Eva Martín: del atroz desgarro por la pérdida de su hija pequeña al encuentro con el amor de Dios

Eva Martín es una profesional del ámbito administrativo jurídico en una multinacional del sector energético, pero, sobre todo, es madre de dos hijos.
Desde su experiencia de fe, acompaña a padres en duelo en la parroquia Santa María de Caná, de Pozuelo de Alarcón, y participa activamente en apostolados de evangelización como los retiros de Emaús y Bartimeo.
¿Cómo fue para usted el desgarro de perder a una hija?
No encuentro palabras para definir el dolor que siente una madre al perder un hijo.
Cuando me piden que lo haga, me viene a la cabeza una frase de San Pablo, que escuché en una Misa, después de mi conversión: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman”, Corintios 2, 9.
Cuando escuché esta frase, lo relacioné inmediatamente con la eternidad, una realidad que Jesús nos prometió, en la que no existe enfermedad, ni dolor, y donde viviremos el AMOR amplificado Es decir, no existen palabras para describir lo que será nuestra existencia al lado de Dios, porque no podemos poner nombre a lo que aún no conocemos. Lo que yo entiendo de esta cita es que ni siquiera podemos imaginarlo, porque nuestra propia limitación humana no nos lo permite.
Pues bien, esta reflexión de San Pablo me sirve para expresar, que al igual que no existen palabras para describir con exactitud la belleza de la eternidad, tampoco las hay para hacerlo con respecto a la magnitud del dolor que se siente por la pérdida de un hijo. O por lo menos, yo no las he encontrado.




