10.01.15

(53) Contra tibiezas y quietismos y otras mediocridades

En el amor a Dios por encima de todo, y al prójimo como a uno mismo, ha de consistir nuestro día a día. En el ejercicio orante del bien no cabe quietismo, ni mediocridad alguna, ni falta de celo.

Antes bien, la caridad de Cristo nos empuja a la propia abnegación en la caridad, vínculo de perfección, y a dar testimonio de la verdad que libera.

En este post trataremos de ello.

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1.- La mala manera con que se hacen las cosas en la sociedad del hastío, es una forma de aniquilación lenta de la voluntad y de rechazo de las gracias actuales por las que Dios mismo intenta rehabilitarla. Quien es infiel en lo pequeño no puede ser fiel en lo grande.

2.- Se puebla la sociedad de monstruosidades, y tú te limitas a hablar de valores humanos. Con miel de abejas de Pelagio quieres endulzarle la boca al diablo.

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4.01.15

(52) Del deseo de santidad, o que todo has de considerarlo basura con tal de ganar a Cristo.

1.- Siendo la santidad el bien supremo, el deseo de alcanzarla es el deseo supremo.

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2.- ¡Desea la santidad! Bien no comparable a nada en esta tierra. Bien infinitamente deseable, infinitamente apetecible, infinitamente valioso para ti, frente al cual todo habrá de parecerte vacío, corteza de la nada y podredumbre:

8 Más aún, todo me parece una pérdida comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, a las que considero como basura, con tal de ganar a Cristo (Filipenses, 3)

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29.12.14

(51) Gemir por nuestras miserias

1.- De las profundidades de la vida de oración, donde las llagas de Cristo fructifican, procede la voz que clama contra los males que nos aquejan. Da aliento el Espíritu Santo a una santa indignación, que hace rogar, como Santa Catalina de Ricci en sus éxtasis místicos:- “¡Oh Señor, cuántos Judas hay en vuestra Iglesia! ¡Renovad, renovad, renovad vuestra Iglesia!”

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26.12.14

(50) De la oración como esperanza en acto, y los horrores de la desesperación.

Hermanos, hemos de orar sin descanso. 

No nos conformemos con las presuntuosas vanidades y falsas promesas de este mundo, planas, feas, sin Dios. En una sociedad desesperada no se reza. Porque se confía en el hombre, y de la vana confianza procede la vana autoglorificación. No te conformes con nada de este mundo, y mucho menos contigo mismo y con tus solas fuerzas.

En este post queremos dejar clara la esperanza, la oración y la eficacia de la gracia, contra la vana presunción, la autoconfianza temeraria y la desesperación radical de la Cultura de la Muerte.

Protejámonos del frío de estos tiempos al calor de la Iglesia. Al amparo de su Santa Eucaristía, y en el calor de los hogares cristianos, en que el Señor ocupa el primer lugar.

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Antes de comenzar los aforismos, vamos recordar qué cosa es la esperanza, citando el Catecismo:

1817. La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los Cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo.

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1.- Date cuenta: orar o no orar es cuestión de vida o muerte para el cristiano.

2.- La sociedad desesperada de hoy es ante todo una sociedad que ha dejado de orar.

3.- A veces se contradice al Espíritu Santo y se reza para no tener que orar

4.- Sin oración, la vida intramundana se asemeja a un infierno terrestre.

5.- La falta de oración es desesperación en acto.

Maldito el hombre que confía en el hombre (Jer 17,5).

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24.12.14

(49) Del esplendor del Pesebre, sobre el Abismo del Mundo.

1.- Ningún católico sensato puede ignorar que el esplendor del Pesebre se proyecta sobre el Abismo del Mundo. Y que ser cristiano y ser del mundo es caminar, con el vértigo del pecado, sobre un puente de papel elaborado por el demonio.

2.- El mastodóntico paso del mundo por encima de la Iglesia no es sino una figura fantasmal de la nada, que se desvanece ante el esplendor maravilloso de Cristo Niño.

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