InfoCatólica / De Lapsis / Categorías: Mythbuster, Falsas atribuciones, Origen de oraciones y tradiciones

16.06.15

Dos claves de «Laudato si»

San Francisco, Laudato si

No me refiero a la encíclica, que toma título del poema de San Francisco de Asís, Laudato Sii (Loado seas), me refiero al mismo poema. Por cierto, no está en latín, está escrito en umbro.

Como ya he comentado en alguna ocasión, si hay un santo que haya sido desfigurado hasta volverlo irreconocible es San Francisco. Se le presenta como un Gandhi, un líder del «power flower», ecologista, vegetariano, revolucionario, gnomo de jardín, un perroflauta con hábito o quizá, ahora, como un panteísta avatar encapuchado de James Cameron.

Porque «Laudato sii», no es un cántico a la creación. Que se le llame «Cántico del hermano sol» o «Alabanza de las criaturas» le hace un flaco servicio. Es un cántico al Creador –Loado (alabado) seas, mi Señor–, quizá de un modo que sólo quien haya estado enamorado puede entender.

Siguiendo a sus biógrafos podemos entenderlo mejor, tanto en Celano (2 Cel, Vida segunda de san Francisco) como en la Leyenda de Perusa (LP).

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4.12.14

¿Por qué el lavabo se llama lavabo?

Lavabo

Que una «pila con grifos y otros accesorios que se utiliza para lavarse» o una «mesa, comúnmente de mármol, con jofaina y demás recado para el mismo uso», deriven del verbo lavar parece lo más normal. Incluso la extensión del término al «cuarto dispuesto para el aseo personal».

Lo extraño es que derive, como señala el DRAE, de la primera persona del singular del futuro imperfecto de indicativo de la forma latina: lavābo (lavaré, para los de ciencias profundas). Porque lo normal habría sido lavadero/lavatorio o lavador (que sí existen, aunque no con esa acepción), como por ejemplo comedor de comer, o dormitorio de dormir.

Y es que la cultura de las Españas, lengua incluida, es ininteligible sin el catolicismo. La palabra lavabo proviene del rito en el que el sacerdote se lava las manos, bien después de depositar en el altar la patena y el cáliz, bien después de la incensación. Un rito que por cierto es obligatorio, y en el que sacerdote «expresa el deseo de purificación interior» y reza el Salmo 26 [25], 6-12:

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14.08.14

Mártires de Otranto, epopeya de fe

Mártires de Otranto

¿Casualidad? La primera canonización del Papa Francisco fue la de Antonio Primaldo y 812 compañeros mártires de Otranto:

Hoy la Iglesia propone a nuestra veneración una multitud de mártires, que en 1480 fueron llamados juntos al supremo testimonio del Evangelio. Casi 800 personas, supervivientes del asedio y la invasión de Otranto, fueron decapitadas en las afueras de la ciudad. No quisieron renegar de la propia fe y murieron confesando a Cristo resucitado. ¿Dónde encontraron la fuerza para permanecer fieles?

Murieron por su fe, fueron decapitados por las hordas musulmanas que acababan de conquistar la ciudad de Otranto en su camino hacia la conquista de Roma. Se les ofreció la conversión, «o la espada». ¿Os suena esto? Sus calaveras y huesos nos interpelan en la Catedral, impresiona.

Noventa años después, de Otranto, partiría la escuadra que libró una de las batallas decisivas de la historia de la humanidad: Lepanto.

En 2007 Alfredo Mantovano en Il Foglio escribió un interesante artículo con motivo del impulso de la causa los mártires de Otranto por Benedicto XVI. Es largo pero merece la pena, por la «actualidad» de su testimonio. He adaptado algunas expresiones, castellanizado nombres y eliminado las referencias coyunturales. Que disfrutéis, aunque sea agosto, hoy, segunda vez que celebramos la fiesta de San Antonio Primaldi y compañeros mártires.

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7.08.14

Bicentenario de la Restauración de la Compañía de Jesús

Restauración de la Compañía de Jesús. Lectura de la Bula

Una conmemoración histórica importante no sólo para la historia de la Iglesia, también para la ciencia y la cultura. Quizá la supresión de los Jesuitas por Clemente XIV (ningún Papa ha vuelto a llamarse Clemente) suponga el mayor hachazo al progreso científico de la historia, tanto por la labor científica truncada como por todos los alumnos que no existieron esos años y los observatorios y centros científicos, más de 800 colegios y universidades por todo el mundo en el momento de la supresión. Sin hablar del desarme intelectual de la Iglesia, que en mi opinión fue la causa del triunfo de la Ilustración en su vertiente más anticatólica, no podían convencer, tuvieron que eliminar la resistencia.

Sobre la supresión de los jesuitas y sus consecuencias se ha escrito mucho, hoy no es el día, es día de alegría. El folleto oficial lo resume sobriamente.

Era el 7 de agosto de 1814. Ese día el papa Pío VII, acompañado de una solemne comitiva, se dirigió a la iglesia del Gesù, en cuyo altar mayor, dedicado a san Ignacio, celebró la eucaristía. Poco después, y tras un breve desayuno, pasó a una capilla interior del colegio, donde mandó leer la bula Sollicitudo omnium Ecclesiarum por la que se restauraba la Compañía de Jesús en todo el mundo. En aquel acto estaban presentes unos 150 jesuitas, todos ellos mayores y procedentes de diversos países europeos. Entre ellos figuraba el famoso P. Manuel Luengo, quien en su monumental Diario de la expulsión de los jesuitas nos dejó una crónica exhaustiva de la vida y padecimientos de los expulsos hasta aquel preciso momento. Desde la abolición de la Compañía, el 21 de julio de 1773 por el papa Clemente XIV hasta ese día, habían pasado 41 años y 17 días.

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19.06.14

¾ de milenio de la fiesta del Corpus Christi, gracias a una mujer

Juliana de Cornillon

Hace 750 años, el 11 de agosto de 1264, el papa Urbano IV instituyó la fiesta del Corpus Christi para toda la Iglesia. Aunque no fue reconocida en todas las iglesias latinas hasta que Juan XXII, durante el Concilio de Vienne, renovó la Transiturus de hoc mundo. Santo Tomás de Aquino fue encargado de preparar los textos del Oficio y de la Misa. Desde entonces disfrutamos también de poder rezar el Pange Lingua, Lauda Sion, Panis angelicus, Adoro te devote o Verbum Supernum Prodiens.

La impulsora de la fiesta fue una mujer: Santa Juliana de Cornillon. Inevitablemente recordé las audiencias de Benedicto XVI que aprovechaba para hacer catequesis. El 17 de noviembre de 2010, se la dedicó a la Santa, y cuenta el origen de la fiesta (entresaco y recomiendo su lectura):

A los 16 años [Juliana] tuvo una primera visión, que después se repitió varias veces en sus adoraciones eucarísticas. La visión presentaba la luna en su pleno esplendor, con una franja oscura que la atravesaba diametralmente. El Señor le hizo comprender el significado de lo que se le había aparecido. La luna simbolizaba la vida de la Iglesia sobre la tierra; la línea opaca representaba, en cambio, la ausencia de una fiesta litúrgica, para la institución de la cual se pedía a Juliana que se comprometiera de modo eficaz: una fiesta en la que los creyentes pudieran adorar la Eucaristía para aumentar su fe, avanzar en la práctica de las virtudes y reparar las ofensas al Santísimo Sacramento.

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