¿Y si la madre de Steve Jobs hubiese conocido al padre de Bill Gates?
Murió Steve Jobs y es la hora de las elegías. La verdad es que se merece un puesto en la historia, revolucionó por dos veces la interacción hombre máquina. No sé si llegar a: «el Thomas Edison de este siglo», o «el da Vinci de nuestro tiempo», o «el Marshall McLuhan de los últimos tiempos»
Es interesante la ‘prehistoria’ del personaje, que con cierta honradez intelectual recoge incluso El País, hijo de una madre que decidió darlo en adopción para no abortarlo:
Nacido en San Francisco, en febrero de 1955, sus padres, dos jóvenes licenciados de la Universidad de Wisconsin, decidieron darle en adopción. Su madre, según contaría el propio Jobs muchos años después, había localizado a un matrimonio de abogados de buena posición para entregarles a la criatura, pero a última hora lo rechazaron porque querían una niña. Se abrió pasó entonces una solución de urgencia, la de los Jobs, los segundos en la lista de aspirantes al bebé, un matrimonio de Mountain View, una pequeña ciudad en el área de la bahía de San Francisco (California). No puede decirse que fuera la mejor manera de llegar al mundo, pero el pequeño Steve Paul Jobs tardó en enterarse de estos detalles. […]
¿Vivió Jobs el episodio como el primer rechazo de su vida? Es imposible saberlo. En Estados Unidos no son infrecuentes los vientres de alquiler, ni este tipo de acuerdos para evitar el recurso al aborto en casos de embarazos indeseados. Pero no era lo más frecuente en los años cincuenta.
Mujeres como la madre de Steve Jobs hubo muchas, y hay que felicitarse que entre muchas malas opciones decidiese no matar a su hijo. Pero no porque fuese tiempo después «el co-fundador de Apple», más bien porque era su hijo.

Es más o menos sabido que me gusta «seguir los temas» una vez que se apagan los focos. Apunto la historia en una agenda y al año – o cuando toque– vuelvo a revisarla. Esta vez se adelantó.
La semana no estuvo cuajada de buenas noticias, no sólo los membretes (esas
Una pareja de Florida, Ana Mejía y Rodolfo Santana, ha obtenido una
El uso de los ecógrafos como instrumentos de muerte se va extendiendo. Muchas parejas esperan saber el sexo de la criatura para emitir sentencia de muerte. La opción es siempre la misma: si es niña, se elimina y se vuelve a probar. ¿Reacciones de las feministas? Esperad sentados, que para eso ni están ni se les espera.






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