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13.09.26

¿La Tercera Vía tomista parte de la contingencia de los entes?

El P. Cornelio Fabro ha sostenido que es erróneo llamar a la Tercera Vía de Santo Tomás “vía de la contingencia”, y que el punto de partida de esa prueba tomista de la existencia de Dios no es la contingencia de los entes. En esto es seguido posteriormente por varios autores.

Es cierto que el P. Fabro matiza esa postura, diciendo que se puede admitir el uso de “contingente” para todo lo creado, advirtiendo solamente que no es el sentido técnico que tiene ese término en Santo Tomás. Así lo refiere el prof. Alberto Berro en un artículo suyo sobre el tema (p. 56, nota.)

De todos modos, los seguidores del P. Fabro insisten bastante en este asunto y por eso nos ha parecido oportuno este “post”.

Agradezco una vez más la colaboración de Federico Rago. Todos los resaltados en negrita son míos.

Por las dudas, el de la foto es Jean Paul Sartre, de quien se puede decir que en “La Náusea” a la vez describe admirablemente el punto de partida de la Tercera Vía tomista y la decapita, “refugiándose” en el absurdo, por no aceptar el principio de razón suficiente

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6.08.26

¿Argumenta Santo Tomás contra la existencia de Dios?

Comento brevemente un vídeo de Youtube en el cual se exponen las objeciones que Santo Tomás de Aquino coloca contra la existencia de Dios en el mismo artículo de la Suma Teológica en el cual demuestra que Dios existe.

Obviamente, ése es el método de Santo Tomás en toda la Suma.

Pregunta, por ejemplo, “Si Dios existe". Y sigue: “Parecería que no…” y ahí pone las objeciones o argumentos por la negativa.

Luego sigue “Contra esto…” y ahí pone un argumento por la afirmativa, generalmente de autoridad: Escritura, Padres, filósofos, etc.

Luego viene el “cuerpo” del artículo, donde da su propia respuesta a la pregunta: “Respondo que hay que decir que…”

Y finalmente, responde a las objeciones o argumentos por la negativa que puso al comienzo: “A lo primero, hay que decir que…a lo segundo, hay que decir que…", etc.

19.06.26

19.05.26

19.02.26

Cortázar y Santo Tomás

 Cortázar

 Aquino

El conocimiento es “hacerse lo otro en tanto que otro”. Para que esta definición pueda incluir al conocimiento divino, en el cual no hay cambio, sino Eternidad, podemos decir que el conocimiento es ser lo otro en tanto que otro.

Esto es así al menos para el conocimiento que Dios tiene de las creaturas. El autoconocimiento divino plantea el problema de que Dios no es “otro” para sí mismo en modo alguno. En Dios ser y conocerse son lo mismo, si bien hay una distinción de razón entre ambas cosas, según nuestro modo de conocer. O sea que en el autoconocimiento divino, la identidad entre el cognoscente y el conocido implicada en la expresión “hacerse o ser lo otro en tanto que otro” llega al punto de que no hay “otro” como tal. 

¿Qué quiere decir todo esto?

El misterio del conocimiento consiste en que mediante un acto interno nuestro conocemos lo externo, lo que está fuera de nosotros. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo una perfección de lo que no somos nosotros puede ser de algún modo una perfección nuestra, sin dejar de ser una perfección de la otra cosa y sin que nosotros dejemos de ser distintos de esa otra cosa, o sea, sin diluirse en nuestro ser y sin que nosotros nos diluyamos en ella?

Como dice Julio Cortázar en su novela “El perseguidor”:

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