Entre un obispo anglicano y un sacerdote católico
Convencí a Paca Bezota de que podía permitirse el lujo de bajarse la entrevista “de pago” del The Times, por una módica libra esterlina. Más me costó convencerla de que aquello que los periódicos recogen de lo que EFE dice que dijo el padre Ángel es lo que el padre Ángel dijo. Pero también lo conseguí.
Yo entiendo la alegría del padre Ángel por la bondad del mundo y sus habitantes. A pesar de que la jerarquía católica se muestra tan torpe, gracias a gente como él, o como las Hermanas Caram y Forcades o los Padres Masiá y Pousa, y con la ayuda de gente con vara alta entre la jet society, como Ana Botella o Pepe Bono, los españoles seguimos conservando el puesto númber one en la Nueva Evangelización.
Sin ir más lejos, el padre Ángel se encuentra entre los 10 primeros del mundo en el conocido ranking de “creyentes polivalentes” y en el archipremiado escalafón de “oenegés católicas por su difusión, estatales por su financiación y ambidiestras por su filiación”.

Les cuento. Hace unas semanas que Apolonio Cromañónez me dijo que me animase a ir con él a Granada, que la Rosa López iba a cantar en no sé qué de fray Leopoldo, que por lo que dicen eran un fraile capuchino muy santo. Yo no sabía nada ni de la Rosa ni del bendito fraile. Pero como me apunto a todo lo que sea salir de la Caverna, le dije que iría con él. También quería yo aprovechar la ocasión para visitar una cueva del Sacromonte donde vivió un abuelo mío, don Occipucio Armazón. Preparamos nuestros sacos, tomamos nuestras estacas, y allí nos fuimos.