InfoCatólica / Javier Tebas / Archivos para: Agosto 2009

27.08.09

El anticlericalismo frente a la Iglesia caritativa


Las Misioneras de la Caridad celebraban ayer (miércoles 26 de Agosto) el nonagésimo noveno aniversario del nacimiento de su fundadora Gonxha Agnes, la Madre Teresa de Calcuta. A las puertas del centenario, el testimonio de la Madre Teresa y de su obra debe entrar más que nunca en la vida de muchas personas, en una sociedad que necesita con urgencia escucharlo.

Cuando en medios de comunicación y conversaciones nos asalta ese anticlericalismo visceral y cargado de odio contra la Iglesia -por parte de quienes además suelen creerse el paradigma del humanismo- suelo acordarme de las hermanas Misioneras de la Caridad que he podido conocer.

Esa monja bajita, anónima en un hábito que solo quiere significar parte de una comunidad, sencilla, discreta, que ni siquiera hace alarde de su esfuerzo. Esa monjita entregada a la escoria de la humanidad, a los más desgraciados entre los más miserables. Ella -tal y como lo fue la Madre Teresa y lo son por cientos de miles- es el pleno sentido de una Iglesia que se extiende por todo el mundo al servicio de Dios, y cuyo centro “institucional” -aunque a algunos les repatee- está en el Vaticano.

Todos esos necios que se regocijan en la indecencia jactándose y mofándose de la Iglesia, mientras viven en el egoísmo y no conocen el mínimo sacrificio, ni siquiera saben reconocer el ejemplo de entrega de personas como las Hermanas Misioneras de la Caridad, y de tantas órdenes religiosas que desempeñan un trabajo similar.

La entrega total y la caridad no constituyen casos aislados, son el corazón de la Iglesia. Pero al anticlericalismo no le suele gustar mencionarlo. Personas que renuncian a todo para pasar su vida al lado de moribundos, limpiando la porquería y los excrementos de parapléjicos, ancianos y deficientes abandonados en la calle, dándoles la mano a la hora de morir. Maldita sea ¿alguien puede entender que en muchos sitios sean perseguidos?, ¿que en occidente se encuentren con una sociedad completamente indiferente, y que no reconoce su labor?¿que se denoste a rabiar a la Iglesia de la que forman parte y que sostiene su obra?.

Esa monjita anónima discreta y callada, ese misionero que a las cuatro de la mañana está dando la medicación a un niño. Ellos nunca se enfadarán frente al “anticlericalismo militante” ni entrarán en su dinámica de bajeza. Solamente rezan por ellos, trabajan y se compadecen.

Pero yo no me aguanto y no puedo morderme la lengua, no soporto las actitudes intolerables contra la Iglesia que se repiten sin cesar por parte de bufones al estilo “Gran Wyoming", Enric Sopena y demás ralea del sector. Frente a su odio irrespetuoso, son testimonios generosos como el que nos dejó la Madre Teresa los que fundamentan una obra de Dios, y nos muestran muy a la razón a que personas merece la pena admirar.

Javier Tebas
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16.08.09

Patria y Virgen

Ayer visité con mi familia la basílica de la Virgen de Luján, cerca de Buenos Aires, un punto de peregrinación muy significativo para Argentina, que tiene en ella a su patrona.

Dicen que durante los primeros años del siglo XVII en un traslado entre Brasil y Argentina, viajaba una pequeña imagen de la Virgen María muy sencilla. Soprendió a los que estaban allí que sin obstáculos a la vista, en un momento del camino el carro quedó completamente quieto, la imagen parecía decir que ese era su lugar. La Virgen quiso pararse allí, y quedar siempre para ser luz de tierras que abrían entonces sus ojos a Dios. Eligió ser una más y llegar en un carro, ubicándose en los inhóspitos campos argentinos, donde tantos igual que ella llegaban entonces. La Virgen de Luján quiso ser luz e interceder por sus hijos argentinos ante Dios.

Ha sido una alegría poder visitar la basílica, y las impresiones han sido muy buenas. Pero muchas veces los sitios de peregrinación a imágenes, son lugares donde existe el peligro de que la gente caiga en pecado de idolatría. Ante una imagen los católicos debemos benerar lo que representa, más allá del material físico de la estatua o la pintura en sí, y saber que en realidad es solamente Dios quien actúa, y la Virgen y los santos quienes interceden ante Él. No es la imagen en sí misma la que realiza el favor, sino Dios por la intercesión de aquellos a quienes rezamos.

Más allá de esa observación, que por desgracia forma parte de una realidad frecuente, no queda sino sentir envidia de los argentinos. La Virgen de Luján no es en vano patrona de Argentina. La basílica y sus alrededores rezuman patriotismo por los cuatro costados. La bandera nacional preside en el altar junto a la del Vaticano, y tiras celestes y blancas caen de la cúpula central. En las capillas laterales abundan jaculatorias preciosas de oraciones por la Patria.

Creo que el amor es el motor del mundo, y el amor a la Patria es un amor imprescindible. Saber además ser humildes y encomendarse a la Virgen para caminar juntos hacia la verdad como nación, es un ejemplo que a día de hoy -y viniendo yo de España- no puede sino admirarme.

Desde Buenos Aires, Argentina

Javier Tebas
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ORACIÓN POR LA PATRIA A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Nos sentimos heridos y agobiados.
Precisamos tu alivio y fortaleza.
Queremos ser nación,
una nación cuya identidad
sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.
Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios
para amar a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofende,
aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Concédenos la sabiduría del diálogo
y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,
cercanos a María, que desde Luján nos dice:
¡Argentina! ¡Canta y camina!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Amén .

Conferencia Episcopal Argentina

9.08.09

En recuerdo de Mosén Marino

Cuando llegué al tanatorio solamente estaban dos sobrinos lejanos y mi madre. No había lágrimas o condolencias por el difunto, la vida se había llevado antes a la gran mayoría de las personas con las que había compartido su tiempo.

Hay personas que sientes cercanas y sin embargo, apenas les has llegado a conocer completamente. Quizás porque forman parte de anécdotas y recuerdos familiares que has escuchado una y otra vez los haces parte de tu identidad. Con Mosén Marino creo que me pasa algo así. Era muy amigo de mi abuelo y fue parte de la familia muchos años antes de que yo naciera.

Mosén Marino siempre me pellizcaba los mofletes con fuerza hasta hacerme apartar la cara, como si todavía fuese un niño pequeño. Quizás para él nunca dejé de serlo. Era su forma de saludar con cariño, como si fingiese que el tiempo no había pasado.

Recuerdo a Mosén Marino con una faria en la boca y una boina negra cruzada en la cabeza. Sí, “Mósen” era un cura de los de antes. Dedicó su vida a dos pueblecillos de Huesca tan pequeños como uno puede imaginar.

Se había ganado fama de gruñón, y probablemente con razón. Quizás esa primera impresión que causaba a la gente, me ha hecho apreciar más los detalles de cariño que vi en él. En el fondo era un nostálgico bonachón. Una persona que se entregó a Cristo hasta el final, y que hasta el momento de su muerte hizo el sacrificio de seguir atendiendo esos dos pueblos, pese a las taras físicas de la edad.

Me preocupé cuando murió porque sentí muy profundamente una deuda con aquello que me ha hecho como persona, mi familia. Con mi abuelo, al que le habría gustado que fuésemos la familia que Marino no tenía en el momento de despedirle.

Llevé en el hombro hasta el altar a quién me bautizó, a un hombre sencillo que pasará desapercibido por los libros de historia, pero que dejó para siempre mucho más de lo que nunca él podría haberse imaginado. Para mí Marino forma parte de mi infancia, de la vida de personas a las que debo todo. Así que allá donde estás Mosen, en la gloria de Dios, espero que te llegue mi más sincera muestra de cariño.

Javier Tebas
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6.08.09

Misión y Tradición

Volví de Mozambique hace unos días. Circunstancias que más adelante podré contar nos hicieron adelantar la vuelta. De todas formas, creo que el tiempo del viaje ha sido suficiente para empezar a conocer de un modo más completo la realidad de un país genuinamente africano.

Pasamos unos días en la capital, acogidos en el convento de las Hermanas Misioneras de Jesús y María. Mientras en el campo -donde estaba la primera Misión que visitamos- los huertos y las casas de adobe y paja tenían su encanto, la pobreza urbana es extremadamente deprimente. Las bolsas de población masificada en torno a vertederos, el tráfico asfixiante… La vida en una gran ciudad de África es verdaderamente gris. Me he dado cuenta de que si fuese un mozambiqueño sin recursos, preferiría sin duda vivir en el medio rural.

En mitad de la dificultad, la fe se desarrolla en un entorno dificil. Por una parte la situación es muy propensa a la proliferación de sectas. Las promesas absurdas de milagros inmediatos, y de remedios mágicos a los problemas habituales de la gente, han hecho que las misiones católicas encuentren una competencia desleal en “iglesias” de parlanchines que se aprovechan de las enfermedades, los problemas, y cada dificultad para terminar sacando algo de dinero a esa pobre gente.

La realidad es que gran parte de la población sobrevive -aunque sea bajo mínimos- gracias a la numerosa presencia de órdenes religiosas de la Iglesia Católica, y es por eso que el gobierno pseudocomunista no pone demasiadas restricciones. Pero no se puede pasar por alto la autocrítica en una situación que se puede considerar bastante estancada.

Estoy totalmente convencido de que la regeneración de África pasa por Cristo, por fundamentar los principios de la sociedad sobre el amor y la fe cristiana. África necesita entender el sentido del dolor, del esfuerzo, de la caridad para con los que están a su alrededor, dar un sentido a la vida. Acercarles a la conciencia de los sacramentos, a la presencia del mismo Cristo en el altar, al aspecto más espiritual de la fe es la premisa necesaria para consolidar de una forma total la obra que la Iglesia realiza allí.

Con esto quiero criticar la idea de que la Misión es una cuestión meramente filantrópica, dedicada a los sectores más progresistas de la Iglesia. Mientras no nos demos cuenta de que la evangelización para regenerar África pasa claramente por la tradición, a toda esta obra le seguirá faltando el principal fundamento.

Javier Tebas
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