Saúl Bautista, tras ser testigo de Jehová y luego ateo, peregrinó a Covadonga y reconquistó su fe

Saúl Bautista. Joven de Huelva de 27 años, trabaja en la construcción. Intenta servir a Cristo, quiere formar un matrimonio con muchos hijos si así Dios lo quiere. Le gusta la educación clásica, la literatura, el cine, la música, el deporte y la pintura.
¿Por qué decidió salir de los testigos de Jehová con 18 años?
Empecé a tener dudas de fe y también porque la presión para que tomase responsabilidades dentro de la secta era cada vez mayor.
En aquel momento trabajaba y estudiaba y eso sumado a que mi padre trabajaba en otro país, me suponía una sobrecarga de responsabilidades que, por otra parte, me coartaba la libertad, siendo ya más independiente y libre, quería probar lo que el mundo podía ofrecerme.
¿Cómo fueron esos 6 años de ateísmo?
Al principio parecía casi liberador, podía hacer lo que quisiera, hasta que poco a poco fui desvinculándome de todo lo que me enseñaron religiosa y moralmente, hasta que me perdí. Fueron años muy oscuros y lo que empezó sintiéndose liberador, termino siendo una esclavitud tormentosa. Mi vida se resumía en tristeza y odio, alejándome de mis seres queridos, de mis raíces y mis mayores, perdí mi esencia. Estuve en muchos lugares, hice muchísimas cosas distintas y leí muchos libros, pero en mi interior se libraba la mayor de las batallas.





