El periodista italiano Simone Ortolani (RAI) analiza por qué urge una lápida digna para Mons. Laise

Simone Ortolani (Badia Polesine, 4 de enero de 1979) es periodista y autor. Ex cronista político, firmó para la RAI el programa Immortali, presentado por Marco Liorni. Siempre para la RAI, colaboró en el guion de la película Giovannino Guareschi: non muoio neanche se mi ammazzano, producida por Anele, con dirección de Andrea Porporati.
Como productor asociado independiente, ideó y realizó «Ersilio», docufilm sobre el cardenal Ersilio Tonini, y «Padre Guglielmo: carisma e mistero», dedicado al venerable siervo de Dios Guglielmo Gattiani, ambos dirigidos por Roberto Vecchi y emitidos por Tv2000.
Es uno de los fundadores de la Asociación cultural San Miguel Arcángel y editó para Fede & Cultura el volumen de monseñor Michele De Santi «La talare sacerdotale. Segno di fedeltà a Cristo e di rinuncia al mondo», y publicó, también para Fede & Cultura, el libro «Davvero Sangue? Miracolo eucaristico a Ravenna».
En esta entrevista analiza por qué no se está cumpliendo la voluntad de Mons. Laise de ser enterrado en su diócesis de San Luis en Argentina y continúa en San Giovani Rotondo, con una lápida provisional que desmerece a un príncipe de la Iglesia.
Monseñor Juan Rodolfo Laise (1926-2019) fue un obispo católico argentino, perteneciente a la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Se desempeñó como obispo de la Diócesis de San Luis desde 1971 hasta el año 2001, destacándose por su perfil conservador y su firme defensa de la liturgia tradicional.
¿Cómo nace su interés por el caso?
Mi interés nace de una indicación precisa del abogado Francesco Patruno, canonista estimado y competente, quien —habiendo acudido en peregrinación a San Giovanni Rotondo— fue el primero en notar el estado de provisionalidad de la tumba. Monseñor Laise murió en 2019 y, a diferencia de las sepulturas de hermanos de orden fallecidos posteriormente, sobre la suya aún no se había grabado la lápida definitiva, sino solo una hoja provisional.
La información que hemos obtenido ha permitido reconstruir un asunto más complejo que un simple retraso burocrático: además de los bloqueos vinculados a la pandemia, en Argentina el nicho originalmente destinado a Laise en la Catedral de San Luis estaría ocupado por un canónigo, lo que de hecho habría impedido el traslado. Deseo señalar un resultado concreto: a raíz de la investigación periodística que he llevado a cabo, un hermano capuchino, el padre Carlo Maria Laborde, ex guardián del convento de San Giovanni Rotondo, se ha comprometido formalmente por escrito, en un comentario en la página de Facebook del blog “Messa in latino", a encargarse de la colocación de la lápida. Es un paso que, de confirmarse en los hechos, devolvería a la sepultura el decoro que se le debe.
