El socialcristianismo frente a la Ilustración
La historia de Occidente durante los últimos 400 años es ante todo la historia del choque entre la religión cristiana y el humanismo secular.
El choque entre el cristianismo y el secularismo
Las creencias más típicas de nuestra cultura contemporánea son las siguientes:
A) la razón humana natural es capaz de resolver todos los problemas;
B) la historia humana es un proceso de progreso continuo que desembocará en un estado final de felicidad perfecta para todos;
C) los valores éticos principales son la libertad, la igualdad, la fraternidad y los derechos humanos;
D) la ciencia, la educación y la democracia son los medios principales que hacen avanzar a la humanidad hacia el progreso1.
Esta forma de pensar está tan difundida hoy que no nos es fácil cuestionarla, ni darnos cuenta de cuánto influye en nosotros. Es relativamente nueva: aunque tiene raíces anteriores, floreció fundamentalmente a partir de la Ilustración del siglo XVIII. Al igual que la revolución científica que la precedió, la revolución política, social y metafísica de la Ilustración se originó dentro de la civilización cristiana. Sólo en la Cristiandad, con su fe en el diseño inteligente del mundo por parte de Dios y en la racionalidad del ser humano, pudo darse y se dio la revolución científica; y sólo en la Cristiandad, con su fe en el libre albedrío humano y en la igual dignidad ontológica de todos los seres humanos, creados por Dios a su imagen y semejanza, pudo darse y se dio el desarrollo de la democracia moderna y su concepción inicial de los derechos humanos como dones inalienables de Dios, inherentes a la naturaleza humana.
La Ilustración es un fenómeno complejo, una gran mezcla de verdades y errores. Es difícil hacerse una idea exacta de ella y adoptar ante ella una actitud adecuada. El escritor católico G. K. Chesterton dijo que los valores modernos son ideas cristianas que se han vuelto locas. Por ejemplo: la libertad desconectada de la verdad alimenta un individualismo egoísta; la igualdad absolutizada conduce a un colectivismo despótico; y la fraternidad sin la redención es una utopía inalcanzable.









