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23.02.21

(461) Fratteli tutti, I: ¿A todos por igual?

Comentario 1

«El punto de partida debe ser la mirada de Dios. Porque “Dios no mira con los ojos, Dios mira con el corazón. Y el amor de Dios es el mismo para cada persona sea de la religión que sea. Y si es ateo es el mismo amor. Cuando llegue el último día y exista la luz suficiente sobre la tierra para poder ver las cosas como son, ¡nos vamos a llevar cada sorpresa!”» (Fratteli tutti, núm. 281)

En el contexto de este pasaje, decir que Dios no mira con los ojos, es como decir que Dios no hace distinciones de religión. Según el texto, para Dios no importaría la religión que se profese, amaría a todo el mundo por igual, sea cual sea su religión o su irreligión, como si la religión revelada no fuera obra de un don especialísimo, gratuito e incomparable de Dios.

Como si todas las religiones fueran bienes iguales, causados indistintamente por Dios independientemente del Sacrificio de su Hijo, fuente especial del mayor bien, que es la redención. La cita da a entender que ningún hombre se encuentra en estado de enemistad, es decir, que la redención no es necesaria, todo el mundo sería grato a Dios.

El hombre caído puede hacer algunas obras buenas, y en sus intentos de acercarse a Dios puede haber algunas verdades que descubre con su razón, a menudo a contracorriente de los dictados del culto religioso al cual pertenece. Pero aun así, está profundamente aquejado por diversos males y heridas producidas por el pecado original, que aunque no corrompen del todo su naturaleza, la enferman y oscurecen.

La mayor perfección de algo, sin embargo, se debe a un mayor amor por parte de Dios. La religión revelada no es sólo que sea incomparablemente más perfecta, es que es la única religión verdadera y hay un abismo infranqueable entre ella y las religiones adámicas. Luego es obra de un mayor amor divino. Cuanto mejor es algo, más amado ha sido por Dios.

El pasaje, además, padece de indiferentismo porque omite la necesidad de justificación que padece todo hombre en estado adámico. Se omite el carácter diferencial de la religión revelada, que consiste, precisamente, en aplicar eficazmente los méritos de la Pasión de Cristo; aplicación (sacramental) que distingue a ojos de Dios entre amigos y enemigos suyos. Dios no ama por igual a todos, y aunque a todos ama en cuanto criaturas, a muchos aborrece en cuanto pecadores. A muchos no considera amigos sino enemigos.

Pero he aquí que se dice que Dios no mira con los ojos, como si no distinguiera el pecado, la idolatría, la condición caída, y amara sin tener en cuenta el estado adámico del hombre.

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