La humildad

Por un hombre, Adán (y con la cooperación de una mujer, Eva) entro el pecado en el mundo. Y por otro Hombre, y también Dios, Jesucristo (y con la cooperación de una mujer, María) vino la Redención. El pecado de Adán fue querer ser como Dios. Es decir, la soberbia, madre de todos los demás pecados, pues igualarse a Dios es el mayor de ellos. Si el primer hombre cometió el mayor de los pecados, su más sublime Redentor sólo puede ser abanderado de la mayor de las virtudes, la opuesta a la soberbia, la humildad.

 

Considera, alma, cuán grande es el abajamiento de Dios para hablarnos y dársenos, en los profetas, en la eucaristía, en la oración, en su Hijo Redentor. ¿Cómo atreverse a ninguna familiaridad como las que usamos con nuestros semejantes, ante tan gran Señor? Amor hemos de darle, y agradecimiento sin medida. Y teniendo bien presente siempre nuestra posición y la Suya.

 

¿No es la soberbia la madre de todos los vicios? ¿no viene la envidia de los honores que creo merecer más que otros, la avaricia de que tengo derecho a tener más, la lujuria de que mi placer es lo primero o la ira de que nadie se ha de oponer a mi voluntad? Pues la humildad es madre fecunda de virtudes: la paciencia porque mis problemas no son más importantes que los de los demás, la generosidad porque el prójimo es otro yo, la justicia porque ante Dios todos valemos lo mismo, y la religión, porque me humillo y adoro al Creador todopoderoso. La modestia, la austeridad, la pureza de corazón, todas ellas son hijas de la humildad.

 

No hay Verdad ni Justicia sin humildad.

 

No te envanezcas de tus talentos. ¿Es que son mérito tuyo? Más aún, ¿son propiamente tuyos, los has ganado con tus esfuerzos? ¿No son un regalo de Dios? Antes bien, procura emplearlos para el bien, no los desperdicies como la semilla que cae en tierra baldía o el siervo necio que los enterró por miedo a su señor, o, peor aún, los emplees para el mal, y te condenes a ti mismo. Úsalos para ensanchar el amor a Dios y a los hermanos, y en obras de caridad provechosas. Y al atardecer de la vida, cuando te presentes ante el Señor, llévale esos frutos y con toda humildad di, “siervo inútil soy, sólo he hecho lo que me has mandado”, y serás recompensado sentándote a la mesa de tu Señor.

 

No te agobies con tus debilidades. El hombre está herido por el pecado original, todos sufrimos unas u otras flojedades, y Dios nos quiere sabiendo que las tenemos. Estemos vigilantes para que, con la ayuda de la Gracia de Dios, esas debilidades no nos hagan caer en pecado, mas no nos irritemos o desanimemos con nosotros mismos si caemos, que eso también es pecado de orgullo, pues no eres tú quien puede re-formar tu naturaleza, sino sólo Dios. No aumentes tu pecado con el pecado de la desesperanza porque fracasaste ante tus flaquezas, como si la infalibilidad fuese tu naturaleza, pobre ser de barro con no más que un soplo divino. Dios nos ama con ellas, amémonos nosotros también a pesar de ellas. Cristo crucificado ya conocía tus debilidades cuando dio la vida por redimir tus pecados. Llévalas como Él llevó su cruz.

 

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Si no te bastan las razones de la razón, considera las enseñanzas directas de la Revelación.

 

Lee con atención el Antiguo Testamento, pues la humildad te protegerá de la ira del Señor el día del Juicio, como enseñan Sofonías 2, 3; 1 Reyes 21, 29; 2 Reyes 22, 19; 2 Crónicas 12, 6-12. La humildad te concederá su Gloria, como leemos en Proverbios 15, 33 y 18, 12; Salmos 37, 11; Eclesiástico 3, 20 y 10, 15 y Daniel 3, 39. Dios favorece con benignidad a los humildes: así lo proclaman Job 5, 11. 22, 23 y 29; Proverbios 11, 2. 22, 4 y 29, 23; Ezequiel 21, 31; Isaías 29, 19 y 57, 15; Eclesiástico 3, 18-19 y 11, 12; Judit 6, 19. 9, 11. 13, 20 y 16, 11, y sobre todo es el tema principal del Salterio (lee y medita los Salmos 9, 19. 12, 6. 25, 9. 34, 3. 51, 19. 69, 33. 72, 12. 136, 23. 138, 6 y 140, 13, 149, 4;). La humildad fue siempre virtud de los hombres santos (Proverbios 16, 19; Eclesiástico 2, 4-5, 17. 7, 17; 11, 1; 18, 21 y 35, 17; Miqueas 6, 8; Daniel 3, 87 y Esdras 8, 21), y de los profetas y reyes: Moisés (Números12, 3), David (2 Samuel 16, 12), Josías (2 Reyes 22, 19), Simón Macabeo (1 Macabeos 14, 14); y sobre todo del propio Mesías esperado por Israel (Isaías 53, 3-7 y Zacarías 9, 9, tal y como recuerda Mateo 21, 5). También así debe ser virtud del Pueblo de Dios (como puedes ver en Sofonías 3, 12; 2 Crónicas 7, 14 y 2 Reyes 14, 26).

 

En cambio, ¡Ay del que se enaltece, creyendo vanamente ponerse al nivel de Dios, o por encima de sus hermanos! Será puesto en su lugar por el Señor de Cielos y Tierra, como bien enseñan 1 Samuel 2, 7 y 30; 2 Crónicas 33, 23-24; 2 Macabeos 8, 34-35; los Salmos 75, 8 y 147, 6; Job 22, 29 y 40, 11; Ezequiel 17, 24 y 21, 31; Isaías 2, 9-18. 5, 15. 22, 5 y 32, 19; Tobías 4, 19; Eclesiástico 7, 11 y 13, 20 y Daniel 3, 37. Pero no será venganza de un diosecillo celoso, sino castigo medicinal, para obtener la conversión (2 Crónicas 13, 18 y 33, 12-13; Salmos 119, 71-75 y Nahum 1, 12).

 

No otra cosa afirma Cristo cuando dice “el que se humille será enaltecido, y el que se enaltezca será humillado”, con ocasión de la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18, 9-14), y otra vez con ocasión de acudir a un banquete y recomendar sentarse en el último puesto (Lucas 14, 10-11 y Mateo 23, 12, recordando Proverbios 25, 6-7). Llama hipócritas a los orgullosos y fatuos escribas (Marcos 12, 38-40 y Mateo 23, 6-7). Para ellos no ahorra invectiva, y los pone lejos del Reino de los Cielos.

¿Acaso no dijo la propia Virgen María en su visita a su pariente Isabel (Lucas 1, 46-48) que su alma engrandecía porque “El Señor ha visto la humillación de su sierva”, en recuerdo de aquel trascendental “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí tu palabra” al ángel Gabriel (Lucas 1, 38), y más adelante insiste en que el Poderoso “dispersa a los orgullosos de corazón, derriba del trono a los príncipes y ensalza a los humildes” (Lucas 1, 31-32)? ¿Acaso no hay mayor humildad en un Rey de Reyes que nacer en un establo?

En muchos pasajes, Cristo se pone como ejemplo de humildad. Él, que era Dios de Dios, y luz de luz, se humilló para edificarnos y mejor enseñarnos, como maestro bueno: “cargad vuestro yugo y aprended de mí, que soy paciente y humilde” (Mateo 11, 29).

También los Apóstoles más señalados ponderan la humildad en los cristianos: san Pedro en sus primera carta (3, 8 y 5, 5), san Pabloen numerosas epístolas (Efesios 4, 2. Filipenses 2, 3. Romanos 12, 16. 2 Corintios 11, 7 y 12, 21. Colosenses 3, 12. Hebreos 5, 7 y Tito 3, 2) y en la carta católica de Santiago el Menor (1, 9-10 y 4, 6).

 

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¿Quieres más? Escucha a los Santos Padres:

San Hilario de Poitiers (315-367), “La humildad debe de ir acompañada con la constancia y fortale­za, y en la misma condescendencia que debemos observar con los hombres, es necesario conservar una santa libertad de hijos de Dios”.

San Basilio de Cesarea, el Magno (330-379), “Cuando sentís que las presentes gracias que Dios os hace os causan algún movimiento de soberbia, traed a la memoria vuestros pecados, y se os pasará esta hinchazón del corazón”.

San Agustín de Hipona (354-430), “No dice el Señor: Aprended de mí a fabricar el mundo, o a resucitar los muertos, sino que soy manso y humilde de corazón… ¿Tan grande cosa es, oh Señor, el ser humilde y pequeño, que si vos que sois tan grande no lo hubierais practicado, no se pudiera apren­der?”, y también “Vuestra prudencia sea siempre sin orgullo, y vuestra humildad esté siempre acompañada de prudencia”.

San Juan Crisóstomo (349-407), “No nos hemos de contentar con manifestar la humildad en las palabras y acciones, sino también en nuestros sentidos, ademanes y aun hasta en el tono de la voz: no hemos de ser humildes con unos y arrogantes con otros, sino humildes con todos, con los amigos y con los enemigos, con los grandes y con los pequeños: la verdadera hu­mildad es lo que nos inclina a abatimos en las mayores acciones”.

San Paulino de Nola (354-432), “Los pecadores humildes entran con más facilidad por la estrecha puerta que lleva a la vida -la que tantos buscan y pocos hallan-, que los justos que son soberbios”.

 

Y lo mismo algunos de los más grandes santos:

San Bernardo de Claraval (1090-1153), “Con un conocimiento verdaderísimo de sí el hombre se desprecia a sí mismo“.

Santo Tomás de Aquino (1225-1274), “La humildad significa cierto laudable rebajamiento de sí mismo, por convencimiento interior“.

Santa Teresa de Jesús (1515-1582), “la humildad es andar en verdad; que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende anda en mentira“, y también “todo este edificio va fundamentado en humildad” hablando de su magna obra reformadora.

 

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¡Cuántas veces fallamos los cristianos en tan fundamental virtud! ¡Cuántas veces nos comparamos favorablemente con los demás, olvidando la modestia y la mansedumbre! ¡Cuántas veces, oh blasfemia, pedimos cuentas a Dios por las venturas o desventuras que nos ocurren o dejan de ocurrir, como si fuese nuestro tendero y no nuestro Creador, Señor y Padre!

¿Favorece la fortuna tus negocios? Mira detrás de ello la mano de Dios, y agradécela, en vez de pavonearte en tus insignificantes méritos. ¿Te afligen penalidades y trabajos sin cuento? ¿Sufres injusticias, eres despreciado o calumniado, te reprenden, no se reconocen tus méritos? Ahora estás en tu lugar natural, aquel donde el pecado original nos puso, del que no podríamos salir sin nuestro divino Redentor. Desde allí podremos comenzar a buscar la Verdad sin impedimentos, desde allí podremos ciertamente amar a Dios y al prójimo, desde allí comenzaremos a practicar realmente las virtudes santificantes, desde allí empezaremos a construir el Reino de Dios en la tierra.

Nuestra falta de humildad es el mayor obstáculo para que los cristianos seamos lumbre y sal de este mundo.

 

Repasa y medita con frecuencia las Letanías de la Humildad que son inspiración divina para el espíritu del creyente.

 

Despójate de ti mismo, cristiano, y entonces confiarás verdaderamente en la Providencia. Tente por nada, y Dios te ensalzará. Busca sinceramente el bien de tu prójimo, y así comprenderás verdaderamente lo que es la caridad.

8 comentarios

  
Luis I. Amorós
Estimados lectores, pretende esta bitácora ser en cierto modo atemporal, y que sus artículos puedan ser leídos con algún provecho (con la ayuda de Dios) en todo tiempo y lugar. Más la actualidad también impone su presencia, como en este mundo acongojado y turbado por la mayor epidemia que ha sufrido en cien años.
Pido a mis lectores que se unan conmigo en rogativas y penitencias al Señor para que nos libre de la plaga y la muerte. Y que nos sirva esta desgracia natural como medicinal advertencia sobre nuestros pecados, pues más horror hemos de tener a la condenación que a la enfermedad y la muerte.
29/03/20 2:30 PM
  
Carlos Manzo
Estimado Luis:
¡Felicidades por este artículo!, realmente un oasis de reflexión, que mueve al compromiso de revisar la vida a la luz de la situación mundial que padecemos.
Y le llamo "oasis", porque fuera de este bendito portal y los malabares que los católicos que pretendemos ser activamente comprometidos hacemos para mantenernos en la vivencia de los Sacramentos, repito, fuera de estos ámbitos en que nos encontramos más allá de la distancia y el tiempo, el mundo se ha vuelto un cacofónico y grotesco esperpento ensoberbecido en su apostasía, en un autocomplaciente engendro de frivolidad y cinismo que se cree merecer todo y no reconoce el valor de nada.
Este tiempo, además en el marco de la Cuaresma, y con la Semana Santa ya a la vista, es de obligado arrepentimiento, de oración constante, de consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, de silencio en lo privado, de aliento y buen ánimo con quienes convivimos y, como bien dices, de penitencia y rogativa para que Dios nos libre de la eterna plaga de la condenación.
Un saludo desde México.

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LA

Gracias Carlos, y un saludo cordial.
30/03/20 5:07 AM
  
Yus Pellonis
Gracias Luis, este artículo me hizo reflexionar un montón. Hasta propició una conversación con mi pequeña hija de 8 años.
Me uno a las rogativas por el cese de la peste.

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LA

Gracias al Espíritu Santo. Y a ti. Bendiciones.
30/03/20 7:03 PM
  
sofía
Gracias por este artículo. Como dijo otro comentarista, es un oasis.
Me uno a vuestras oraciones.

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LA

Abrazos y bendiciones.
02/04/20 1:51 PM
  
Mariano
Gracias, Luis, por estos artículos en los que encontramos algunos fundamentos de nuestra fe y de nuestro creer. La virtud de la humildad acerca a las personas a entenderse y amarse. Dios quiere que seamos humildes como lo ha sido su Hijo Jesús, que siendo el más grande nos ha tratado como hermanos y amigos, aun siendo nosotros pecadores y él no. Dios te bendiga por tu amor a los lectores.

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LA

Gracias a ti. Dios te bendiga. Y a los tuyos.
03/04/20 10:47 PM
  
sofía
¡Feliz Pascua de Resurrección!

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LA

Cristo ha resucitado. ¡Aleluya! Feliz Pascua
12/04/20 11:44 PM
  
Argia
Artículo muy completo y muy sabio.
La Virgen Maria es la más grande despues de Dios, por su humildad.
Tampoco hay caridad sin humildad.
Su opuesto, la soberbia es el pecado más dificil de detectar, a veces hasta se disfraza de humildad.
Cada día deberiamos hacer examen sobre este pecado, porque es sin duda alguna el más dificil de evitar, y tambien pedir luz para detectarlo.
Muchas veces nos quejamos de las cosas desagradables que nos pasan, sin darnos cuenta que son casi la única manera junto con la gracia de Dios, su ayuda,y la de la Santísima Virgen Maria, lo que nos hace poder vivir la humildad.
18/04/20 12:11 PM
  
estoy cansado
Permítanme por favor exponerles el triste caso de un país sumido en una atroz crisis económica, política, social, jurídica y moral, a pesar de las cuantiosas riquezas naturales extraordinarias que posee. La causa: un régimen marxista que tras dos décadas en el poder ha demolido cual cadena de naipes el aparato productivo, la institucionalidad, el Estado de Derecho, los valores democráticos, las más acervadas tradiciones culturales y religiosas, y fundamentalmente el espíritu de hermandad y paz de los venezolanos.

Desde ese cuasi infierno les hablo, atrapado entre el querer escapar y el deber permanecer , ahogado por una depresión colectiva dantesca, sumido en la más cruel desesperanza, despertando cada día a una cruel pesadilla. Contando día a día cómo una ideología falaz me ha robado los mejores veinte años de mi vida.

La peor de las miserias es sentir claustrofobia respecto del propio país. El despertar en la madrugadas con tal sensación de angustia, de ahogo, de querer irremediablemente, como sea, traspasar los linderos de una ideología que carcome la existencia. Afortunadamente la web, aún no totalmente censurada por el régimen, posibilita una vía de escape virtual hacia el mundo "externo" posible, del cual, con todos los defectos, vicios y limitaciones que se le puedan adosar, el Estado democrático de Derecho es la única opción actual ante el neomarxismo.

Con la inflación porcentuada en miles y los precios subiendo cada hora y duplicándose en semanas, el salario básico es prácticamente inexistente. Sería, comparativamente, como si en España, en función del ingreso mínimo actual, una docenas de huevos o un kg. de carne costasen 900 e, un envase de gas propano 1600 e y una pastilla de jabón de baño 80 e. ¿Imposible sobrevivir así verdad? Eso mismo nos preguntamos nosotros, y sin embargo por puro milagro subsistimos. Es como si al español le rebajasen el ingreso mínimo a 5 euros y por puro "amor" el gobernante les "regalase" 10, además de desperdigar dinero y recursos por las estructuras del partido político oficialista, para generar la rapiña social por los bienes de consumo urgidos, en degradación moral por la prevalencia del más primitivo instinto de sobrevivencia y la sumisión forzada e indigna a una ideología a la que por estarte matando le agradeces la vida. Ese es el proceder criminal del marxismo-leninismo.

Así es que desde hace seis años, cuando asumieron el poder los segundones radicales, mínimos en la más elemental sensatez política pero máximos en ambición de poder, empecinados absurdamente en hacer de Venezuela el epicentro del resurgimiento del marxismo-leninismo, aupados y financiados desde Pekín, Moscú y Seul, se aceleró exponencialmente el proceso de degradación que hoy tienta linderos de implosión definitiva.

Venezuela, un Estado paria con un gobierno desconocido por las principales democracias del mundo y al filo de la conflagración fratricida, que gracias a Dios y a los buenos oficios de la comunidad internacional aún no es otra Corea del Norte, barajándose a nivel diplomático la restitución de Estado de Derecho y la celebración de elecciones generales democráticas y libres.

Siendo desde aquí, desde este estado de precariedad, finiquitada mi pequeña empresa de asesoría y soluciones tecnológicas, cerrado mi sitio web, dañados el vehículo , pc y otros instrumentos de trabajo, sin poder ejercer en forma lo que he estudiado, ejerciendo a penas los oficios de adolescente aprendidos de mis queridos salesianos, resumido a la más visceral condición de sobrevivencia -llevada al extremo por la actual pandemia mundial-, es que apelo a tu solidaridad humana y caridad cristiana, en la afirmación de que si no fuese absolutamente prioritario, jamás lo haría, La humildad también obliga a reconocernos como sujetos pasivos de esas situaciones en los que la necesidad impone el llamado a la caridad cristiana.

Un poco, lo poquito que pueda usted aportarme sería muchísimo, no sólo en su valor relativo material, sino también en su significado moral. Dios les retribuirá. Correo: [...]

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LA

Estimado "estoy cansado", crea que me conmueve profundamente la desgracia que cuenta de un país hermano. Más aún porque conozco algunos venezolanos huidos a España en busca de una vida mejor para ellos y sus familias.

Existen diversas organizaciones católicas, como Manos Unidas, o Ayuda a la Iglesia Necesitada, entre otras muchas, que canalizan ayudas a los venezolanos. Yo coopero con ellas, y animo a mis lectores a hacerlo con estas o cualesquiera otras que lleven a cabo tan caritativa misión.

Denunciar lo que allí ocurre es una parte fundamental, y por supuesto, rezar por nuestros hermanos venezolanos, y particularmente por usted. Si existe alguna otra forma que se le ocurre en que pudiera ayudarle, dígamelo.

He editado su correo electrónico porque no es prudente colgarlo en redes sociales. Si algún lector tiene contactos o posibilidad de tenerlos en Venezuela, y se ofrece a ayudarle personalmente, se lo pasaré por privado.

Dios le bendiga y proteja al pueblo venezolano, librándolo de los errores del comunismo.

28/04/20 2:29 PM

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