Sobre un texto del P. William Most

Most

Nuestro amigo Daniel Iglesias ha publicado un post” sobre el P. William Most en el cual trae un texto de este sacerdote sobre la predestinación, que nos interesa comentar aquí. 

Usamos el término “previsión” por comodidad, en realidad, Dios no prevé nada, porque se prevé lo futuro, pero para Dios nada es futuro, todo es presente. Dios no prevé lo que sucede, sino que lo ve.

Para entender bien lo que es predestinación y reprobación, hay que definir unos términos.

Elección” es el acto por el que Dios elige a algunos para la vida eterna, es un acto que mira al fin último de la creación, que es la gloria de Dios mediante la salvación de los elegidos.

Predestinación” es el acto por el que Dios determina dar a los elegidos la gracia con la cual certísimamente alcanzarán la Vida Eterna. Es decir, es el acto de la Voluntad divina que mira a los medios que conducen a los elegidos al fin último.

“Reprobación” es el acto de la Voluntad divina por el cual se niega a algunas creaturas racionales la consecución del fin último. Todos admiten la reprobación positiva consecuente, en la que esa negación tiene carácter de pena por el pecado y la impenitencia final.

Los tomistas y algunos otros sostienen además la “reprobación negativa antecedente”, que es, por lo menos (hay matices entre los tomistas sobre esto) la no elección divina de algunos para la Vida Eterna, con la consiguiente permisión del pecado y de la impenitencia final.

Los tomistas sostienen que la elección, la predestinación y la reprobación negativa antecedente son anteriores al conocimiento divino de los méritos y de las culpas de las creaturas racionales y por tanto independientes de ese conocimento, mientras que la reprobación positiva consecuente es posterior a la previsión divina de esas culpas y depende por tanto de ellas.

Los molinistas sostienen que tanto la elección, como la predestinación, como la reprobación positiva consecuente, que es la única que admiten, son posteriores al conocimiento divino de los méritos o las culpas, respectivamente, de las creaturas, y dependientes, por tanto, de ellos.

Algunos congruistas, como el Card. Billot, sostienen que la elección y predestinación son anteriores a la previsión divina de los méritos, y por tanto independiente de ella, mientras que la reprobación positiva consecuente, que es la única que admiten, es posterior a la previsión divina de las culpas y dependiente por tanto de ella.

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La posición de Most es la que queremos analizar en lo que sigue. No pretendemos que esto sea un análisis exhaustivo del pensamiento de Most, porque es posible que el breve texto transcripto en el “post” mencionado deje fuera algún aspecto importante. Nos ceñimos, por tanto, a lo que ahí dice, y ahí se dice textualmente:

1) Dios quiere que todos los hombres se salven. Esto está explícito en 1 Timoteo 2:4, y dado que amar es querer el bien para otro por el bien del otro, esto equivale a decir que Dios nos ama [a todos]. Negar esto, como hizo Báñez, es un error horrendo; niega el amor de Dios. Cuán fuerte es este amor se puede ver en el obstáculo que superó en la obra de abrir la felicidad eterna para nosotros: la muerte de Cristo en la cruz.

2) Dios observa para ver quién resiste a Su gracia de modo grave y persistente, tan persistentemente que la persona desecha lo único que podría salvarlo. Con pesar, Dios decreta dejar ir a tales personas: reprobación a causa y en vista de la grave y persistente resistencia a la gracia.

3) Todos los demás no descartados en el paso dos están predestinados positivamente, pero no por sus méritos, que aún no son considerados en absoluto, y ni siquiera por la falta de tal resistencia, sino porque en el paso uno Dios quiso predestinarlos, y ellos no Lo están deteniendo. Esta es una predestinación sin méritos.”

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En este esquema parece que la reprobación es lógicamente anterior a la predestinación, porque sólo después de que algunos son reprobados se puede decir que los otros son predestinados. En efecto, según lo que aquí dice, si inicialmente todos fuesen predestinados, entonces la predestinación fallaría en algunos casos, eso no lo ha dicho nadie nunca, que yo sepa, en la tradición teológica. Recién después del Concilio Vaticano II me pareció ver algo así en la obra “El misterio del Padre” del P. Le Guillou.

Esa posterioridad de la predestinación respecto de la reprobación implica además que la causa de la predestinación, en definitiva, es la creatura, no el Creador. Lo dice el mismo texto: los predestinados están predestinados “porque en el paso uno Dios quiso predestinarlos y ellos no lo están deteniendo”. La razón suficiente de la predestinación no está dada, entonces, por el hecho de que Dios haya querido predestinarlos, sino que sólo aparece cuando además ellos no detienen ese designio divino.

 Pensemos en una balanza cuyos platillos están igualados y viene alguien y coloca un ligero peso en uno de ellos. Ese platillo baja. ¿La causa de que el platillo baje es el que inicialmente puso el mismo peso en ambos platillos, o el que agregó el pequeño peso posterior? Es claro que la causa de que el platillo baje es este último. El otro ha sido solamente condición de que el platillo baje, porque en efecto, sin el primer peso, igual al del otro platillo, el pequeño peso posterior no habría podido hacer bajar el platillo. Pero ha sido ese pequeño peso el que lo ha hecho bajar.

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¿No es un mérito, además, el no detener el impulso divino hacia la salvación? Porque se supone que ese “no detener” es voluntario, no es algo que las creaturas hagan, o dejen de hacer, sin darse cuenta.  De hecho, quien tiene la potestad de voluntariamente  detener algo, tiene también la potestad de voluntariamente no detenerlo, de lo contrario, si el no detenerlo se le impusiese sin su voluntad, no podría tampoco detenerlo voluntariamente. Y es claro que detener el impulso divino, en el planteo de Most, es voluntario. Por tanto, también el no detenerlo. Pero entonces, es un mérito, así como lo contrario es una culpa.

En efecto, resistir voluntariamente a la gracia no puede no ser una culpa, por tanto, voluntariamente no resistirla, es un mérito.

Pero entonces, aquí se nos presenta una predestinación que es posterior a los méritos de la creatura, y en forma más radical aún que en el molinismo, porque no es solamente que luego de prever los méritos de la creatura, Dios los predestina, sino que son esos méritos mismos lo que hacen que la creatura esté predestinada, que esa gracia inicial que en ellos estaba al principio todavía abierta a ser gracia de predestinación o no, se vuelva efectivamente gracia de predestinación por una especie de “autopredestinación” de la creatura. 

No se entiende, entonces, cómo el autor puede decir:

Como veremos, hay una manera de separar las dos caras: decir que Él predestina sin los méritos, pero reprueba solo después de considerar los deméritos.

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Luego dice:

a) Dado que amar es querer el bien para otro por el bien del otro, si el amor es fuerte, el amante querrá actuar para hacer que el otro sea próspero y feliz. Entonces, si un pequeño obstáculo lo detiene, el amor es pequeño. Si se necesita un gran obstáculo para detenerlo, el amor es grande. Pero si ni siquiera un obstáculo inmenso lo detiene, el amor es inmenso.

b) El Padre, en el nuevo pacto y sacrificio, aceptó un precio infinito de redención. Así pues, Él Se comprometió a hacer que el perdón y la gracia estén disponibles para nuestra raza [el género humano] infinitamente, sin límites. El único límite está en nuestra receptividad. Pero Él hizo esto no solo para nuestra raza en su conjunto, sino incluso para cada individuo. San Pablo dijo en Gálatas 2:20: “Me amó y se entregó a Sí mismo por mí”. Esto no se aplica solo a Pablo. [El Concilio] Vaticano II en [la constitución pastoral] Gaudium et Spes n. 22: “Cualquiera de nosotros puede decir con el Apóstol: el Hijo de Dios me amó y se entregó a Sí mismo por mí”. Así pues, existe un título o derecho infinito a todo perdón y gracia, incluso para cada individuo. (…) Solo si una persona, por haber pecado mucho, se ha vuelto a sí misma ciega, y por lo tanto incapaz de abrazar el primer movimiento de la gracia cuando esta le muestra algo como bueno, solo entonces podría verse privada de la gracia.”

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Preguntamos entonces ¿es inmenso o no es inmenso el amor que Dios nos tiene? Si es inmenso ¿cómo puede ser que si una persona ha pecado mucho y se ha vuelto ciega y por tanto incapaz de abrazar el primer movimiento de la gracia, quede privada de la gracia de Dios? ¿No es ése precisamente el “obstáculo inmenso” que debería, justamente, ser superado por el “amor inmenso” de Dios, que es Omnipotente?

¿No puede Dios devolver la vista a los ciegos, también la vista espiritual? ¿De qué somos “incapaces” nosotros con la ayuda de la gracia divina eficaz?

El texto habla de una “resistencia grave y persistente” a la gracia. Pero ¿cómo ha podido ser persistente? ¿Dios no pudo haber terminado antes con esa resistencia, a fin de que no fuese tan “persistente”?

Tratemos de recomponer entonces lo que se nos dice en este texto. Dios quiere que todos los hombres se salven, luego “observa”, y a los que resisten los reprueba, a los que no resisten los predestina. Lo que resisten no son los que oponen cualquier resistencia, sino una resistencia grande, profunda.

Esto es predestinación y reprobación dependiente de los méritos y culpas, respectivamente, de las creaturas racionales, en definitiva, un planteo molinista puro.

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Que por tanto, sufre el mismo defecto estructural del molinismo: ¿por qué Dios permite el pecado de los que pecan y se condenan? ¿Pueden haber pecado sin que previamente Dios haya dejado de sostenerlos? ¿Podrían haber pecado al mismo tiempo que Dios los sostenía para que no pecaran? ¿Podrían ellos haber sido más fuertes que Dios?

Porque si decimos que los sostuvo solamente un poquito, sigue en pie la pregunta ¿podía haberlos sostenido un muchito? Es claro que sí, Dios es Omnipotente.

Si se nos dice que por tal o cual finalidad pedagórica o “económica” Dios determinó sostenerlos solo un poquito, o al principio, al menos, sólo un poquito, se está diciendo lo mismo con otras palabras: Dios no quiso evitar el pecado de esas creaturas, pudiendo hacerlo.

No sirve, en el molinismo, el recurso a la “ciencia media”, porque si Dios previó, en su “ciencia media”, que en tales y tales circunstancias se salvan estos y se pierden aquellos, es claro que a la infinita Sabiduría de Dios no le cuesta nada prever otro conjunto de circunstancias diferentes en el que se salven todos, y que entonces, si no creó un mundo así, es simplemente porque no quiso, pero entonces, la decisión divina respecto de los que se salvan y los que se pierden sigue siendo anterior a las opciones libres de las creaturas, sea que estas opciones se den en el mundo actual o en el mundo de los “futuribles”, que además no existen,  porque para Dios todo es presente.

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El texto que consideramos afirma contradictoriamente dos cosas: que el amor de Dios no tiene límites y que su límite es el rechazo de la creatura. Pero la creatura no puede poner límites a la Omnipotencia. Ni del peor criminal podemos decir que no puede ser convertido por la gracia de Dios mientras vive.

Por tanto, por más que “observe”, el Creador no va a encontrar nada determinante en orden a predestinar o reprobar a alguien, porque a lo sumo va a “observar” que esa persona pone obstáculos siempre superables por el Poder divino, y va a quedar a la Libertad divina la decisión de si superar efectivamente o no esos obstáculos.

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Y que no se venga con el manido estribillo de que Dios respeta nuestra libertad. Dios es el Creador de nuestra libertad, y el Creador no es solamente el que da la “patada inicial” y luego “observa”, es el que mantiene continuamente en el ser a todo lo que ha creado, y es la fuente última de todo lo que hay de ser y de bien en lo creado.

Dios es la Causa Primera de todo lo que hay de ser y de bien fuera de Dios, por tanto, también de todo lo que hay de ser y de bien en nuestros actos libres, y por tanto, también de lo que tienen de libres.

Dios respeta nuestra libertad produciendo nuestros actos libres, moviéndonos infaliblemente a realizar actos libres. No es que a veces puede intervenir excepcionalmente para obremos libremente, es que si no interviene según su función “normal” de Causa Primera, no obramos.  Somos creaturas y nuestras libertades son libertades creadas.

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Lo grave del asunto es que no hay otro Dios fuera de éste. Un “dios” que se limite a “observar” lo que hacen las creaturas no es Dios, es una caricatura antropomórfica. No se trata solamente de “la gracia y la libertad”. Se trata ante todo de si Dios es realmente Dios.

Ahí sí que hay mucha tela para cortar acerca de la génesis del ateísmo moderno y de cómo la idea de Dios se fue adelgazando hasta que terminó por desaparecer del todo. Cfr. el “abuelo bondadoso” post-Concilio Vaticano II.

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Además, el texto que comentamos hace una serie de afirmaciones totalmente falsas e inexactas acerca de Santo Tomás y de los tomistas.

Se dice que en el tomismo Dios elige y reprueba “ciegamente”. Santo Tomás y toda la tradición tomista sostienen que en la elección y reprobación Dios está guiado por su Sabiduría y su Bondad, y que sólo permite el mal en la Creación en orden a un bien. Nada de eso es obrar “ciegamente”.

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Respecto del mismo Santo Tomás, se dice que en la Summa Contra Gentiles enseña algo contrario a la reprobación negativa antecedente:

“… solo son privados de la gracia quienes ofrecen en sí mismos obstáculos a la gracia; tal como se culpa al que cierra los ojos, cuando el sol ilumina al mundo.” (Suma Contra Gentiles, Libro III, cap. 153).

El problema aquí es que no se ha seguido leyendo lo que dice Santo Tomás en el capítulo siguiente, el 154 del Libro Tercero:

Mas, aunque el que peca ofrece un obstáculo a la gracia y, en cuanto lo exige el orden de las cosas, no debiera recibir la gracia, sin embargo, como Dios puede obrar fuera del orden aplicado a las cosas, del mismo modo que da vista al ciego o resucita al muerto, algunas veces, como exceso de su bondad, se les anticipa con su auxilio a quienes ofrecen impedimento a la gracia, desviándolos del mal y convirtiéndolos al bien. Y del mismo modo que no da vista a todos los ciegos ni cura a todos los enfermos, para que en los que cura aparezca el efecto de su poder y en los otros se guarde el orden natural, así también no a todos los que resisten a la gracia los previene con su auxilio para que se desvíen del mal y se conviertan al bien, sino sólo a algunos, en los cuales quiere que aparezca su misericordia, así como en otros se manifiesta el orden de la justicia. De aquí que el Apóstol diga a los Romanos: “Pues para mostrar Dios su ira y dar a conocer su poder soportó con mucha longanimidad a los vasos de ira, maduros para la perdición, para hacer ostentación de la riqueza de su gloria sobre los vasos de su misericordia, que El preparó para la gloria”. Mas como quiera que Dios, entre los hombres que persisten en los mismos pecados, a unos los convierta previniéndolos y a otros los soporte o permita que procedan naturalmente, no se ha de investigar la razón por qué convierte a éstos y no a los otros, pues esto depende de su simple voluntad, del mismo modo que dependió de su voluntad el que, al hacer todas las cosas de la nada, unas fueran más excelentes que otras; tal como de la simple voluntad del artífice nace el formar de una misma materia dispuesta de idéntico modo, unos vasos para usos nobles y otros para usos bajos. Con este motivo dice el Apóstol a los Romanos: ― ¿O es que no puede el alfarero hacer del mismo barro un vaso de honor y un vaso indecoroso?

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Aún entonces afirmando que al que no se le da la gracia, eso es debido a su rechazo de la gracia, ahí mismo Santo Tomás afirma también que Dios puede subsanar ese rechazo de la gracia, precisamente mediante la gracia, y que no estando obligado a hacerlo con todos, efectivamente no lo hace con todos, sino sólo con aquellos a los que ha elegido desde la Eternidad para manifestar en ellos su Misericordia, así como en los que no convierte ha querido desde la Eternidad manifestar su Justicia.

Santo Tomás no habla aquí, entonces, de una reprobación posterior a la previsión de las culpas en el sentido en que lo entienden los no tomistas. Es cierto que el réprobo ha rechazado la gracia y que por ese rechazo es reprobado, pero solamente después de que Dios ha determinado no hacerlo volver de su rechazo. La razón de esta determinación divina no puede estar en el rechazo mismo, porque entonces sería la misma para todos los que rechazan la gracia de Dios.

Eso ya relativiza el principio que dice que la negación divina de la gracia eficaz presupone el rechazo de la gracia por parte de la creatura, porque a la luz de lo que dice aquí Santo Tomás, ese rechazo deja de ser algo determinante al respecto. Por tanto, abre el camino para que se diga que el mismo rechazo de la gracia presupone la negación divina de la gracia que habría evitado ese rechazo en vez de solamente hacer volver del rechazo a la creatura racional.

Al menos el primer pecado, entonces, presupone la negación divina de la gracia eficaz, y eso es totalmente coherente con lo que dice Santo Tomás en estos capítulos del Contra Gentes.

Hablando de los réprobos, la razón de esa determinación divina está sólo en el puro y libre querer divino, es decir, en la Voluntad divina de manifestar en unos casos su Misericordia y en otros su Justicia, y es por ella, finalmente, que el réprobo es reprobado negativamente.

Esta reprobación es antecedente respecto de lo que importa: la previsión divina de la impenitencia final, cuya previsión es lo único que justifica la “reprobación positiva consecuente” o condena eterna.

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En este texto del “Contra Gentes”, así como en los lugares paralelos de la Suma Teológica, entonces, está en lo esencial la doctrina tomista posterior de la “reprobación negativa antecedente”.

Al menos no se puede acusar aquí a Santo Tomás y los tomistas de establecer una reprobación “ciega”, que ni mira al réprobo antes de reprobarlo. De hecho, en este pasaje del Contra Gentes subyace la visión agustiniana de una humanidad caída bajo el pecado original de la cual Dios misericordiosamente extrae a los que Él quiere, lo cual tampoco puede entenderse en el sentido de que Dios hace eso sin enterarse de lo que pasa en el mundo. Curiosamente, además, en el texto que comentamos se acusa a esta visión agustiniana de estar en la base de “la otra doctrina” de Santo Tomás, la que se basaría en el Comentario a la Carta a los Romanos.

No hay, entonces, dos doctrinas contradictorias en Santo Tomás, la doctrina de la “Summa Contra Gentileses la misma que la de la Suma Teológica, casi hasta en las mismas palabras.

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Se afirma que Báñez y Cayetano habrían reconocido la imposibilidad de conciliar la reprobación antecedente con la voluntad divina salvífica universal expresada en 1 Tim 2,4.

Esta afirmación resulta insostenible. En efecto, si tal imposibilidad hubiese sido admitida, sólo cabrían tres alternativas:

(a) que Báñez y Cayetano hubiesen negado la reprobación antecedente, lo cual es históricamente inverosímil, siendo ambos tomistas y siendo precisamente el llamado “bañecianismo” el principal blanco de quienes rechazan dicha tesis;

(b) que hubiesen negado la voluntad divina salvífica universal, lo cual habría implicado una contradicción abierta con una doctrina ya condenada por la Iglesia antes de su tiempo, y habría acarreado necesariamente una condena romana —más aún cuando esa misma acusación fue formulada explícitamente por los molinistas contra los tomistas en las Congregaciones De auxiliis—;

© o bien que hubiesen aceptado una contradicción real entre principios teológicos fundamentales, lo cual no cabe atribuir a pensadores de tal rigor metafísico.

Ninguna de estas alternativas es aceptable. De hecho, lejos de condenar el tomismo, Roma lo siguió elogiando y recomendando tras las Congregaciones De auxiliis. Esto confirma que ni Báñez ni Cayetano negaron la voluntad salvífica universal, sino que la afirmaron en el sentido tradicional —como voluntad antecedente—, distinguiéndola legítimamente de la eficacia salvífica universal.

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Se dice también en el texto atribuido al P. Most:

R. Garrigou-Lagrange (De Deo uno, Turín, París, 1938, p. 525): “De ahí que la comparación de estos diferentes sistemas sobre la predestinación se reduce a esto: ¿cuál es la fuerza del principio de predilección? Nadie sería mejor que otro si no fuera más amado por Dios… En el orden de la gracia, este principio de predilección es revelado en estas palabras de San Pablo en 1 Corintios 4:7: ‘¿Quién es el que te distingue? ¿Qué tienes que no lo hayas recibido?’” (Omite el hecho de que la resistencia a la gracia proviene de nosotros, no de Dios, y así llega a la conclusión de que no hay nada que distinga a una persona de otra, por lo que Dios decide ciegamente que estos van al cielo y aquellos al infierno).”

Pero Garrigou no omite nada. Most sostiene que lo que distingue al réprobo es la resistencia a la gracia, que procede de él. Pero omite decir que Dios podría haber impedido esa resistencia, precisamente con su gracia. Si la resistencia se produce en una persona y no se produce en otra, es que en la segunda Dios ha querido dar su gracia eficaz, en la primera no. Y así las ha distinguido a ambas, pero de diversa manera: causando en una, no causando en otra, queriendo lo que ha causado en una, permitiendo en otra lo que no ha causado.

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Finalmente dice el texto en cuestión:

Lo que no vieron es esto: amar es querer el bien para otro por el bien del otro. Así que querer la salvación para todos es amar [a todos]. Entonces, en esta perspectiva “tomista”, Dios no amaría a Juan Pérez. Y como Él decidiría reprobar a muchos sin considerar para nada sus deméritos, en realidad Él no amaría a nadie en absoluto.”

Tratando de reconstruir lógicamente el argumento, podemos obtener algo así:

“Amar es querer el bien para el otro. La Salvación es el máximo bien. Por tanto, amar a alguien es querer para Él la Salvación. Pero reprobar a alguien antecedentemente es no querer para él la Salvación. Por tanto, es no amarlo.”

Esta objeción incurre nuevamente en el mismo callejón sin salida de todas las posturas antitomistas en este tema: 

“Si Dios ama a todos, y eso implica querer la Salvación para todos, entonces Dios quiere la Salvación para todos. Pero Dios es Omnipotente (premisa que olvidan sistemáticamente los antitomistas, a pesar que comienzan por ahí a rezar el Credo todos los Domingos). Por tanto, todos se salvan.”

Toda distinción que se quiera hacer en este segundo argumento para evitar la conclusión de que todos se salvan, se puede usar en el primer argumento para evitar la conclusión de que Dios no ama a los réprobos.

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En efecto, la única forma de evitar la conclusión de que todos se salvan es decir que Dios no quiere del mismo modo la salvación de todos. La Voluntad divina es Omnipotente, pero eso no quiere decir que todo acto de la Voluntad divina sea del mismo tipo. Si Dios quiere algo en forma condicional, por ejemplo, y la condición no se da, eso que Dios quiere no sucede, y nada de eso va contra la Omnipotencia divina, porque Dios quería que ello sucediese solamente en el caso de que se diese esa condición, que no se dio.

En cambio, si Dios quiere que suceda algo en forma categórica y sin más, eso sucede, porque Dios es Omnipotente.

Y justamente, la Voluntad divina antecedente es condicional, sólo la Voluntad divina consecuente es categórica.

Porque la Voluntad divina antecedente mira a la cosa en sí misma, independientemente de las circunstancias concretas, ahora bien, la acción tiene lugar en lo concreto, por lo que la que realmente produce algún efecto en la realidad, es la Voluntad divina consecuente, que mira a la cosa considerando las circunstancias concretas.

Por eso la Voluntad divina antecedente es condicional: quiere tal cosa, si no hay nada en las circunstancias concretas que haga preferible no quererla y querer otra cosa. Mientras que la Voluntad divina consecuente es categórica y absoluta, porque ya tiene en cuenta todas las circunstancias relevantes.

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Aplicando esto a la Voluntad salvífica divina, tenemos que la Voluntad divina antecedente mira a las creaturas racionales en tanto que creaturas de Dios, buenas por participación, y entonces, quiere la salvación de todas ellas, si no hay ninguna circunstancia que haga preferible querer la salvación de solamente algunas de ellas.

La Voluntad divina consecuente, por su parte, tiene en cuenta una circunstancia decisiva: que Dios ha querido libremente manifestar en unos su Misericordia y en otros su Justicia, y que el orden de la Providencia exige que lo que es falible, alguna vez falle.

Entonces, con Voluntad consecuente, que es la que produce efectos en la realidad, Dios quiere la salvación de los elegidos y no quiere la salvación de los réprobos.

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Respondemos por tanto al segundo argumento: Dios quiere la Salvación de todos, con Voluntad antecedente: Concedo. Con Voluntad consecuente: Niego.  Como Dios es Omnipotente, si Dios quiere la salvación para todos, se salvan todos: si la quiere con Voluntad consecuente: Concedo. Si la quiere con Voluntad sólo antecedente: Niego. Niego por tanto la Conclusión: no hay porqué afirmar que todos se salvan.

Y con la misma distinción respondemos al primer argumento: Amar a alguno es querer para él la Salvación: al menos con Voluntad antecedente: Concedo. Necesariamente con Voluntad consecuente: Niego. Reprobar a alguien antecedentemente es no querer para él la salvación: Con Voluntad consecuente: Concedo. Con Voluntad antecedente: Niego. Niego por tanto la Conclusión: no hay porqué afirmar que Dios no ama a algunos.

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Recordemos, en efecto, que “antecedente” y “consecuente” son términos relativos, como “derecha” e “izquierda”, y que entonces, así como lo que está a la derecha de algo puede estar a la izquierda de otra cosa, así también lo que es antecedente respecto de algo puede ser consecuente respecto de otra cosa.

La Voluntad divina salvífica universal, entonces, es antecedente respecto de la consideración divina de la conveniencia de manifestar en unos la Misericordia y en otros la Justicia; respecto de la cual es consecuente la Voluntad divina de elegir a unos y reprobar a otros, la cual a su vez es antecedente respecto de la consideración de los méritos y las culpas, especialmente la impenitencia final.

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Luego viene un pasaje difícil de comprender:

“¿Se negaría, entonces, a conceder la gracia simplemente por una inadvertencia inculpable? Si lo hiciera, Su amor sería minúsculo o inexistente. ¿Acaso una mera inadvertencia, que no es un pecado en absoluto, podría privar a una persona de aquello sin lo cual no podría salvarse? (Dado que la gracia eficaz, según los “tomistas”, es la aplicación de la gracia suficiente, es evidente que sin la gracia eficaz la persona infaliblemente no hará el bien; debe pecar; cf. Garrigou-Lagrange, más arriba). Por supuesto, Dios no negaría la gracia por esa inadvertencia inculpable. En Romanos 8:31-34, Pablo exclama con júbilo: Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? El que nos dio a Su Hijo único, ¿qué no nos dará además? —¿Acaso Él vería a un alma ir al infierno por una inadvertencia inculpable, que no es ningún pecado, cuando una gracia por la que Su Hijo pagó un precio tan terrible ya ha sido ganada y pagada? Semejante fantasía vana es contraria a la bondad de nuestro Padre. Por lo tanto, la teoría de Garrigou y otros como él es terriblemente falsa, sin fundamento alguno.”

Se parte del principio que dice que Dios no negaría la gracia eficaz por una inadvertencia inculpable, y se concluye que por ello el tomismo es “terriblemente falso”.

Evidentemente, aquí faltan algunas premisas, y no se ve que estén tampoco en el pasaje citado.

En todo caso, una inadvertencia inculpable no tiene nada que ver con la negación de la gracia eficaz, precisamente porque es “Inculpable”. Para poder discutir el tema de la condenación eterna necesitamos cosas que sean culpables.

Es claro que ningún tomista, ni Garrigou Lagrange ni ningún otro, va a decir que Dios va a condenar a alguien al Infierno por una inadvertencia inculpable. 

Además, otra cosa no se entiende: ¿el tomismo es malo por decir que Dios niega la gracia eficaz sin culpa previa, o es malo por decir que Dios niega la gracia eficaz por alguna inadvertencia anterior?

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En realidad, ahí Most se refiere a este pasaje del P. Lumbreras, O.P:

P. Lumbreras, OP (De gratia, Roma, 1946, pp. 95-96, citando a Juan de Santo Tomás I-II, q. 111, disp. 14, a. 1, n. 12): “Para ser privado de la gracia eficaz, no siempre se requiere que primero abandonemos a Dios por el pecado… De nuestra parte, siempre hay algún impedimento a la gracia eficaz, no por culpa, sino por desconsideración o algún otro defecto… Debido a esta consideración defectuosa (en el intelecto humano), debido a este defecto voluntario —que aún no es pecado, ya que la consideración es para el juicio, y el juicio para la obra, es decir, el asentimiento—, Dios puede negarle a un hombre la gracia eficaz.””

El pasaje es ambiguo, y parece que se apoya en Juan de Santo Tomás. La única interpretación tomista posible del mismo, entiendo, es que corresponde a la Providencia divina permitir que lo que es falible, alguna vez falle.

El “debido”, entonces, no quiere decir que Dios prevé el fallo de la creatura y en vista de eso niega la gracia eficaz, sino que la negación de la gracia eficaz tiene que ver con el propósito de la Providencia divina de permitir que a veces tenga lugar esa consideración defectuosa del intelecto humano, que justamente, no tendría lugar si Dios diese la gracia eficaz para el intelecto considere lo que tiene que considerar.

Lo que Most critica, entonces, curiosamente, es una lectura molinista del texto, no una lectura tomista del mismo.

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La decadencia actual, en la frase “Dios es Amor”, piensa que la palabra principal en esa frase es “amor”.  Es claro que no es así, la palabra clave ahí es “Dios”.

El amor puede ser algo cotidiano. Pero Dios no. Que sea Dios el que es Amor, ahí está lo tremendo.

Dicen que la familiaridad engendra el desprecio. Es posible que hoy día los cristianos hayamos desarrollado una mala, falsa familiaridad con Dios.

Lo damos así por supuesto, por sentado, y pasamos enseguida a lo “realmente interesante”.  

Pero si “Dios” es la palabra clave de esa frase, es porque Dios es Dios, o sea, porque no es una creatura.

Es claro que Dios trasciende siempre todo lo que podamos pensar de Él, pero a algunas cosas las trasciende más que a otras, digamos.

A nada trasciende tanto Dios como a las imágenes antropomórficas que se forman en nuestras cabezas cuando no pensamos a Dios en términos de ser, o sea, en términos metafísicos.

Por eso hay que estudiar Filosofía para estudiar Teología, porque hay que limpiar, en lo posible, el parabrisas.

Cuando no pensamos a Dios como Ser, lo convertimos simplemente en el receptáculo de nuestros deseos y de nuestros proyectos, una percha de donde colgar nuestras esperanzas y nuestros miedos.

Aquí pasa un poco lo que pasa con esa anécdota de Santo Tomás, que al final de su vida todo lo que escribió le parecía paja. Mucha gente repite esa historia pensando que ha encontrado un argumento fuerte contra el tomismo.

A mí siempre me pareció clara la moraleja de ese episodio. Si lo que Santo Tomás escribió es paja, lo que escribieron todos los otros es antimateria.

Ya es bastante que el tomismo sea el montoncito de paja más grande que la humanidad ha podido juntar hasta el día de hoy.

Igualmente, cada tanto se nos recuerda que Dios está infinitamente por encima de nuestros conceptos metafísicos. ¿Pero y qué pasa entonces con las imágenes antropomórficas, por ejemplo, con ese Dios que “observa” desde el Cielo a ver qué pasa en el mundo?

¿Qué pasa con la teología del “Oooops”, que es cuando Dios “se da cuenta”, se entera, de que, a pesar de sus esfuerzos, algunas de sus creaturas racionales se van a condenar?

Los comendadores del misterio ¿se dan cuenta de que no queda lugar para misterio alguno en esos antropomorfismos? ¿Qué cosa más fácil de entender que los fracasos de una persona bien intencionada pero de limitado poder?

En definitiva, como dice San Pablo al final del impresionante e imprescindible capítulo 11 de la Carta a los Romanos:

De Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él la gloria por los siglos. Amén.

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Sínodo de Quierzy (853) y Sínodo de Valence (855)

Afirman:

Una sola predestinación (a la vida).

La condenación es por previsión de la culpa, no por decreto previo.

Ejemplo (Quierzy):

“Deus omnes homines vult salvos fieri”

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Concilio de Quiersy, 853.

"Cap. 1. Dios omnipotente creó recto al hombre, sin pecado, con libre albedrío y lo puso en el paraíso, y quiso que permaneciera en la santidad de la justicia. El hombre, usando mal de su libre albedrío, pecó y cayó, y se convirtió en “masa de perdición” de todo el género humano. Pero Dios, bueno y justo, eligió, según su presciencia, de la misma masa de perdición a los que por su gracia predestinó a la vida [Rom. 8, 29 ss; Eph. 1, 11] y predestinó para ellos la vida eterna; a los demás, empero, que por juicio de justicia dejó en la masa de perdición, supo por su presciencia que habían de perecer, pero no los predestinó a que perecieran; pero, por ser justo, les predestinó una pena eterna. Y por eso decimos que sólo hay una predestinación de Dios, que pertenece o al don de la gracia o a la retribución de la justicia."

El Cap. 1 enseña explícitamente que, estando todo el género humano convertido en massa perditionis por el pecado original, Dios elige gratuitamente a algunos y los predestina a la vida eterna.

A los demás, por justo juicio, los deja en esa masa de perdición; y sólo después (lógicamente, no temporalmente) los conoce por su presciencia como futuros perecederos, y en razón de ello les ordena la pena eterna.

Ese “dejarlos por juicio de justicia” constituye lo que la teología posterior llamará reprobación negativa antecedente, anterior a la previsión de la impenitencia final; mientras que la “predestinación de la pena eterna” corresponde a la reprobación positiva consecuente, fundada en la culpa prevista.

Ambos concilios afirman:

Elección gratuita de los predestinados.

No-predestinación al pecado.

Castigo eterno justo, fundado en culpa.

Negación explícita de una “doble predestinación” calvinista simétrica.

La divergencia posterior con el Concilio de Valence no fue doctrinal sino terminológica: Quierzy habla de una sola predestinación que se extiende tanto al don de la gracia como a la retribución de la justicia; Valence prefiere distinguir dos. Ambos concilios afirman la misma doctrina, como lo muestra su reconciliación en Toul.

Santo Tomás no abandona esta enseñanza, sino que la sistematiza, reservando el término “predestinación” a los elegidos y usando “reprobación” para los demás.

No existe una lectura molinista histórica de Quierzy anterior a Molina; la lectura molinista es una reinterpretación tardía que invierte el orden lógico explícito del texto, subordinando el “reliquit” (abandonó -en la masa de perdición) al “praescivit” (previó - la impenitencia final), cuando el Concilio afirma exactamente lo contrario.

Antes de Molina, la teología latina aceptó de modo general —al menos en cuanto a la cosa— que Dios no elige a todos antecedentemente y que esta no-elección no se funda en la previsión de la impenitencia final. Lo que faltaba no era la doctrina, sino la terminología técnica posterior.

Saludos cordiales.
02/02/26 4:14 AM
  
Juan Argento
Puede ser relevante comentar que la piedra que completó la edificación de mi fundamento para sostener la posición de Most fue tu cita de Mt 11,20-24 como argumento a favor de la posición tomista:

Entonces se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido,
cubiertas de sayal y ceniza. Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».

Primero que todo verifiqué en Strong [1] el significado de oneidizein, traducido como "recriminar" en el pasaje anterior, el cual es el Presente Infinitivo Activo del verbo oneidizó. Tiene dos rangos de significados.

Un rango es "reproach, upbraid" = "reprochar, reprender", cuyos ejemplos son Mt 11,20 recién citado y "echó en cara" en Mc 16,14: "Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado."

El otro rango es "revile, insult" = "injuriar, insultar", cuyos ejemplos son el "insulten" en Mt 5,11: "Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa." y el "insultaban" en Mt 27,44: "De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban."

Pasemos ahora a discernir cuál marco conceptual sobre la relación entre la gracia actual y la libertad humana es más compatible con Mt 11,20-24.

En el marco tomista Corozaín y Betsaida no se convirtieron al presenciar los milagros de Jesús porque Dios no les dió gracia eficaz, mientras que Tiro y Sidón se habrían convertido al convertido al presenciar tales milagros porque Dios les habría dado gracia eficaz. Por lo tanto en ese marco Jesús reprocha/reprende a Corozaín y Betsaida porque Dios no les dio gracia eficaz, y las compara para avergonzarlas con Tiro y Sidón a las que Dios sí les habría dado gracia eficaz.

Para mí lo recién dicho finaliza la argumentación y cierra el caso. A quien en este punto todavía perciba que esta interpretación del reproche es lógica, racional, sensata y plausible, no tengo nada más que decirle.

En contraste, en el marco de Most el reproche es totalmente lógico y sensato porque que ante la recepción de una gracia actual determinada una persona se convierta o no lo haga depende del estado espiritual de esa persona en ese momento, el cual es en gran parte resultado de las decisiones anteriores de esa persona a lo largo de su vida. Por lo tanto, si los habitantes de Corozaín y Betsaida no se convierten al recibir una gracia actual (presenciar los milagros de Jesús) frente a la cual los habitantes de Tiro y Sidón sí se habrian convertido, es porque los primeros han venido a ser, debido a las decisiones que han ido tomando a lo largo de su vida, "duros de corazón" en lenguaje evangélico.

[1] https://biblehub.com/greek/3679.htm

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"En el marco tomista Corozaín y Betsaida no se convirtieron al presenciar los milagros de Jesús porque Dios no les dió gracia eficaz, mientras que Tiro y Sidón se habrían convertido al convertido al presenciar tales milagros porque Dios les habría dado gracia eficaz. Por lo tanto en ese marco Jesús reprocha/reprende a Corozaín y Betsaida porque Dios no les dio gracia eficaz, y las compara para avergonzarlas con Tiro y Sidón a las que Dios sí les habría dado gracia eficaz."

Es que eso no es tomista.

El "porque" de "porque Dios no les dio la gracia eficaz" suena a que Dios es causa de que no se hayan convertido, y no es así en el tomismo, obviamente.

Dios, con su negación de la gracia eficaz, es solamente condición necesaria del pecado, no causa del mismo. La causa del pecado es la voluntad de la creatura.

Reprochamos a los que vieron los milagros que no se hayan convertido, porque podían convertirse, no porque se hayan convertido.

En efecto, no hace falta que la potencia pase al acto para que el sujeto pueda poner el acto, y alcanza con que pueda ponerlo para que sea responsable si no lo pone. ¡Aunque no lo ponga! :)

Sin duda, los que no vieron los milagros habrían creído si los hubiesen visto, porque habrían tenido una gracia eficaz que no tuvieron los que viendo los milagros no creyeron.

Pero eso no cambia nada, la premoción física es el presupuesto del ejercicio responsable de la libertad creada.

El hecho es que viendo, libremente creerían, mientras que estos otros, viendo, libremente no creyeron. En ambos casos, precisamente porque hay premoción física, juega el libre albedrío de los que ven y los que no ven, y por eso aquellos serían mejores que éstos.

En el planteo de Most, en cambio, se elimina el libre albedrío. El pasado determina el presente.

Porque si no lo determina ¿entonces cómo sabe el Señor lo que habrían hecho los de Tiro y Sidón? En todo caso, por otra vía que no es la "gracia congrua", que ya no sería, además, tan congrua.

Saludos cordiales.
02/02/26 5:51 AM
  
Natanael
El debate está siendo de gran ayuda. Se van clarificando las posturas.

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Quiera Dios que así sea. Muchas gracias y saludos cordiales.
02/02/26 8:36 AM
  
Daniel Iglesias
Querido amigo:
Muchas gracias por esta brillante exposición de la posición tomista sobre la gran cuestión de la predestinación y la reprobación. No obstante, no me ha convencido. Al contrario, me queda cada vez más clara la dificultad que vuelve indigerible esa posición para tantos católicos ortodoxos.
Como bien dices, Dios tiene una voluntad salvífica universal antecedente. El problema es que, según los tomistas, esa voluntad salvífica no se frustra en Juan Pérez (nuestro réprobo hipotético) por ningún mérito o demérito previsto de Juan Pérez, sino por otra voluntad divina antecedente a la consideración de méritos y deméritos: la de predestinar a unos al Cielo para mostrar su misericordia y no a los demás, para mostrar su justicia. Entonces en Dios habría dos voluntades antecedentes respecto de la salvación de Juan Pérez: primero una especie de veleidad (quisiera salvarlo, a no ser que tuviera una idea mejor al respecto) y luego una voluntad misteriosa y arbitraria: Por qué mostrar en Juan Pérez su justicia y no su misericordia? Por qué no mostrar su justicia en otro en lugar de Juan Pérez? Etc.
En definitiva, no hay ninguna razón comprensible. Como bien dijo Benedicto XVI en su Discurso de Ratisbona, actuar contra la razón es contrario a la naturaleza de Dios. Pues bien, es contrario a la razón excluir a Juan Pérez del Cielo porque sí nomás, de forma antecedente. Lo cual es bastante afín al voluntarismo islámico criticado en ese discurso y lleva a un fatalismo similar.
Todos estamos de acuerdo en que el hecho de que Dios no pueda hacer círculos cuadrados no niega su omnipotencia, porque esta abarca todo lo posible, no lo imposible. Pues bien, también es imposible crear seres libres que estén absolutamente predeterminados por otro.

La explicación más inteligible que he visto de la posición tomista sobre el misterio de la gracia y la libertad es la de Edward Feser, pero en cierto modo esa explicación es más inquietante aún que esa posición. Feser compara a Dios con el autor de una novela y a los hombres con los personajes de la novela. En el plano de la novela, los personajes son libres. En el plano de la realidad extraliteraria, los personajes están totalmente determinados por el autor. Pero así se reduce a la libertad humana a una ficción y se concibe a Dios como el Gran Titiritero. Para eso igualmente le habría valido crear robots en vez de personas.

Una aclaración: Lo que dice Most sobre la inadvertencia inculpable es su respuesta a lo que dice el P. Lumbreras, un tomista al que él cita.

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Muchas gracias.

Aquí está el asunto:

"también es imposible crear seres libres que estén absolutamente predeterminados por otro."

Pues lo imposible es lo contradictorio, y nadie ha podido demostrar que sea contradictoria la "premoción física" tomista.

Habría que armar un argumento en el cual, partiendo de la noción tomista de la "premoción física" se llegase a afirmar y negar un mismo predicado de un mismo sujeto en el mismo sentido.

No se puede.

Por el contrario, es absurdo y contradictorio, ahí sí, sostener que hay algo de ser y de bien en la creatura, incluido el ser y el bien de los actos libres de esa creatura, que no tiene a Dios como Causa Primera. Si hay algo cierto y claro en Metafísica, es esto. Es la base de las pruebas filosóficas de la existencia de Dios. Si puede haber un átomo de ser y de bien que no tenga a Dios como Causa Primera, entonces no es necesario afirmar la existencia de Dios, porque no hay razón para no extender eso a todo lo que nos rodea.

En cuanto al porqué de la reprobación de algunos, hay que distinguir el aspecto absoluto (porqué elige a unos y reprueba a otros) del comparativo (porqué elige a éste y reprueba a aquél).

Para lo primero Santo Tomás sí conoce una razón: corresponde a la Providencia permitir que alguna vez falle lo que es falible, y en este caso en particular, eso permite mostrar en unos la Misericordia y en otros la Justicia.

Para lo segundo, Santo Tomás reconoce que la única razón es la simple Voluntad divina. O sea, porque Dios quiere hacerlo así.

En efecto, ni el predestinado ni el reprobado tienen derecho a la gracia ni a la salvación eterna. No hay nada en ninguno de los dos que pueda funcionar como una razón para la elección divina.

La cuestión no es ¿qué culpa tiene Juan Pérez? sino ¿qué derecho tiene Juan Pérez de reclamarle a Dios la elección y la predestinación?

No es posible reprocharle a Dios la reprobación antecedente sin implicar que el réprobo tenía derecho a ser elegido. Si no tenía derecho a ello, se terminó la cuestión: no hay ofensa alguna.

Lo otro es querer que la Misericordia sea obligatoria, lo cual va contra la noción misma de la Misericordia.

Como dice San Pablo:

"Y no solo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre 11 (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), 12 se le dijo: El mayor servirá al menor. 13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.

14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. 18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

19 Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? 20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: Por qué me has hecho así? 21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? 22 ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, 23 y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, 24 a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no solo de los judíos, sino también de los gentiles?""

Esto es Palabra de Dios. Nosotros no podemos leer este texto y decir "Ah, lo que pasa es que San Pablo era malo".

"...es contrario a la razón excluir a Juan Pérez del Cielo porque sí nomás, de forma antecedente."

¿Contrario a la razón de Dios? ¿Cómo lo sabemos? ¿Por el texto citado de San Pablo? Si fuese contradictorio, sería contrario a la razón. ¿Cómo se prueba que es contradictorio?

En cuanto a la comparación de Feser falla precisamente en este punto: nuestra libertad no es ficticia, no es novelada, es real.

Metafísica o muerte. No hay cuentito ni historieta que nos permita "entender" esto, porque no hay nada más que la premoción física que sea la premoción física. El creyente simple, crea, el que quiera pensarlo, Metafísica.

No es por chiste o por falta de ocupación más productiva que la Iglesia le ha dado tanta importancia a la Filosofía, y a la Filosofía del Ser, a lo largo de dos mil años.

Saludos cordiales.
02/02/26 10:34 AM
  
sofía
"Igualmente, cada tanto se nos recuerda que Dios está infinitamente por encima de nuestros conceptos metafísicos. ¿Pero y qué pasa entonces con las imágenes antropomórficas...?"

Pasa que esas "imágenes antropomórficas" son las que ha elegido Dios para revelarse.

Dios ha querido revelarse como un Padre misericordioso, que perdona. No nos lo hemos inventado nosotros. Jesucristo lo ha revelado así.

Dios se ha revelado en Jesucristo q nos ha dicho: "pedid y recibiréis". El no niega el Espíritu a quien se lo pida.

Dios se ha encarnado ¿"antropomórficamente"? en Jesucristo, que ha muerto por TODOS los hombres.
Esto es doctrina obligada en el catolicismo

También es una verdad de fe que Dios da a todos los hombres gracias suficientes para salvarse si no las rechazan.

Porque también es una verdad de fe que la gracia se puede rechazar.

También es verdad de fe que la gracia va siempre por delante, aunque se pueda rechazar. Y quien se salva se salva por la gracia.

Dios ha dicho que ante nosotros pone el bien y el mal, la vida y la muerte y que elijamos. Porque se supone que aquí y ahora cada persona puede elegir realmente el bien o el mal.

No dice: ante vosotros pongo el bien y el mal y he decidido a priori, porque soy la primera causa determinante, que algunos de ustedes hagan el bien, para lo cual les he dado una gracia que no les voy a dar a los otros, y sin ella nunca harán el bien porque yo permito que hagan el mal y si lo permito, obligatoriamente lo harán, no queda otra.

Saludos cordiales

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Si hay algo claro en la Escritura es que los antropomorfismos son metafóricos. La mano de Dios, el dedo de Dios, el ojo de Dios, el carro de Dios, etc.

Donde no hay metáfora, lo que hay es analogía. Dios no es Padre en sentido metafórico, sino analógico, porque comunica al Hijo la misma Naturaleza divina, y porque no lo hace por reproducción sexual, sino por emanación intelectual, por eso el Hijo es Verbo, Palabra, Logos.

O sea que para entender las analogías bíblicas es imprescindible usar el intelecto.

Y con base metafísica, obviamente.

Es claro que Dios perdona. Pero no perdona a todos: algunos se condenan.

Dios no niega la gracia al que se lo pida, y todo el que se lo pide es porque ha recibido de Dios la gracia eficaz para pedirla de hecho. En efecto, pedir la gracia es algo, y es algo bueno, y por tanto, tiene a Dios como Causa Primera.

"Antropomorfismo" y "Encarnación" son cosas diferentes. Lo primero es pensar al modo humano la Naturaleza divina, y es un error, obviamente. Lo segundo es que la Naturaleza divina se unido con la humana en la Persona del Verbo de Dios, no que se ha convertido en una naturaleza humana, eso sería una especie de monofisismo al revés.

Cristo ha muerto por todos los hombres, pero no todos se salvan. Y Dios es Omnipotente, no olvidar esto, como se suele hacer.

Dios da a todos los hombres gracias suficientes para salvarse si no las rechazan. Para que no las rechacen hace falta la gracia eficaz.

La gracia suficiente se puede rechazar, si no se recibe la gracia eficaz para no rechazarla, es claro que en esta ultima hipótesis no habría rechazo alguno, y también es claro que Dios puede dar una gracia eficaz de ese tipo, de modo que si no la da, es porque no quiere darla.

La gracia no va por delante si depende de lo que creatura haga o deje de hacer, en ese caso va por delante lo que la creatura haga o deje de hacer. Por ejemplo, si la gracia tiene que esperar a ver si la creatura la frustra o no la frustra.

Cada persona puede elegir, porque cada persona puede ser movida por Dios a elegir, en el caso del acto malo, la moción divina tiene como término lo que en ese acto hay de bien y de ser, no lo hay de mal, que es solamente permitido, simplemente porque Dios no mueve a la creatura al acto contrario, y es claro que no queda otra que elegir libremente un acto o elegir libremente su contrario.

Todas las objeciones al tomismo se desarman porque todas ellas suponen el antitomismo, y por tanto, razonan en círculo. Para el tomismo, Dios mueve infaliblemente a la creatura racional a realizar actos libres. Cuando se objeta que los actos no son libres porque Dios mueve infaliblemente a realizarlos, se está presuponiendo el antitomismo. Para el tomismo, en este caso, la libertad va metida dentro de la infalibilidad, de modo que la infalibilidad es garantía de la libertad.

Saludos cordiales.
02/02/26 11:50 AM
  
Federico Ma.
Amén.

Excelente, Néstor. Muchas gracias. Dios te lo pague.

(Sobre eso de santo Tomás y el juzgar sus obras como "paja", he encontrado que el historiador H. I. Marrou, en su "Teología de la historia" sostenía que no dijo eso, según las Actas, sino que eran "poca cosa" sin más, lo cual todavía confirma más lo que dices. Lo que está claro que no dijo es que quería quemarlas, como creo que alguna vez he escuchado que alguno decía).

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Muchas gracias.

Bueno, a mí me llegó la versión de una escena tipo "rugby" en la que Santo Tomás se encamina a la chimenea con el manuscrito de la "Suma" en la mano y es abatido por unos cuantos hermanos dominicos (tenían que ser unos cuantos, porque parece que era una montaña de hombre), que logran así salvar la máxima obra de la Teología católica.

Trabajo para los historiadores, sin duda.

Saludos cordiales.
02/02/26 1:35 PM
  
Juan L
Agradezco a Néstor, Daniel y Fray Nelson por todo el esfuerzo que vienen haciendo por iluminar este tema difícil. Voy a proponer un intento de solución que veo distinta a las que se han expuesto, si ven errores agradezco las correcciones.
Quizás el acto de Dios que llamamos "reprobación negativa antecedente" sea una decisión de Dios que afecta a todos los hombres por igual, y no de manera diversa a unos y a otros. Y sería simplemente este decreto: "Al que haya pecado, mientras viva no voy a darle un acto de visión pleno de mi Esencia". Porque por más altísima y poderosísima que sea una gracia que Dios regale a un hombre, el hombre siempre podrá rechazar de nuevo a Dios (este sería el misterio de iniquidad), a menos que la gracia que reciba sea la contemplación del mismo Dios, a lo cual el hombre no puede responder sino adhiriéndose a Él, y no por obligación de coacción, sino porque la naturaleza humana no puede sino querer el fin último ante su presencia.
Dios podría salvar a todos, sí, pues si Él le regala a un hombre vivo la contemplación plena de la divina Esencia, ese hombre se adherirá a Él para siempre. Y creo que Dios perfectamente puede regalarle a un hombre vivo tal contemplación. Pero si Dios no quiere hacer tal cosa, me parece que cualquier otra gracia que Dios pueda conceder a un hombre no impide que este luego vuelva a rechazar a Dios. Porque si el hombre solo se sacia con lo Infinito, cualquier regalo finito, por enorme que sea, podrá ser desperdiciado. Y las gracias son bienes creados, finitos.

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Son cosas distintas la necesidad que viene del fin y la necesidad que viene de la causa eficiente. La necesidad que procede de la visión beatífica es necesidad que viene del Fin, y sin duda que en esta vida no tiene lugar.

Pero la necesidad de la premoción física (necesidad condicional, en sentido compuesto, de la consecuencia y no del consecuente) es necesidad que viene de la Causa Eficiente, es decir, de Dios en tanto que mueve físicamente la voluntad creada, no en tanto que la atrae psicológicamente.

Precisamente por eso la premoción física no se opone al libre albedrío, porque no se trata de atraer infaliblemente a la voluntad creada. En el plano del objeto y de su atracción sigue habiendo bienes particulares que no inclinan necesariamente a la voluntad, la cual es inclinada por Dios, pero en el otro plano, el de la eficiencia física sobre la voluntad.

Ahora bien, lo formal de la libertad de elección es justamente la indiferencia de la voluntad ante el bien particular, está en ese plano psicológico de la relación de la voluntad con su objeto, y por eso mismo, con los fines, y los medios que llevan a ellos, que no es cambiado ni afectado por la premoción física.

Decir que toda gracia divina podrá siempre ser rechazada por la creatura racional, y esto es fundamental: en sentido compuesto y no solamente en sentido dividido, es negar la Omnipotencia divina, o bien negar que Dios, creador y sostenedor en el ser de la naturaleza humana y de la voluntad libre, pueda mover infaliblemente a la creatura racional a realizar actos libres.

Lo cual, para no ser una negación de la Omnipotencia divina, debería basarse en la demostración de que esa moción infalible divina de los actos libres de la creatura racional es contradictoria.

La cual demostración no puede hacerse.

Saludos cordiales.
02/02/26 5:56 PM
  
Federico Ma.
En rigor, el molinismo presenta la predestinación como "post praevisa merita futuribilia": después de su previsión (por la imposible ciencia media), pero no a causa de ellos.

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Lo que pasa es que en la teoría molinista, si la elección divina no es "a causa" de los méritos ("propter praevisa merita"), entonces sale sobrando la "ciencia media". Porque entonces sería "independientemente de los méritos", y eso es lo central de la predestinación "ante praevisa merita".

Tiene que ser "a causa de los méritos" en el molinismo, porque de lo contrario sería verdad que los elegidos tienen méritos porque Dios los elige, y eso implicará que Dios mueve la voluntad humana, que es lo que el molinismo quiere rechazar.

Esto es grave, porque el "propter" (a causa de) elimina la gratuidad de la predestinación, que es de fe.

Por eso, en el plano dogmático, el molinismo es ortodoxo solamente porque afirma la gratuidad de la predestinación, pero en el plano teológico da una explicación puramente verbal y conceptualmente incoherente de esa gratuidad.

Ellos dicen que Dios no está obligado a elegir a los que prevé que responderán bien. Pero seguimos en el verbalismo. Porque la cuestión es si cambiaría algo en la elección divina en caso de que la previsión fuese otra.

Si se dice que no, eso es lo mismo que la elección "ante praevisa merita", porque es independiente de los méritos de las creaturas. Si se dice que sí, entonces la predestinación no es gratuita.

Saludos cordiales.
02/02/26 7:34 PM
  
Jorge Alberto
"En cuanto al porqué de la reprobación de algunos, hay que distinguir el aspecto absoluto (porqué elige a unos y reprueba a otros) del comparativo (porqué elige a éste y reprueba a aquél).

Para lo primero Santo Tomás sí conoce una razón: corresponde a la Providencia permitir que alguna vez falle lo que es falible, y en este caso en particular, eso permite mostrar en unos la Misericordia y en otros la Justicia.

Para lo segundo, Santo Tomás reconoce que la única razón es la simple Voluntad divina. O sea, porque Dios quiere hacerlo así."

Pero me parece que eso choca frontalmente con la afirmación bíblica de que Dios quiere que todos los hombres se salven. En efecto, no leemos textualmente que Dios quiere algunos hombres se salven o quiere que algunos fallen por ser falibles.

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Esa afirmación debe entenderse en armonía con el hecho de que Dios es Omnipotente y sin embargo algunos se condenan. ¿Cómo es que lo que el Omnipotente quiere no se realiza, salvo que no sea en forma categórica que lo quiere?

Y si lo quiere en forma condicional ¿qué condición puede haber que no dependa a su vez de la Voluntad del Omnipotente? De modo que si esa condición no se cumple, es porque en definitiva ha querido categóricamente la salvación de algunos y no la de todos.

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Sin embargo, concedamos que su explicación es cierta. Concedamos que Dios (según su propia interpretación tomista) decide voluntariamente elegir a algunos para la salvación, no a todos, a fin de mostrar tanto su misercordia como su justicia. Ahora bien, el Señor Jesús exhortaba: "Pedid y se os dará". Pregunto: ¿esta exhortación es universal o va exclusivamente dirigida a los elegidos? ¿Qué valor tiene para un no elegido, aunque se la repita en voz alta?

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Cualquier lectura de ese pasaje debe tener en cuenta el hecho de que no todas las oraciones son respondidas por el Señor y que por tanto esas palabras suyas deben ser interpretadas de algún modo.

En el caso de los elegidos, las oraciones serán eficaces, sobre todo la que pide la perseverancia final, o sea, morir en gracia de Dios, porque tras elegirlos, Dios los predestinó. La predestinación es la disposición de las gracias que llevarán a los elegidos a la Vida Eterna. Dios ha establecido en su Plan eterno que algunas de esas gracias serán dadas en respuesta a las oraciones de los predestinados.

A los no elegidos Dios puede concederles muchas gracias, no la de la perseverancia final.

Lo que el Señor dice en los Evangelios, entonces, si se entiende respecto de alguna gracia anterior a la perseverancia final, puede valer tanto para elegidos como para réprobos. Si se entiende de la gracia de la perseverancia final, vale sólo para los elegidos. A menos que se entienda que los réprobos directamente no van a pedir la perseverancia final, es decir, Dios no va a moverlos a ello, o que si la piden, no la van a pedir como es debido.

La exhortación es universal en el orden del precepto, la eficacia es particular en el orden del decreto.

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Su mandato de hacer discípulos a todas las gentes y bautizarlas, según el Evangelio, no excluye a nadie (cf. Mt 28, 19): ¿tiene sentido esforzarse en eso cuando Dios (según su interpretación tomista) no ha elegido a algunos previamente para la vida eterna? ¿Vale la pena estar bautizando a muchos sobre los cuales Dios ha querido/determinado no salvar?

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El “quid” ahí es que en esta vida no podemos saber con certeza la predestinación de nadie, ni siquiera de nosotros mismos, sin revelación divina especial (Concilio de Trento). En cuanto a los santos canonizados, ya no están en esta vida. Por eso el mandato del Señor: evangelicen a todos. Tenemos que hacer como el sembrador de la parábola: tirar semilla sobre toda clase de terreno (en este punto nosotros no sabemos qué clase de terreno es).

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En cuanto al texto del Apóstol sobre los vasos de barro, al que usted recurre para justificar su posición, me parece que está forzada su interpretación. Él habla de vasos de barro, luego distingue entre vasos de ira y vasos de misericordia. ¿Cabe admitir que Dios ha querido crear vasos de ira para destruirlos? Precisamente, ha querido crear vasos de barro, algunos de los cuales se vuelven vasos de ira, que destruye tras soportarlos con mucha paciencia. Es decir, pienso que no cabe admitir la noción de la reprobación negativa antecedente.

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Pero San Pablo dice en el v. 21:

“¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” La “deshonra” ahí está prevista ya desde el inicio mismo de la fabricación de esos vasos.

Ni siquiera una lectura molinista de ese texto cumple con lo que Ud. dice, porque en el molinismo, Dios prevé que unos van a rechazar la gracia, y por eso los reprueba, y luego los crea, con lo cual el único resultado posible de esa creación es la condenación eterna de esas personas.

¿Porqué no crea Dios un mundo en el cual, con su “ciencia media”, prevé que todos se salvarán? El molinismo no puede responder sino “porque no quiere”, con lo cual en realidad está aceptando lo esencial de la reprobación negativa antecedente.

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No obstante, escribe el Aquinate (Suma contra gentiles, III, cap. 154): "Mas como quiera que Dios, entre los hombres que persisten en los mismos pecados, a unos los convierta previniéndolos y a otros los soporte o permita que procedan naturalmente, no se ha de investigar la razón por qué convierte a éstos y no a los otros, pues esto depende de su simple voluntad, del mismo modo que dependió de su voluntad el que, al hacer todas las cosas de la nada, unas fueran más excelentes que otras; tal como de la simple voluntad del artífice nace el formar de una misma materia dispuesta de idéntico modo, unos vasos para usos nobles y otros para usos bajos.

Con este motivo dice el Apóstol a los Romanos: ―¿O es que no puede el alfarero hacer del mismo barro un vaso de honor y un vaso indecoroso?”". Pregunto: ¿por qué no se ha de investigar? ¿Acaso no estaba equivocado aquí el Aquinate, cuando sabemos que "Deus caritas est"? Sospecho que su explicación se quedó corta.

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Ese “no se ha de investigar” no es una prohibición. Lo que quiere decir Santo Tomás es que no hay otra respuesta a esa pregunta que “Porque Dios quiso”. No hay forma de demostrar que “Deus caritas est” contradice a esto.

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Releamos: "¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?". No se puede interpretar que Dios ha querido crear previamente un vaso para deshonra (es decir, un vaso de ira para luego destruirlo), sino que ha querido crear un vaso de barro que, tras soportar con mucha paciencia, llega a ser de ira. Es diferente. Así, una vez más, pienso que no cabe admitir la noción de la reprobación negativa antecedente.

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San Pablo no hace ahí las distinciones teológicas necesarias, justamente, entre reprobación negativa antecedente a la previsión de las culpas y reprobación positiva consecuente a la previsión de las culpas, o sea, condenación eterna.

Lo que dice se aplica a la reprobación negativa antecedente, o sea, no que los creó para el infierno, sino que decidió no elegirlos para la vida eterna.

Así entendido, el único argumento en contra que Ud. nos da es su afirmación de que ése no puede ser el sentido del texto.

Saludos cordiales.
02/02/26 8:13 PM
  
Juan L
Gracias Néstor por tu respuesta.
A la "moción infalible divina de los actos libres" la veo contradictoria, no porque alguna demostración concluya esto, sino porque atenta directamente contra la esencia del libre albedrío. Creo que tenemos diferentes nociones de libre albedrío. En una respuesta a otro comentario has escrito que "no queda otra que elegir libremente un acto o elegir libremente su contrario". Esto no es cierto, porque por el libre albedrío se puede querer una cosa, la contraria, o simplemente no querer. La voluntad libre ante un objeto puede ejercer su acto (querer el objeto), o no ejercer su acto (no querer el objeto), y esto último no implica querer el contrario. Por eso Santo Tomás distingue: "la libertad de la voluntad se considera de tres modos, a saber, en cuanto al acto –en cuanto que puede querer o no querer–, en cuanto al objeto –en cuanto que puede querer esto o aquello, incluso sus opuestos–, y en cuanto al orden del fin –en cuanto que puede querer el bien o el mal–" (De Veritate, q22 a6).
De modo que el acto libre no puede ser movido infaliblemente, en este caso ya no sería libre, lo esencial del libre albedrío es la capacidad de ejercer por sí mismo su acto o abstenerse de él. Esto no niega que Dios sea la causa eficiente primera de los actos libres, pues cuando un hombre ejerce un acto libre Dios está actuando, dotando a ese hombre del ser que sostiene en la existencia esa naturaleza humana, con su voluntad libre incluida.
Dicho esto, si hay reprobación negativa antecedente, creo que debería ser algo como lo que dije antes, un decreto de Dios que afecta por igual a todos los hombres. El tesoro de gracias que ganó Cristo es inmenso pero finito, no hay infinito actual. Si Dios volcara sobre un hombre todo ese tesoro, y luego ese hombre rechazara a Dios, sería la reprobación negativa antecedente de Dios la que le negaría a ese hombre más gracias, aunque sin duda Dios podría darle más gracias y más grandes. Si se presentara ante ese hombre la Virgen María, depósito de todas las gracias como la llama Monfort, y le mostrara su Corazón Inmaculado, ardiente de caridad hacia ese tal hombre y lleno de todos los tesoros que ganó Cristo, y luego ese hombre la rechazara, ¿qué haría Dios? La reprobación negativa antecedente bien podría ser un decreto de Dios que diga: "al que rechace a mi madre, no le daré más nada". Y luego vendría la reprobación consecuente: "por tus culpas te condeno".

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"A la "moción infalible divina de los actos libres" la veo contradictoria, no porque alguna demostración concluya esto, sino porque atenta directamente contra la esencia del libre albedrío."

Eso es lo mismo que decir "esa moción infalible es contradictoria porque yo lo digo".

Si esa moción es contradictoria, es porque una moción infalible es incompatible con el libre albedrío, pero la razón de que sea incompatible con el libre albedrío no puede ser que atente contra la esencia del libre albedrío, porque eso es justamente ser incompatible con el libre albedrío.

O sea que se estaría diciendo que es incompatible con el libre albedrío porque es incompatible con el libre albedrío.

Eso es justamente lo que hay que demostrar, si se lo afirma: que esa moción infalible es incompatible con el libre albedrío.

Concedo plenamente la distinción tomista entre libertad de ejercicio y de especificación. Lo que sostengo es que en el orden moral concreto el “no querer” nunca permanece indeterminado, sino que implica siempre una opción efectiva por otra cosa, la cual es moralmente calificable. Por eso, aunque metafísicamente pueda distinguirse non velle de velle contrarium, moralmente no hay un tercer estado neutro.

Desde el punto de vista moral, y dado que en concreto toda opción es moralmente buena o mala, en la libertad de ejercicio no queda otra opción que elegir A o no elegirlo, y siempre una de ellas va a ser buena y la otra mala. Y la libertad de ejercicio va incluida en la libertad de especificación, porque si en vez de elegir A elijo B, entonces no elijo A.

Elegir libremente es inevitable, en ese sentido tenía razón Sartre, estamos "condenados a ser libres", y eso quiere decir que es inevitable que Dios mueva a la creatura racional a querer libremente A o a libremente no querer A y querer otra cosa.

La infalible causalidad divina no quita que la creatura ejerza por sí misma su acto. Lo contradictorio de la autodeterminación no es la heterodeterminación, sino la no autodeterminación.

Eso es lo que se quiere decir con la Causa Primera y las causas segundas. Para ser causa, no hace falta ser Causa Primera.

Con ese argumento Dios no podría mover tampoco a los seres irracionales sin privarlos de causalidad propia.

Pero no hay ningún argumento que concluya lógicamente de la heterodeterminación a la no autodeterminación. Por lo general, los argumentos que se quieren dar para ello son circulares, incurren en petición de principio.

Pero además, si Dios es Causa eficiente primera de los actos libres, entonces no veo de qué estamos discutiendo. Es claro que dada la acción de la causa, el efecto se sigue en forma infalible. Me refiero a la causa formalmente considerada, o sea, causando.

La gracia eficaz no es una cosa, es una moción, o sea, es que Dios mueve eficazmente a la voluntad. Por tanto, si la voluntad no se mueve, es que Dios no dio la gracia eficaz.

Si la voluntad rechaza la gracia, es que Dios no dio la gracia de no rechazarla, es decir, no movió la voluntad de la creatura de modo que no rechazase la gracia.

Si Dios vuelca ese tesoro sobre el hombre, y el hombre rechaza a Dios, es que si no hubiese rechazado a Dios, no habría sido por ese tesoro, que en ambos casos es el mismo. O sea, no haría falta la gracia para seguir el llamado divino.

En la realidad de las cosas no tiene sentido decir que Dios mueve la voluntad creada y que ésta no se mueve.

Por eso, si Dios dijese “al que rechace a mi Madre no le daré más nada”, quedaría todavía por ver si en el caso de Juan Pérez Dios dice “Muevo la voluntad de Juan Pérez para que no rechace a mi Madre” o “No muevo la voluntad de Juan Pérez para que no rechace a mi Madre”. Esto último sería la reprobación negativa antecedente, no algo posterior al rechazo por parte de Juan Pérez.

Saludos cordiales.
02/02/26 8:52 PM
  
Génesis
Dios no niega la gracia al que se lo pida, y todo el que se lo pide es porque ha recibido de Dios la gracia eficaz para pedirla de hecho. En efecto, pedir la gracia es algo, y es algo bueno, y por tanto, tiene a Dios como Causa Primera.

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La afirmación tomista según la cual “todo el que pide la gracia lo hace porque ha recibido de Dios la gracia eficaz para pedirla” introduce una identificación problemática entre causalidad divina y determinación del acto humano. Aunque pretende salvaguardar la primacía de Dios como Causa Primera, termina debilitando la libertad real del sujeto humano.

A) Dios da la gracia para que el hombre pueda pedir

Es perfectamente coherente afirmar que Dios, como Bien supremo y fuente de todo bien, otorga una gracia previa que ilumina la inteligencia y mueve la voluntad, haciendo posible el acto de pedir. En este sentido, la gracia es condición de posibilidad del bien: sin la iniciativa divina, el hombre no podría siquiera reconocer su necesidad ni orientarse hacia Dios.

Hasta aquí no hay conflicto: Dios es causa primera del bien en cuanto bien, y toda tendencia hacia Él presupone una gracia antecedente.

B) El hombre puede rechazarla y no rezar y no pedir

El problema aparece cuando se afirma que todo acto efectivo de pedir implica necesariamente una gracia eficaz e irresistible, de modo que quien pide no podría haber hecho otra cosa. Esto elimina la posibilidad real del rechazo y convierte la gracia en un principio determinante, no solo habilitante.

Si la gracia que mueve a pedir fuera intrínsecamente eficaz e infalible, entonces:

El acto de pedir no sería verdaderamente libre, sino necesario.

El rechazo de la gracia sería imposible en el momento decisivo.

La responsabilidad moral del sujeto quedaría seriamente comprometida.

En cambio, una concepción más coherente con la experiencia moral y con la noción fuerte de libertad sostiene que Dios da una gracia suficiente para pedir, pero que esta gracia puede ser resistida. El hombre puede cerrar la voluntad, distraerse, endurecerse o simplemente no responder. El hecho de que pedir sea algo bueno no implica que sea un acto inevitable, sino un acto posible y ofrecido.

Así, el bien del acto de pedir sigue teniendo a Dios como causa primera en cuanto posibilidad y orientación, pero no como causa determinante del consentimiento libre. El consentimiento pertenece propiamente al sujeto humano.

Conclusión

La tesis tomista confunde dos niveles distintos:

Que todo bien tenga a Dios como causa primera.

Que todo bien realizado esté causalmente determinado por una gracia eficaz irresistible.

Aceptar el primero no obliga a aceptar el segundo. Dios puede dar la gracia para que el hombre pida, sin garantizar que el hombre pida de hecho. Precisamente ahí se juega la libertad: en que la gracia no suprime la posibilidad real de decir no.

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De nuevo, Dios mueve la voluntad creada, o no la mueve. Si la mueve, la mueve en forma infalible, porque no es posible que la mueva y no la mueva al mismo tiempo. No es posible que Dios mueva la voluntad creada y la voluntad creada no se mueva.

¿En qué sentido no es posible? En sentido compuesto, no en sentido dividido.

No tengo claro si lo que más olvidan los que objetan contra el tomismo es la Omnipotencia divina o la distinción entre el sentido compuesto y el sentido dividido.

Para que se vea que no es un juego de palabras: ¿Es posible que el mundo creado por Dios no exista? No, en sentido compuesto: no puede ser que Dios cree el mundo y el mundo no exista. Sí, en sentido dividido: el mundo, como conjunto de entes contingentes, que pueden ser y pueden también no ser, es contingente él mismo. De hecho, Dios pudo no haberlo creado.

Del mismo modo, la voluntad es libre, sólo puede moverse libremente, o sea, pudiendo elegir otra cosa distinta de la que elige. Por tanto, si Dios la mueve a elegir A, no puede no elegir A en sentido compuesto, sí en sentido dividido.

Es decir, no puede a la vez elegir A y no elegirlo, pero sí puede elegir A conservando la capacidad de no elegirlo en tanto que voluntad libre.

Si Dios mueve a la voluntad creada a orar, la voluntad creada ora. No hay rechazo posible (sentido compuesto), salvo en el caso en que Dios no mueve a orar a la creatura racional.

¿Eso quiere decir que la gracia eficaz es "irresistible"? Solamente en sentido compuesto, no en sentido dividido. "Irresistible en sentido compuesto" es lo que dicen los jansenistas, no los tomistas.

Dios puede dar sólo la gracia suficiente para que el hombre pueda orar. Y es posible (también en sentido compuesto) que en ese caso el hombre no ore, porque poder orar no es lo mismo que orar.

En ese caso, el hombre no ha recibido de Dios la gracia eficaz para orar y no solamente poder orar. Y del hecho de que es posible que con la gracia suficiente el hombre no ore no se sigue que sea posible que con la sola gracia suficiente el hombre ore.

Sí que pueda orar, distinción fundamental, la distinción entre la potencia y el acto, base de cualquier comprensión sensata de la realidad.

Que todo bien tenga a Dios como Causa Primera sí implica que todo bien realizado en lo creado esté causalmente determinado por una moción divina eficaz que es irresistible en sentido compuesto, no en sentido dividido.

Porque la causa, formalmente considerada, o sea, causando, produce sí o sí su efecto, no es causa si no lo produce.

Por tanto, si Dios es Causa Primera de todo bien creado, todo bien creado procede infaliblemente de esa causalidad divina, pues sin ese bien creado Dios no sería, obviamente, Causa Primera de ese bien.

Saludos cordiales.
02/02/26 10:08 PM
  
Génesis
OK Néstor.

Podría aplicar estas palabras suyas; "todo bien realizado en lo creado esté causalmente determinado por una moción divina eficaz que es irresistible en sentido compuesto, no en sentido dividido. "

A estos pasajes ?

Y en un lenguaje más sencillo para los que no entendemos bien esa forma de hablar?

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Preámbulo:

Todo esto se parece remota e imperfectamente, por supuesto, al cuento del pececito que emprendió la búsqueda del Océano. Recorrió los fondos marinos sin encontrarlo por ninguna parte.

Es decir, el Oceáno, o sea, la moción divina, tiene que estar siempre, porque es el presupuesto básico, pero eso no quita que luego se pueda describir el movimiento de las creaturas como si aparentemente no estuviera.

La idea libertaria moderna es la de pececitos que nadan en el aire.

La moción divina es al acto libre lo que el océano es al movimiento del pez: no compite con él ni lo sustituye, sino que lo hace posible en todo momento; por eso el bien se hace libremente cuando Dios da la gracia eficaz, y el mal se hace libremente cuando, pudiendo no hacerlo por gracia suficiente, la voluntad se aparta, sin haber recibido de Dios la gracia eficaz.

Para entender este tema no alcanza con decir “libertad”, hay que decir “libertad creada”. El libertarismo moderno es la divinización del hombre.

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1.Mateo 23,37 // Lucas 13,34

«¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos… y no quisiste!»

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Dios ha dado la gracia suficiente a los judíos para que vengan a Él, y ellos la han rechazado. Eso quiere decir que no les ha dado la gracia eficaz para que fuesen a Él.

Dios no puede, porque es contradictorio, hacer que las creaturas lo obedezcan sin que Él las mueva eficazmente a obedecerlo. Lo que pasa es que son creaturas racionales, y por tanto, actúan por libre elección. Entonces debe moverlas para que libremente lo obedezcan. Cuando no lo obedecen, entonces, es que no las ha movido así. Pero Dios no manda lo imposible, por eso a todas les da la gracia para que puedan obedecer, que es la gracia suficiente. Y por eso, como pudiendo obedecer no obedecen, son responsables y se merecen el reproche del Señor.

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2.Juan 5,40

«No queréis venir a mí para tener vida.»

La acusación no es incapacidad ontológica ni falta de don, sino negativa moral ante una oferta real.

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Misma respuesta que lo anterior.

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3.Mateo 12,41–42

«Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán…la reina del Sur se levantará…»

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“Esta generación” tuvo la gracia suficiente, y por eso es culpable por no haber creído, aunque de hecho Dios no les dio la gracia eficaz para creer. Para ser culpable alcanza con no hacer lo que se debe hacer pudiendo hacerlo, y eso es libremente no hacerlo. En cambio los Nínive creyeron a Jonás. O sea, recibieron la gracia eficaz y creyeron libremente. Por tanto, los que libremente creyeron podrán juzgar a los que libremente no creyeron.

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4.Hechos 7,51 (Esteban)

«¡Duros de cerviz… resistís siempre al Espíritu Santo!»

Misma respuesta del primer texto.

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5. 2 Corintios 6,1

«Os exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios.»

Misma respuesta del primer texto. La reciben en vano los que la rechazan, la rechazan los que no reciben la gracia de no rechazarla.

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6. Gálatas 5,7

«Corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?»

Pablo no dice “Dios retiró la gracia”, sino que apela a una desviación responsable.

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Por supuesto que también intervienen las causas segundas, por ejemplo, el tentador. Pero si Dios da la gracia eficaz, libremente se hace el bien, mal que le pese al tentador, si se hace el mal, se hace libremente, porque se hace pudiendo, por gracia suficiente, no hacerlo, pero en esa hipótesis Dios no ha dado la gracia eficaz.

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7. Isaías 5,1–4 (la viña)

«¿Qué más se podía hacer por mi viña que yo no haya hecho?
¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?»

Este texto es devastador para cualquier lectura determinista:

Dios ha hecho todo lo necesario,

el reproche se basa precisamente en eso.

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“esperando que diera viñas”. O sea, gracia suficiente: Dios le dio a la creatura toda la gracia necesaria para que pudiese dar fruto. Por eso ella es culpable por no haberlo dado. Y no lo dio, porque Dios no le dio la gracia eficaz para darlo efectivamente.

Recordemos que para libremente no hacer algo, es necesario que se pueda no hacerlo. No es necesario, ni posible, que se lo haga de hecho. Por eso, la gracia que se necesita para obrar libremente, sin más, es la suficiente. La gracia eficaz es necesaria para obrar libremente el bien, pero no para poder obrar libremente el bien, para eso sirve la gracia suficiente.

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8. Jeremías 7,24

«No escucharon ni inclinaron su oído, sino que caminaron según sus propios consejos.»

Otra vez: historia de decisiones libres que endurecen el corazón.

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Misma respuesta que lo anterior.

Saludos cordiales.
03/02/26 2:49 AM
  
sofía
No entiendo por qué dice que al leer Rom 9 diremos que San Pablo es malo.
Puede haber interpretaciones malas de ese texto, porque en realidad no está hablando de la elección para la salvación de Jacob y para la condenación de Esaú, sino de la elección para ser portador de la promesa, que no depende de la carne, ni de las leyes, ni de las obras, ni de que el mayor sea al que le corresponde la primogenitura (el menor servirá al mayor), sino que Dios puede elegir a quien quiera, para la misión que quiera, aunque parezca el menos apropiado desde el punto de vista humano.
Habla de la elección para una misión, de la elección para formar parte del pueblo elegido, de la elección para formar parte del nuevo Israel, llamados de entre judíos y gentiles. De la elección para formar parte de la Iglesia. Ese es el contexto.

Saludos cordiales

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San Pablo habla primariamente de la economía histórica de la salvación (Israel–Gentiles), pero lo hace apoyándose en principios teológicos universales, que valen también para el orden último.

"Elegir para una misión", así nomás, deja fuera la cuestión importante ¿se los elige para que reciban algún bien, o no?

Es claro que es lo primero. Se habla de "promesa", de que Dios "amó" a Jacob y "odió" a Esaú, de "honra" y de "deshonra", de "usos nobles" y "usos viles", de "riquezas de gloria" y de "destrucción", de "misericordia" y de "ira".

Y respecto de eso mismo se subraya la absoluta gratuidad de la elección divina: "no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama"; "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.", " de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece."

Bastante más que "una misión", y si Dios puede hacer estas cosas sin injusticia ("¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.") ¿porqué no puede hacerlo también sin injusticia respecto del fin último, que es la salvación y la Vida Eterna?

Saludos cordiales.
03/02/26 4:32 AM
  
Juan Argento
"Dios, con su negación de la gracia eficaz, es solamente condición necesaria del pecado, no causa del mismo. La causa del pecado es la voluntad de la creatura."

En el tomismo la negación de la gracia eficaz no es solamente condición necesaria sino condición necesaria Y SUFICIENTE, en el estado de la naturaleza humana luego del pecado original, para que el hombre rechace la gracia actual (que en este caso sería gracia suficiente), que es el pecado en cuestión en Mt 11,20-24. Sin gracia eficaz el hombre NO PUEDE realizar el acto saludable de creer y convertirse.

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De nuevo la distinción sin la cual no se puede dar un paso en este tema, de modo tal, que no se lo puede seguir discutiendo sin tenerla en cuenta como si no se la hubiese expresado, y en todo caso, habría que mostrar que no resuelve la cuestión.

La negación de la gracia eficaz es condición suficiente del pecado en sentido compuesto, no en sentido dividido. Eso quiere decir que sin la gracia eficaz la creatura peca, pero pudiendo no pecar. Conserva la potencialidad de elegir lo contrario, no lo elige de hecho.

Aquí aparece la tercera cosa más olvidada en este tema, junto con la distinción entre sentido compuesto y sentido dividido y la Omnipotencia divina: la distinción entre potencia y acto. La potencia de obrar es una real capacidad de hacer, no es el hacer en acto.

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Por otro lado, en el tomismo la concesión de la gracia eficaz es CAUSA PRIMERA NECESARIA Y SUFICIENTE para que el hombre coopere con esa gracia eficaz. Otorgada la gracia eficaz, la voluntad del hombre cooperará indefectiblemente como causa segunda. ¿O no es eso lo que sostiene el tomismo?

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En efecto, el hombre cooperará necesariamente en sentido compuesto, no en sentido dividido, porque conservará la capacidad de no cooperar, que de hecho no se actualizará, simétricamente con el caso anterior. O sea, necesidad condicional, no absoluta, de la consecuencia, no del consecuente.

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"Sin duda, los que no vieron los milagros habrían creído si los hubiesen visto, porque habrían tenido una gracia eficaz que no tuvieron los que viendo los milagros no creyeron."

Gracias por repetir mi argumento, pero como dije antes ya había adoptado la posición de Most, no necesitas seguir convenciendome!

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Es que eso es parte de mi argumento, al cual habría que entender.

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"¿entonces cómo sabe el Señor lo que habrían hecho los de Tiro y Sidón?"
Este es un punto colateral a la cuestión, pero aprovecho para enunciar mi posición sobre él.

Dios no está en el tiempo sino en la eternidad, y en la eternidad ve toda la historia del universo de un solo "vistazo". Y ve así no solamente la historia fáctica sino también todas las historias potenciales. Para Él el caso es el mismo, la única diferencia es que una historia es fáctica y las otras son potenciales.

Por lo tanto Dios sabe lo que habrían hecho los de Tiro y Sidón porque ve la historia potencial en que el Verbo Encarnado, o tal vez un profeta, hace en esas ciudades los milagros que Jesús hizo en Galilea.

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Así dicho, Dios recibe su conocimiento de lo creado, lo cual es imposible. El Acto Puro no está en potencia para nada que proceda de la creatura.

Pensemos que si toda la historia está eternamente presente ante Dios, eso es precisamente porque Dios no la ve en sí misma o a partir de sí misma, sino en su eterno decreto causativo o permisivo según el caso. De lo contrario sería inevitable que Dios fuese conociendo sucesivamente la historia a medida que ésta fuese sucediendo.

Las historias posibles alternativas, entonces, son el objeto de libres decretos divinos tocantes a lo que Dios haría (causaría o permitiría) en esas circunstancias.

Saludos cordiales.
03/02/26 4:33 AM
  
Génesis
Aunque reconozco la riqueza de la teología tomista, sostengo que la posición que afirma que Dios da gracia suficiente a todos y que la eficacia depende solo de la voluntad divina de no darla o darla de modo que la creatura no pueda rechazarla genera un problema de interpretación de la libertad humana y del orden salvífico.

Gracia suficiente y cooperación humana:
La doctrina católica distingue entre gracia suficiente y gracia eficaz precisamente para preservar la libertad humana. La gracia suficiente está disponible para todos y puede ser rechazada libremente. La gracia eficaz no es una coerción, sino un impulso divino que asegura el cumplimiento del bien que Dios ha dispuesto. En este sentido, afirmar que la gracia eficaz "determina" el acto, como parece sugerir la exposición tomista, corre el riesgo de reducir la libertad a una formalidad, ya que el resultado sería infaliblemente condicionado por Dios, y no por la cooperación genuina de la creatura.

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¿Qué diferencia hay entre "determinar" y "asegurar"? Toda causa determina su efecto, lo cual no quiere decir que el efecto proceda de ella según leyes, como en el determinismo natural. Una cosa es que el efecto esté determinado por la causa, y otra que sea un efecto determinado "ad unum", a una sola vía posible, por la naturaleza del agente, como el agua sólo puede mojar. De hecho nuestra voluntad determina nuestros actos y no por ello dejan de ser libres.

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Elección divina y respuesta humana:
Es coherente pensar que Dios da gracia suficiente a todos y que la gracia eficaz se concede a aquellos que no han rechazado libremente las gracias suficientes, como planteo. Esto mantiene tanto la predestinación (Dios dispone la eficacia) como la responsabilidad humana (la creatura puede aceptar o rechazar). En contraste, el tomismo clásico que presentas parece sugerir que la infalibilidad divina incluye automáticamente la respuesta humana, lo cual podría interpretarse como una especie de determinismo que no necesariamente refleja la cooperación libre que la Iglesia enseña.

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Pero entonces no se está "asegurando" nada. Después que la persona no ha rechazado la gracia no hay nada que asegurar. Precisamente, lo que hay que asegurar es que no la rechace.

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Sobre la libertad y la infalibilidad:
La tesis tomista de que la infalibilidad de la moción divina garantiza la libertad puede ser discutible: la libertad auténtica implica que el sujeto pueda, en sentido real, responder o no a la gracia, incluso si Dios conoce de antemano el resultado.

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No hay opción: en este punto o acudimos a la distinción entre sentido compuesto y sentido dividido o no entendemos nada. Es decir, no se puede continuar la discusión como si tal distinción no se hubiese formulado. En todo caso habrá que tenerla en cuenta y decir porqué ella no resuelve el problema.

Bajo la moción divina infalible, la creatura puede no responder a la gracia en sentido dividido, no en sentido compuesto, igual que bajo la acción creadora de Dios el mundo puede no existir en sentido dividido, no en sentido compuesto, e igual que cuando se elige A, se puede no elegir A en sentido dividido, no en sentido compuesto.

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Mi postura evita el razonamiento circular: la gracia suficiente existe para permitir la cooperación, y la gracia eficaz no se impone, sino que se actualiza solo en quienes no rechazan libremente la gracia previa. Así se protege la dignidad de la libertad humana y la justicia divina.

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La gracia se rechaza no haciendo el bien al cual la gracia se ordena. La gracia de la fe se rechaza no creyendo. Por tanto, cuando no se rechaza la gracia, ya no hace falta la gracia eficaz. La gracia suficiente hace posible que no se rechace la gracia, pero el no rechazo efectivo depende de la gracia eficaz.

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Síntesis:
En resumen, pienso que:

La gracia suficiente existe para todos; puede ser rechazada.

La gracia eficaz se otorga solo a quienes cooperan con la gracia suficiente y no la rechazan plenamente.

Esto asegura que la salvación sea obra de Dios pero respetando la libertad humana, sin caer en un determinismo que reduce los actos humanos a meras formalidades.

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Es cierto que la gracia eficaz se da sólo a quienes cooperan con la gracia suficiente, porque es ella la que hace que cooperen.

Eso respeta plenamente la libertad humana, porque sólo Dios puede causar actos libres en sus creaturas racionales.

Saludos cordiales.
03/02/26 6:36 AM
  
JSP
Por consejo de San Francisco de Sales en el Concilio de Auxiliis (1597-1607): Dios protege a Su Iglesia al no aprobar ninguna escuela.

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No "Concilio" sino "Congregaciones".

Sigue siendo cuestión de escuela, porque la Iglesia no se pronunció. Si lo hubiese hecho, ya sería cuestión de fe, y no de escuela.

Todo el mundo en ese momento esperaba o temía, según el caso, la condenación del molinismo, y por eso los molinistas, a diferencia de los tomistas, festejaron el resultado.

En mi opinión, la consecuencia fue una ambigüedad teológica que se sigue arrastrando hoy día y hace que en la práctica el semipelagianismo campee entre los católicos.

Saludos cordiales.

03/02/26 9:29 AM
  
JSP
1. La Iglesia Católica enseña dogmáticamente, por lo que sólo es debate filosófico-teológico.
2. Pues dogmático es lo que sigue: Dios quiere la salvación de todos (1 Tim 2,4; Trento, ses. 6; Catecismo 1037), ofreciendo gracia suficiente a cada uno (Orange II, can. 3-4).
3. La salvación es don gratuito de Gracia (Ef 2:8-9; Trento, ses. 6, cap. 8: no por méritos solos).
4. La predestinación es misericordia eterna (Ef 1,5; Catecismo 600), asegurando perseverancia a los elegidos sin forzar libertad.
5. La condenación es por rechazo libre de gracia (Trento, ses. 6, cap. 6; Catecismo 1036: "por nuestra culpa").
6. Dios no causa el mal ni predestina al pecado (Trento, can. 17; Orange II, can. 25).
7. Todo está en la providencia eterna de Dios (Rom 8:28; Catecismo 302-314), respetando libertad humana.
03/02/26 10:04 AM
  
Federico Ma.
Me refiero a cómo lo presenta el molinismo (que, obviamente, rechazo), hasta donde recuerdo de la Concordia de Molina. Simplificando:

1) Dios prevé con su supuesta ciencia media los actos futuribles de Juan y de Pedro: allí ve tanto méritos como deméritos futuribles.
2) Dios elige o determina que se den las circunstancias (o el orden de cosas) en las que ha previsto que Juan merecería (de darse tales circunstancias) y en las que ha previsto que Pedro de-merecería (de darse tales circunstancias).
3) Dado realmente ese orden de cosas, Juan de hecho merece y Pedro de hecho de-merece. Juan se salva y Pedro no.

Entonces, la predestinación, en cuanto plan de Dios, es posterior a su ciencia media y, por tanto, a la consideración de los méritos futuribles, pero no se debe a tales méritos que Dios haya determinada dar la gloria a Juan, sino que gratuitamente ha elegido ese orden de cosas en el que ha previsto que Juan se salvaría (de darse). Por esa artimaña el molinismo pretende salvaguardar la gratuidad de la predestinación. Porque, dice, Dios elige gratuitamente el orden en que Juan se salvaría, de entre los infinitos futuribles, habiendo podido elegir uno en el que no se salvaría.

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Cfr. respuesta al comentario anterior. Eso en definitiva viene a dar a la predestinación "ante praevisa merita", en lo esencial, es decir, en la independencia respecto de los méritos de las creaturas, y si quiere evitar, va a dar a al "propter praevisa merita", a causa de los méritos previstos, que es contrario a la gratuidad de la predestinación.

Saludos cordiales.
03/02/26 4:01 PM
  
Federico Ma.
"Tiene que ser "a causa de los méritos" en el molinismo, porque de lo contrario sería verdad que los elegidos tienen méritos porque Dios los elige, y eso implicará que Dios mueve la voluntad humana, que es lo que el molinismo quiere rechazar".

Lo que pasa es que el molinismo parte del absurdo metafísico de que Dios no mueve la voluntad humana. Supuesto eso, Dios vería cómo actuaría en los distintos órdenes posibles, supuestas determinadas circunstancias: tal es lo que Dios conocería por la supuesta ciencia media. Los elegidos tendrían entonces méritos de hecho porque Dios elegiría un orden de cosas posible, no porque elija causar sus actos libres. Así los molinistas quieren salvar la gratuidad divina (porque, si Dios no hubiera elegido ese orden, no se hubieran dado esos méritos: podría, en efecto, haber elegido un orden en el que Juan se condenara), rechazando la gracia intrínsecamente eficaz. Claro que es todo un absurdo.

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El asunto ahí es que o bien Dios elije a Juan, y luego “ve la forma” de que Juan tenga los méritos necesarios, aunque sea creándolo en el mundo posible en el que Juan responde bien, o bien Dios elije a Juan por sus méritos. Lo primero cumple con lo esencial de la elección divina “ante praevisa merita”, es decir, independiente de los méritos. Lo segundo va contra la gratuidad de la predestinación.

Saludos cordiales.
03/02/26 4:10 PM
  
Federico Ma.
Sobre el pasaje de Is. 4, dice el P. Garrigou-Lagrange:

"«Quid est quod debui ultra facere vineae meae, et non feci?» (Vg. et NVg.). En este pasaje se dice «debí» («debui») y no se dice «pude» («potui»): Dios, en efecto, puede además dar la gracia eficaz".

"No se dice “¿Qué más pude hacer por mi viña y no lo hice?”, sino “¿Qué más debí hacer por mi viña y no lo hice?”. Lo cual significa que Dios dio a los judíos muchas gracias suficientes, con las que podían convertirse, mas no les dio las gracias eficaces, que podía darles, pero no estaba a ello obligado, porque no lo exigía el orden de su providencia. Si Dios estuviera siempre obligado a dar a todos la gracia eficaz, nunca acaecería el pecado, el cual puede Dios permitir por un mayor bien".

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Encima eso. Gracias y saludos cordiales.
03/02/26 4:18 PM
  
Marta de Jesús
JSP, muy interesante recordar esos puntos. Para los sencillos es vital, pues nos resulta arduo todo este debate de cómo Dios lleva a cabo el binomio gracia-libertad. De cómo Reina. Los filósofos y teólogos deben seguir a lo suyo, claro. Pero después batirlo y dárnoslo en puré a los fieles.

El Santo Abandono. Ahí debemos vivir. Confiar en la Misericordia de Dios. Aceptar su Justicia. Pues en ambas está presente Su Bondad. No querer entender todo. Ahí nos perderíamos. Querer cumplir Su Plan. No el nuestro. Prefiero ser causa segunda de Dios como Causa Primera, independientemente de cómo sea que funcione eso, que creerme muy libre negándome a ello. Libertad de los hijos (adoptivos) de Dios. Lo otro son cadenas demoníacas.

Me pregunto, ¿la gracia eficaz pudiera ser la humildad? Unos viendo a los "elegidos" con fusil y a los demás con tenedor. Obviamente no puede ser así. Ésa es la herejía calvinista. Yo los veo a ambos con fusil, totalmente dotados para la guerra. Pero unos diciendo, ¡uy, no me apetece ir a la batalla!, que pelee otro, yo me voy de fiesta. Pelear por Dios, obviamente, no literalmente. No querer batallar implica sentirse por encima del Creador. Los elegidos, sabiendo que la verdadera fiesta es en el Cielo, no eluden la llamada, pues saben que no están por encima de Dios, aún a riesgo del martirio.

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"Totalmente dotados" es gracia suficiente. Ir a la guerra depende de la gracia eficaz, como si dijésemos "otro fusil más".

Y eso no es la herejía calvinista.

Ahí está la humildad, justamente (que además, no es la gracia, sino un efecto de la gracia). De lo contrario los que van a la guerra les podrían decir a los otros: "Aprendan, teníamos el mismo equipo que ustedes e hicimos lo que ustedes no hicieron". Podrían agregar también: "¡Qué grandes que somos!"

Saludos cordiales.
03/02/26 4:32 PM
  
Juan L
Néstor, gracias de nuevo por tu respuesta.
La heterodeterminación es contradictoria con la autodeterminación. Si otro determina una cosa, esta ya no puede darse a sí misma tal determinación, porque ya la tiene. La salida sería decir que Dios determina que la criatura se autodetermine de tal forma, pero esto es absurdo porque no se determinan actos, se determinan cosas mediante actos.
Esto de nuevo no niega que Dios sea causa primera del acto libre, pero hay que respetar cada causa en su orden. Dios es causa primera como causa eficiente, que da el ser al ente y por tanto a todos los actos que el ente realice. Pero el ente es causa motriz, él produce el movimiento que da lugar al efecto. Es decir, el movimiento de un ente existe en primer lugar porque Dios da el ser, en segundo lugar porque el ente produce dicho movimiento como tal. Es importante recordar que en el ente hay dos actos, el esse y la forma, precisamente estos dos actos permiten distinguir los órdenes de las dos causas, Dios como causa primera que da el ser, los entes como causas segundas que producen desde su acto formal los distintos movimientos o actos segundos. En el caso de los seres no libres, ellos ya están determinados por su forma a obrar de cierto modo, pero los seres libres no tienen tal determinación.

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Se determinan actos, y no solamente cosas. Nosotros determinamos nuestros propios actos cuando elegimos hacer esto o no hacerlo, o hacer otra cosa. De hecho, es común hablar de la libertad de elección como “autodeterminación”, y es claro que ahí no se trata de que la creatura determine su propia existencia o su propia naturaleza, sino sus actos. Porque en definitiva la creatura libre es la que decide que su acto va a ser este o aquel otro, y en ese sentido, lo determina.

Por tanto, que Dios determina que la creatura se autodetermine, es decir, que la creatura autodetermine sus actos, es una forma en principio válida de expresar la premoción física tomista, y que no tiene nada de contradictorio, porque Dios determina ese acto como Causa Primera, la creatura, como causa segunda.

No tiene sentido decir que Dios es Causa Primera del acto libre y que Dios no determina el acto libre, no en el sentido de que le quite libertad, sino en el sentido de que dada la acción de la causa, necesariamente se sigue el efecto, porque si no, la causa no es causa, en todo caso será algo que intentó ser causa y no pudo. “Causar” es "influir el ser en otro".

Tampoco tiene sentido restringir la causalidad divina al acto de ser, en el sentido de las que formas sustanciales o accidentales no dependan, por eso mismo, de la causalidad divina. El acto de ser, dice Santo Tomás, es “la actualidad de todos los actos y la perfección de todas las perfecciones”. El acto de ser, agrega el Santo Doctor, es formal respecto de todo lo demás que hay en la creatura, y eso quiere decir que actualiza todo lo que hay en la creatura, materia, forma sustancial, formas accidentales, en su línea propia, que es la del ser, o sea, dándoles nada menos que la existencia actual.

Dios creó a Adán dándole el acto de ser a una esencia posible que tenía su materia posible, su forma sustancial posible, y sus formas accidentales posibles. Y por el don del acto de ser todo es comenzó a existir actualmente.

La nueva actualidad que procede del movimiento es una forma accidental. No es un nuevo acto de ser, porque en cada sustancia hay un solo acto de ser, y al accidente le compete justamente existir “en otro”, y por tanto, por el acto de ser de la sustancia. La forma accidental en acto es más que la forma accidental en potencia en la facultad operativa, y por eso el movimiento requiere una causa ya previamente en acto, distinta de la facultad operativa, y en definitiva, depende del Primer Motor Inmóvil, que es Dios (Primera Vía, a que precisamente Suárez, que sigue a Molina, niega valor demostrativo).

La forma accidental de la que hablamos es la operación, precisamente. Dios actualiza la forma accidental que está en potencia en la facultad operativa, no comunicándole un esse distinto, sino determinando el esse sustancial ya participado por la creatura a tal modo operativo.

La actualidad, como participación del “esse” sustancial, entonces, es lo que aporta la Causa Primera. La facultad operativa creada especifica esa actualidad según qué facultad sea: intelectiva, volitiva, etc. No son dos causaciones distintas, sino una sola causación jerárquicamente organizada.

En los entes irracionales, la Causa Primera, al comunicar la actualidad del obrar como participación del esse sustancial, determina necesariamente la única vía operativa posible, especificada por las potencias naturales del ente. En las creaturas racionales, donde las vías operativas son múltiples, la voluntad creada determina formalmente cuál será efectiva; y Dios, como Causa Primera, es causa de esa misma determinación, actualizándola como participación en el "esse" de la creatura. En ambos casos no hay dos causaciones, sino una sola causalidad jerárquicamente ordenada. Esa determinación voluntaria es libre por lo dicho, porque una entre otras posibles.

La voluntad creada es causa total del acto en el orden de la especificación y de la voluntariedad; Dios es causa total del mismo acto en el orden de la actualidad del ser.

Saludos cordiales.
03/02/26 4:46 PM
  
sofía
Porque una cosa es que prefiera a Jacob para una misión en vez de Esaú, aunque sea un bien, y que antes de nacer diga que el mayor servirá al menor, cosas que no tiene por qué ser un castigo por nada, puesto que no se debe a ningún demérito ni tampoco le quita ningún derecho y otra cosa es que antes de nacer elija a Esaú para el castigo de la condenación eterna, aunque es lo que dedujo Calvino, no lo dedujo bien.
Por cierto en eso del endurecimiento y la ira etc también hay metáforas y analogías. Sobre eso, estoy pendiente de que publique mi respuesta a su respuesta y la comente, para tener las cosas más claras.
Saludos cordiales

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El recurso a la “misión” no explica adecuadamente lo que san Pablo está diciendo en estos versículos. El Apóstol habla, sin duda, de un gran bien, que Dios concede a unos y niega a otros con independencia de toda conducta previa, tanto buena como mala. Por eso utiliza el lenguaje de la misericordia: no se “hace misericordia” con alguien simplemente asignándole una misión o una función.

Los bienes de la Alianza —la tierra, la descendencia, la elección— fundaban deberes por parte de Israel, pero no se identificaban con esos deberes. La misión, en cambio, es siempre un deber, un encargo. Dios prometió la tierra y la descendencia si se guardaban los mandamientos; no prometió, en cambio, que por guardarlos se recibirían otros mandamientos o cargas. El servicio, en todo caso, pertenece al orden de la misión.

Ahora bien, en el texto paulino el servicio se asigna a Esaú, no a Jacob. Jacob —que es claramente el elegido— no recibe el encargo de servir, sino que recibe el don de ser servido por su hermano. Reducir esta elección a una mera “misión histórica” invierte el sentido mismo del texto.

Del mismo modo, la ira y la destrucción que alcanzan a los “vasos de ira” no pueden equipararse a una simple ausencia de misión. San Pablo no está hablando de funciones, sino de bienes y males reales, distribuidos según el designio soberano de Dios.

El principio teológico que aquí se enseña es claro: Dios concede o niega bienes máximos sin atender a méritos o culpas previstos en las creaturas, y ello no constituye injusticia alguna por su parte. Precisamente por eso es necesario distinguir entre reprobación negativa —la no concesión de ciertos bienes gratuitos— y reprobación positiva o condenación, que esta sí presupone las culpas previstas de las creaturas.

Saludos cordiales.
03/02/26 5:57 PM
  
Santiago de Uruguay
Excelente exposición y argumentación de un tema tan difícil y complejo.
Qué notable que sean dos uruguayos los que estén debatiendo a estas alturas en un foro tan internacional. Dios da su gracia en los rincones más insospechados. Gloria a Él.

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Si hacía falta alguna prueba de la Omnipotencia divina...:)

Muchas gracias y saludos cordiales.
04/02/26 3:23 AM
  
Daniel Argentina
Ya lo pense en el post anterior sobre la traducción de la BAC.
Investigando, me vino una frase atribuida a san Agustin: “No intentes penetrar demasiado, o perderás la fe.”
Que Dios me ampare, pero prefiero rezar con Fatima "...lleva al cielo a todas las almas...", sin parar y con esperanza y confianza.

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Es que esa oración, claramente, no puede ser interpretada en el sentido origenista de "se salvan todos", que ha sido condenado por la Iglesia y además esa interpretación sería contraria a lo que dice el Señor en el Evangelio: "Irán estos al castigo eterno" (Mt. 25).

Saludos cordiales.
04/02/26 3:32 AM
  
Mariano (Argentina)
Estimado Néstor, para comprender mejor este asunto tan delicado, podrías aclararme entonces en qué consiste la herejía calvinista, y en qué se diferencia concretamente de la tesis dominica sobre la gracia? Me serviría mucho para mis clases de Historia de la Iglesia. Muchas gracias

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Ante todo y por sobre todo: el calvinismo niega el libre albedrío de las creaturas racionales.

Puede ser que haya que matizar el juicio siguiente, pero en este punto me parece que Lutero fue el primer calvinista, y lo fue precisamente en esa parte del "De Servo Arbitrio" donde dice que, como Dios es Omnipotente, no puede haber libre albedrío en lo creado, y por eso rechaza la distinción entre necesidad condicional y necesidad absoluta, que es lo mismo que decir sentido compuesto y sentido dividido, necesidad de la consecuencia y necesidad del consecuente, con la cual los tomistas responden al argumento "Dios es Omnipotente, por tanto el hombre no es libre".

El tomista le dice al calvinista: "Sí, Dios es Omnipotente y Soberano, y tiene absoluto control sobre absolutamente todo lo que sucede en la Creación. Tanto control tiene, que puede producir actos libres en las creaturas racionales, de acuerdo con la naturaleza que les ha dado al crearlas."

Eso sería el único ecumenismo serio, y no el ecumenismo "blando" que como ve que no hay forma de conciliar lo que dice el protestantismo con la gracia que es eficaz por el consentimiento de las creaturas, se dedica nada más que a buscar acuerdos diplomáticos.

Saludos cordiales.
04/02/26 5:10 AM
  
Daniel Argentina
Estimado, la oración de Fatima es un pedido, no una afirmación como en Orígenes.
Lo que quiero decir es que es desconsolador a veces ver tanto intelecto dedicado a una cuestión que cuando se llega a su final resulta ser lo que es : un Misterio De Dios. Me acuerdo muchas veces del ángel sonriendo con la cucharita tratando de vaciar el mar. Y Santo Tomas, bien vale recordarlo, es santo por el don de castidad que imploro y se le concedio, segun consta en el proceso.
Prefiero mantenerme en la linea de muchos santos, salvo que pobre de mi soy un pobre pecador que hasta teme escribir esto: ¿Existe la posibilidad de ir al infierno? Si. ¿Tiene Dios el poder de determinarlo? Si. ¿Ama Dios a todas sus creaturas y quiere que se salven? Si. ¿Podemos entender con nuestras limitaciones humanas eso, que parecería una contradicción? Creo que es muy difícil y por eso el consejo de San Francisco de Sales.
Sin embargo persevero en la fe y la esperanza y sobre todo la confianza en el Amor De Dios. Fijese, en las mismas apariciones de Fatima la Virgen que les muestra el infierno a la vez les enseña a orar "Oh Jesus mio,..., lleva al cielo a todas las almas"
Pero como no es obligatorio creer en Fatima, vaya el Evangelio, que tiene una frase que mucho me consuela: cuando el joven rico se retira y los apóstoles le dicen a Nuestro Señor algo asi como ¿quien podrá salvarse con tantas condiciones?, el les responde *NADA ES IMPOSIBLE PARA DIOS* Es algo que tiende a ser pasado por alto.

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Precisamente, la imagen de Fátima deja claro, por el contexto, que ese "todas" no se puede entender en el sentido de estricta universalidad. De la frase del Evangelio que Ud. cita no se sigue la "apocatástasis". Además, hay que leerla en armonía con "Irán estos al castigo eterno", que también es del Evangelio.

Saludos cordiales.|
04/02/26 4:22 PM
  
Marcelo Fernando Gerstner

Me tomo el atrevimiento de resaltar/destacar algunas frases de la conclusión de su exposición porque me parecieron simplemente magníficas:

"Dicen que la familiaridad engendra el desprecio. Es posible que hoy día los cristianos hayamos desarrollado una mala, falsa familiaridad con Dios. Lo damos así por supuesto, por sentado, y pasamos enseguida a lo “realmente interesante”.

Pero si “Dios” es la palabra clave de esa frase, es porque Dios es Dios, o sea, porque no es una creatura.

Es claro que Dios trasciende siempre todo lo que podamos pensar de Él, pero a algunas cosas las trasciende más que a otras, digamos.

Cuando no pensamos a Dios como Ser, lo convertimos simplemente en el receptáculo de nuestros deseos y de nuestros proyectos, una percha de donde colgar nuestras esperanzas y nuestros miedos."

04/02/26 7:57 PM
  
Marcelo Fernando Gerstner
Y finalmente como defensa del tomismo y su inigualable precisión de la que se siguen toda clase de inconvenientes cuando dicha claridad es dejada de lado por otras cuestiones “más importantes”…
Vaya este verdadero LEMA TOMISTA que nunca habría que olvidar ni abandonar.
PARVUS ERROR IN PRINCIPIO, MAGNUS ERROR IN FINEM.
04/02/26 8:19 PM
  
Juan L
Gracias Néstor por esta conversación, creo que hemos llegado al nudo del asunto.
La clave es que no todos los actos son formas. Se puede determinar una forma, es decir añadirle una determinación. Pero hay actos que no son formas, principalmente el esse, y también las operaciones o actos segundos de los entes. Usted los trata como formas.
Cuando un ente opera, produce un cambio, es decir, un paso de la potencia al acto. Si opera sobre otro ente, entonces en este último había una forma accidental en potencia que pasó al acto. Si opera sobre sí mismo, había en él una forma en potencia que pasó al acto. Pero la operación misma no es una forma que pasa de la potencia al acto. La operación es un acto, simplemente.
Quizás Newton, queriendo o sin querer, fue clarividente en esto, pues en la mecánica como él la entendió, cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, el primero no sufre ningún cambio debido a su propia acción. Y sin embargo actúa, pero sobre otro, no sobre sí. Lo mismo sucede con Dios. Dios al crear ejerce un acto (sin duda), y sin embargo Él mismo no se ve modificado en nada por ese acto.
Por eso insisto con que no se determinan las operaciones de los entes. Acerca de los seres irracionales, podemos decir que sus actos están "predeterminados", en el sentido de que aquel que conozca acabadamente la naturaleza de tal ente y una situación concreta en la que tal ente se va a encontrar, sabe cómo el ente va a actuar. Pero esta predeterminación no quiere decir que una operación concreta que el ente va a realizar esté en potencia en el ente, ni siquiera en el instante previo a ejecutarla. Lo que hay en el ente irracional es como una instrucción general según la cual él actúa, cumpliéndola por necesidad. Esta instrucción sí es una determinación en el ente. Pero no es la operación concreta la que está en potencia en él, como si fuera una forma accidental. La operación no es una forma.
Volviendo al caso de la voluntad humana, por ella el hombre actúa sobre sí mismo. Cuando ejerce un acto de querer, lo que hace es tomar el objeto querido en una cierta posesión amorosa. Esta posesión es la forma accidental que se actualiza, pero el acto de la voluntad por el cual esto se lleva a cabo no es una forma. Es un acto, simplemente. Y por tanto no recibe ningún tipo de determinación, y como en este caso el acto es libre, tampoco ninguna "predeterminación" en el sentido dado para el caso de los seres irracionales. Quizás ahora se pueda entender por qué yo decía que la moción infalible divina de un acto libre es una noción inmediatamente absurda. Y si estoy en lo correcto, esto desbarata por completo la tesis de la reprobación negativa antecedente, al menos en el sentido que ud le da.
Muchas gracias de nuevo por la discusión, me ha ayudado a entender muchas cosas. Dios lo llene de bendiciones.

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El argumento confunde varios sentidos de “forma” y de “determinación”. Aun concediendo que la operación no sea forma constitutiva, no se sigue que no pueda ser determinada. Toda operación tiene determinadamente una naturaleza e inteligibilidad propias —entender, querer, etc.—, sin lo cual no sería acto alguno, sino una abstracción vacía. Un “acto indeterminado” no es acto en absoluto.

Ahora bien, aquello que es determinadamente tal acto no es indiferente al ser; por tanto, puede y debe ser actualizado eficientemente como ese acto concreto. También el querer y el entender están primero en potencia en la facultad —que por eso se llama facultad o potencia del alma— y existen en acto por el esse.

Supuesto que las operaciones no sean formas, afirmar que sólo las formas pueden ser determinadas es falso si por determinación se entiende inteligibilidad o naturaleza propia, pues las operaciones la tienen manifiestamente; y es una afirmación gratuita si por determinación se entiende causalidad eficiente, pues no se ofrece razón alguna para excluir a los actos segundos de toda actualización causal. En ninguno de los dos sentidos la conclusión se sigue.

En cuanto a la referencia a Newton, debe decirse que toda creatura, al actuar, se actualiza y es en ese sentido motor móvil. Esto no sucede en Dios, pero aquí se discute el obrar creado, no el divino.

Finalmente, afirmar que una operación que comienza a existir en un momento determinado no estaba previamente en potencia equivale a hacer surgir el ser del no-ser de modo contradictorio, reintroduciendo el dilema de Parménides, resuelto precisamente por la distinción aristotélica de acto y potencia.

Saludos cordiales.
04/02/26 9:08 PM
  
Daniel Argentina
Una consulta ¿afirma usted que es imposible que ningún alma se condene? Obviamente, entendiendo esto como parte de la libertad y omnipotencia De Dios.

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¿Es imposible que ningún alma se condene? Respuesta: Distingo: A) En sí mismo considerado: No. Precisamente sostengo que Dios puede, si quiere, crear un mundo en el que nadie se condene. B) Supuesto que Dios ha revelado que en este mundo concreto que Él ha querido crear algunas almas se condenan: Sí. Es imposible que las cosas no sean de hecho como Dios ha revelado que de hecho son, porque Dios es la Verdad misma, que no puede mentir ni equivocarse.

Saludos cordiales.
04/02/26 11:33 PM
  
Daniel Argentina
Antes que nada, decirte que te entiendo. Hoy en dia la tendencia es ignorar la posibilidad de condena y sostener que "todos se van al cielo". Eso es malo para la cura de almas.
Una disquisición: algunos tienen la teoria de que esto es moderno. Yo que, creo como vos me crie en una familia no practicante, se que esto es anterior. Ya mis abuelos -nacidos entre 1910 y 1920- cuando alguien moría te decían "se fue al cielo" Recuerdo yo cuando niño con mi mama -1947-llevándome al patio para decirme que alguien que habia muerto era ahora una estrella. Creo que la evolución histórica que llevo a la masonería y al anticlericalismo en España e Italia -casi todos mis ascendientes son inmigrantes de ahi de fines de los 1800, salvo uno suizo francés- hizo que mas temprano de lo que se cree haya habido una cierta religiosidad popular apartada de la Iglesia.
Al punto: yo sigo con atención las publicaciones de Infovaticana, medio que me gusta (infinitamente mas que el otro Info...) por que a veces temo que deriven al rigorismo.
En este sentido, creo que deberias aclarar que tu ultima respuesta es UNA OPINION no doctrina catolíca.
Hans Urs von Balthasar: “We are not permitted to say that all men will be saved; but we may hope that all men will be saved.” "Hope can be universal, because it trusts in the universal salvific will of God.” “The Church has never taught that any human being is in hell.” (Was dürfen wir hoffen? (1986))
Joseph Ratzinger / Benedicto XVI
Eschatology: Death and Eternal Life (1977): “The possibility of definitive loss cannot be denied, but we do not know if it becomes reality for anyone.”
Spe Salvi (2007)“Some recent theologians are of the opinion that the fire which both burns and saves is Christ himself… This is a blessed pain in which the holy power of his love sears through us like a flame.” “Some recent theologians are of the opinion that the fire which both burns and saves is Christ himself… This is a blessed pain in which the holy power of his love sears through us like a flame.”
Hans Urs von Balthasar puede ser cualquier cosa, menos heterodoxo. De hecho, lo hicieron cardenal (JPII, no Francisco)
En resumen: se puede discutir a von Balthasar ni a Ratzinger, no se puede decir que la opinion contraria sea doctrina.
Entiendo sus citas al Evangelio, conozco la que le hice, y vuelvo al principio: en algun momento hay que reconocer que hay cosas que Dios quiso conservar como un Misterio. Y su discusión, parafraseando a Agustin, puede llevar ya no a que alguno pierda la fe, sino a que pierda la esperanza, algo que también esta muy claro en el NT que debe mantenerse.
Yo? Yo no me arriesgo con todas estas cosas, no confío en mi razonamiento y nada de lo que le digo es propio.

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Es mucho más correcto decir que lo que son "opiniones" son ésas que emiten Von Balthasar, Ratzinger, y estos "teólogos" que nombra San Juan Pablo II.

Tenemos bastante claro a esta altura que el solo hecho de que hagan Cardenal a alguien significa algo muy cercano a nada. No importa además qué Papa lo haga Cardenal, tenemos ejemplos de primer nivel en las pasadas décadas.

No creo que el hecho de que algunos se condenan sea "una opinión" nada más. Hay pasajes muy fuertes en la Escritura, como el ya citado de Mateo 25. Ante el "irán estos al castigo eterno" del Señor, en todo caso lo que tiene que posicionarse como "opinión" es la tesis contraria.

Y en San Juan, hablando de Judas, dice que ninguno de los Apóstoles se perdió, salvo el "hijo de perdición", para que se cumpliera la Escritura. Si con eso sólo se refiere a que Judas luego se arrepintió y se salvó, no se entiende porqué no dice lo mismo de San Pedro y pone solamente a Judas en esa categoría.

Y además, está el principio de no discriminación, tan subrayado hoy día por la ONU. Es decir, hay ángeles condenados, sin duda. ¿Qué pasa, son del asilo? Siendo naturalmente mucho más perfectos que nosotros, además.

De hecho, la sentencia del Señor es "Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles". Y por eso Orígenes, para ser coherente, tuvo que afirmar también la salvación de los demonios (aunque algunos dicen que todo eso lo dijo nada más que a modo de hipótesis, en todo caso la Iglesia lo condenó como tesis, o sea, no se puede sostener).

En cuanto a participar o no en esta discusión, cada uno de nosotros debe evaluar si es conveniente o no hacerlo, antes de entrar en ella.

Saludos cordiales.
05/02/26 2:48 PM
  
ZARA
Solución a la controversia, salvo que Néstor ponga objeciones de nuevo

Dios, antes de crearnos, conoce infaliblemente cómo cada persona reaccionará libremente ante la gracia suficiente, que Él da verdaderamente a todos. Esa gracia es real, seria y capaz de llevar a la salvación, pero no violenta la libertad.

En función de ese conocimiento previo —que no causa la decisión humana, sino que la contempla eternamente—, Dios, en su justicia plenamente amorosa, decide no conceder la gracia eficaz a aquellos que libremente rechazarán la gracia suficiente. No porque los quiera condenar, sino porque respeta su rechazo y no impone eficazmente lo que ellos no quieren aceptar.

Así entendida, la reprobación no es la causa del rechazo, sino que presupone la libre resistencia prevista a la gracia. Y la negación de la gracia eficaz no es una injusticia, sino una consecuencia coherente del respeto divino por la libertad creada.

Fuera de este marco —si se afirma una reprobación absoluta, previa y sin referencia a la respuesta libre del hombre—, la tesis deja de ser defendible y cae en contradicción con la bondad, la justicia y el querer salvífico universal de Dios.

Dicho de otro modo:
Dios no niega su gracia para que el hombre caiga; la niega porque prevé que el hombre no la querrá recibir.

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Eso es el viejo y querido molinismo, del cual ya hemos hablado muchísimo, incluso con ocasión de este mismo "post", y que incurre en varios absurdos.

En primer lugar, que el hombre se salva a sí mismo, en vez de ser salvado por Dios. Dos hombres reciben la misma gracia de Dios, uno responde bien, el otro no, el primero se salva, el otro no, la causa de la salvación del primero es él mismo, no Dios, porque Dios hizo exactamente lo mismo por los dos. En el Cielo deberá darse gracias a sí mismo, no a Dios.

En segundo lugar, que al final todo depende, de todos modos, de la sola Voluntad divina. Porque así como Dios prevé, en esa teoría, que algunos responderán bien y otros responderán mal, es claro que entre todos los mundos "futuribles" habrá alguno en el que todos responden bien. ¿Porqué no elige crear ése, en vez del otro en el que algunos se condenan? Única respuesta posible: porque quiere hacer las cosas así y no de la otra manera.

En tercer lugar, que esa teoría anula la causalidad universal de la Causa Primera. No hay ser ni bien en lo creado que no tenga a Dios como Causa Primera, tampoco el ser y el bien del acto libre de la creatura racional. Dios causa los actos libres de las creaturas racionales en todo lo que tienen de ser y de bien. Por tanto, no puede simplemente prever lo que las creaturas harán, sino que más bien debe saber que Él las mueve a actuar de tal o cual modo.

Por eso mismo no puede elegirlas según lo que prevé que harán, sino que prevé lo que harán los elegidos, porque ha decretado causar sus actos libres buenos, y prevé lo que harán los réprobos, porque ha decretado permitir sus actos libres malos.

Lo contrario es decir que hay al menos un átomo de ser y de bien en lo creado que no procede de Dios, Ser y Bien Supremo, y que por tanto, procede de la nada, o peor aún, es Incausado, y entonces, es Dios.

Saludos cordiales.
05/02/26 6:11 PM
  
ZARA
blogger dice; En primer lugar, que el hombre se salva a sí mismo, en vez de ser salvado por Dios. Dos hombres reciben la misma gracia de Dios, uno responde bien, el otro no, el primero se salva, el otro no, la causa de la salvación del primero es él mismo, no Dios, porque Dios hizo exactamente lo mismo por los dos. En el Cielo deberá darse gracias a sí mismo, no a Dios.

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Néstor, tu objeción parte de una confusión clave entre condición y causa.

Que dos hombres reciban la misma gracia suficiente y uno coopere y otro no no implica que el primero “se salve a sí mismo”. La causa total y primera de la salvación sigue siendo Dios, porque:

La iniciativa es íntegramente divina.
Sin la gracia de Dios, ambos se condenarían. El hombre no inicia, no merece ni produce la gracia: la recibe.

La gracia es ontológicamente suficiente para salvar, pero no coercitiva.
Que uno la rechace no hace que el otro sea su propio salvador, del mismo modo que aceptar un don no convierte al receptor en autor del don.

Cooperar no es causar.
La libre acogida de la gracia no es una causa eficiente paralela a la de Dios, sino una condición libremente no impediente para que la gracia actúe.
El efecto salvífico procede de la gracia, no del acto humano considerado aisladamente.

En el Cielo, el salvado no se da gracias a sí mismo, porque:

no se dio la gracia,

no la hizo eficaz por su propia fuerza,

no habría podido ni siquiera querer el bien sin haber sido previamente movido por Dios.

Lo único que hace es no resistirse. Y no resistirse no es salvarse.

Decir que “Dios hizo exactamente lo mismo por ambos” no significa que la causa de la salvación sea el hombre, sino que:

Dios quiso salvar verdaderamente a ambos,

ofreció a ambos una gracia real,

y la condenación del que se pierde no procede de un defecto de la gracia, sino de una resistencia libre prevista por Dios.

Por tanto, incluso en este marco:

Dios salva siempre.

El hombre no se salva a sí mismo, sino que no bloquea la acción salvífica de Dios.

La diferencia entre salvación y condenación no está en una autosuficiencia humana, sino en la no resistencia libre a una gracia que es 100% don de Dios.

Negar esto implicaría que Dios solo salva anulando la libertad, lo cual contradice tanto la experiencia moral como el querer salvífico universal que la Iglesia afirma.

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Si por "condición" se entiende la condición de posibilidad, o sea, lo que es necesario para que algo pueda suceder, lo que hace el que se salva, en el molinismo, es más que eso. No deja abierta simplemente la posibilidad de la salvación, sino que la salvación se sigue necesariamente de eso que él hace, o sea, no resistir a la gracia.

En todo caso, es una condición "removens prohibens", que quita el impedimento sin el cual algo necesariamente se produce.

A eso en la Escolástica también se lo llama "causa per accidens".

Y esa condición "removens prohibens" es por eso mismo razón suficiente de lo que sigue.

En el sentido de que la razón suficiente no existe en concreto hasta que está completa, y aquí, por más que estén presentes las leyes naturales, la gravedad, etc., la razón suficiente no está completa hasta que se abre la compuerta.

En la tesis molinista el que hace la diferencia entre el que se salva y el que no se salva no es Dios, sino el que se salva. Si tengo dos platillos de balanza perfectamente equilibrados, el que hace descender a uno de los platillos es el que pone en él una pluma de ave, no el que puso un peso de exactamente dos toneladas en cada platillo. No importa lo poquito que se agregue, eso es lo que hace la diferencia.

Tampoco importa si lo que se agrega es negativo, "no resistir". La compuerta de la represa deja de resistir al agua, y por eso su apertura es razón suficiente de que el agua corra, en el sentido de que sólo con ella la razón suficiente se completa y se vuelve de hecho operativa.

En cambio, San Pablo dice: "¿Quién te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido?". (1 Co. 4, 7)

Y si en esa hipótesis Dios hace exactamente lo mismo tanto por el que se salva como por el que se condena, como efectivamente es así, entonces no se puede decir que es Dios el que salva al que se salva, porque si así fuese, debería salvarse también el otro.

No es hacer lo mismo por los dos salvar a uno y no salvar al otro, y en esta teoría Dios hace exactamente lo mismo por los dos, hasta que llega el momento crucial, en el cual el único que aparece es el hombre, "no resistiendo".

La contraprueba es fácil: supongamos que esa decisión crucial del que se salva se debe a algo que Dios hizo por él, que no hizo por el que no se salva: eso nos pone automáticamente en el tomismo.

De hecho, ese absurdo no se sostendría si no fuese por el prejuicio que dice que Dios no puede mover infaliblemente a las creaturas a la realización de actos libres. Todo el molinismo está hecho para que Dios no mueva a la voluntad humana, por eso se llega también al absurdo de la "gracia eficaz por el consentimiento de la creatura", o sea, que la voluntad se mueve para hacer que la gracia pueda moverla, con lo cual la gracia llega tarde.

Por el solo hecho de no dejar que Dios toque nuestra voluntad se introducen todas estas pegas a la Escritura, la Tradición y la razón natural.

Saludos cordiales.
06/02/26 2:58 AM
  
ZARA
Néstor, el problema aquí ya no es solo metafísico, sino moral y teológico en sentido estricto. Una cosa es admitir que una persona llegue al cielo a través del sufrimiento —lo cual es inteligible dentro de una economía salvífica—, y otra muy distinta es sostener que Dios crea a una persona, sabiendo con certeza que será reprobada eternamente, y además la somete en esta vida a sufrimientos extremos, sin que exista posibilidad real de salvación. Eso no solo resulta innecesario, sino profundamente incoherente.

Si la reprobación es entendida como un decreto previo y absoluto, independiente de toda respuesta libre prevista, entonces el itinerario vital del réprobo queda privado de sentido salvífico desde el inicio. En ese caso, los sufrimientos de esa persona en esta vida no pueden tener carácter medicinal, purificador ni redentor, porque el fin último —la salvación— está excluido de antemano. El sufrimiento deja entonces de ser medio y se convierte en un puro mal permitido sin finalidad proporcionada.

Decir que Dios permite sufrimientos graves a quien sabe infaliblemente que se condenará, y lo hace sin referencia alguna a una libre resistencia prevista, implica atribuirle una voluntad que produce dolor sin orden al bien último del sujeto. Eso contradice directamente la afirmación clásica de que Dios no quiere el mal por sí mismo ni como fin, sino solo en orden a un bien mayor. Aquí no hay tal bien mayor para el individuo reprobado.

En cambio, si la reprobación presupone la libre resistencia prevista a la gracia, la situación cambia radicalmente. Dios no crea a nadie para condenarlo, ni lo somete al sufrimiento como castigo anticipado. Los sufrimientos de esta vida se dan en un marco en el que la salvación es realmente posible hasta el final, y en el que incluso el dolor puede ser ocasión de conversión. Que esa posibilidad sea finalmente rechazada no convierte a Dios en autor de una historia absurda, sino que pone el peso de la tragedia en la libertad creada.

Atribuir a Dios un decreto por el cual crea a alguien sabiendo que lo condenará y permitiendo además que atraviese un infierno en esta vida, sin posibilidad real de salvación, no solo es moralmente ininteligible, sino que vacía de contenido afirmaciones centrales de la fe cristiana: el querer salvífico universal, la sinceridad de la gracia ofrecida a todos y la justicia del juicio divino. El resultado es un Dios que utiliza el sufrimiento como mero acompañamiento de una condenación decidida de antemano, lo cual no es compatible con la bondad divina.

En síntesis, el sufrimiento solo es inteligible dentro de una economía en la que la salvación está abierta. Si la reprobación es previa, absoluta y no condicionada por la libre respuesta prevista, entonces el sufrimiento de los réprobos en esta vida carece de lógica salvífica y se convierte en un escándalo moral. Por eso, o bien se afirma una reprobación que presupone la libre resistencia del hombre, o se asume una imagen de Dios incompatible con su justicia y su amor.

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Pues si es verdad todo eso, que no lo es, entonces es verdad también respecto del molinismo.

Dicen que Dios elige al prevé que responderá bien, y reprueba al que prevé que responderá mal. Pero sin duda que Dios prevé un escenario posible en el que todos responden bien.

¿Porqué no crea ése, en vez de éste? Porque sin duda que, molinismo o no, en este mundo creado por Dios muchos van a sufrir terriblemente y luego se van a condenar eternamente.

A partir de ahí, adjudíquese al molinismo todo lo que en este comentario se ha dicho del tomismo, o reconózcase que nada de eso vale tampoco contra el tomismo.

Saludos cordiales.
06/02/26 5:09 AM
  
Jorge Alberto
«Lo que dice se aplica a la reprobación negativa antecedente, o sea, no que los creó para el infierno, sino que decidió no elegirlos para la vida eterna.»

Eso me parece un confuso juego de palabras o una maroma contradictoria. ¿Acaso no elegirlos para la vida eterna no es lo mismo que crearlos para el infierno? Pues si ya decide no elegirlos para la vida eterna, ¿adónde más van, sino necesariamente al infierno?

Este texto de san Pablo (sobre los vasos de barro), en mi concepto, no da pie para aceptar la noción de la reprobación negativa antecedente.

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Lo que pasa es que el modo en que Dios conoce es muy distinto del modo en que conocemos nosotros.

En el tomismo no se puede decir que, en el “momento” lógico de la reprobación negativa, Dios sepa que esas creaturas se van a condenar, puesto que "todavía" no existe un futuro determinado que pueda ser objeto de ciencia de visión.

Las comillas son para decir que todo eso es igualmente eterno y sin sucesión temporal, pero hay anterioridades y posterioridades lógicas.

En Dios hay una ciencia de simple inteligencia, por la cual conoce todo lo posible, y una ciencia de visión, por la cual conoce lo que es de hecho existente.

Ahora bien, lo posible, en cuanto posible, incluye siempre su contrario; por tanto, mediante esta ciencia no puede saberse qué hará la creatura puesta en tales o cuales circunstancias. Puede hacer tal cosa, y puede no hacerla.

Para saber lo que de hecho hará la creatura, según el tomismo, es necesario que Dios determine libremente qué hará Él mismo en esas circunstancias, esto es, si moverá eficazmente a la creatura al bien o si permitirá que la voluntad creada obre según su propio defecto.

Por consiguiente, en el momento de la reprobación negativa, es decir, cuando Dios determina no elegir para la Vida Eterna a algunos, todavía (según prioridad lógica y no temporal) no existe un futuro determinado de esas creaturas que pueda ser objeto de ciencia de visión, puesto que aún no hay decreto divino alguno que determine tal futuro; la ciencia de los posibles indica solamente que pueden salvarse o no.

Luego, lógica y no temporalmente hablando, Dios determina permitir el pecado y la impenitencia final de esas creaturas, y en virtud de ese decreto permisivo dichos actos pasan a tener existencia determinada, y por ello mismo son conocidos infaliblemente por Dios mediante la ciencia de visión.

Saludos cordiales.
06/02/26 7:35 PM
  
Juan L
Vuelvo a comentar porque me han parecido muy interesantes los comentarios de ZARA, quizás para los que sigan leyendo esto les sirva.

Creo que Zara en el fondo dice lo mismo que yo, nada más que no hace falta recurrir al concepto de la gracia eficaz, como Néstor la entiende. Porque toda gracia es eficaz. La gracia salva de por sí, porque la gracia hace su efecto indefectiblemente. Así por ejemplo, si un bebé muere después de bautizado, por más que no haya hecho él ningún acto de voluntad en su corta vida, se salvará. Así, todas las gracias son eficaces. El problema de la posición de Néstor es entender que el no actuar de la voluntad es lo mismo que actuar de forma diferente. O sea, entender que si la voluntad no quiere tal cosa es porque quiere alguna contraria. Eso es falso falso. Es cierto que la voluntad no va a quedar indeterminada respecto de un objeto por demasiado tiempo, porque el fin último sigue tironeando al hombre a obrar, y no puede fácilmente dilatar mucho algunas decisiones. Pero puede hacerlo, y formalmente puede hacerlo sin límite temporal. Por eso es cierto lo que dice Zara de que el hombre se salva no haciendo nada; y es realmente no haciendo nada. Néstor entiende que este “no hacer nada” es un hacer algo, porque para él si la voluntad no actúa sobre un objeto es porque actúa sobre un contrario. Pero no. Con lo cual, si un hombre recibe la gracia santificante se va a salvar, a menos que actúe mal pecando mortalmente, anulando con su acto malo el efecto que la gracia ya había causado en él. Si no hace esto se salvará por la acción de la gracia en la cual él no tiene nada que ver, no hay ningún acto del hombre del cual dependa la acción de la gracia.

El asunto es que como decía, en la práctica la indeterminación de la voluntad no dura mucho tiempo. Si un hombre tiene ya la gracia santificante (la cual repito, lo hace salvo), y luego él libremente actúa bien con su voluntad (lo cual no es por la moción divina infalible que no existe), por ejemplo con un acto de fe o de caridad, entonces Dios que es generoso le regalará más gracias que automáticamente le darán más bienes espirituales (repito, estas nuevas gracias harán su obra indefectiblemente, no porque el hombre las acepte, ni porque antes obró tales actos de fe y de caridad), y así si sigue obrando bien, se irá santificando.
Se me objetará que la voluntad natural no basta de por sí para obrar un acto de caridad. Respondo: cierto, lo que pasa es que la acción del hombre considerada en sí misma es solo una acción natural. Pero como al mismo tiempo está obrando la gracia santificante, esa acción del hombre trasciende lo natural y se hace sobrenatural, pero esto no es por lo que el hombre hizo considerado en sí mismo, sino por la acción de la gracia que se une a la obra del hombre. Así se cumple aquello de “sin mí nada pueden hacer” y lo de “¿qué tienes que no hayas recibido?”, porque esas citas se refieren a que el hombre no puede nada de por sí en el orden sobrenatural. En cambio, obviamente puede hacer solo muchas cosas en el orden natural, pero esto no le sirve de nada en orden al fin último, si no está la gracia.

Volviendo a lo que decía sobre que la indeterminación de la voluntad no dura mucho. Si uno tiene la gracia santificante, y dilata por mucho tiempo el realizar actos que por la acción de dicha gracia sean sobrenaturales, lo más probable es que el demonio lo vaya tentando y de a poco vaya cayendo en pecado hasta que por el pecado mortal pierda la gracia.

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Decir que toda gracia es eficaz lleva a la herejía jansenista, que dice que los pecadores no han recibido gracia alguna de Dios. En efecto, si toda gracia es eficaz, y todos reciben la gracia, entonces nadie peca.

“El hombre se salva no haciendo nada” puede querer decir “sin acto positivo de su voluntad” o “sin elección voluntaria”. Lo segundo, por lo menos, es falso, porque en el mismo esquema molinista el hombre debe elegir no resistir. La libertad de ejercicio es la libertad de obrar o no obrar: ambas cosas son voluntarias y libres, aunque en la segunda no hay acto.

Por tanto, el que no resiste se distingue voluntariamente a sí mismo del que resiste, y se debe a sí mismo, por tanto, el ser salvado en vez del otro, ante una gracia de Dios que sería exactamente la misma para los dos.

En el Cielo, entonces, debería darse gracias a sí mismo, no a Dios.

En cuanto a la gracia santificante, es principio remoto, pero no próximo de los actos sobrenaturales del hombre, porque es habitual, y estos actos no lo son. Para esos actos hacen falta gracias actuales, las suficientes, para capacitar para realizarlos, y las eficaces, para realizarlos.

Dice Santo Tomás en Ia. IIae., q. 111, a.2, c.:

“Como ya dijimos, la gracia puede entenderse de dos maneras. O es un auxilio divino que nos mueve a querer y obrar el bien, o es un don habitual que Dios infunde en nosotros.”

Saludos cordiales.
06/02/26 9:06 PM
  
sofía
"Tampoco importa si lo que se agrega es negativo, "no resistir". La compuerta de la represa deja de resistir al agua, y por eso su apertura es razón suficiente de que el agua corra, en el sentido de que sólo con ella la razón suficiente se completa y se vuelve de hecho operativa."

En la compuerta que deja de resistir el agua se introduce un cambio: estaba resistiendo y deja de resistir.

El que está en medio del agua ahogándose y no se resiste a qué lo saquen del agua no introduce ninguna diferencia ni positiva ni negativa.
El que le saca del agua es el que introduce la diferencia positiva que le salva. Luego podrá colaborar con su salvador una vez que ha sido sacado del agua.
Si hay otra persona ahogándose que decide nadar en dirección contraria de la barca resistiéndose a que le salven, ese es el que introduce una diferencia negativa respecto al que se quedó donde estaba y se dejó salvar.
Está claro que el salvador es el barquero y no el que es salvado de ahogarse.
Está claro que el que se ahoga por nadar en dirección contraria tiene una iniciativa negativa que le hace responsable de su propia muerte.

La diferencia entre A y B es recíproca en el sentido de que si A es diferente de B también B es diferente de A. Pero la diferencia la puede producir B con una iniciativa negativa sin necesidad de que A tenga ninguna iniciativa ni positiva ni negativa.

Quien se salva se salva por la gracia.
Quien se condena se condena por rechazarla.
La iniciativa del bien es siempre de Dios.
La iniciativa del mal es del hombre.

Saludos cordiales

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No, porque tanto resistir como no resistir son voluntarios. Hay que elegir entre resistir y no resistir, y el que no resiste toma una decisión, la de no resistir. No es como el que está durmiendo y por tanto no decide nada. El no obrar también puede ser voluntario, porque hay una libertad de ejercicio, que es la de obrar o no obrar.

En el molinismo, cada uno de ellos produce la diferencia entre ambos, pero acompañado por el otro, porque si los dos resistieran, o ninguno resistiera, no habría diferencia. Lo que pasa es que uno produce la diferencia para perderse, y el otro produce la diferencia para salvarse, y por tanto, en el Cielo debería agradecerse a sí mismo, no a Dios.

Saludos cordiales.
06/02/26 11:55 PM
  
sofía
El que no resiste no tiene por qué haberse planteado siquiera si resistir o no resistir. El que se está ahogando y no resiste no solo no se ha planteado si resistir o huir de su salvador, sino que tampoco se ha planteado beber agua salada, o tirarse de los pelos, o cualquier otra cosa que no haga.

El que hace algo, ha elegido entre hacerlo o no hacerlo; pero el que no hace algo, puede que lo haya elegido (si es que se lo ha planteado) o puede que sea una de las infinitas cosas que no hace y ni siquiera se ha planteado hacer.

Aunque aclaro que yo no tengo un planteamiento molinista, yo espero acercarme a la línea tomista no bañeciana, de Marín Solá y Maritain.

Se trata de que la diferencia la produce el que rechaza la gracia que se significa negativamente tomando la iniciativa del mal.
El otro no ha hecho nada para significarse de ninguna manera y entonces la gracia que ha recibido ha producido la diferencia. La iniciativa del bien es de la gracia y él ha colaborado posteriormente con ella.
El ejemplo de la barca deja muy claro a quien hay que agradecerle la salvación, no a ti mismo, sino a tu salvador.

Saludos cordiales

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El ejemplo de la barca falla precisamente en el punto central. Comparatio non tenet in omnibus.

En el orden sobrenatural, la gracia no actúa como una fuerza física que simplemente arrastra a alguien que no hace nada, sino que viene siempre acompañada de un llamado a la voluntad, es decir, de una exigencia de respuesta libre.

Frente a ese llamado, la voluntad creada no queda en un estado puramente pasivo o indiferente, sino que se sitúa ante una alternativa real: aceptar la gracia o rechazarla.

Por eso, no es correcto asimilar la no-resistencia a una mera ausencia de decisión, como si fuera una de las infinitas cosas que uno simplemente “no hace”. En este caso concreto, no resistir significa consentir, porque hay un ofrecimiento actual de gracia que interpela a la voluntad.

En consecuencia, la diferencia entre el que se salva y el que se pierde no puede formularse como si uno “no hubiera hecho nada” mientras el otro “tomó la iniciativa del mal”, sino que ambos se sitúan ante una misma gracia real y suficiente, y la diferencia aparece en el acto libre de la voluntad: aceptación o rechazo.

La idea de que el hombre es totalmente pasivo ante la gracia no es tomista, sino luterana. Que aparezca en un discurso que reacciona frente a una crítica al molinismo es extraño, porque para evitar la autoglorificación humana termina negando precisamente el acto libre de consentimiento que Trento afirma.

Saludos cordiales.
07/02/26 5:06 AM
  
Juan Argento
"Así dicho, Dios recibe su conocimiento de lo creado, lo cual es imposible."

Dios no "recibe" ningún conocimiento. En la eternidad conoce todas las historias posibles. El punto es si en cada historia las criaturas racionales deciden con libre albedrio REAL o solamente "en sentido dividido"

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"El Acto Puro no está en potencia para nada que proceda de la creatura."

De acuerdo, porque que el acto libre de la creatura sea A o B no cambia nada en Dios. Dios desde la eternidad conoce que esa persona libremente decidirá hacer A (por ejemplo), al igual que conoce los actos no libres de las criaturas irracionales. Y eso por cada historia posible.

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"Pensemos que si toda la historia está eternamente presente ante Dios, eso es precisamente porque Dios no la ve en sí misma o a partir de sí misma, sino en su eterno decreto causativo o permisivo según el caso."

Si el decreto es permisivo entonces la creatura racional es libre DE HECHO ("en sentido compuesto") para hacer A o B, por supuesto requiriendo la gracia actual para ciertos actos, en cuyo caso A es cooperar con esa gracia y B es rechazarla.

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"De lo contrario sería inevitable que Dios fuese conociendo sucesivamente la historia a medida que ésta fuese sucediendo."

Hombre de paja. Siempre he dicho que Dios no está en el tiempo, y que en su eternidad ve toda la historia del universo de un solo "vistazo", tanto la fáctica como las potenciales.

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Que Dios conozca todas las cosas en su único Instante eterno no está en discusión. La cuestión es cuál es el fundamento ontológico de ese conocimiento, y qué modos de fundamentarlo son compatibles con la Simplicidad e Inmutabilidad divinas.

En todo conocimiento hay una razón por la cual lo conocido está presente al cognoscente. En el caso de Dios, esa razón no puede ser la creatura existente en cuanto tal, porque lo creado, en cuanto creado, está fuera de Dios; ni puede ser la Esencia divina considerada absolutamente, porque entonces Dios conocería como existentes cosas que no existen (en el caso de que Él no hubiese creado nada, su Esencia, que es Inmutable, seguiría siendo exactamente la misma), lo cual es absurdo.

Por tanto, en el caso de lo que existe de hecho ad extra, el único fundamento posible del conocimiento divino son los actos libres divinos por los que Dios causa o permite que algo sea. Dios conoce perfectamente esos actos, y en ellos conoce perfectamente sus términos.

En cambio, los meros posibles se conocen en la Esencia divina misma, como modos posibles de participación de ella, sin necesidad de decreto alguno; por eso, en ese orden, están igualmente “César cruza el Rubicón” y “César no lo cruza”.

Pero conocer qué haría de hecho una creatura racional en determinadas circunstancias —y no solo lo que podría hacer, que siempre podría ser una cosa u otra— exige que Dios determine libremente qué hará Él mismo respecto de esa creatura en esas circunstancias, ya sea moviéndola eficazmente o permitiendo su defecto.

Ahí entra lo de Cafarnaúm y Corozaín, Tiro y Sidón.

Esto vale también para el pecado: el acto humano del pecado, en cuanto acto y en cuanto libre, es causado por Dios; el defecto moral del acto es permitido. Por eso, también los pecados son conocidos por Dios en virtud de sus decretos causativos, no como pecados, sino como actos existentes y libres, e inseparablemente, en virtud de sus decretos permisivos, como pecados.

Así se explica cómo Dios conoce infaliblemente todo lo que sucede ad extra, sin recibir nada de la creatura ni introducir un conocimiento de futuros libres independiente de su decreto.

Sin los eternos decretos divinos, únicos fundamentos del conocimiento divino de lo que existe ad extra, Dios no podría conocer la historia como simultáneamente presente, porque la historia, en cuanto tal, es sucesiva; su conocimiento dependería entonces de la sucesión de los hechos, lo cual repugna a la Inmutabilidad y Eternidad del Acto Puro.

Saludos cordiales.
07/02/26 7:08 AM
  
Juan Argento
Néstor, en el bloque del artículo que comienza "Y que no se venga con el manido estribillo" y en el párrafo que comienza "En tercer lugar" de tu respuesta a Zara de 05/02/26 6:11 PM estás mezclando dos cosas:

- la concurrencia divina con el obrar de las criaturas, tanto irracionales como racionales (y en el caso de éstas últimas, tanto el obrar bien como el obrar mal como el obrar moralmente irrelevante), y

- la gracia actual que posibilita que las criaturas racionales obren BIEN en vista de su salvación ("obrar bien" en sentido amplio, incluyendo creer).

Repasemos unas nociones básicas a ver si estamos en la misma página.

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Dios, junto a sostener a las creaturas en el ser, las sostiene en el obrar, lo que se llama la concurrencia divina. (De paso, la separación entre sostener el ser y sostener el obrar es necesaria a partir de la transubstanciación eucarística, en la que Dios deja de sostener el ser del pan pero sigue sosteniendo el "obrar" propio del pan respecto al resto del universo, o sea la fuerza que ejerce sobre la mano del celebrante (= su peso), su forma de absorber y reflejar la luz (= su color), su gusto, etc.)

Sostener el obrar de un ser racional libre incluye sostener TODOS los actos libres de su voluntad, tanto los moralmente relevantes (y dentro de éstos tanto los buenos como los malos), como los moralmente irrelevantes (como por ej. elegir qué corbata usar un día dado).

Hasta aquí hemos hablado del sostenimiento divino del obrar de las criaturas (de TODO obrar) como Causa Primera, al podríamos llamar "físico" para distinguirlo del caso siguiente:

Para realizar actos buenos conducentes a la salvación (incluyendo el acto de fe) el hombre necesita la gracia actual o auxiliante.

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Por otro lado esa respuesta a Zara de 05/02/26 6:11 PM tiene un non sequitur y un agujero tremendo a tu argumento. Comencemos por el non sequitur.

"En primer lugar, que el hombre se salva a sí mismo, en vez de ser salvado por Dios. Dos hombres reciben la misma gracia de Dios, uno responde bien, el otro no, el primero se salva, el otro no, la causa de la salvación del primero es él mismo, no Dios, porque Dios hizo exactamente lo mismo por los dos. En el Cielo deberá darse gracias a sí mismo, no a Dios."

La causa primera de la salvación del primero es Dios, porque si Dios no le hubiese dado la gracia que le dió, ese hombre no se habría salvado. Por lo tanto en el cielo deberá dar gracias a Dios. En contraste, la causa exclusiva de la perdición del segundo es él mismo.

Sigamos con el agujero tremendo.

"Por tanto, no puede simplemente prever lo que las creaturas harán, sino que más bien debe saber que Él las mueve a actuar de tal o cual modo."

(En la misma línea está esto que escribiste en respuesta a mi segundo comentario: "Así dicho, Dios recibe su conocimiento de lo creado, lo cual es imposible.")

Ese problema se daría no sólo con la cooperación o rechazo de la gracia actual sino con TODOS los actos libres, tanto los moralmente irrelevantes (como elegir cuál corbata usar un día determinado) como los actos más atroces realizados por los hombres.

Obviamente en este punto dirás que Dios de ninguna manera movió a Hitler a decidir el exterminio de los judíos sino que permitió esa decisión, pero entonces el caso es que Dios "preve", u "observa", desde la eternidad el acto libre de Hitler de decidir el exterminio de los judíos (en vez de la deportación, por ejemplo).

Por lo tanto tenes que elegir una de dos opciones:

El sólo "prever" u "observar" es contrario a la noción correcta de Dios solamente cuando se refiere a la aceptación o rechazo de la gracia actual, pero no cuando se refiere a decisiones de cometer actos atroces. Esto implica una inconsistencia.

El sólo "prever" u "observar" es contrario a la noción correcta de Dios cuando se refiere a todo acto libre. Esto implica una blasfemia.

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“El “sostener” o “conservar” divino no tiene por objeto un ser de la creatura independiente de ese mismo sostener. La conservación no es algo añadido a la creación, sino su continuación: es el seguir dando el ser a la creatura.

Así como una lámpara, al encenderse, comienza a iluminar una pared, y al permanecer encendida continúa iluminándola, del mismo modo Dios, al crear, da el ser, y al conservar, lo sigue dando.

El obrar creado es un ser accidental. Por eso, en la Eucaristía, Dios sostiene el ser accidental del pan y del vino aun cuando ya no está presente su ser sustancial.

El “comenzar a ser” de las creaturas no se da únicamente en la creación, sino también mediante el movimiento; por tanto, la acción divina conservadora se extiende también a aquello que es resultado del movimiento.

La “concurrencia” o “concurso divino” designa precisamente la causalidad de la Causa Primera sobre las causas segundas, y se extiende a todo lo que las creaturas hacen. En este sentido se distingue un concurso natural, que mueve a las acciones naturales de las creaturas, y un concurso sobrenatural, dentro del cual se incluyen las gracias actuales, ordenadas al obrar salvífico de las creaturas racionales.

Decir que “la causa primera de la salvación del primero es Dios, porque si Dios no le hubiese dado la gracia que le dio, ese hombre no se habría salvado” es emplear un lenguaje de condición necesaria, no de causa en sentido propio.

En efecto, del hecho de que sin X no se dé Y no se sigue que X sea causa de Y. Con el mismo razonamiento podría decirse que la causa del asesinato fue quien entregó el revólver, puesto que sin el revólver el asesinato no habría ocurrido. Sin embargo, quien recibió el arma pudo haberla guardado en un cajón y haberse ido a pescar: la causa del homicidio es el acto libre del asesino, no la mera condición que hizo posible su acción.

Del mismo modo, que sin la gracia no haya salvación es indiscutible; pero de ahí no se sigue que la gracia, considerada como condición indiferente , sea la causa suficiente y exclusiva del consentimiento salvífico. Para que la gracia sea causa en sentido propio, debe determinar efectivamente el acto libre, y no limitarse a hacerlo posible.

En cuanto a la causalidad divina sobre los actos malos ver la respuesta al comentario anterior. Dios causa todo lo que hay de ser y de bien en el acto del pecado, permite solamente lo que en él hay de mal. Y es en virtud de esos libres decretos divinos causativos y permisivos, que Dios conoce el acto del pecado.

Sólo habría “blasfemia” en eso si no se distinguiese con Santo Tomás entre lo que el acto del pecado tiene de ser y de bien, y lo que tiene de pecado, mal y no ser.

Saludos cordiales.
07/02/26 9:40 AM
  
sofía
Si se fija bien, yo NO he dicho que el hombre sea totalmente pasivo ante la gracia.
Lo que he dicho es que cuando no se significa negativamente, tomando la iniciativa del mal, como hace el que la rechaza, entonces recibe la gracia, que tiene la iniciativa del bien y COLABORA con ella. La colaboración con la gracia la he mencionado en los comentarios anteriores. ¿O es que no puede colaborar libremente porque la gracia tenga la iniciativa del bien?
Tampoco soy luterana. Yo defiendo la existencia del libre albedrío.
Y no reacciono contra ningún discurso molinista. Simplemente aclaro que yo no hablo desde ese marco conceptual y que es otro el marco al que me gustaría aproximarme, lo consiga o no: el tomismo no bañeciano. Así que agradezco que se me corrija, pero cuando se haga de acuerdo con lo que realmente he dicho.

Saludos cordiales.

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El asunto es que, antes de “colaborar” con la gracia como Ud. dice, o bien el hombre toma la decisión voluntaria de no rechazarla, y eso, entonces, es lo que lo distingue del que toma la decisión de rechazarla, con lo cual es él el que se distingue, y no Dios el que lo distingue, o bien no toma decisión ninguna, sino que se comporta en forma absolutamente pasiva, y eso es luteranismo.

Es lógico, además, que si hay libertad de rechazar, haya también libertad de no rechazar, porque justamente, la libertad de rechazar es libertad de rechazar o no, o no es libertad alguna. Pero eso nos coloca en la primera rama del dilema: el que se salva se distingue a sí mismo.

La segunda rama del dilema es la pasividad total de la voluntad ante Dios en el momento de la justificación, que es la tesis de Lutero. Aquí no hay libertad alguna, no se elige nada, ni siquiera con la libertad de ejercicio que es la capacidad de hacer o no hacer.

Lo que yo dije es que su discurso reacciona contra un discurso antimolinista, y que es paradójico que se reaccione así mediante afirmaciones que coinciden con el luteranismo.

Saludos cordiales.
07/02/26 10:08 PM
  
Juan Argento
Néstor, tu respuesta a mi comentario del 07/02/26 7:08 AM, que presenta el argumento de la posición tomista a partir del fundamento del conocimiento divino, me da pie a presentar mi argumento correspondiente de la posición de Most en la que será mi última intervención en este hilo. Te agradezco el trabajo que te has tomado en tus respuestas, que me ayudaron a clarificar mi entendimiento del tema.

Para facilitar la lectura precedo tus textos con N: y los míos con J:.

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N: Que Dios conozca todas las cosas en su único Instante eterno no está en discusión. La cuestión es cuál es el fundamento ontológico de ese conocimiento, y qué modos de fundamentarlo son compatibles con la Simplicidad e Inmutabilidad divinas.

J: Comenzaré diciendo algo que dije en el blog de Daniel. Sospecho que intentar profundizar en los detalles de cómo Dios conoce directamente la historia del universo incluyendo las decisiones libres de los hombres, es, en términos futbolísticos, querer jugar en una liga muy (de hecho infinitamente) superior a la que nos corresponde por nuestras capacidades.

Voy a jugar ese juego porque es central en tu argumentación, pero antes dejo asentada mi clara percepcion de mi pequeñez epistémica ante la infinita grandeza de Dios, confesando que "ahora conozco en parte" y pidiendo a Dios que al fin de mi camino sobre la tierra llegue a conocerlo plenamente "así como he sido plenamente conocido" por Él (1 Cor 13,12b). Amén.

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N: En todo conocimiento hay una razón por la cual lo conocido está presente al cognoscente. En el caso de Dios, esa razón no puede ser la creatura existente en cuanto tal, porque lo creado, en cuanto creado, está fuera de Dios; ni puede ser la Esencia divina considerada absolutamente, porque entonces Dios conocería como existentes cosas que no existen (en el caso de que Él no hubiese creado nada, su Esencia, que es Inmutable, seguiría siendo exactamente la misma), lo cual es absurdo.

J: Por el contrario, todo lo creado o creable está presente eternamente en el intelecto divino. Así, Dios en la eternidad sabe qué es o qué puede ser la luz, o la radiación electromagnética en general, independientemente del hecho de que decidió crear un universo en el que la luz existe.

Así, Dios conoce las historias potenciales o posibles tan bien como conoce la historia fáctica. Y obviamente sabe que una es fáctica y las otras potenciales.

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N: Por tanto, en el caso de lo que existe de hecho ad extra, el único fundamento posible del conocimiento divino son los actos libres divinos por los que Dios causa o permite que algo sea. Dios conoce perfectamente esos actos, y en ellos conoce perfectamente sus términos.

J: En un universo en el que el libre albedrío es REAL (= de hecho, = "en sentido compuesto"), Dios conoce sus propios actos libres y los actos libres de las creaturas racionales, incluyendo los actos libres moralmente irrelevantes como elegir cuál corbata usar un día dado.

Más aún, recordando que hay clases de eventos del mundo material que suceden "como si" Dios tirara dados para definir qué ocurre y cuándo (los eventos descriptos por la mecánica cuántica), hay dos posibles casos al respecto: que Dios decrete los detalles de estos eventos "como si" tirara dados para definirlos o que Dios realmente "tire dados" para ello. (Si estos dos casos son realmente distintos o no lo son es un tema de discusión en sí mismo, ajeno al de este hilo.)

(Sé que la posibilidad de que Dios tire dados te repugna como le repugnaba a Einstein y recuerdo la discusión que hace 10 años tuviste con Soler Gil sobre esta cuestión. Digo esto para ahorrarte texto.)

Por lo tanto, en un universo en el que tanto el azar como el libre albedrio son reales (= de hecho, = "en sentido compuesto"), hay 3 fundamentos del conocimiento divino de los eventos en la historia de ese universo:

- los actos libres divinos (incluyendo las condiciones iniciales del universo),

- los resultados de las tiradas de dados que definen los detalles de los eventos regidos por el azar (cada uno de los cuales puede ser modificado por un acto libre divino),

- las decisiones libres de los seres racionales.

---

N: En cambio, los meros posibles se conocen en la Esencia divina misma, como modos posibles de participación de ella, sin necesidad de decreto alguno; por eso, en ese orden, están igualmente “César cruza el Rubicón” y “César no lo cruza”.

J: Por el contrario, como dije antes Dios conoce las historias posibles tan bien como conoce la fáctica.

De paso, comento que llegué a esta noción mucho antes de notar que está conectada con la cuestión De Auxiliis. Lo hice al considerar la diferencia entre el conocimiento del intelecto humano de Jesús luego de su glorificación y el intelecto divino: mientras Jesús luego de su glorificación conoce perfectamente en su intelecto humano la historia fáctica del universo, Dios conoce perfectamente tanto esa historia como todas las historias posibles.

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N: Pero conocer qué haría de hecho una creatura racional en determinadas circunstancias —y no solo lo que podría hacer, que siempre podría ser una cosa u otra— exige que Dios determine libremente qué hará Él mismo respecto de esa creatura en esas circunstancias, ya sea moviéndola eficazmente o permitiendo su defecto.

Ahí entra lo de Cafarnaúm y Corozaín, Tiro y Sidón.

J: Ante todo notemos que esto que decís se aplica a TODOS los actos libres, incluyendo aquellos moralmente irrelevantes como decidir cuál corbata usar un día dado. Por lo tanto esta fundamentación de la posición tomista implica necesariamente que Dios, para conocer en la eternidad cuál corbata vas a usar de hecho mañana, necesita moverte eficazmente a que elijas una en particular.

En contraste, en el sistema molinista incluyendo Most Dios no mueve "eficazmente" en sentido tomista (o sea infaliblemente) sino a través de la cooperación REALMENTE libre del hombre, (= de hecho, = "en sentido compuesto"). Que esa cooperación o rechazo sea REALMENTE libre NO es obstáculo para que Dios la conozca en la eternidad, así como que cada tirada de dados sea REALMENTE al azar no es obstáculo para que Dios conozca su resultado en la eternidad.

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N: Esto vale también para el pecado: el acto humano del pecado, en cuanto acto y en cuanto libre, es causado por Dios; el defecto moral del acto es permitido. Por eso, también los pecados son conocidos por Dios en virtud de sus decretos causativos, no como pecados, sino como actos existentes y libres, e inseparablemente, en virtud de sus decretos permisivos, como pecados.

J: Distingo el sostenimiento "físico" del acto como Causa Primera, o sea la concurrencia divina, que vale para TODOS los actos de TODAS las creaturas, de la moción "espiritual" de los actos soteriologicamente relevantes de las creaturas racionales a través de la gracia actual, moción que en el sistema molinista incluyendo Most requiere la cooperación libre (de hecho, "en sentido compuesto") del hombre.

Digo "soteriologicamente" en vez de "moralmente" relevantes para incluir el acto de fe. Supongo que el concepto está claro y podemos ser concisos.

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N: Así se explica cómo Dios conoce infaliblemente todo lo que sucede ad extra, sin recibir nada de la creatura ni introducir un conocimiento de futuros libres independiente de su decreto.

J: Como dije antes, Dios conoce perfectamente tanto la historia fáctica como las potenciales sin recibir nada de las creaturas fácticas o de las potenciales.

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N: Sin los eternos decretos divinos, únicos fundamentos del conocimiento divino de lo que existe ad extra, Dios no podría conocer la historia como simultáneamente presente, porque la historia, en cuanto tal, es sucesiva; su conocimiento dependería entonces de la sucesión de los hechos, lo cual repugna a la Inmutabilidad y Eternidad del Acto Puro.

J: Ante todo, Dios ha creado un universo que evoluciona en el tiempo de manera inherentemente causal, lo cual incluye:

- causalidad deterministica a nivel macro (Relatividad General),
- causalidad azarosa a nivel micro (mecánica cuántica),
- causalidad por decisiones libres de las creaturas racionales.

Por supuesto Dios puede en cualquier momento y lugar intervenir en ese funcionamiento, pero ordinariamente el estado del universo en un momento t2 depende de (lo cual no significa "está determinado por") el estado en el momento anterior t1.

Por otro lado, desde el punto de vista de Dios en su eternidad la creación del universo no es la creación del cuadro inicial de la película sino de la película completa, de toda la historia del universo.

Que la historia del universo (tanto la fáctica como las potenciales) sea sucesiva, y de hecho una sucesion CAUSAL de hechos, no es obstáculo para que Dios la conozca de una sola vez. Me parece que eso es inmediatamente evidente.

Así, Dios conoce de una sola vez, en la eternidad, toda la historia del universo, en la que lo que sucede en cada cuadro depende de (lo cual no significa "está determinado por") lo que sucedió en cuadros anteriores. Historia que incluye eventos decretados directamente por Dios, eventos resultantes del azar, y eventos resultantes de actos realmente libres (= de hecho, = "en sentido compuesto") de las creaturas racionales.

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Es lo que acabo de decir, todo lo que Dios conoce está de algún modo en el Intelecto divino.

Pero no alcanza con la sola Esencia divina, mentalmente separada de los libres decretos divinos, para explicar el conocimiento que Dios tiene de lo actualmente existente.

Porque en esa hipótesis lo actualmente existente estaría necesariamente incluido en la Esencia divina, con lo cual el mundo existiría necesariamente.

Son los libres decretos divinos, por tanto, los que hacen presente en el Intelecto divino a lo de hecho creado y existente.

Por eso no se puede explicar del mismo modo el conocimiento que Dios tiene de los posibles y el que tiene de lo actualmente existente. Los posibles son necesariamente posibles (es incluso un axioma de la lógica modal moderna), lo actualmente existente no es necesariamente existente, salvo en sentido compuesto, es decir, dado que Dios lo crea. Por eso su presencia en el Intelecto divino requiere como fundamento los libres decretos divinos.

Dios no tira dados. El azar existe, pero sólo respecto de las causas segundas, no respecto de la Causa Primera, que determina el resultado de cada tirada de dados valiéndose para ello de las leyes físicas, es decir, moviendo a obrar a naturalezas que están determinadas “ad unum”. En una tirada de dados, las leyes físicas determinan que en un dado salga un seis, y las leyes físicas determinan que en el otro dado salga un cuatro, pero ninguna ley física determina que esos dos resultados se den juntos, ahí está el azar.

Las decisiones libres de los seres racionales no son un caso especial en lo referente a cómo Dios las conoce cuando son actualmente existentes y no meramente posibles.

En efecto, están presentes en el Intelecto divino, pero no por razón de la sola Esencia divina separada mentalmente de los libres decretos divinos, por la razón ya dicha. Luego, son conocidas al conocer Dios sus libres decretos acerca de cómo mover a las creaturas racionales.

Cuando Dios mueve infaliblemente a una creatura racional a obrar libremente, esa libertad es real por eso mismo, pues estamos hablando de la acción de Dios sobre lo actualmente existente.

Y efectivamente, la causalidad divina se ejerce sobre cada pequeño cambio que ocurre en la Creación, porque no puede haber un solo átomo de ser y de bien que no tenga a Dios como Causa Primera. Dios es el presupuesto permanente del mundo y de su funcionamiento, no un visitante ocasional.

No es que Dios mueva a las creaturas para saber lo que éstas hacen, es que Dios mueve a las creaturas, porque de lo contrario éstas no se mueven, y conoce cómo se mueven porque conoce que las mueve y cómo las mueve.

No tiene sentido la distinción entre el sostenimiento físico del acto y su moción espiritual, si se admite que Dios sostiene físicamente todos los actos de todas las creaturas, pues eso incluye los actos soteriológicamente relevantes, que también son actos de las creaturas.

No existe la “causalidad azarosa”. Dada la acción de la causa se sigue necesariamente el efecto, de lo contrario se tendría el absurdo de que algo podría ser causa sin efecto alguno.

El determinismo natural no excluye la “intervención” de Dios en el cosmos, que en realidad no es intervención, sino fundamento permanente. Dios mueve a los seres irracionales a obrar de acuerdo con su naturaleza, que está determinada operativamente “ad unum” y por tanto sigue leyes.

Sin duda que Dios conoce en un solo instante eterno la sucesión de los eventos temporales, pero eso mismo requiere una explicación, dado que se ha admitido que si Dios conoce algo es porque ello está en el Intelecto divino. Ya vimos que no alcanza en este caso con la sola Esencia divina prescindiendo mentalmente de los libres decretos divinos. Si se niega también que estos libres decretos divinos sean el fundamento de ese conocimiento, sólo queda la recepción por parte de Dios de representaciones emanadas de las creaturas, que al ser éstas sucesivas, será también sucesiva.

Por tanto, todo lo que Dios conoce de lo que sucede “ad extra” depende de los libres decretos causativos divinos, en todo lo que en lo creado hay de ser y de bien, y de los libres decretos permisivos divinos, en lo que hay de mal y de no ser.

Saludos cordiales.
08/02/26 2:31 AM
  
sofía
Disculpe, pero para mí es muy importante que me quede esto claro:

Dice usted: “Lo que yo dije es que su discurso reacciona contra un discurso antimolinista, y que es paradójico que se reaccione así mediante afirmaciones que coinciden con el luteranismo.”

Bien, yo no reacciono ni contra un discurso molinista, ni contra un discurso antimolinista, solo aclaré que yo no hablaba desde el molinismo – por lo menos hasta ahora, aunque si finalmente cambiara de opinión seguiría siendo perfectamente católica
.
En cambio con el luteranismo no solo no tengo nada que ver sino que jamás tendré nada que ver, por lo que me gustaría que me aclarara por qué, teniendo en cuenta que
- yo digo claramente que cualquier hombre puede rechazar la gracia tomando la iniciativa del mal (haciendo uso por tanto de su libre albedrío) y
- que en el hombre que no la rechace, tanto si se lo ha planteado como si no, actuará la gracia y el hombre colaborará con ella – (nada de ser totalmente pasivo ni de perder su libre albedrío)
¿Cómo puede usted decir que tengo algo que ver con lo que dice Lutero que niega el libre albedrío?

Me gustaría que señalara claramente qué afirmaciones mías tienen algo que ver con cualquier afirmación de Lutero, porque yo no veo ninguna compatible con el luteranismo y no me gustaría equivocarme en este punto.

Saludos cordiales

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Es que yo no digo que Ud. siga a Lutero. Lo que digo es que el argumento que Ud. presenta, o desemboca en el luteranismo, o hace que el que no rechaza la gracia se distinga a sí mismo, en vez de ser distinguido por Dios, como dice San Pablo.

Porque el que no rechaza la gracia, o se comporta en forma absolutamente pasiva, y eso es Lutero, o no, y entonces él pone de su parte algo que el otro no pone, aunque sea el libre no hacer nada, que sigue siendo una opción voluntaria (libertad de ejercicio) y entonces él se distingue en orden a la salvación, en vez de ser distinguido por Dios, como dice San Pablo.

Y eso no es una afirmación acerca de lo que piensa o deja de pensar nadie, es un dilema lógico: tal cosa o no, que no admite otra posibilidad, y entonces obliga, o bien a admitir una de las remas del dilema, o bien a negar el punto de partida del cual brota el dilema, que es la tesis que dice que dados dos hombres que reciben la misma gracia exactamente de Dios, puede ser que uno se salve y el otro no.

En efecto, en esa hipótesis la diferencia a favor del que se salva, viene del que se salva, y si se quiere evitar esto diciendo que el que se salva es puramente pasivo en su no resistencia a la gracia, se está en lo que dice Lutero, o bien se admite que hay en el que se salva un ejercicio de libertad que no hay en el otro, y entonces volvemos a que el que se salva hace él la diferencia a favor de sí mismo, y no Dios, contra lo que dice San Pablo.

Saludos cordiales.

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No estoy diciendo que usted siga a Lutero ni que comparta su doctrina. Lo que señalo es un problema lógico que surge —independientemente de las intenciones— a partir de la tesis que usted formula.

El punto de partida que estoy analizando es este: dos hombres reciben exactamente la misma gracia; uno se salva porque no la rechaza, el otro no se salva porque sí la rechaza.

Ahora bien, en ese esquema, la diferencia final entre ambos debe provenir o bien de Dios o bien del hombre. No parece que pueda haber una tercera posibilidad.

1. Si la diferencia proviene de Dios, entonces no estamos ante dos hombres que reciben exactamente la misma gracia.

2. Si la diferencia proviene del hombre, entonces el que se salva se distingue por algo que el otro no pone. Y aunque ese “algo” se describa como un simple no resistir, sigue siendo un acto voluntario (libertad de ejercicio). Por tanto, la distinción en orden a la salvación procede del hombre mismo.

Para evitar esta consecuencia, podría decirse que el que no resiste es totalmente pasivo. Pero una pasividad total en el acto salvífico es precisamente lo que caracteriza —a nivel doctrinal— la tesis luterana sobre la gracia. Por eso digo que esa rama del dilema coincide con el luteranismo.

Así que mi observación no es histórica ni personal, sino lógica: si se mantiene el supuesto inicial, el sistema parece conducir o bien a una pasividad incompatible con la cooperación libre, o bien a que el hombre se distinga a sí mismo en orden a la salvación, lo que entra en tensión con el principio paulino de que la diferencia decisiva proviene de Dios.

Si se quiere evitar el dilema, habría que revisar el supuesto de que la gracia dada a ambos sea exactamente la misma en el orden salvífico.

Saludos cordiales.
09/02/26 6:15 PM
  
Juan Argento
Néstor, dos puntos en tu respuesta me parecieron de una importancia tal que justifican que mi posición sobre ellos quede registrada en el hilo, lo cual hasta ahora no había ocurrido. Por lo que abuso de tu paciencia con este comentario adicional, que estimo ahora sí será el último. Gracias.

N: Las decisiones libres de los seres racionales [...] están presentes en el Intelecto divino, pero no por razón de la sola Esencia divina separada mentalmente de los libres decretos divinos, por la razón ya dicha. Luego, son conocidas al conocer Dios sus libres decretos acerca de cómo mover a las creaturas racionales.
[...]
Dios mueve a las creaturas, porque de lo contrario éstas no se mueven, y conoce cómo se mueven porque conoce que las mueve y cómo las mueve.

J: Esto es jodido porque implica que Hitler decidió exterminar a los judíos (curso de acción A) en vez de deportarlos a algún territorio (curso de acción B) porque Dios lo movió a decidirse por A en vez de por B.

Noto que Daniel dijo algo en esta misma línea en un comentario anterior de este hilo, pasaje que cito a continuación precedido por D: y que es particularmente relevante porque, como noto al final de mi siguiente respuesta, la construccion de historias literarias por parte de autores humanos NO es como dice Feser, por lo que mucho menos lo es la construcción de la historia real o de las potenciales por parte de Dios.

D: La explicación más inteligible que he visto de la posición tomista sobre el misterio de la gracia y la libertad es la de Edward Feser, pero en cierto modo esa explicación es más inquietante aún que esa posición. Feser compara a Dios con el autor de una novela y a los hombres con los personajes de la novela. En el plano de la novela, los personajes son libres. En el plano de la realidad extraliteraria, los personajes están totalmente determinados por el autor.

---

N: sólo queda la recepción por parte de Dios de representaciones emanadas de las creaturas, que al ser éstas sucesivas, será también sucesiva.

J: Es al revés. En el intelecto divino no hay RE-presentaciones emanadas de las creaturas sino PRE-presentaciones de las creaturas ("PRE" en el sentido figurado en el que la eternidad es "anterior" al tiempo, siendo que es tanto anterior como superior como posterior a éste), tanto de las creaturas fácticas como de las potenciales en las historias respectivas, y son las creaturas las que "emanan", hablando impropiamente, de sus PRE-presentaciones en el intelecto divino. Hablando propiamente, Dios crea la creatura de acuerdo a la PRE-presentación que eternamente tiene en su intelecto de ella.

Dicho lo anterior, el punto clave es que en esa PRE-presentación de la historia de la creatura, la cual es parte de la historia del universo, la creatura racional decide libremente "de hecho" (que llega a ser hecho propiamente dicho sólo si Dios crea ese universo potencial), no sólo "en sentido dividido".

Esto se entiende fácilmente a partir de la experiencia de autores que han creado personajes cuya vida y actividad se desarrolla en publicaciones sucesivas. Tengo en mente una entrevista a uno de esos autores en la que dice "Los personajes viven vida propia. De hecho, el personaje principal se puso de novia con A mientras yo le habría preferido B" [1]. Si los personajes creados por autores humanos son realmente libres, cuanto más lo son las personas creadas por Dios!

[1] www.mangialibri.com/interviste/intervista-giancarlo-berardi

"una volta costruiti a tutto tondo, i personaggi vivono di vita propria. Infatti, Julia si è fidanzata con un vicecommissario genovese, mentre io gli avrei preferito il tenente Webb."

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“Dios movió a Hitler a decidirse”. Ya lo he explicado varias veces: Dios mueve a todo lo que en el acto libre creado hay de ser y de bien, no a lo que hay de mal, eso sólo lo permite, sin quererlo ni causarlo; la única causa del mal es la creatura racional con su voluntad defectible.

Y es que en todo acto pecaminoso hay algo de ser y bien, porque si no, no podría haber tampoco mal, ya que el mal no es algo subsistente, que exista en sí mismo, sino que sólo existe, como ya dijo San Agustín, como corrupción del bien, y por tanto, en algún bien, como la caries existe en el diente, o el agujero en la pared. Y no puede haber bien en lo creado que no tenga a Dios como Causa Primera.

Sin duda que en el Intelecto divino están las “presentaciones”, es decir, las Ideas, de todos los posibles, pero eso no alcanza para que esos posibles existan fuera de Dios, porque si así fuese, existirían todos los mundos posibles, y no sólo éste, y además, existirían necesariamente, por el solo hecho de tener Dios sus Ideas en su Intelecto, en vez de ser libremente creados por Dios.

Ésa es la diferencia entre lo posible y lo de hecho existente. Para el conocimiento de lo posible alcanza con la Idea divina, pero con esto no alcanza para que la cosa exista fuera de Dios, y por tanto, tampoco alcanza para que sea conocida como existente fuera de Dios. Ésa es la función de los libres decretos de la Voluntad divina, por los cuales, y no solamente por la presencia de las Ideas en el Intelecto divino, las cosas existen fuera de Dios, y son conocidas como existentes fuera de Dios, al conocer Dios perfectamente esos mismos decretos divinos libres.

Lo cual se aplica tal cual, obviamente, también a los actos libres de las creaturas racionales, que como meramente posibles son conocidos mediante las Ideas divinas, y como de hecho existentes, mediante los libres decretos divinos causativos o permisivos, según el caso.

Recordemos que cuando decimos “causativos” estamos abarcando también los actos malos de las creaturas racionales, en lo que tienen de ser y bien, y no en lo que tienen de malos, que por ese lado es donde caen bajo los decretos divinos permisivos y no causativos.

En cuanto a la literatura. Es claro que los personajes literarios son presentados como libres por su autor, y más cuanto mejor autor es. Pero es una libertad, justamente, ficticia, del orden de la fantasía, que es el de la literatura.

La analogía de Feser podría valer, si se aclarase que lo que en la literatura es ficción, en la Creación divina es realidad. Es decir, mientras que los personajes literarios son “fingidos” como libres por su autor, Dios mueve infaliblemente a sus creaturas racionales a realizar actos realmente, y no fingidamente, libres.

Eso que dicen algunos autores de que los personajes tienen vida propia, obviamente que no se puede racionalmente tomar al pie de la letra. Lo que quieren decir, probablemente, es que ellos habían comenzado la obra con una idea, pero luego el desarrollo mismo de esa idea, hecho siempre por ellos, que son los autores, los llevó a darse cuenta de que había otra idea mejor.

Saludos cordiales.
09/02/26 7:23 PM
  
sofía
(...)

Difícilmente puedo estar negando yo el libre albedrío ni estar diciendo que el hombre permanece totalmente pasivo ante la gracia, teniendo en cuenta que
- yo digo claramente que cualquier hombre puede rechazar la gracia tomando la iniciativa del mal (haciendo uso por tanto de su libre albedrío) y
- que en el hombre que no la rechace, tanto si se lo ha planteado como si no, actuará la gracia, que es la que tiene la iniciativa del bien y el hombre colaborará con ella libremente – (nada de ser totalmente pasivo ni de perder su libre albedrío)
Quede por tanto claro que yo sí creo en el libre albedrío de verdad.

(...)

Acabo de ver en este instante la respuesta de usted a un comentario mío de hace tiempo.
Le contesto con el texto de la parte de arriba de este comentario y subrayando ahora especialmente "tanto si se lo ha planteado como si no" - porque a mí me da exactamente igual. En cualquier caso, el que ha hecho la diferencia entre ellos es el que se ha significado negativamente tomando la iniciativa del mal.
Por lo demás la iniciativa del bien es de Dios que es el que salva.


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Aquí lo que hay es una tesis: "Es posible que Dios dé a dos hombres la misma gracia exactamente, y que uno de ellos se salve, y el otro no".

De ahí se deriva lógicamente este dilema: El que no resiste a la gracia, es responsable de algún modo, voluntariamente, de su no resistencia, o no.

En el primer caso, supuesto que Dios da a los dos exactamente la misma gracia, es él el que se distingue del que resiste a la gracia, no es Dios el que lo distingue, contra lo que dice San Pablo.

En el segundo caso, eso es la tesis luterana de la total pasividad del hombre ante la gracia de Dios.

Como ninguna de las dos ramas del dilema es aceptable, se debe rechazar la tesis de la cual deriva el dilema, y se debe decir que Dios da al que se salva una gracia que no da al que no se salva.

Saludos cordiales.
13/02/26 2:15 AM
  
sofía
(...) respecto a la revelación de Dios a los seres humanos:
Por curiosidad, ¿cómo se compatibiliza su teoría de la reprobación negativa antecedente con esta lectura de hoy?

(...)

Por supuesto desde el sentido común se entiende la lectura de hoy perfectamente, tal cual. Porque Dios ha creado al ser humano verdaderamente libre, porque Dios ha querido revelarse en estas palabras, porque Dios es veraz, porque Dios es justo, porque Dios es omnipotente y omnisciente.

(...)

Eclesiástico 15, 15-20
Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad. Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras.
Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera.
Porque grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder y lo ve todo.
Sus ojos miran a los que le temen, y conoce todas las obras del hombre.
A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar.

Saludos cordiales

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El tomismo sostiene que Dios mueve infaliblemente a la voluntad creada a la realización de actos libres, y no se puede demostrar que eso sea contradictorio, por el contrario, sí se puede demostrar que es contradictorio que la potencia pase al acto por sí sola, o que haya un gramo de ser y de bien en lo creado que no tenga a Dios como Causa Primera.

En ese caso, es claro que si Dios mueve a querer guardar los mandamientos, se querrá guardarlos, y se los guardará, y no en caso contrario.

O sea que Dios no se limita solamente a decir "Si quieres, puedes guardar los mandamientos", sino que además hace que quieran hacerlo aquellos que Él quiere hacer que quieran.

Y eso no hace superflua su Palabra ni su llamado, porque los está moviendo a actuar libremente, o sea, por reflexión y decisión, y eso incluye oír el llamado del Señor y obedecerlo libremente.

Saludos cordiales.
15/02/26 8:33 PM
  
Néstor
En cuanto a su argumento:

“Si nuestro libre albedrío es real, aquí y ahora, entre dos opciones A y No A, yo podré elegir en sentido compuesto cualquiera de las dos, mi intelecto debería plantearme dos posibilidades para el momento de la elección:
1- Elegir A en sentido compuesto (y en ese momento solo podré elegir No A en sentido dividido)
2- Elegir No A en sentido compuesto ( y en ese momento solo podré elegir A en sentido dividido)
Usted dice que solo con la gracia “suficiente” nunca podré elegir A (hacer el bien) en sentido compuesto.
Si no existe la posibilidad 1 tampoco existe la posibilidad 2, porque en ese caso no hay verdadera elección con dos verdaderas opciones, sino determinación a No A.”

Respondo:

Ud. no distingue aquí entre la gracia suficiente y la sola gracia suficiente. Lo que se pueda decir de la primera no se puede aplicar automáticamente a la segunda.

Ya aclaré varias veces, además, que el “momento de la elección” es cuando se elige. . En ese momento, lo contrario de lo que de hecho se elige es posible solamente en sentido dividido, no en sentido compuesto, porque no es posible a la vez elegir algo y no elegirlo.

Lo que hay antes de la elección, por la “gracia suficiente”, es la igual posibilidad de elegir algo o no elegirlo o elegir otra cosa, pero es una situación todavía abstracta, y por tanto, no se da como tal en la realidad, donde la gracia suficiente o está sola, o no lo está, sea que la acompañe la gracia eficaz por sí misma o que la acompañe el consentimiento de la voluntad humana. En esa consideración abstracta de la gracia suficiente, no aparece nada todavía con la cual componerla o dividirla.

Por el contrario, si hablamos de “sola gracia suficiente”, entonces sí podemos hablar de sentido compuesto y sentido dividido, pues además de la gracia suficiente, tenemos el hecho de que está “sola”: con la sola gracia suficiente se puede hacer algo en sentido dividido, no en sentido compuesto, más allá de que esa gracia suficiente esté “sola” porque falta la gracia por sí misma eficaz del tomismo o porque falta el consentimiento de la voluntad propio del molinismo.

Como no puede ser de otro modo, en ambas teorías hace falta algo actual (la gracia de suyo eficaz o el consentimiento de la voluntad creada) para hacer pasar al acto la potencialidad que está dada por la gracia suficiente.

En efecto, en el molinismo o en la teoría de las “mociones falibles”, con la gracia suficiente no se hace nada sin el consentimiento libre de la voluntad creada, y entonces, “con la sola gracia suficiente” sólo se puede hacer algo en sentido dividido, no en sentido compuesto.

Saludos cordiales.
16/02/26 1:34 AM
  
Néstor
En cuanto a su nuevo argumento:

“Yo no he dicho nunca que Dios dé la misma gracia a todos, sino que se la da en grado suficiente a todos.

(…)

En el que no la rechaza, la gracia actúa y él colabora libremente con ella, y por tanto orará, pero la iniciativa no es suya, es de la gracia. Naturalmente tanto en un caso como en el otro, el ser humano tiene libre albedrío.

(…)

Por eso definí lo que era libre albedrío: la potestad de obrar por reflexión y elección, es decir, la capacidad de decidir la propia conducta y elegir entre diferentes opciones sin determinismo externo.

(…)

Lo que hay antes de la elección por “sola la gracia suficiente y sin otra gracia diferente” no se diferencia de lo que hay antes de la elección “con piernas y sin alas”. Ya existe una realidad previa: se tienen piernas, aunque no se tienen alas / se tiene gracia suficiente aunque no se tiene otra gracia distinta. Eso es realidad.”

Respondo:

El asunto no es si Ud. ha dicho que Dios da la misma gracia exactamente a todos, sino si Ud. acepta que si Dios no diese a uno una gracia que no da a otro, o bien el que se salva se distingue a sí mismo, en vez de ser Dios el que lo distingue, contra lo que dice San Pablo, o bien el que se salva es completamente pasivo ante la gracia, como sostuvo Lutero.

Porque si Dios no da a uno un gracia que no da al otro, entonces sí, da a ambos la misma gracia, y entonces, o bien el que se salva se distingue a sí mismo, contra lo que dice San Pablo, o bien, para evitar esa conclusión se dice que el que se salva no hace absolutamente nada al no rechazar la gracia, con lo cual se afirma su pasividad absoluta ante la gracia, que es lo que decía Lutero.

En el que no rechaza la gracia, la gracia actúa, y él colabora libremente con ella, pero todo eso sólo después que no ha rechazado la gracia y con esa condición.

Por tanto, si ese no rechazar la gracia, que es lógicamente anterior en este planteo a la acción de la gracia junto con el libre albedrío, depende de su voluntad, es él el que se distingue a sí mismo, no Dios, contra lo que dice San Pablo. Si no depende de su voluntad, estamos en la pasividad luterana de la gracia.

De nada sirve, en este planteo, decir que cuando esta persona no rechaza la gracia, la gracia ya está presente y actuando, porque lo mismo hay que decir del que la rechaza, y entonces la diferencia no viene de la gracia, es decir, de Dios, sino de cada uno de ellos, o bien, hay que afirmar en el que no rechaza la gracia una total pasividad bajo la gracia, que es lo que afirma Lutero.

Además de que es absurdo que el rechazo de la gracia sea voluntario y el no rechazo no lo sea, porque si hay libertad de rechazar, es la libertad de rechazar o no hacerlo, y por tanto, el no rechazar también es voluntario y libre.

Decidir por reflexión y elección no se opone a toda causalidad infalible sobre la voluntad que decide, porque no se opone a que sea Dios el que mueve infaliblemente a la creatura racional a que decida por reflexión y elección.

Para el molinismo, la libertad es la capacidad de actuar o no actuar, aún supuestos todos los antecedentes de la acción voluntaria. Para el tomismo, es la indiferencia de la voluntad ante los bienes particulares, por la cual puede quererlos y puede también no quererlos.

La definición molinista prejuzga la cuestión de si Dios puede o no mover infaliblemente a la creatura racional a la realización de actos libres. La tomista no.

La sola gracia suficiente no hace nada en ningún sistema conocido. En el molinismo tampoco, porque requiere del libre consentimiento de la voluntad creada. Lo mismo sucede en el marinsolismo respecto de las “mociones falibles”.

Y es lógico que así sea, porque no hay más remedio que reconocer que la potencia no pasa al acto sin la acción de un ser ya en acto.

“Sola gracia suficiente” equivale a “sola potencialidad”, y ningún arte mágico puede sacar actualidad de la sola potencialidad.

Por eso la potencialidad da el poder hacer, y la sola potencialidad da el poder hacer en sentido dividido, no en sentido compuesto.

Suena paradójico, pero no lo es, sino que es la realidad misma: no alcanza con la sola capacidad de hacer para hacer algo. Tiene que haber siempre un detonante. Como no alcanza con la capacidad de hervir que tiene el agua si no se le arrima el fuego, o como el automóvil lleno de combustible requiere que se dé el encendido para arrancar. El acto es siempre más que la potencia. La potencia es necesaria, porque no se hace lo que no se puede hacer, pero no es suficiente.

Y entonces sí, la gracia suficiente no es suficiente para hacer, pero es que eso no es lo que se quiere decir con ese nombre, sino que es suficiente para poder hacer, porque Dios no manda lo imposible, y es suficiente por tanto para ser responsable de lo que no se hace, porque bueno fuera además que para ser responsable de lo que no se hace hubiese que hacerlo.

Saludos cordiales.
17/02/26 2:53 PM

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