12.06.16

Ser feliz es ser santo

Querida María José:

Te prometí que escribiría algo en mi blog sobre el misterio del sufrimiento: “O sea que el sufrimiento y las caídas de la vida, ¿son la forma de llegar al cielo?”

A ver si soy capaz de contestar de alguna manera a tu pregunta. No me lo pones fácil.

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5.06.16

24.05.16

"Amoris Laetitia"

Tengo que hacerles una confesión: mi mujer no me lee. Mi hijo mayor sospecho que, más que leer lo que escribo, espía de vez en cuando mi blog para comprobar con cierto temor las burradas políticamente incorrectas que puedo llegar a poner negro sobre blanco: más que nada por si me vuelven a despedir del trabajo por ultracatólico y nos volvemos a ver en el paro. Mi hija mayor - a sus dieciséis años - ha vaticinado que cuando estalle la revolución seré el primero en caer fusilado por las cosas que digo y escribo: por no ser del montón y no saber estarme calladito como todo el mundo. “No quieras ser un general: sé un simple peón”, me dice… Pero ella sabe que no sé ser de otra manera. Y la pequeña de la casa todavía es inocente y no se entera, aunque algo debe de sospechar ya después de tantas mudanzas, cambios de colegio, etc.

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3.05.16

¿Tiene sentido consagrarse al Sagrado Corazón en estos tiempos?

El próximo 15 de octubre, la Fundación Educatio Servanda va a consagrar todas sus obras - y la propia Fundación -  al Sagrado Corazón de Jesús en un acto que se celebrará en el Cerro de los Ángeles (Getafe), coincidiendo con la celebración del décimo aniversario de su constitución. Pero, ¿qué sentido tiene consagrarse al Sagrado Corazón? ¿Para qué sirve? ¿No es una ñoñería trasnochada y carca eso de la devoción al  “Sagrado Corazón”?

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1.05.16

Ser Cristiano Hoy (IV)

 

Vía Unitiva

La unión íntima del alma con Dios. Tras el proceso de purificación y conversión, tras el proceso ascético de la Vía Purgativa; y después de dejarnos alumbrar por la Palabra de Dios, por el Verbo que es Dios mismo; el punto culminante del camino de perfección del místico es lo que llamamos Vía Unitiva.

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba
allí quedó dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena
cuando yo sus cabellos esparcía
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme
el rostro recliné sobre el amado;
cesó todo, y dejéme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

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