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26.08.26

Excandidata de la CUP, al oír el latido fetal dejó el feminismo y en la consagración de la Misa, el ateísmo

Isabel Gómez, profesora de profesión nos cuenta su proceso de conversión. Tras perder la fe en la universidad el Señor le fue saliendo al encuentro años depués.

Antes de su conversión llegó a ser candidata de la CUP, un partido catalán de extrema izquierda separatista, anti cristiano y globalista radical, (y entusiasta partidario de las dictaduras de Chávez y Maduro) partido hoy en plena decadencia, pero que durante algunos años llegó a tener un cierto protagonismo en la política local catalana.

Dios les esperaba a través de la el don de la maternidad, que le enseñó a valorar la vida ante la cultura de la muerte y a oponerse con firmeza al aborto, lo que le costó persecución y señalamiento.

Y después de de decir SÍ a la Vida, Dios salió a su encuentro para que volviese a la Iglesia Católica. Un día, sin saber por qué, se sintió atraída a entrar en la catedral de Tarrasa. Lo que sucedió ahí, que nos los cuenta al detalle en la entrevista, fue el inicio del retorno a casa.

¿Cómo acabó militando en la CUP y que es lo que hizo abandonar esta organización?

Salí de la universidad pública catalana impregnada, como la mayor parte de gente desgraciadamente, de marxismo y de separatismo. Son mis primeros años en el mundo laboral y siento la necesidad de hacer algo para mejorar la sociedad desde la política. En esos momentos creo que es en la extrema izquierda donde reside el Bien, la Verdad y la Justicia, ya que es así como ellos se presentan, la llamada superioridad moral. La CUP por aquel entonces en sus inicios es un partido de reciente creación, nadie les conoce. 

Sólo se presentan a nivel municipal y no en todas las localidades. Son reacios a participar en comicios electorales porque donde más cómodos están es en la marginalidad. Sacamos apenas 700 votos. Yo fui candidata simplemente por ser mujer y porque sabía hablar bien en público. Tampoco había mucho para elegir, tuvieron que llenar la lista electoral con amigos y familiares porque éramos cuatro “frikis". Entiendo el “morbo” político pero mi paso por la CUP en realidad fue muy breve. Dos experiencias, la maternidad y el contacto directo con la peor inmigración me alejan al cabo de poco tiempo de la CUP y de la izquierda en general. Quedé huérfana políticamente durante muchos años mientras observaba atónita y con mucha pena como el marxismo cultural, culminado en lo que luego fue el “wokismo", lo devoraba todo y la gente se subía al carro del cual yo me había bajado.

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