Respondiendo a Pío Moa
Cuando los valores morales sobre los que ha crecido nuestra sociedad son pisoteados con ensañamiento, y la coyuntura política parece plantear un irrevocable camino hacia la destrucción de España. Es comprensible que cabezas pensantes como Pío Moa recurran a una reflexión profunda, para formarse un criterio fundamentado y replantearse seriamente su actitud frente a tal situación.
Así lo ha mostrado el historiador en su blog durante esta última semana. Parece que las dudas y contradicciones en su propia conciencia interna necesitaban una unificación personal de criterio, buscando orientar definitivamente su apoyo a alguna de las distintas alternativas que plantean un cambio fundamental en el devenir de España, y que Moa, desde su condición inquieta y preocupada ha querido analizar.
En esas es de agradecer que se haya acordado de Alternativa Española (AES), aunque sea para descartarle. Puesto que al ser objeto analizado, supera ya con la mera mención el silencio auto-impuesto de muchos otros que también llegan a pensar en su fuero interno sobre la necesidad de AES y los valores que representa, pero ni siquiera se atreven a decirlo en voz alta.

Para llegar a una conclusión racional es necesario pensar, reflexionar. La apatía patológica entre los jóvenes es un infranqueable muro al uso de nuestra propia razón, los jóvenes pensamos pocas veces y de un modo muy superficial. Esto es evidentemente un obstáculo a la conciencia común de que existe una razón colectiva inscrita en nuestra condición humana. Si ni siquiera recurrimos a nuestra razón ¿cómo vamos a darnos cuenta de que en ella subyacen unos principios naturales que todos en nuestra condición humana compartimos?
Cuando visité la Catedral de San Esteban (Stephansdom) en Viena el pasado verano, sentí que lo majestuoso del gótico europeo revestía un extraño aire discotequero. Todo eran focos y pantallas de proyección tapando verdaderas obras de arte, como si por alguna razón se avergonzasen de los púlpitos, retablos o capiteles que por siglos han decorado las naves de la Catedral. En un principio pude achacarlo a la ignorancia hortera de quien había sido encargado de la iluminación para un momento determinado. Pero cuando al día siguiente todo el mecanismo de luces estaba en funcionamiento en un show televisivo con música rock en directo y un guapo presentador haciendo chistes a cámara, aquél montaje comenzó a rayar lo irreverente.
Las principales corrientes de opinión social están infundidas y orientadas tan solo por un pequeño grupo de personas. Aquellos que ocupan las primeras páginas de los principales periódicos y que frecuentan las tertulias políticas en televisión, son la fuente de argumentos para toda la masa social que muestra algún interés por formarse un criterio frente a aquello que nos rodea. De allí la fuerza del poder mediático.
El tiempo pasa volando. Cuando se dispone de un plazo de tres años (que ya son dos) para organizar un evento tan masivo y complejo como la Jornada Mundial de la Juventud, quienes se encargan de ello deben ponerse manos a la obra desde el primer día. El calendario corre, los meses se echan encima y cuando te das cuenta, es demasiado tarde para no hacer siquiera un ridículo espantoso.