por el mundo condenando a nadie, cuanto menos al Papa.

Además, yo tampoco soy ninguna personalidad relevante como para figurar en una lista junto con otros que sí lo son y a los que admiro de corazón, como el mismo profesor de Mattei, Josef Seifert, John Henry Westen, Marco Tosatti y un largo etcétera de personas realmente importantes y relevantes.

Ahora bien, dejando a un lado el tema de la condena al Papa Francisco, no seré yo quien calle ante los actos idolátricos de adoración a la Pachamama que tuvieron lugar en el Vaticano durante la celebración del Sínodo sobre la Amazonia. Yo he condenado la idolatría de esos actos en varios artículos:

Jamas adoraré a la Pachamama ¿Y tú?

Ecoteología y estupidez

Tiempo de héroes y de santos

Dice el Catecismo:

2069 El Decálogo forma un todo indisociable. Cada una de las “diez palabras” remite a cada una de las demás y al conjunto; se condicionan recíprocamente. Las dos tablas se iluminan mutuamente; forman una unidad orgánica. Transgredir un mandamiento es quebrantar todos los otros (cf St 2, 10-11). No se puede honrar a otro sin bendecir a Dios su Creador. No se podría adorar a Dios sin amar a todos los hombres, que son sus creaturas. El Decálogo unifica la vida teologal y la vida social del hombre.

Pues bien, en los últimos tiempos se empezó quebrantando el Sexto Mandamiento para justificar el adulterio y se ha terminado por violar el Primero. Porque los Mandamiento son un todo indisociable: forman una unidad orgánica. Y cuando se abre la mano para transgredir uno, detrás van el resto. Y así vemos cada día cómo hay religiosos, teólogos y clérigos de renombre mundial que promueven las uniones homosexuales, a las que bendicen en actos públicos dentro de nuestros templos; otros que justifican el aborto o la eutanasia y así uno tras otro: cada día un escándalo. 

Los mandamientos forman parte de la revelación de Dios. No son un invento de los hombre.

2072 Los diez mandamientos, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie podría dispensar de ellos. Los diez mandamientos están grabados por Dios en el corazón del ser humano.

La revelación de Dios no está grabada en cinta magnetofónica: está grabada en el corazón del hombre, en su conciencia más auténtica. Y nadie puede justificar el incumplimiento de los mandamientos. Y si un obispo o un religioso pretendiera cambiarlos o dispensar su cumplimiento caería en un pecado grave contra la fe. 

Lo que está ocurriendo cada día en la Iglesia es un escándalo tras otro, lo que supone un atentado contra el Quinto Mandamiento:

2284 El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal. El que escandaliza se convierte en tentador de su prójimo. Atenta contra la virtud y el derecho; puede ocasionar a su hermano la muerte espiritual. El escándalo constituye una falta grave si, por acción u omisión, arrastra deliberadamente a otro a una falta grave.

2285 El escándalo adquiere una gravedad particular según la autoridad de quienes lo causan o la debilidad de quienes lo padecen. Inspiró a nuestro Señor esta maldición: “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar” (Mt 18, 6; cf 1 Co 8, 10-13). El escándalo es grave cuando es causado por quienes, por naturaleza o por función, están obligados a enseñar y educar a otros. Jesús, en efecto, lo reprocha a los escribas y fariseos: los compara a lobos disfrazados de corderos (cf Mt 7, 15).

2286 El escándalo puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión.

Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la vida religiosa, o a “condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos del Sumo legislador” (Pío XII, Mensaje radiofónico, 1 junio 1941). Lo mismo ha de decirse de los empresarios que imponen procedimientos que incitan al fraude, de los educadores que “exasperan” a sus alumnos (cf Ef 6, 4; Col 3, 21), o de los que, manipulando la opinión pública, la desvían de los valores morales.

2287 El que usa los poderes de que dispone en condiciones que arrastren a hacer el mal se hace culpable de escándalo y responsable del mal que directa o indirectamente ha favorecido. “Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen!” (Lc 17, 1).

Los ritos amazónicos con estatuas de la Pachamama y las procesiones con canoas a hombros de obispos y monjas por Roma, además de estupideces, suponen igualmente un escándalo. Y a quienes consienten y promueven estos escándalos más les valdría colgarse una piedra de molino al cuello y tirarse al mar. 


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14.11.19

Por el Reinado Social de Cristo

 

Hay dos cosmovisiones, dos maneras de entender la vida y el hombre, que se oponen absolutamente entre sí.  Para los católicos, en el centro está Dios. Para los liberales, en el centro está el hombre.

La cosmovisión católica

Dios es el único Señor. Cristo es el Rey del Universo y de la Historia: el único Salvador. Cristo ha derrotado con su muerte y su resurrección el poder del pecado y de la muerte. Cristo nos salva porque Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y la gracia de Dios nos permite liberarnos de nuestros pecados mediante los sacramentos: primero el bautismo y después la penitencia. Cristo derramó su sangre y se sacrificó. El Señor recibió el castigo que nosotros nos merecemos por nuestros pecados. Él murió para que nosotros tuviéramos vida eterna, siempre que lo sigamos a Él y no al Demonio.

Sólo Cristo nos salva. Nadie más. Por nuestros primeros padres entró el pecado y la muerte en el mundo. Por Cristo, el pecado y la muerte han sido derrotados para siempre. Por eso es urgente que nos arrepintamos de nuestros pecados y hagamos penitencia para que el Señor tenga compasión de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

La cosmovisión cristiana entiende la vida como un combate contra el pecado en el que somos auxiliados por la gracia de Dios y que solo termina más allá de la muerte. Por eso conviene vivir en gracia de Dios y estar siempre preparados porque el día y la hora nadie la sabe.

El Reinado social de Cristo implica que los gobernantes deben procurar el bien común, cumpliendo y procurando que todos cumplan los mandamientos de la Ley de Dios. Todas las leyes deben promover el bien y combatir el mal; buscar la justicia y la paz. El gobernante debe tener la caridad como fin primordial y también como medio para alcanzar ese fin. El gobierno debería procurar la gloria de Dios y la santidad del pueblo; el bienestar material de todos en este mundo y la salvación de las almas en el otro.

Cosmovisión liberal

En cambio, la cosmovisión liberal prescinde de Dios y de los mandamientos. Así lo explica León XIII en su Encíclica Libertas:

12. El naturalismo o racionalismo en la filosofía coincide con el liberalismo en la moral y en la política, pues los seguidores del liberalismo aplican a la moral y a la práctica de la vida los mismos principios que establecen los defensores del naturalismo. Ahora bien: el principio fundamental de todo el racionalismo es la soberanía de la razón humana, que, negando la obediencia debida a la divina y eterna razón y declarándose a sí misma independiente, se convierte en sumo principio, fuente exclusiva y juez único de la verdad. Esta es la pretensión de los referidos seguidores del liberalismo; según ellos no hay en la vida práctica autoridad divina alguna a la que haya que obedecer; cada ciudadano es ley de sí mismo. De aquí nace esa denominada moral independiente, que, apartando a la voluntad, bajo pretexto de libertad, de la observancia de los mandamientos divinos, concede al hombre una licencia ilimitada. Las consecuencias últimas de estas afirmaciones, sobre todo en el orden social, son fáciles de ver. Porque, cuando el hombre se persuade que no tiene sobre si superior alguno, la conclusión inmediata es colocar la causa eficiente de la comunidad civil y política no en un principio exterior o superior al hombre, sino en la libre voluntad de cada uno; derivar el poder político de la multitud como de fuente primera. Y así como la razón individual es para el individuo en su vida privada la única norma reguladora de su conducta, de la misma manera la razón colectiva debe ser para todos la única regla normativa en la esfera de la vida pública. De aquí el número como fuerza decisiva y la mayoría como creadora exclusiva del derecho y del deber.

[…] si el juicio sobre la verdad y el bien queda exclusivamente en manos de la razón humana abandonada a sí sola, desaparece toda diferencia objetiva entre el bien y el mal; el vicio y la virtud no se distinguen ya en el orden de la realidad, sino solamente en el juicio subjetivo de cada individuo; será lícito cuanto agrade, y establecida una moral impotente para refrenar y calmar las pasiones desordenadas del alma, quedará espontáneamente abierta la puerta a toda clase de corrupciones. En cuanto a la vida pública, el poder de mandar queda separado de su verdadero origen natural, del cual recibe toda la eficacia realizadora del bien común; y la ley, reguladora de lo que hay que hacer y lo que hay que evitar, queda abandonada al capricho de una mayoría numérica, verdadero plano inclinado que lleva a la tiranía.

Y por ese tobogán hacia la tiranía estamos deslizándonos… Si la mayoría considera que está bien el aborto o la eutanasia, se aprueba una ley que conviertan la crueldad inhumana en virtud y sanseacabó. No nos olvidemos de que Hitler llegó al poder democráticamente y sus leyes antisemitas eran legítimas legalmente, aunque fueran monstruosas moralmente.

Cuando el hombre se aparta de Dios, su vida es desgraciada. Cuando un pueblo prescinde de Dios y legisla contra Dios o al margen de Dios, se pierde la paz y la justicia y la nación acaba siendo un infierno, cruel, bárbaro e inhumano.  Siempre que el hombre se aleja de Dios, el resultado es el infierno. Donde no reina Dios, no reina la caridad: reina el pecado, el mal, la injusticia, la anarquía, la violencia…

Arrepentimiento y conversión

Nos toca predicar el arrepentimiento y la conversión. Solo en la medida en que todos vivamos en gracia de Dios, el mundo será más justo, más humano y habitable. Pero si vivimos en pecado mortal, no nos extrañemos de que proliferen las violaciones, la corrupción, los divorcios, los abortos, las mentiras, las blasfemias; el abandono y la soledad de los ancianos, los asesinatos y malos tratos a mujeres y niños… Y así un largo etcétera de calamidades que acarrean sufrimiento, dolor y muerte; injusticias y explotación de los más débiles. El Reino de Dios y el Infierno no están solo más allá. También están aquí entre nosotros. San John Henry Newman, en el Sermón «El mundo invisible», señala:

¿Le es difícil a la fe admitir las palabras de la Escritura que se refieren a nuestras relaciones con un mundo superior a nosotros?… Este mundo espiritual está presente aunque es invisible; es ya presente, no sólo futuro, y no nos es distante. No está por encima del cielo ni más allá del sepulcro; está presente ahora y aquí: «El reino de Dios está dentro de nosotros». Es san Pablo que habla de él: «No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno» (2C 4,18)…

Así es el reino de Dios escondido; y de la misma manera que ahora está escondido, de esta misma manera será revelado en el momento oportuno. Los hombres creen ser los amos del mundo y que pueden hacer de él lo que quieran. Creen ser sus propietarios y poseer un poder sobre su curso… Pero este mundo está habitado por los sencillos de Cristo a quienes desprecian y por sus ángeles en quienes no creen. Éstos son los que tomarán posesión de él cuando se manifestarán. Por ahora «todas las cosas» aparentemente «continúan tal como eran desde el principio de la creación» y los que se burlan de él preguntan: ¿Dónde queda la promesa de su venida?» (2P 3,4). Pero en el tiempo señalado habrá una «manifestación de los hijos de Dios» y los santos escondidos «brillarán como el sol en el Reino de su Padre» (Rm 8,19; Mt 13,43). 

La aparición de los ángeles a los pastores fue de manera súbita: «De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial» (Lc 2,13). Inmediatamente antes la noche era igual a otra noche cualquiera –los pastores vigilaban sus rebaños- y observaban el curso de la noche: las estrellas seguían su curso; era medianoche; de ninguna manera esperaban semejante cosa cuando se les apareció el ángel. Así son el poder y la fuerza escondida en las cosas visibles. Se manifiestan cuando Dios lo quiere.

«No tienes aquí domicilio permanente» (Hb 13,14). Dondequiera que estuvieres, serás «extraño y peregrino» (Hb 11,13), y no tendrás nunca reposo, si no estuvieres íntimamente unido a Cristo. Volvamos a Dios. Vivamos el mandamiento del amor. Aborrezcamos el pecado y la mentira; arrodillémonos ante Cristo para que perdone nuestros pecados y nos dé la gracia que necesitamos para vivir con la dignidad de los hijos de Dios y algún día podamos disfrutar de la contemplación beatífica en el Cielo.

Así lo enseña el Catecismo:

1020 El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia Él y la entrada en la vida eterna. Cuando la Iglesia dice por última vez las palabras de perdón de la absolución de Cristo sobre el cristiano moribundo, lo sella por última vez con una unción fortificante y le da a Cristo en el viático como alimento para el viaje. Le habla entonces con una dulce seguridad:

«Alma cristiana, al salir de este mundo, marcha en el nombre de Dios Padre Todopoderoso, que te creó, en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que murió por ti, en el nombre del Espíritu Santo, que sobre ti descendió. Entra en el lugar de la paz y que tu morada esté junto a Dios en Sión, la ciudad santa, con Santa María Virgen, Madre de Dios, con san José y todos los ángeles y santos […] Te entrego a Dios, y, como criatura suya, te pongo en sus manos, pues es tu Hacedor, que te formó del polvo de la tierra. Y al dejar esta vida, salgan a tu encuentro la Virgen María y todos los ángeles y santos […] Que puedas contemplar cara a cara a tu Redentor» (Rito de la Unción de Enfermos y de su cuidado pastoral, Orden de recomendación de moribundos, 146-147).

1021 La muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo (cf. 2 Tm 1, 9-10). El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiva del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro (cf. Lc 16, 22) y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón (cf. Lc 23, 43), así como otros textos del Nuevo Testamento (cf. 2 Co 5,8; Flp 1, 23; Hb 9, 27; 12, 23) hablan de un último destino del alma (cf. Mt 16, 26) que puede ser diferente para unos y para otros.

1022 Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación (cf. Concilio de Lyon II: DS 856; Concilio de Florencia: DS 1304; Concilio de Trento: DS 1820), bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo (cf. Concilio de Lyon II: DS 857; Juan XXII: DS 991; Benedicto XII: DS 1000-1001; Concilio de Florencia: DS 1305), bien para condenarse inmediatamente para siempre (cf. Concilio de Lyon II: DS 858; Benedicto XII: DS 1002; Concilio de Florencia: DS 1306).

Rechacemos el pecado y vivamos en gracia de Dios para que, por la gracia de Dios, podamos ser perfectos como nuestro Padre Celestial es Perfecto. Nosotros solos no podemos liberarnos de la esclavitud del pecado: necesitamos la gracia de Dios, que recibimos sobre todo por los sacramentos. Sin Dios no podemos hacer nada. Pero todo lo podemos en Aquel que nos conforta. Al final, el Inmaculado Corazón de María reinará y nuestra Madre Santísima pisará la cabeza de la Serpiente.


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11.11.19

¿Son iguales todas las religiones?

 

No. Solo hay una religión verdadera porque solo hay un Salvador: Jesucristo. No hay salvación fuera de la Iglesia. Confesamos un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo.

Quienes predican la teoría perversa de que todas las religiones son iguales son unos impíos.

Los católicos creemos en la Santísima Trinidad y creemos que Jesús es el Verbo Encarnado, el Hijo de Dios, el Mesías. Musulmanes y judíos no creen en Jesucristo ni en la Santísima Trinidad. Luego, ¿creemos en el mismo Dios?

Este párrafo del Documento de Abu Dabi, ¿es aceptable?:

“La libertad es un derecho de toda persona: todos disfrutan de la libertad de credo, de pensamiento, de expresión y de acción. El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos.”

Esta afirmación atenta contra el primer mandamiento de la ley de Dios.

¿Y este otro párrafo del documento final del Sínodo de la Amazonia?:

14. La vida de las comunidades amazónicas aún no afectadas por el influjo de la civilización occidental se refleja en la creencia y los ritos sobre el actuar de los espíritus de la divinidad, llamados de innumerables maneras, con y en el territorio, con y en relación con la naturaleza (LS 16, 91, 117, 138, 240). Reconozcamos que desde hace miles de años han cuidado su tierra, sus aguas y sus bosques, y han logrado preservarlos hasta hoy para que la humanidad pueda beneficiarse del goce de los dones gratuitos de la creación de Dios. Los nuevos caminos de la evangelización deben construirse en diálogo con estos conocimientos fundamentales en los que se manifiestan como semillas de la Palabra.

¡¿Cómo que los espíritus relacionados con la naturaleza (¿la Pachamama?) han cuidado desde hace miles de años su tierra, sus aguas y sus bosques?! Esto es una especia de aceptación de un cierto animismo pagano. Dice la Declaración de las verdades relacionadas con algunos de los errores más comunes en la vida de la Iglesia de nuestro tiempo:

6. Las religiones y formas de espiritualidad que promueven alguna forma de idolatría o panteísmo no pueden considerarse semillas ni frutos del Verbo puesto que son imposturas que impiden la evangelización y la eterna salvación de sus seguidores, como enseñan las Sagradas Escrituras: «El dios de este siglo ha cegado los entendimientos a fin de que no resplandezca para ellos la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2Cor 4,4).

7. El verdadero ecumenismo tiene por objetivo que los no católicos se integren a la unidad que la Iglesia Católica posee de modo inquebrantable en virtud de la oración de Cristo, siempre escuchada por el Padre: «para que sean uno» (Jn 17,11), la unidad, la cual profesa la Iglesia en el Símbolo de la Fe: «Creo en la Iglesia una». Por consiguiente, el ecumenismo no puede tener como finalidad legítima la fundación de una Iglesia que aún no existe.

9. La religión nacida de la fe en Jesucristo, Hijo encarnado de Dios y único Salvador de la humanidad, es la única religión positivamente querida por Dios. Por tanto, es errónea la opinión según la cual del mismo modo que Dios ha querido que haya diversidad de sexos y de naciones, quiere también que haya diversidad de religiones.

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29.10.19

Ecoteología y estupidez

El arzobispo de Toledo y primado de España, Monseñor Braulio Rodríguez Plaza, ha publicado una carta pastoral titulada “Conseguir la reconciliación con la tierra, con el prójimo y con Dios”. En ella, se leen cosas como esta:

En nuestro mundo, sin embargo, hay gente que lucha por todo lo contrario, como el Papa Francisco y otros muchos. No se trata de volver todos al campo, a los pueblos vacíos, sino es otra realidad la que hemos de perseguir. Es conseguir una reconciliación con la tierra, con el prójimo, con Dios: un camino que se fundamenta en el reconocimiento del lugar que nos corresponde en la inmensidad del universo. El carácter destructivo de nuestro cacareado “progreso” no siempre ha sido evidente, sino que, despreciando todas las actividades agrarias y sus sensibilidades, sólo pensamos en la oferta de recursos naturales que no basta para nuestras demandas de ellas.

“Solo pensamos en la oferta de recursos naturales que no basta para nuestras demandas de ellas". Seguro que don Braulio no era consciente de que ese mismo argumento es el que utilizan los neomalthusianos para justificar la promoción del aborto, de la eutanasia y del control de la población en general. A partir de ese argumento, los líderes del Nuevo Orden Mundial fomentan la anticoncepción y promueven un sexo sin compromisos y sin hijos, incluido el matrimonio homosexual. El control de la población es la solución de este gentuza para erradicar la pobreza y para liberar a la mujer. Si los pobres no tienen hijos, se acaba con la pobreza. Si las mujeres no tienen hijos, se liberan de la esclavitud de la maternidad que impide - según el criterio de estos desalmados - su realización personal y profesional (porque para estos, la maternidad es una maldición). No hace mucho leíamos cómo el príncipe Harry de Inglaterra - por poner un ejemplo de estupidez - declaraba que su esposa y él solo querían tener dos hijos para “ayudar a salvar al planeta".

Yo no me tengo que reconciliar con la Tierra. Eso es una estupidez. La Tierra no es un ser humano a quien haya que pedir perdón por nada. Salvo que se considere a la «Madre Tierra» como un ídolo pagano al que adorar. La Tierra no grita, no sufre, no tiene heridas. Esas personificaciones del planeta tienen una intencionalidad perversa.

Solo hay un Dios verdadero, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Carlos Esteban escribe un magnífico artículo en InfoVaticana que titula “El primado de España se apunta a la ecoteología” que les recomiendo.

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26.10.19

Jamas adoraré a la Pachamama ¿Y tú?

El Papa Francisco ha pedido perdón por el robo de los ídolos de la Pachamama, que han sido recuperados por la policía italiana en el río Tíber. Y dice que puede que esos ídolos estén presentes en la misa de clausura del Sínodo, mañana en San Pedro. Eso sí, le ha pasado el marrón de la decisión a Parolin: a saber por qué…

Por su parte, Complicit Clergy ha convocado una concentración mañana a las 11 de la mañana en la Plaza de San Pedro para rezar el rosario y manifestar su rechazo a la profanación de la Iglesia con ídolos paganos. Marco Tosatti se hace eco de la convocatoria en Stilum Curiae.

Todo va muy rápido. Todo se precipita con velocidad de vértigo. No da tiempo a asimilar una noticia cuando surge otra.

El Obispo Atanasio Schneider ha hecho pública una carta abierta que recoge Life Site News en la que pide a todos los católicos, obispos, sacerdotes y laicos, que ofrezcan actos de reparación, protesta y corrección por el uso de las estatuas de la Pachamama, a las que considera como un “nuevo becerro de oro”. He aquí un breve extracto de esa carta:

 “Como sucesor de los Apóstoles, encargado del cuidado del rebaño de Dios, no puedo permanecer en silencio ante la flagrante violación de la santa voluntad de Dios y las desastrosas consecuencias que tendrá sobre las almas individuales, sobre la Iglesia en su conjunto y de hecho sobre toda la raza humana. Por lo tanto, es con gran amor por las almas de mis hermanos y hermanas que escribo este mensaje “.

“Los católicos no pueden aceptar ningún culto pagano, ni ningún sincretismo entre las creencias y prácticas paganas y las de la Iglesia Católica. Los actos de adoración de encender una luz, inclinarse, postrarse o inclinarse profundamente en el suelo y bailar ante una estatua femenina desnuda, que no representa a Nuestra Señora ni a una santa canonizada de la Iglesia, viola el Primer Mandamiento de Dios.”

“Todos los católicos verdaderos, que todavía tienen el espíritu de los apóstoles y de los mártires cristianos, deben llorar y decir acerca de las ceremonias paganas que tuvieron lugar en la ciudad eterna de Roma, parafraseando las palabras del Salmo 79: 1: Oh Dios, los paganos han entrado en tu heredad; han contaminado tu santa ciudad de Roma; han dejado a Roma en ruinas.”

“San Atanasio dijo: “Se jactarán de que adoran y sirven, no meras existencias y piedras y formas de hombres y pájaros irracionales y animales y bestias rastreras, sino el sol y la luna y todo el universo celestial, y la tierra, deificando así la creación” (Contra Gentiles , 21, 1-3) y: “Se combinarán todos juntos, como un solo cuerpo, y dirán que el todo es Dios” (Contra Gentiles , 28, 2). “En lugar del Dios real y verdadero, deificaron las cosas que no lo eran, sirviendo a la criatura en lugar del Creador (ver Rom. 1:25), involucrándose así en la necedad y la impiedad” ( Contra Gentiles , 47, 2).

Todo va muy rápido… Lean ustedes el documento final del sínodo de la Amazonia. Y les llamo la atención sobre el punto 14:

14. La vida de las comunidades amazónicas aún no afectadas por el influjo de la civilización occidental se refleja en la creencia y los ritos sobre el actuar de los espíritus de la divinidad, llamados de innumerables maneras, con y en el territorio, con y en relación con la naturaleza (LS 16, 91, 117, 138, 240). Reconozcamos que desde hace miles de años han cuidado su tierra, sus aguas y sus bosques, y han logrado preservarlos hasta hoy para que la humanidad pueda beneficiarse del goce de los dones gratuitos de la creación de Dios. Los nuevos caminos de la evangelización deben construirse en diálogo con estos conocimientos fundamentales en los que se manifiestan como semillas de la Palabra.

A ver… Dejemos las cosas claras: las creencias y los ritos sobre el actuar de los espíritus de la divinidad en las comunidades amazónicas se llama paganismo. Y eso de que “desde hace miles de años [esos espíritus en los que creen los indígenas] han cuidado su tierra, sus aguas y sus bosques” es una herejía como la copa de un pino. El único Creador y el único que cuida de la creación es la Santísima Trinidad. Recordemos el Credo:

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros lo hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

Esta es la fe de la Iglesia. Esta es la única fe verdadera.

Señor, ten compasión de tu Iglesia. No permitas la abominación sacrílega de introducir ídolos paganos en tu templo santo. Te pedimos, Señor, por el Papa Francisco, por los cardenales, por los obispos y sacerdotes. Hazlos santos, Señor. Líbranos de los hipócritas que pretenden destruir tu Santa Iglesia haciéndose pasar por católicos sin profesar realmente la fe de la Iglesia.

La idolatría es uno de los pecado más graves. Es una grave ofensa a Dios. No podemos consentir el sacrilegio, la blasfemia y la profanación de nuestros templos. 

Es la hora de la Resistencia, rosario en mano. Yo no he robado los ídolos ni los he tirado al Tíber pero como si lo hubiera hecho. Yo mismo sacaría de cualquier templo católico los ídolos de la Pachamama y los destruiría con mucho gusto. 

Cristo es el Rey. Cristo Vence. Cristo Impera. 

¡Viva Cristo Rey!

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