Una conferencia de Marion Dapsance sobre el yoga
Algunas precisiones sobre una “espiritualidad oriental”
Daniel Iglesias Grèzes
En el sitio de EEChO se encuentra el video de una conferencia titulada “El yoga: algunas precisiones sobre una espiritualidad oriental”. Se trata de una conferencia dictada en francés el 15/02/2026 por Marion Dapsance, Doctora en Antropología por la Sorbona de París, profesora de distintas materias relacionadas con el budismo en la Universidad de Columbia en Nueva York y autora de varios libros. YouTube permite activar los subtítulos de ese video, aunque solo en francés. Esta conferencia me pareció tan interesante que me propuse contribuir a difundirla. El texto que ofrezco a continuación es básicamente una traducción al español de la presentación en PowerPoint que aparece en el lado izquierdo del video referido.
Los nuevos descubrimientos sobre el yoga
Es necesario distinguir entre el budismo, el yoga y la meditación tal como los conocemos en el Occidente actual y sus versiones originales en el mundo indoasiático. Las últimas investigaciones académicas sobre el yoga han producido progresos inmensos en el conocimiento de los investigadores sobre las tradiciones indoasiáticas. No obstante, casi no ha habido una divulgación de esos nuevos conocimientos. Por lo tanto, hoy existe una discrepancia enorme entre la visión sobre el yoga de los especialistas y la del gran público.
Los principales autores a conocer sobre este tema son: James Mallinson, David Gordon White, Frederick W. Smith, Véronique Bouillier, Helène Brunner, Gilles Tarabout, André Padoux y Mark Singleton.
Dentro de las últimas investigaciones académicas sobre el yoga, el descubrimiento más importante es el realizado por Sir James Mallinson: el hatha yoga (base de “nuestro” yoga, el occidental) proviene de rituales budistas de carácter sexual. Se trata de producir el soma, un presunto elíxir, mezcla de esperma y de sangre menstrual o moco cervical, para ofrecerlo a los budas y las divinidades.
El doble carácter del investigador inglés Mallinson, yogui y experto en sánscrito, le permite conocer a la vez los textos y las prácticas transmitidas de maestro a discípulo. De 2015 a 2021 Mallinson dirigió un proyecto de investigación sobre el hatha yoga en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) de la Universidad de Londres, en colaboración con la Escuela Francesa de Extremo Oriente de Pondichéry. Las disciplinas incluidas en ese proyecto fueron la historia, la filología y la etnografía. Mallinson es un investigador confiable en esta materia. Es imposible sospechar que tenga ningún tipo de fobia al yoga.
Esta aclaración puede ser útil de cara a lo que se dirá a continuación. Hay indicios fuertes de vínculos entre el hatha yoga y rituales sexuales budistas. La misma palabra “yoga” es empleada en las dos tradiciones (budista y hatha yoga), si es que se puede hablar de dos tradiciones separadas. La práctica ritual más comúnmente asociada a la palabra “yoga” es el devata yoga, que ocupa un lugar central en los dos caminos de salvación en cuestión.
¿Qué es el devata yoga o “yoga de la divinidad”?
Se trata de obtener un cuerpo divino por medio de prácticas sexuales. El acto sexual se utiliza solo para producir ciertas sustancias, que luego son mezcladas, ingeridas y aplicadas como un aceite sagrado en ciertos lugares del cuerpo. Algunos investigadores hablan de una “lógica sacramental”. En cambio los misioneros católicos y protestantes hablaron de una lógica demoníaca.
En esas prácticas no hay una búsqueda de ningún tipo de “éxtasis” ni de “unión”. La creencia contraria proviene de una costumbre propia de una mirada occidental, todavía muy marcada por el catolicismo. Estas prácticas sexuales están documentadas desde el siglo VI AC en el budismo. Por lo tanto, son prácticas antiguas y duraderas, no una deformación ulterior.
Se trata de una práctica central y duradera, compartida en todas las corrientes budistas y yóguicas. Ocupa la mayor parte de la práctica ritual tanto en las unas como en las otras. Está documentada desde el siglo VI AC hasta hoy, en particular en el vajroli mudra de los yoguis contemporáneos.
Implicaciones de este descubrimiento
Ha habido un cambio de paradigma. No hay diferencias reales [sustanciales] entre lo que nosotros llamamos “yoga”, “budismo” e “hinduismo”. Estas categorías son construcciones occidentales. La base o universo cultural común de todas ellas es el tantrismo. No hay diferencias fundamentales entre “divinidades”, “budas” y “demonios”.
Según el tantrismo, uno se puede transformar en otra cosa distinta de sí. El yo no tiene ninguna sustancia, debido a su impermanencia o coproducción condicionada. No hay una noción de “persona”. No hay una especulación intelectual pura ni un cuestionamiento sobre el ser, sino que todo se da en el contexto de la práctica ritual: las posesiones inducidas (buscadas).
Esto confirma los trabajos de Frederick M. Smith en su libro The Self Possessed (2006) sobre las prácticas de posesión por deidades y espíritus: la idea de impermanencia (la idea de que el yo es compuesto e irreal) es indisociable de las prácticas de posesiones. No se trata de abstracciones que formarían una “filosofía” en el sentido en que nosotros la entendemos hoy1.
La posesión es una práctica buscada en las religiones indoasiáticas: es incluso la experiencia más buscada. No se busca “el despertar” sino convertirse en un ser superior dotado de superpoderes. No hay nada de “espiritual” ni de “religioso” allí.
Más específicamente, el hatha yoga (yoga tántrico) no se puede comprender sin comprender estas prácticas budistas sexuales, documentadas desde el siglo V DC. El tantrismo, la religión india mayoritaria desde el siglo VII DC, no se puede comprender sin conocer la importancia que revisten las secreciones sexuales en la religión india antigua.
¿Por qué y cómo transformarse en divinidad gracias a las secreciones sexuales? Para comprenderlo, es necesario volver sobre la historia del tantrismo, que es él mismo una evolución de las corrientes ascéticas de la India del siglo VI AC.
Dapsance plantea una cuestión metodológica: hablar de paganismo indio en lugar de “filosofía”, “espiritualidad” o “religión”, términos impropios. “Paganismo” es un término neutro que designa los cultos que no son cristianos, ni judíos, ni musulmanes.
Historia del paganismo indio
Esta historia está marcada por el encuentro de dos pueblos en el segundo milenio antes de Cristo: los arios, que llegaron a la India desde el norte, y los drávidas, habitantes anteriores que en general fueron desplazados por los arios hacia el sur de la India. En la formación del paganismo indio cabe destacar los siguientes elementos de la religión aria:
- La importancia del carro de guerra: para los arios, “yoga” era el “yugo” impuesto al caballo para librar el combate contra “los enemigos de piel negra” (los drávidas).
- Indra, dios de la guerra, Agni, dios del fuego, y Soma, divinidad-planta [psicodélica] que permite [mediante alucinaciones] acceder a la realidad más allá de las apariencias.
- Rituales de fuego y sacrificios para asegurar la perpetuación del mundo.
El paganismo mayoritario de la India es una mezcla de la religión aria (yoga carro de combate al servicio de la conquista) y la religión de la Diosa Madre de los drávidas.
Al principio el karma se refería únicamente a la acción ritual y su eficacia. La noción de karma no surgió de especulaciones filosóficas, sino de discusiones entre sacerdotes sobre la manera de volver más eficaces los sacrificios. Algo análogo ocurrió con la noción de “no yo”, relacionada con las posesiones. Más adelante, habiéndose estabilizado la sociedad, se constituyeron pequeños grupos de maestros y discípulos, que aplicaron la noción de karma a las acciones individuales [para escapar al ciclo de las reencarnaciones].
Más adelante nació el movimiento de los monjes errantes (shramana), que agrupaba a aquellos que más tarde fueron llamados “gimnosofistas”, “hindúes”, “budistas”, “jainistas”, “yoguis”, “sadhus” [santones], “faquires”, etc. No hay diferencias fundamentales entre ellos. Se caracterizan por una vida errante y pobre, sin higiene y sin ningún tipo de lazo afectivo. Su objetivo es la extinción (moksha). Sus medios son mortificaciones extremas2.
Las razones de estas mortificaciones son esencialmente mitológicas: historias de rivalidades con los dioses. Lo más frecuente es que no se invoque una razón: “Solo Dios lo sabe”… Las razones metafísicas, como en el yoga de Patanjali, son muy marginales. La influencia de Patanjali ha sido muy exagerada, por ser intelectual y por lo tanto seductora para los occidentales.
¿El objetivo de esas prácticas ascéticas es, como solía pensarse, alcanzar el samadhi, una suerte de éxtasis espiritual, de iluminación o separación del mundo? Es verdad que se trata de alcanzar el samadhi, pero ¿qué es el samadhi y cómo alcanzarlo? Se trata de un estado en el cual lo mental no interviene más: un aturdimiento o incluso conmoción alcanzado por el ayuno, el consumo de cannabis o de opio, la postura sobre la cabeza y el estrangulamiento infligido por el maestro. Según Mallinson, la “santidad”, desde la perspectiva del yoga clásico, consiste en vivir con poco y fumar hierba.
Empero, de hecho el objetivo pretendido es obtener superpoderes compitiendo con los dioses, por dos vías alternativas: apelar a entidades exteriores haciéndoles ofrendas y acaparar los poderes de una entidad haciéndola venir a uno mismo después de haberla adulado. Un modelo para comprender esa segunda vía es el genio de la lámpara de Aladino. Si todo esto resulta sorprendente, conviene considerar que en este contexto las ideas sutiles son raras.
La posesión inducida con objetivo transformador existe en todo el tantrismo (budismo, yoga, etc.). La base de las diferentes variantes del “yoga de la divinidad” (capturar al genio para hacerle cumplir nuestros deseos) son los rituales de magia negra, según el modelo de los muñecos encantados3. Los mantras son empleados como fórmulas mágicas. Según Padoux, la “botella del genio de Aladino” es el cuerpo imaginario, con ruedas y canales.
El hatha yoga (“yoga de la fuerza”) nació del encuentro entre las tradiciones ascéticas y el tantrismo en su forma “interior”, es decir la captura de divinidades en lugar de ofrendas exteriores. Se le llama “yoga de la fuerza” porque se obliga al cuerpo imaginario a iniciar un proceso de autodeificación.
El devata yoga consiste en hacer entrar en uno mismo una entidad dotada de superpoderes para volverse uno mismo sobrehumano. Dicho de otra forma, se trata de posesiones buscadas. Esta es la principal práctica “religiosa” de los pueblos indoasiáticos.
¿Por qué es posible transformarse en dios? Porque el “yo” no existe y porque el tantrista ya se considera dios. Basta dejar emerger el dios. Se trata del “Dios interior” o “en sí” del inmanentismo: una herejía muy presente en Occidente y que forma parte de los fundamentos de la New Age. Dapsance cita una observación de Chesterton: sería mejor para Jones (un Fulano cualquiera) adorar a la luna y las estrellas que creer que él mismo es Dios.
“El camino de la mano izquierda”
Dentro de estas tradiciones ascéticas, una de las vías principales es “el camino de la mano izquierda”, conformado por prácticas transgresoras: orgías, relaciones sexuales intrafamiliares e incestuosas, banquetes alcoholizados, actos caníbales, necrófagos y necrófilos. Se pretende expresar la identidad divina y alcanzar un estado divino “más allá del bien y del mal”. Hay una búsqueda de la omnipotencia, que no implica solamente al cuerpo imaginario (que sigue siendo central, de ahí la impresión de “meditación”). El cuerpo físico real también está implicado.
La práctica tántrica favorita hasta hoy es absorber sexualmente a la “Diosa”. Es una práctica basada en la creencia en elixires de larga vida y en una pareja divina primordial. Las secreciones sexuales como ofrendas a las divinidades y factores de deificación existen en el budismo al menos desde el siglo VI AC. No hay referencias al cuerpo imaginario antes del año 1000 DC. Por lo tanto, lo buscado son verdaderamente sustancias sexuales en cuanto tales. No hay espiritualidad en ello.
¿Por qué este interés en las secreciones sexuales? Las meditaciones sobre lo impuro son un componente central de las prácticas de renunciamiento budistas. Las actuales formas de meditación “oriental” que buscan una “conciencia plena” [mindfulness] se basan en lo antedicho, pero mediante una completa inversión. Por otra parte, esas secreciones se consideran el soma ideal.
Todavía hoy los yoguis buscan la autodeificación mediante la absorción de sustancias sexuales femeninas. Se trata de sustancias reales (sangre, mocos), no de “energía femenina”, ni otras tonterías occidentales semejantes. En este contexto se practica el vajroli mudra, que busca la retención y el retorno seminal4. No entraré en más detalles sobre ese asunto repulsivo.
La confusión sobre la naturaleza del yoga original (el de los yoguis de la India) persiste: por ejemplo, la postura sobre la cabeza no busca mejorar el equilibrio físico, sino evitar la pérdida del fluido vital.
Me abstendré de incluir un enlace sobre el khecari mudra, por tratarse de una práctica peligrosa para la salud (que involucra a la lengua).
Sí incluyo esta referencia a los lingam, símbolos fálicos comunes dentro de la religión hinduista: https://es.wikipedia.org/wiki/Lingam
Concluyo expresando mi acuerdo con Marion Dapsance: no hay nada “espiritual” ni higiénico en estas prácticas ascéticas. Nada de vida interior y ningún interés por la salud. Acabemos de una vez por todas con esta “espiritualidad oriental”.
1) Véase: https://www.amazon.com/dp/0231137486
2) Véase:
https://yogaavecmonica.fr/peut-on-faire-lhistoire-du-yoga-partie-4-vers-la-pratique-posturale/;
https://www.levasiondessens.com/yoga-ascetes-yogis-et-soufis/;
https://www.yogalite.fr/dossiers-articles-yoga/donner-la-parole-aux-sadhus/
3) Véase: Stephan Beyer, The Cult of Tara: Magic and Ritual in Tibet (1973),
https://www.amazon.com/dp/0520021924
4) Véase: https://books.openedition.org/editionscnrs/9320?lang=fr
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7 comentarios
En fin, tal vez sea útil a algún lector incauto inclinado a estas exóticas pseudoreligiones, pero a mí me resulta tan superficial como poco edificante.
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DIG: Estimado Diác. Juan:
Temo que lo único superficial aquí fue su lectura de la conferencia de la Dra. Dapsance. Como ella señala, las prácticas rituales sexuales que están en la base del yoga son centrales, muy antiguas y duraderas, permaneciendo como tales hasta hoy en Asia. No se trata de ninguna desviación accidental. Por supuesto, no hay nada semejante a esto en la religión católica. Aunque tal vez usted no lo crea, esas prácticas son realmente perniciosas y su denuncia clara es necesaria y edificante.
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DIG: La Dra. Dapsance realiza una divulgación de descubrimientos recientes sobre la historia del yoga por parte de numerosos investigadores de tendencias diferentes. No dice que el hatha yoga y el budismo sean lo mismo, sino que, en su origen histórico no había diferencias sustanciales entre esas tradiciones (y tampoco con lo que hoy se llama hinduismo). Al menos es obvio que usted se equivoca al decir que "no tienen nada que ver", sobre todo si se mira a las prácticas predominantes.
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El tantra forma parte de una corriente budista, solamente, la tibetana, pero no las demás ramas del budismo (como el Theravada o el zen). Todo lo que esa señora dice es discutible en extremo. El yoga que se práctica en occidente, por otro lado, es una simple gimnasia de estiramientos que no tiene nada que ver con el tantra.
Solo grupos muy minoritarios de personas puede que hagan alguna práctica tántrica (difícil de saber si tiene algún paralelismo con lo que se llama tantra en la India) pero el 99% o más de los que hacen yoga no han oído hablar siquiera de él. Lo único que hacen son estiramientos, lo que es beneficioso para la salud del cuerpo. No creo que nadie pueda demostrar que al hacer esas posturas se está dando culto a ninguna deidad hindú o budista tibetana. Por tanto, antes de dar conferencias, es bueno informarse de las cosas. Saludos.
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DIG: Hoy se sabe que el tantrismo fue la "religión" o culto predominante en la India y otras regiones del sur de Asia entre los siglos VII y XVIII de nuestra era y que se practicó en todas las "tradiciones" que más tarde los occidentales catalogaron como "hinduismo", "budismo" etc. como si fueran cosas sustancialmente distintas. A partir del siglo XIX el "hinduismo" y el "budismo" cambiaron mucho por influencia del cristianismo. En la India esto se debió sobre todo al contacto de las castas superiores con los colonizadores británicos y al reconocimiento tácito de las primeras del carácter muy primitivo de las "religiones orientales" tal como eran practicadas por el pueblo.
Marion Dapsance distingue de entrada entre el yoga tal como se conoce y practica hoy en Occidente y el yoga original (el de los yoguis de la India, incluso los de hoy) y dice que va a hablar de este último. Por lo tanto lo que usted dice sobre "nuestro" yoga es irrelevante como crítica a Dapsance. En otras oportunidades Dapsance ha dicho que la mayoría de las posturas del "yoga occidental" no provienen del yoga original sino de la gimnasia sueca o escandinava. También ha dicho que el yoga, considerado como mera gimnasia, no tiene ningún inconveniente, pero el problema es que muchos de sus instructores occidentales introducen a sus alumnos en la ideología New Age, muy distinta del tantrismo, pero con sus propios problemas graves.
El hinduismo en general es un maremagnum, que no tuvo un fundador, en el que se puede encontrar de todo, desde joyas espirituales (como p.ej. el "Bhagavad Gita"- el "evangelio" hindú) hasta las aberraciones de algunas sectas tantrikas como las que se describen.
Por otro lado, la observación de Juan diacono me parece acertada.
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DIG: La observación de "Juan diácono" no es acertada. El yoga original está intrínsecamente ligado con las prácticas sexuales referidas por Marion Dapsance. No hay nada ni siquiera remotamente semejante a eso en el catolicismo.
Lo que comúnmente se cree sobre la historia del yoga no toma en consideración los descubrimientos recientes de muchos investigadores.
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DIG: La Dra. Dapsance niega lo que usted afirma, con base en muchas evidencias. Aquí me limito a señalar dos:
1) Esas prácticas sexuales rituales son muy antiguas (están atestiguadas desde el siglo VI AC).
2) Los estudiosos occidentales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX que dieron forman a las nociones modernas sobre el hinduismo, el budismo, el yoga, etc., se enfocaron casi exclusivamente en un aspecto de la literatura antigua a la que usted alude: las partes que les parecieron más racionales o filosóficas, dejando de lado o en segundo plano las numerosísimas partes de tipo mágico.
Los pueblos paganos que llevaron a Israel a la Idolatría junto a aquellos que San Pablo condeno en las Cartas a los Corintios, tenían como factor común las prácticas sexuales desenfrenadas, a fin de obtener un favor divino o alcanzar algún objetivo que busque derribar a Dios de su lugar correspondiente.
No es coincidencia que en aquellas religiones donde se adoren ídolos explicitamente o donde se busque despertares este proceso este involucrado. De ahí que Dios reprenda tan severamente este pecado. Como enseñan las escrituras.
Factor común para identificar estas situaciones es siempre que el Ídolo desplaze a Dios. Quien puede ser el Ídolo no importa mucho, porque al final siempre se va a desviar al mismo punto, la ausencia de Dios. Y donde no está Dios, pues solo hay pecado.
Lo que no ve occidente u que se empeña en ello, es que estas prácticas solo cambian a Dios por otro pedazo de Ídolo hecho por el hombre o algún espíritu maligno. Como ocurre en el caso de los satanistas, de hecho si comparas los rituales encontrarás cosas similares por venir de la misma fuente que es el pecado en sí.
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DIG: Ya que me das un consejo no solicitado, yo te daré dos: que tomes un curso de lógica (ya que mi post no trata sobre el yoga tal como es conocido y practicado en Occidente) y que cumplas los cinco preceptos de la Iglesia. Seguro que te harían mucho bien. Si me dices que no necesitas esos consejos, respondo que tal vez yo tampoco necesite el tuyo.
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