Nada sin Dios
Desde el momento en el que la nefasta Revolución Francesa desnudó a una joven bailarina, profanó la catedral de Notre Dame de París y la erigió como imagen de culto a la “Diosa Razón”, el mundo moderno levanta su civilización sobre los cimientos más endebles y perversos que uno pueda imaginar.
Los primeros liberales, lejos de profundizar en el valor de la Razón, amputaron a ésta el valor y las cualidades de las que habló Santo Tomás, y negaron su capacidad de alcanzar lo trascendente, o de fundamentar en lo divino aquellas verdades que solo en Dios pueden encontrar su origen.
De modo que la última instancia sobre lo bueno y lo malo, el bien y el mal, o los derechos de las personas, no tiene un último origen divino y por ello inmutable, sino que viene determinada por el intento de raciocinio una piara de masones reunidos en Asamblea, o quizás por un Tribunal de aquí o allá, que erige sus decisiones sin reconocerse sometidos a una instancia superior.
Y eso es lo peligroso, creerse en la cima de la pirámide, no tener la sencillez y la humildad de reconocernos por debajo de la ley de Dios, creer que los hombres, reunidos en hemiciclos están un escalón por encima de Dios. Y que si acaso se respeta la ley Natural, es porque ellos la consideran tal, y nunca por su deber con el origen divino del poder y la Verdad.
La “divina laicidad” nos obliga a profesar una fe en la positivización humana de nuestros derechos. Y tan perversa es la inducción a una fe ciega por el “consenso” y por la divinización de las tipificaciones legales con presunción de racionales, como humilde es saberse por debajo de Dios y reconocer la ley que de Él emana.
Javier Tebas
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Me pregunto si no estamos haciendo suficiente. No puedo evitar pensar que defender la vida en una tertulia entre amigos, acudir a una manifestación o llevar unos piececillos en la solapa, son esfuerzos necesarios, pero todavía extremadamente pequeños en proporción a la magnitud de la atrocidad que tenemos delante.
Me gusta pasear abrigado en invierno. Siempre me ha resultado agradable meter las manos en los bolsillos, cruzarme una bufanda por el cuello, y caminar despacio mientras mi aliento se transforma por un instante en ese humillo que se desvanece tan rápidamente.
Aunque las culturas de Mesopotamia, los sumerios, los fenicios, los griegos y tantas otras sociedades ya practicasen la prostitución, no creo que por milenaria pueda justificarse de ningún modo. Tan milenaria y extendida fue también la esclavitud, el sometimiento de la mujer o tantas otras expresiones de la imperfección del hombre a lo largo de la historia.
Me sorprendía en una película la frase de que la actitud de los hombres a lo largo de la historia es una evolución circular que pasa de la esclavitud a la libertad, de la libertad a la comodidad y el conformismo, del conformismo a la apatía, y de la apatía a la esclavitud. No se si será del todo cierto, pero de lo que no tengo ninguna duda es de que la apatía es el paso previo a la esclavitud. ¿Porqué entonces un concepto a priori tan positivo como la libertad, parece tener esa tendencia a degenerarse?. La razón es que en nuestra mentalidad liberal hemos sustituido el concepto de la verdadera libertad por el del voluntarismo.