18.06.22

El Monasterio de la Santa Espina (V): Doña Susana Montes Bayón, los Hermanos de La Salle y lo que la Providencia siga disponiedo

Explica acertadamente don Antolín Gutiérrez[1] que la solución de los problemas religiosos y sociales pasa por hacer realidad esta respuesta del Catecismo:

«No hacer mal a nadie ni en hecho, ni en dicho, ni aun por deseo.

Con esta sola regla puesta en práctica estarían demás los Códigos. Con ella sola se evitarían las consecuencias desastrosas de las escuelas sin Catecismo, que enseñan a fabricar con su química explosivos que siembren la muerte entre inocentes, a incendiar sacrílegamente moradas religiosas, a remover y profanar con repugnante cinismo tumbas sagradas; a desechar, como un estorbo, la autoridad y la ley, para a sus anchas poder vegetar en el fango de todos los vicios y con el desenfreno de todas las pasiones criminales.

Las escuelas fundamentadas en el Catecismo, y mucho más todavía las escuelas regidas por religiosos, como las fundadas por la Excma. Sra. Marquesa de Valderas en la Santa Espina, son insustituibles.»

Y así es. Nada tiene que ver la enseñanza laica con la basada en el Catecismo. Y esa verdad resulta cada día más patente y más incuestionable.

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17.06.22

El Monasterio de La Santa Espina (IV) y la Peste Liberal

La revolucionaria diosa razón pisa el crucifijo: el Liberalismo queda así perfectamente retratado.

El Monasterio de Santa María de La Santa Espina fue fundado por la infanta Sancha Raimúndez, hermana del rey Alfonso VII de León, en 1147. Está situado en el lugar de un antiguo monasterio benedictino dedicado a San Pedro. De acuerdo con la tradición, al frente de los primeros monjes que habitaron el monasterio estuvo Nivardo de Claraval, hermano de Bernardo de Claraval.

La construcción del edificio fue muy lenta y se extendió entre el siglo XIII y el siglo XVI, aunque el claustro fue reconstruido en el siglo XVII. En 1731 sufrió un incendio que destruyó la biblioteca y gran parte del edificio.

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16.06.22

El Monasterio de La Santa Espina III: el reconocimiento de don Juan de Austria por Felipe II

El 28 de septiembre de 1559, se produce el encuentro entre Felipe II y Jeromín -don Juan de Austria- en un claro próximo al Monasterio de la Santa Espina.

Tomado literalmente del Capítulo V del libro Un Rincón de Castilla. Reseña Histórica del Monasterio de La Santa Espina, de don Antolín Gutiérrez Cuñado.

Hay un hecho en la historia de España poco conocido, y al parecer insignificante, pero trascendental por sus consecuencias, digno de ser representado en el mármol y en el lienzo, y que por escenario tuvo el ameno valle de la Santa Espina, delante de los muros del Monasterio: el reconocimiento del que había de ser el invicto Capitán don Juan de Austria por su hermano Felipe II, el célebre Monarca a quien la Historia da el dictado de el Prudente.

Uno de los personajes que más sobresalían entre los que acompañaban al Emperador Carlos V, era Luis Méndez Quijada, señor de Villagarcía, Villanueva de los Caballeros, Santofimia y Villamayor de Campos, descendiente de la noble familia de los Quijadas, que descansaban en el Monasterio en la Capilla de su nombre. Le tocó la suerte de recibir por esposa a la excelsa dama, honra y prez de la castellana nobleza, doña Magdalena de ülloa, hermana del primer Marqués de la Mota, nobilísima señora, dechado de virtudes, de cuyas manos corrió siempre tan abundante el río de oro de su caridad, que no titubeó el V. P. Lapuente en darle el honrosísimo título de La Limosnera de Dios.

Sin límites debía de ser la confianza que el Emperador tenía puesta en su mayordomo Luis Quijada, por cuanto sólo a él le hizo sabedor del origen de su hijo Jeromín, y sólo a él le confió la educación secreta del mismo.

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14.06.22

El Monasterio de La Santa Espina II

Una corona de espinas

«Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Lo desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y en su mano derecha una caña, y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: “Salve, Rey de los judíos"». (Mt 27, 27-29)

Nos llega por la Sagrada Escritura que unos soldados romanos colocaron a Jesús en su cabeza una corona de espinas durante su pasión. En concreto, en los Evangelios canónicos de Mateo (27, 29), Marcos (15, 17) y Juan (19, 2). 

El Mesías, sentenciado a muerte, entregado a los soldados, fue flagelado y luego coronado de espinas. En esos pasajes, los soldados romanos se burlaban de Él con frases insultantes referidas a su reinado: “Salve, rey de los judíos”, le gritan. Y claro, un rey merece una corona, pero en el caso de ese que decía ser rey de los judíos, condenado a morir, los soldados le humillaron e hirieron confeccionando una corona con espinas e hincándosela en la cabeza.

Según Fleury (Ch. Rohault de Fleury, Mémoire sur les Instruments de la passion de N.S.J.-C. Paris 1870), una vez estudiada la reliquia y diferentes ramas de zarza que aún se conservan (como por ejemplo en Tréveris y Pisa), la Corona de Espinas no habría sido tal y como nos la presenta la iconografía cristiana, sino una suerte de casquete de espinas que cubría toda la cabeza como una cofia. Las ramas espinosas empezaban todas desde el anillo de juncos, que era la base del casquete y servía para entrelazar las ramas de zarza y para sujetarlas.

Las ramas pertenecían a la especie Zizyphus vulgaris-lam, conocido también como Zizyphus Spina-Christi. Es un tipo de zarza que puede alcanzar los siete metros de altura y está muy difundido en el área de Jerusalén. Sus espinas son de diferentes tamaños, pudiendo llegar a un máximo de 5-7 cm.

(Tomado de Reliquiosamente: La corona de espinas y la Sainte Chapelle)

El dolor de las espinas al clavarse sobre la cabeza de Nuestro Señor Jesucristo sería difícil de describir; por no hablar de la sangre que se derramaría por culpa de esas espinas que se clavaban y se hundían en la cabeza por efecto de los golpes que sus torturadores daban sobre la corona de espina valiéndose de cañas y palos para escarnecer más al Señor. Mucha sangre, mucho dolor, mucha humillación, muchas burlas…Y todo por nuestros pecados, que no solo desgarran a nuestro Señor, sino que, además, lo humillan con tantos desprecios como recibe. Tantas blasfemias, tantos sacrilegios, tantos desprecios, tantas herejías…

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11.06.22

Discurso para la Graduación de mis niños de 4º de ESO

Conmovido, emocionado, sobrepasado, abrumado, agradecido… No sé qué más puedo decir ante tantas muestras de amor por parte de las familias del Colegio, de mis profesores y, sobre todo, de mis niños. Uno no se puede sentir más querido de lo que yo me siento. Es mucho más de lo que merezco. Que toda la gloria y el honor sea para Jesucristo. 

Comparto el discurso que ayer por la noche pronuncié como buenamente pude delante de padres, alumnos y profesores en la graduación de mis queridísimos niños de 4º de ESO.

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