24.02.22

Guerra, hambre y peste: los tres castigos de Dios sobre los pueblos

En 1805, don Pedro Gómez Bueno (1741-1807) predica en la solemnidad del domingo de ramos un sermón en la Real Iglesia de Santiago de Cádiz titulado Guerra, hambre y peste, los tres castigos de Dios sobre los pueblos, sirviendo de aviso a los mortales. El texto completo lo pueden leer pinchando en el enlace: el PDF está en la Biblioteca Virtual Andalucía. Les aseguro que nunca había oído hablar del P. Gómez Bueno. Pero la Divina Providencia, con su sabiduría infinita y eterna, hizo que este texto llegara a mi conocimiento. Y, por su interés, comparto con ustedes algunos fragmentos de este sermón de don Pedro Gómez, sin añadir ni quitar nada:

Nosotros en el día sufrimos guerras repe­tidas, hambres frecuentes y epidemias reiteradas. A vista de esto, deseo haceros conocer que, si Jesucristo anunciaba a Jerusalén varias calamida­des en castigo de su obstinación y dureza, pode­mos temer nosotros que las calamidades que mi­ramos presentes sean unos castigos del Cielo por nuestros pecados. Me da fundamento para esto la misma Iglesia. Ésta, en una de sus oraciones de rogativa por  calamidad pública, pide encarecidamen­te a Dios que haga conocer a los hombres esto mismo. Haz, Señor, le dice, que los hombres co­nozcan que las calamidades son azotes de tu ma­no: que se los mandas cuando estás irritado con­tra ellos y que solo cesarán estando Vos aplaca­do: mortalium corda cognoscantte indignante talia flagella prodire et te miserante cessare. Pueblo Cristiano, conócelo tú de esta suerte: ¡Qué feliz fueras si así lo conocieras! Si cognovisses et tu: os he manifestado mi idea: intento deciros que la guerra, la hambre y la peste que hemos experi­mentado en estos años pueden ser muy bien efec­tos de la Divina Justicia indignada contra nosotros, pero añado que también pueden ser efectos de su misericordia para con nosotros dándonos es­tos recuerdos para nuestra enmienda. En breves pa­labras: la guerra, la hambre y la peste son castigos de Dios sobre los pueblos con los que avi­sa a los mortales sobre el arrepentimiento de sus culpas. Para que yo pueda imprimir en vuestros corazones estos sentimientos, recurramos antes todos a pedir los socorros de lo alto.

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20.02.22

El Silencio sobre Dios

Uno de los defectos más sobresalientes en los debates políticos, sociales o intelectuales, desde mi punto de vista, es la constante renuncia que muchos católicos hacen de hablar públicamente Dios. Omitimos a Dios. No citamos a Dios. No nos remitimos a Dios. Damos por sentado que en el mundo actual, Dios no pinta nada y que no podemos hablar directamente sobre Dios. Damos por supuesto y aceptamos las reglas del juego del Enemigo. Vivimos en una sociedad secularizada donde se da por consabido que Dios no existe o, si existe, no pinta nada en la vida social, política o intelectual. Aceptamos las premisas de los ateos o de los agnósticos.

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17.02.22

La Reforma Educativa

La llamada LOMLOE es la última basura que ha generado este régimen teófobo que continúa el paulatino proceso de destrucción de la enseñanza y de las instituciones educativas de España, con el fin de apoderarse de las almas de los niños y adoctrinarlos a todos en sus doctrinas impías. El liberalismo se ha mestizado con la dialéctica marxista feminista y ecologista dando lugar a lo que hemos venido en llamar “Pensamiento Único”: una ideología anticatólica, relativista y totalitaria que todo el mundo debe acatar a pies juntillas sin rechistar. Sólo se puede pensar de una manera: de la manera que imponen los poderes plutocráticos mundialistas. Y esos poderes trasnacionales (globalistas o mundialistas, llámenlos como quieran) han decidido imponer sus postulados a todo el mundo a través de los medios de comunicación, de las redes sociales y de las escuelas. Su objetivo: cambiar el mundo y erradicar cualquier vestigio de la civilización cristiana. Odian a Dios, odian la familia, odian la procreación, odian el amor (o ignoran lo que es) y la fidelidad conyugal. Odian a Cristo y odian a su Iglesia. Por eso también quieren destruir a la Iglesia desde fuera y desde dentro de la propia Iglesia.

En este proceso, la educación es una pieza más en manos de los poderosos para destruir cualquier resquicio de virtud, de humanidad o de caridad. La LOMLOE sigue la estela de la LOGSE y de la LOE. Pero cada vez se da un paso más en el proceso de destrucción de la educación y de la escuela.

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3.02.22

Sobre Kant, la minoría de edad, la confusión y las herejías

En 1784 el periódico alemán Berlinische Monatschrift publicó diversas respuestas a la pregunta del clérigo Johann Friedrich Zöllner: ¿Qué es la ilustración?

Kant sería uno de los autores que contestaría a esa pregunta. En su ensayo en respuesta a la pregunta de Zöllner, explica Immanuel Kant que “la ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad.”

La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propio entendimiento, sin la guía de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no reside en la carencia de entendimiento, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí mismo de él sin la guía de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí el lema de la ilustración.

Hasta el siglo XVIII, al parecer, el hombre no se había atrevido a pensar por sí mismo. Toda la historia del pensamiento, desde la Grecia de los presocráticos, no valía nada. Santo Tomás de Aquino o San Agustín no se atrevían a pensar sin la guía de otro.

Pero aquí subyace el concepto kantiano de dignidad del ser humano. El hombre, según él, es digno si es autónomo; es decir, si es libre (entendida como licencia y espontaneidad; o sea, como libertinaje, como posibilidad de hacer o no hacer lo que le dé la gana) y responsable de sus actos. Sólo así se puede considerar “persona” a un ser humano. Para Kant, hay seres humanos que no son personas ni tienen dignidad: los discapacitados, los dependientes, los trastornados, los dementes, los niños sin uso de razón, no serían personas porque no son autónomos ni responsables de sus actos. 

Sí que tengo que darle la razón a Kant en una cuestión importante: la mayoría de los hombres son perezosos y cobardes. Y por eso, es más fácil dejarse llevar por otros que ejercen como guías. “¡Qué piensen otros! Yo vivo muy contento sin pensar. Ya pensarán otros por mí.”

No es que la mayoría de los hombres sean tontos, incapaces de pensar ni de entender. El problema es que son vagos y cobardes. Porque si pienso por mí mismo y lo cuestiono todo, puede ser que me salga de lo “políticamente correcto” y entonces  es posible que me la juegue. Es más fácil vivir alienado, adocenado, tranquilo, gozando de los placeres del mundo hedonista que se le ofrecen y no complicarse la existencia. “Pan y circo”. Pasarlo bien, divertirse, no meterse en líos, seguir la corriente, adular a los que mandan para hacer carrera, ir con el rebaño… Y repetir frases hechas huecas y vacías. Repetir lo que dice todo el mundo, opinar lo que opina todo el mundo… Sin apartarse del rebaño, sin disidencias, sin dar la nota, sin resultar molesto…

Hoy en día, hay un grupito de ilustrados iluminados (luciferinos) que le dicen a todos lo que tienen que pensar, lo que deben opinar, lo que deben saber, la música que debemos escuchar, los libros que tenemos que leer… A través de los medios de comunicación y de los productos culturales de masas; a través de las redes sociales, a todas horas y por todas partes, te encuentras la propaganda sistémica lavándole el cerebro a las masas. Y quien se sale del sendero trillado es condenado por la nueva inquisición progresista a la hoguera de la homofobia, del negacionismo (ya sea sobre las vacunas Covid, sobre el cambio climático o sobre lo que sea  que el nuevo Komintern o su politburó haya decidido que hay que creer a pies juntillas y sin rechistar) o de delito de odio. Llevar una cruz visible o citar textualmente textos bíblicos o del catecismo puede complicarte la vida o llevarte ante jueces y fiscales, denunciado por odio a determinados colectivos que se ven discriminados o señalados por esos textos.

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29.01.22

La Modernidad, el Anticristo y la Libertad Luciferina

[1]Autonomía, autodeterminación, autolegislación, autodominio, autoposesión, autorregulación…Todos estos términos apuntan a una misma cosa: la libertad como poder predicado de los individuos o de los grupos humanos; la libertad como la potencia que constituye a los individuos como hacedores de sí mismos y a los Estados como autoconstruidos.

La autodeterminación es el poder de determinar las cosas por uno mismo, de decidirlas y resolverlas por uno mismo. Es lo que uno hace por sí mismo, sin el auxilio de nadie, independiente de los otros y de Dios. Se nos invita a ser autónomos, a ejercer la autolegislación, a tener dominio y propiedad sobre nuestro propio ser, a decidir por nuestra cuenta, a tomar voluntariamente la dirección de nuestras vidas.

Lo característico y diferenciador de la Modernidad es la autodeterminación. Los tiempos premodernos fueron los de la vigencia de una autoridad exterior al hombre: la de Dios. Pero ahora, la Modernidad no concibe otra autoridad que la ley de los sujetos autónomos. El derecho y la moralidad se fundan para los modernos en la voluntad del hombre: no en la ley de Dios.

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